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jueves, 6 de agosto de 2020

VÍCTOR A. BOLÍVAR, USURPACIÓN

La usurpación no debemos circunscribirla al ámbito presidencial. Es un delito que, a gran escala,  adquiere en Venezuela naturaleza sistémica. Solo basta mencionar la usurpación de nuestra soberanía cuando estamos sometidos a la autoridad de gobernantes, militares y funcionarios extranjeros, que ejercen funciones públicas en el país; así como la de los Poderes Constituyente, Ciudadano, Judicial, Electoral, las FANB y la pretendida AN de Parra y sus secuaces. La legítima AN y su presidente Guaidó, con su interinato, son los únicos poderes que escapan al circuito de la usurpación.

De manera, que el planteamiento del cese de la usurpación es tan grueso que va más allá de ser un objetivo subalterno que se circunscriba solo a ser solo una frase mediante la cual los venezolanos y el mundo entero nos percatamos de que Maduro es un dictador. Este  es un régimen totalitario que se ha adueñado de la nación, manejando ilegítimamente sus instituciones mediante la usurpación. Los cubanos, Maduro, Cabello, Saab, Moreno, Alfonzo, Padrino y Parra, son sus portaestandartes.

El excelente artículo de Carlos Blanco “Enredo nacional”, con sus claves, nos anima a abordar el tema nuevamente. Aún refiriéndonos a la sola usurpación presidencial, pensamos que haber dejado de lado  al cese de la usurpación, como condición sine qua non en la estrategia trazada por la dirigencia opositora, fue una desacertada decisión que trajo consigo la perdida de la confianza y la esperanza, que finalmente se tradujo en una significativa disminución del respaldo popular.

Todavía no están claros los argumentos que llevaron a desestimarlo como postulado en un insólito cambio de estrategia privilegiando el tema electoral en el ámbito parlamentario. Menos claros aún, cuando el vigente “Estatuto que rige la transición a la democracia para restablecer la vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”, en lo que respecta a su aplicación progresiva,  establece las tres etapas de la transición democrática, que en orden de prelación,  están consagradas en el artículo 2 del dicho Estatuto: 

1. La liberación del régimen dictatorial, que ocurrirá con el cese de los poderes de facto que ejerce Nicolás Maduro Moros. 

2. La conformación de un Gobierno provisional de unidad nacional que asegure restablecer el sistema democrático y convocar elecciones libres. 

3. El restablecimiento del Estado democrático con la celebración de elecciones libres, transparentes y competitivas en el menor tiempo posible.

En anteriores oportunidades, hemos sostenido que las decisiones de incorporar la bancada chavista a la AN y la conformación mixta de un Comité de Postulaciones electorales, con miras a la celebración de unas elecciones parlamentarias antes que las presidenciales; más el planteamiento de un cogobierno de emergencia nacional, fueron   decisiones erróneas que indirectamente llevaban a fortalecer la pretendida legitimidad de Maduro en el poder. Se obviaba deliberadamente el cese de la usurpación.

En el comunicado de los partidos políticos mediante el cual fijan posición frente al fraude de las parlamentarias, nada refiere al cese de la usurpación; por el contrario, insisten en dar por buenas las decisiones que se adoptaron en torno a la celebración de esas elecciones, como las ya mencionadas sobre la incorporación de la bancada oficialista a la AN y la designación conjunta de del Comité de Postulaciones. De forma tal, que a esos 27 partidos pareciera que les resbala que no hayan elecciones presidenciales si les aceptan las condiciones para unas parlamentarias.


Es en esto último donde tienen lugar las claves de Carlos Blanco, cuando pone el acento en el cese de la usurpación en vez de plantear  condiciones electorales, para finalmente concluir: “Cuando la participación en esas elecciones es jugar el juego de comparsa del régimen y la abstención sin estrategia es inútil, vale la pena volver a preguntarse por qué no volver al asunto central: la concertación nacional e internacional para salir del régimen”

Afirmó el presidente Guaidó en una oportunidad, que si no llega el “cese de la usurpación” se optará por la ayuda internacional y el “uso de la fuerza”. Es hora de avanzar hacia otras metas: insistir en aplicar nuevas fases del TIAR, el R2P y la aprobación del 187/11 CRBV, es poner en otros términos una confrontación que requiere superar métodos convencionales que hasta ahora no han funcionado.

Víctor Antonio Bolívar Castillo 
vabolivar@gmail.com
@vabolivar

miércoles, 11 de marzo de 2020

CARLOS BLANCO: EL ABANDONO DEL “CESE DE LA USURPACIÓN”

1. La tesis de la salida del régimen como elemento central de la estrategia ha sido abandonada, en la práctica, por sus proponentes iniciales y sustituida de manera más o menos subrepticia por la tesis de la elección con condiciones “irrenunciables”.

2. Cabe preguntarse si no es lo mismo aspirar al “cese de la usurpación” que procurar elecciones presidenciales, limpias y justas, pues, al fin y al cabo, se quiere que se vaya la Corporación Criminal en el poder, precisamente para que haya tales elecciones.

3. La cuestión no es tan simple. He escuchado de dirigentes políticos la idea de que la tesis de 2019 (“cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”) murió de asfixia mecánica; no se logró y ahora habría que pasar a otra cosa más realista. Arguyen que “la comunidad internacional exige elecciones con condiciones” y los demócratas venezolanos ¡cómo se van a negar ante requerimiento tan exigente de quienes han apoyado tanto!

4. Lo primero que hay que decir es que no es una discusión honrada. Se sabe que hay partidos de los que controlan la Asamblea Nacional que están precipitados hacia elecciones de cualquier tipo, con Maduro o sin Maduro, como lo dijera sin ambages el diputado del G4 que tiene a su cargo el manejo del asunto con el PSUV. Lo cual significa, en plata blanca, que se aprestan a elecciones parlamentarias con Maduro y su régimen en el poder.

5. Además hay que decir que casi todos los partidos están divididos sobre ésta y otras materias, lo cual se evidencia en que hay miembros de ellos que están en la AN presidida por Guaidó y otros en la majadería manejada por Parra. Se podrá decir que los que se fueron a la AN de Parra fueron expulsados de sus organizaciones –lo que es cierto-, pero son expresión de agudas contradicciones políticas que no han sido resueltas sino potenciadas.

6. Y es esta realidad, la “mesita de diálogo”, la fraudulenta AN de Parra, el PSUV, partidos de la legítima AN dispuestos a participar en las elecciones parlamentarias con Maduro, de un lado, enfrentados a un sector de la oposición que no va a participar en elecciones de ningún tipo con el régimen en el poder y a una amplia base ciudadana que tampoco lo haría, del otro lado, la que coloca como contrapuestas en forma absoluta e irreductible la salida del régimen y las elecciones con el régimen.

7. Cuando se abandona “el cese de la usurpación” como objetivo que no admite interpretaciones que dejen al régimen en el poder y se opta por elecciones con condiciones, no sólo se transmite un cambio inexplicado de objetivos sino que se abre el tortuoso camino para la negociación de condiciones electorales que, mientras Maduro y su Corporación Criminal estén en el poder, jamás permitirán comicios libres y limpios. Lo que era un objetivo claro y nítido se transforma en un regateo de condiciones.

8. No olvidemos que la comunidad internacional no es la que marca la ruta sino que es –o debería ser- el liderazgo democrático nacional.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

domingo, 17 de noviembre de 2019

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ: LAS SEMI VÍRGENES

Con la simpleza de que la salsa del pavo debe servirle a la pava se quiere dar lecciones de filosofía política coloquial, para justificar cualquier cosa, conforme si se es de la alt left o la alt rigth. En la región existen democracias como Chile, Colombia, Ecuador, Panamá y Uruguay y también autoritarismos plebiscitarios, semidemocracias, que encarnaron con el socialismo XXI y la salsa no es la misma.

A la alt lef le parecen comprensibles los vandalismos en Chile contra la desigualdad y a la otra cualquier cosa que se haga contra Morales y cuidado con la receta para adobarlas. Balzac hablaba de las semivírgenes para referirse a damas encopetadas e insatisfechas de la Inglaterra victoriana (a la que detestaba) dispuestas a hacer cualquier audacia íntima siempre que no pusiera en peligro su virginidad, que ofrendarían en el sacramento matrimonial.  

En su ingenuidad, algunos enredan todo al referirse a Venezuela o Bolivia como tiranías, cuando son semidemocracias o semidictaduras, cosa muy distinta. A estas alturas del pensamiento y la acción se sabe perfectamente que la democracia es un método de gobierno alternativo, de régimen electoral confiable, predecible y monótono en el cumplimiento de los derechos fundamentales y con poderes separados. 

Las elecciones están invariablemente regidas por la Ley y no a capricho de un caudillo. Los autoritarismos plebiscitarios, electorales o semidemocracias consisten exactamente en lo contrario, pero conservan formas semivirginales, aunque comienzan por cambiar la Constitución y controlar las instituciones lo que enajena o problematiza el voto. Así hicieron Chávez, Rafael Correa y Evo Morales con lo que tuvieron un poder no constitucional y por lo tanto autoritario y espurio. 

Doble play

Morales gracias a su control de los jueces forzó un referéndum aberrante y pidió insólita autorización al electorado para violar la Constitución, aspirar a un tercer período de gobierno, y perdió 51 a 49. Recordemos que una Constitución no es cualquier panfleto sino una Carta que establece los derechos inalienables de las personas, su espacio de libertad donde están exentas de la presencia del Estado. En los países civilizados la Constitución es casi intocable no así en el tercer mundo. 

Por eso al lanzarse de candidato este mes, se coloca doblemente fuera de la Ley, da un golpe de Estado, y otro cuando ordenó delictivamente al Tribunal Electoral escabullir los escrutinios. Principio fundamental del Derecho moderno es que el Estado solo puede hacer aquello que específicamente le fijen las leyes, mientras los ciudadanos somos libres para hacer todo lo que no nos esté prohibido. Esta es la garantía para la vida, la libertad, la propiedad. 

Si no es eso, no es una Constitución sino un grimorio. Morales delinque al presionar a la gente para que le permitiera violar la ley y también o más al violarla pese a su reprobación expresa. Las cartas fundamentales de prácticamente todos los países democráticos contienen un artículo anti autoritario, aporte de la Escuela de Salamanca, que inspiraron los teólogos jesuitas y dominicos Francisco de Vitoria, Francisco Suárez, Tomás de Mercado, Domingo de Soto y varios otros. 

Esta insta a todo ciudadano, civil o militar, a derrocar al usurpador y restablecer la vigencia de la Constitución. San Agustín no tiene dudas de recomendar el magnicidio. Las Constituciones de EEUU, Francia, Alemania, España, recogen este principio, el famoso artículo 350 en Venezuela. Su significado es una autorización para usar la fuerza cuando el mandatario se aparte del orden constitucional y la justifica a posteriori. 

Golpe a golpe

La ingenuidad hizo pensar a muchos en Venezuela que se invocaba “el 350”, salía el genio de la botella y el problema estaba resuelto. La esencia que nos obliga a acatar los gobernantes es la legitimidad, que para los revolucionarios no significa nada pero tiene dos fuentes: la legitimidad de origen que, como hemos dicho, parte de que el gobierno nace conforme lo pauta la Constitución. Y la legitimidad de ejercicio, que pierde si se aparta de ella en su gobierno, como hacen las semivírgenes en el poder. 

El golpe de Estado es una figura suficientemente estudiada en la teoría política y consiste en que un poder del Estado, basado en la fuerza, usurpa atribuciones o funciones constitucionales de otro, anulándolas. Suele provenir del Poder Ejecutivo por su control sobre la fuerza pública. Puede ser un golpe militar, cuando hay movilización de tropas. 

Ese expediente a veces no es necesario porque basta con la disuasión y se habla de un golpe blando. Pero si un mandatario delinque y lo toman in fraganti, la fuerza pública está en la obligación de impedir que se consume el crimen. Es lo que ocurre con Morales quien había cometido uno grave y se le sorprende perpetrando otro, nada menos que un fraude electoral. 

Sin que eso signifique pronunciarse sobre las desgracias o venturas que podrían haber procurado a los respectivos países, en las últimas décadas defenestraron varios presidentes de la región, sin que pueda calificarse de golpe de Estado: Carlos Andrés Pérez en Venezuela 1993, Mel Zelaya, Honduras en 2009, Fernando Lugo de Paraguay en 2012 y Dilma Rousseff de Brasil en 2016, la última sin haber cometido la más remota transgresión.

Carlos Raúl Hernandez
@CarlosRaulHer

miércoles, 9 de octubre de 2019

OMAR A. ÁVILA H.: TOMEMOS LA INICIATIVA

Recientemente escuchamos a Tareck El Aissami afirmar una vez más que el 2020 será el año del despegue económico, al igual que dijeron que iba ocurrir en el 2016, 2017, 2018, 2019 y llegará el 2020 y dirán que será en el 2021. En fin, seguirán con el cuento de nunca acabar, el de ofrecer un futuro mejor que jamás llegará.

Por cierto, es propicia la ocasión para preguntarle a Tareck: qué pasó con el Petro, la reconversión monetaria y los precios acordados de 50 rubros.

La realidad es que hoy en nuestra Venezuela se impone la acumulación del caos, con una dirigencia política que no entiende a la mayoría del país, y un sector que solo sabe criticar y atacar a todo el mundo por las redes sociales, sin proponer absolutamente nada, en fin, ambos desconectados totalmente de la realidad del país, es decir, del sentir y padecer de nuestro pueblo.

Es la hora de que pisen tierra, se piense y actúe con objetividad. Es público, notorio y comunicacional que la aventura del 30A, el pensar que Maduro pueda renunciar o que vengan los marines a liberarnos, y ese largo etcétera de soluciones mágicas han fallado por completo. Que acciones como las sanciones y el TIAR, han tenido efectos contra el régimen sí, que desde las fuerzas democráticas se ha venido construyendo un piso para presionar a Nicolás y su entorno, eso también es verdad, pero por ahora nada de eso ha sido suficiente para terminar de lograr el cambio que la mayoría reclama.

Como decía el profesor José Vicente Carrasquero: “Sigo sin ver la ruta de la fuerza. En el mundo no somos el único país con severos problemas de migración y crisis humanitaria. Sudán del Sur, Siria y Afganistán nos acompañan en esta tragedia. Irán ha secuestrado y atacado buques petroleros ingleses. Yemen junto a iraníes bombardearon instalaciones petroleras de Arabia Saudita... quien esté esperando una salida de fuerza en nuestro caso quedará como la Penélope de Serrat”…

El recién acuerdo aprobado en la Asamblea Nacional, deja claro la nueva ruta política que ratifica la posición que la salida política debe construirse a partir de unas elecciones libres con reconocimiento internacional, para poder entrar en ese proceso de transición. 

Urge que se termine de entender que en el todo o nada solo gana el régimen, y que el "cese" solo se puede lograr con votos.

Si en el 2015 se hubiese utilizado la lógica “con ese CNE no se puede votar”, hoy no existiera Juan Guaidó, ni esta Asamblea Nacional como único poder legítimo. Ojo, no con esto quiero decir, que no hay que nombrar un nuevo Poder Electoral, sino que la abstención no nos ha llevado a nada.

Basta de discursos repetitivos, monótonos, predecibles, alejados de las inmensas necesidades que viven los pobres de este país.

Desde Unidad Visión Venezuela seguiremos haciendo todo lo que esté a nuestro alcance, aunque parezca imposible para lograr construir esa unidad de propósitos, que articule a toda la oposición venezolana, ya que es la única posibilidad que tenemos para poder alcanzar los cambios que necesita el país, por ello seguimos proponiendo un Encuentro Nacional de la Oposición. Todos somos necesarios, nadie puede solo. 

Es hora que además entiendan que no se pueden atribuir un apoyo popular del cual no gozan, y que nadie les dio como partido. La gente votó masivamente en el 2015 contra el gobierno. Votó por la “unidad”, de la cual hoy lamentablemente carecemos, y que urge amalgamar, ya que todos de manera individual somos minoría.

Omar A. Ávila H.
@OmarAvilaVzla

sábado, 27 de julio de 2019

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: ¿DÓNDE LLEVA LA TRANSICIÓN POLÍTICA?

Hablar de transición política en Venezuela, es incitar a recorrer todos los caminos posibles que se sobrepongan a ese país caracterizado por una situación política controlada por el advenimiento de una serie de equivocaciones formuladas sobe la insidia y el despotismo. Pero también, por la envidia y el egoísmo.  

Hablar de transición política en Venezuela, es salvar la brecha que se da entre un autoritarismo asociado a un militarismo salpicado de totalitarismo, y un ámbito de condiciones políticas delimitadas por el hecho que representa la consolidación de libertades y el definitivo afianzamiento de derechos humanos. Entendido esto, como la razón para avanzar hacia renovados estadios de desarrollo económico y social.  

La frase “Transición política” se convirtió en una causa política cuya fuerza renovó emociones nacionalistas. Siempre, apuntándole a legitimar condiciones que favorezcan la democratización del sistema político. Particularmente, cargadas de la fuerza necesaria para invocar las capacidades y potencialidades sobre las cuales es posible revertir distorsiones que han interrumpido el rumbo de la democracia. Pero asimismo, salvar aquellos obstáculos que detuvieron procesos de dinamización del fortalecimiento de la sociedad civil.  

Así que visto este problema desde la perspectiva de la crisis política venezolana, la ansiada transición de gobierno determinaría la orientación política sobre cuya fundamentación conjugaría esfuerzos entre el Estado y la sociedad que apuesten a superar los retos del desarrollo nacional. De esa manera, podrá dominarse el desastroso y amañado forcejeo que ha venido dándose, infortunadamente, entre la civilización y la barbarie.  

La resonante expresión que viene sonando fuertemente desde el 23-E, luego que el diputado Juan Guaidó estableciera la vía para recuperar al país de la dictadura imperante, pareciera ser la forma más expedita para actuar políticamente ante el curso de la distribución de responsabilidades que pautan el cambio de régimen político requerido para salir del estancamiento económico y social que hoy padece el país. 

La estrategia política formulada entre fases: 1. Cese a la usurpación; 2. Gobierno de Transición; y 3. Elecciones libres, configuran el arreglo metodológico mejor pensado para resumir lo que compromete el proceso de lo que significa una “transición política”. Especialmente, la transición política por la que debe marchar el país político para así arribar a la necesaria democratización del sistema político nacional.  

De modo que la “transición democrática” que clama la vía política expuesta por la oposición venezolana, personificada por el presidente interino Guaidó, es la condensación operacional de lo que implica alcanzar un gobierno de transición. O sea, de la “transición política” que clama el fortalecimiento del Estado democrático y social de Derecho y de Justicia exhortado constitucionalmente. He ahí el concepto que destaca la realidad por la que atravesaría Venezuela en su ruta hacia la libertad. 

En resumen, la “transición política” viene a ser un proceso de transformación cuyos actores dirigirán un proceso que no por complicado, no dejará de abordarse por todas las instancias comprometidas con el arribo de una realidad transparente que induzca el respeto necesario para erigir un verdadero pluralismo político. 

Así que de lograrse que la referida frase movilice actitudes y decisiones sobre un curso político de concertación, no habrá duda alguna de la meta a la que llegará luego de iniciarse los momentos correspondientes a dicho proceso político. De ese modo, habrá plena seguridad y absoluta confianza de hacia dónde conducirá la “transición política” en Venezuela. 

Será entonces el exacto manejo de las variables, actores y agentes políticos quienes sabrán definir la ruta a trazar para después seguir el periplo trazado. En consecuencia, será posible y propio evitar que la incertidumbre amenace al aludido proceso toda vez que se actuaría con mesura y sin vacilación ante la pregunta: ¿dónde lleva la transición política? 

“La transición política es el proceso que hace posible salvar brechas entre posturas contrarias separadas por la racionalidad propia del pluralismo al reivindicar estadios superiores de libertades y derechos humanos”

Antonio José Monagas 
@ajmonagas 

miércoles, 27 de febrero de 2019

JOSÉ LUIS ZAMBRANO PADAUY, REALMENTE NO HAY VUELTA ATRÁS


Fue un día terrible e inolvidable. Se quebraron nuestras expectativas y no podíamos reponernos de los sollozos. Ver los camiones en llamas resultó impactante. Contabilizar más de veinte muertos, casi 300 heridos y alrededor de 100 miembros de las Fuerzas Armadas convencidos de abandonar el bando del terror, no es suficiente para un régimen cuyo único interés es aferrarse al poder a costa de la sangre de tantos inocentes.

Pese a este saldo demoledor y toda la decepción por un 23 de febrero amargo y decepcionante, los días de Maduro están contados. Lo sigue recalcando el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, quien no pierde sus perspectivas para continuar en el intento de entregar la ayuda humanitaria, siguiendo con los pasos concretos para acabar con la dictadura venezolana.

Al día siguiente, Guaidó fue recibido con los honores presidenciales en Bogotá, tras el fallido intento el sábado pasado de introducir los camiones en tierras venezolanas. Se reúne con los 14 cancilleres del Grupo de Lima, Duque y Pence. Las deliberaciones serán intensas, pues hay algo más que honor en juego.

El mandatario constitucional de Venezuela debe dejar de lado los buenos modos y los excesos de conmiseración hacia los militares. Eso es indiscutible. Suficiente… se acabó la paciencia.

Tal vez, no se pueda exigir remordimiento de conciencia, cuando por el otro lado les están apuntando con un fusil para no doblegar. Quizá se hallen sitiados por los cubanos. No lo sabemos con certeza.

Podrán existir excusas interminables para no haber aceptada está última oportunidad, pero es hora de que Guaidó dé de baja a los dos mil generales venezolanos. Con una convicción ineludible, debe hacer trizas la Ley de Amnistía y ya no contar con ellos para el cambio a generarse en pocas semanas.

Apenas es el comienzo. No hay razones definitivas para perder las esperanzas. Existen dos frases certeras y determinantes que han copado los últimos días. Las mismas se han vuelto casi un eslogan de emociones incontenibles, revestidas de fe y con la convicción de que por fin se harán los deberes en Venezuela para restaurar la democracia.

La primera la ha mantenido Juan Guaidó con una nobleza conciliadora y la exprime con una sabiduría que cala hasta en los huesos. Ese “vamos bien” nos lleva a detener las ansias fugitivas de huir de la realidad.

Lo dice sin suntuosidad y sin otro propósito que darnos la confianza para luchar. Logra en su esencia, levantarnos de los asientos para andar y a no apagar la televisión de los acontecimientos.

La exprime sin intenciones secundarias, pero con una rara sensación de amabilidad, de que guardar un secreto y las armas selectas para alcanzar la libertad. Parece con sus palabras reconocer su irremediable papel en la historia. Lleva ese hálito fugaz de cumplir con su encomienda para salvar la patria, sin las pretensiones opulentas de buscar el poder para él.

El “vamos bien” lo vimos en las camisetas sencillas de los artistas que participaron en el gran concierto en Cúcuta titulado “Venezuela Aid Live”. Fue un desfile incontenible de estrellas y de emociones simples, como preludio a lo que está por venir, aunque se haya fallado en el primer intento por darle un pequeño alivio al pueblo venezolano el pasado sábado.

La otra frase es sin duda estratégica. Es ir con la mochila repleta para la batalla. La emitió el presidente Donald Trump en su peculiar intervención en la Universidad de Miami. La soltó sin asombros y en medio de la turbulencia acostumbrada de su insaciable discurso. El “no hay vuelta atrás” se declara como punto culminante de los estragos nacionales. Más allá de su sintaxis, interviene con el poder infundado por su emisor y de que se camina en esta cruzada renovada, con una avalancha de respaldo.

Siempre hemos estado colmados de incidencias. Los noticieros mundiales nos nombran a diario y experimentan una extraña compasión por nuestros padecimientos. Pero hoy se reconoce también que se emprende el juego decisivo.

La confianza precisa de Guaidó nos mantiene en ascuas. Asume sus decisiones sin mayores tropiezos y no duda por un instante que logrará su cometido. Es tratado mundialmente como un mandatario real y se le respeta por una investidura constitucional sin atisbos de duda, pues la usurpación del otro está más que comprobada.

La batalla del sábado se perdió, pero la guerra por la patria apenas comienza.

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571

jueves, 21 de febrero de 2019

SJ. LUIS UGALDE, IRRITANTE CONFUSIÓN


Vivimos tiempos de mucha tensión, confusión y deseos de que alguien desde fuera nos resuelva esta tragedia nacional.  Algunos quisieran que el Papa nos liberara del usurpador. Para que esta ilusa esperanza no traiga más frustración, la Iglesia Católica debe ser más clara y evitar confusiones y silencios que aumentan la irritación contra el Vaticano.

Para muchos es difícil entender que el Papa sea cabeza y servidor de la Iglesia Católica y al mismo tiempo jefe del Estado en un mínimo territorio pero con relaciones diplomáticas con casi todos los Estados del mundo. El problema es que actuaciones razonables para el Estado Vaticano pueden resultar chocantes y escandalosas para la Iglesia Pueblo de Dios. En esa confusión estamos.

Neutralidad positiva. Hace unos años Argentina y Chile llegaron a las puertas de la guerra por cuestiones fronterizas. El papel activo del Vaticano fue decisivo para frenar el conflicto y ahorrar muertos y odios. La mediación vaticana fue posible porque ambas naciones son de gran mayoría católica y sus gobiernos aceptaron la intervención como muy positiva por la creíble imparcialidad de un Estado sin tanques, con mucho reconocimiento moral e interesado en ayudar a ambas partes. Se le reconocía al Vaticano imparcialidad positiva (lo que recientemente el secretario de Estado, cardenal Parolín, llamó “neutralidad positiva”) necesaria para ser árbitro o mediador.

Neutralidad inaceptable. No es esa la situación de Venezuela en la que  los cristianos no podemos ser neutrales, sin traicionar a Cristo. Cuando un usurpador a mano armada secuestra la Constitución, arrebata las libertades, apresa, tortura y despoja de su patria y bienestar a millones… nadie en conciencia puede ser neutral entre el victimario y las víctimas. Jesús traza una radical diferencia y llama “benditos de mi Padre” a quienes atienden al hambriento, al exiliado, al preso y al enfermo, y “malditos de mi Padre” a los que niegan al prójimo la comida, la medicina, la patria y la libertad. Venezuela sufre un asalto a mano armada por bandidos que la dejan medio muerta, como en la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10,25-). La Iglesia en Venezuela, a costa de su tranquilidad y aun  de su libertad, tiene que abrazar y curar al hermano herido, como lo hizo en El Salvador de manera ejemplar monseñor Romero (con mucha incomprensión y disgusto del Vaticano en ese tiempo) hasta ser asesinado por el poder dominante. Recientemente, por esa virtud heroica el papa Francisco ha canonizado con toda celeridad a San Romero de América y lo ha puesto como ejemplo de obispo y cristiano defensor de los perseguidos. En muchas otras ocasiones (por ejemplo en la etapa final de Pinochet) se produce el conflicto entre la Iglesia-Estado en buena relación con el gobierno y la Iglesia-Pueblo de Dios, de ciudadanos que sufren y luchan por la dignidad humana y los derechos negados por ese gobierno.

Nos sentimos orgullosos de nuestra Iglesia en Venezuela, y considero que nuestra Conferencia Episcopal (CEV) lleva tres lustros como la institución más lúcida y valiente frente a un régimen que hace mucho tiempo perdió la legitimidad, y con ello nos pone en el deber de cumplir con los artículos constitucionales 333 y 350 basados en la tradicional doctrina católica sobre la legítima rebelión contra el tirano.  Tenemos pruebas de que esta actuación de la CEV cuenta con la comprensión y apoyo del Papa y de su secretario de Estado y contamos con las oraciones y la solidaridad de diversos episcopados e iglesias del mundo. El régimen trata de manipular esa realidad presentando al Papa como amigo empeñado en salvar su “socialismo del siglo XXI” y enfrentado a la CEV degenerada en partido político contra este buen gobierno. Lamentablemente no faltan opositores que, malévola o ingenuamente, favorecen al gobierno que odian, atacando al Papa. El régimen ha abusado tanto con la manipulación del “diálogo” y la mediación del Vaticano, que el Papa ha enviado una carta al Sr. Maduro diciéndole que el régimen, para perpetuar su poder y el desastre nacional, viola e incumple las buenas palabras de diálogos anteriores.

Baño de muerte y gobierno de transición. No es cierto que lo mejor sea someterse dócilmente a la dictadura para así evitar el baño de sangre, pues el baño de muerte ya es una terrible realidad que sufren millones, no es solo un peligro. Por eso Venezuela necesita salir cuanto antes del usurpador y formar un gobierno amplio de transición decidido a convocar elecciones presidenciales libres y democráticas (impedidas el año 2018) y restablecer la Constitución y los derechos humanos violados. Gobierno de transición a la mayor brevedad 1) para establecer las condiciones para una elección justa y limpia (nuevo CNE y TSJ, eliminación de la ANC, habilitación de candidatos y partidos, actualización del REP, votación en el exterior, auditorías, empresa de soporte, máquinas electorales etc.). Según los entendidos todo esto tomará unos 9 meses y por eso conviene empezar ya. 2)De máxima urgencia en el tiempo es también el cambio de la disparatada política económica y el freno de la hiperinflación (va mucho más allá de la ayuda humanitaria), que no pueden lograrse sin mucha iniciativa privada e inversión y sin un apoyo internacional grande y sostenido de los gobiernos democráticos y de los organismos multilaterales. Nadie en sus cabales piensa que la prolongación del régimen actual puede traer bienestar a Venezuela. El usurpador Maduro no puede, ni quiere, convocar a elecciones presidenciales limpias, ni cambiar del modelo “socialista”;  tampoco tiene credibilidad ni apoyo internacional y nacional, ni tendrá la de la Fuerza Armada.

La Iglesia de Cristo sin confusiones debe movilizarse más, nacional e internacionalmente, para liberar a Venezuela de la actual tragedia humana, evitando manipulaciones del régimen. El Vaticano –si se presenta la oportunidad– estará dispuesto a contribuir a la salida no sangrienta del usurpador.

SJ. Luis Ugalde
Enviado a nuestro Twitter por
Тhor Оdinsson   
@odinssont

martes, 19 de febrero de 2019

RONNY PADRÓN, PRESIDENTE JUAN GUAIDÓ, LIDERAZGO EFICIENTE


Difícil imaginar hace apenas treinta días que desde la Asamblea Nacional pudiera emerger el líder necesario de la transición democrática. Porque a decir verdad el Parlamento de Venezuela de un tiempo para acá se convirtió en el mejor aliado de la dictadura socialista aferrada al poder, ello debido a sus tratativas omisivas, distraccionistas e ineficientes que siempre ralentizaban e incluso obstaculizaban el restablecimiento del orden constitucional.

Pero ocurrió. Valiéndose de las más variadas herramientas de la política, este joven de apenas 35 años, un diputado casi desconocido para el país nacional que ante el descabezamiento jerárquico de su tolda política asumió una responsabilidad histórica, sorteó escollos del todo inimaginables hasta alcanzar el sitial de honor: La Presidencia de la República de Venezuela en carácter de encargado, para encabezar entonces un proceso expedito de transición política que culminará en elecciones presidenciales libres y limpias conforme a la Carta Magna.

Para ello deberá concretar en primer término el cese de la usurpación presidencial (resolución inminente pero gravosa), para conducir de seguidas el llamado gobierno de transición que allanará el camino al precitado evento electoral. Una cadena de objetivos, indispensables todos a la supervivencia de la República, que requiere de un liderazgo político en grado superlativo, que por extraño que parezca se halla personificado en el Presidente Guaidó con calificaciones en alza.

Son los imponderables de la política, esos que sin prueba ni fundamento cambian el destino de los pueblos para bien o para mal, y es por ello que la soberanía popular debe mantener su paso firme y prudente rumbo a la liberación nacional, necesario aporte del pueblo para que ese inédito liderazgo político siga siendo del todo eficiente. Ora y labora.

Ronny Padrón
caballeropercivall@gmail.com
@caballeroperci

sábado, 16 de febrero de 2019

BEATRIZ DE MAJO, ¿CÓMO NOS VEN LOS VECINOS?


La presencia constante de la crisis venezolana en la prensa de Colombia, además de la percepción generalizada, a través del boca a boca ciudadano, del problema que representa para los vecinos el flujo continuo de eyectados de nuestro país que intentan insertarse desordenadamente en la dinámica colombiana, ha conseguido fortalecer la imagen de Iván Duque hasta niveles insospechados. 

Antes de la crisis venezolana, el apego de los neogranadinos por su presidente había sufrido el usual descalabro que experimenta todo mandatario que se inicia en la magistratura. Duque no se había escapado de ello. Pero haber asumido una posición firme y agresiva frente al criminal gobierno venezolano y en torno al ELN –vinculado también con la realidad venezolana de hoy– le ha ganado el respeto de su propio electorado.

Al inicio de su magistratura Duque conservaba una opinión favorable de la mitad de su electorado, lo que era una posición consistente con su triunfo electoral que apenas alcanzó con algo más de 50% de los votantes en la segunda vuelta. Pero para septiembre, cerca de 3 meses después de las votaciones, la opinión favorable de los colombianos se había descolgado hasta casi la mitad. (27,2%). A raíz de la crisis migratoria venezolana y del atentado del ELN y la definición de una posición fuerte del Palacio de Nariño en torno a ambos temas, la popularidad de Iván Duque se ha recuperado hasta gozar hoy de 42,7% del favor de los suyos.

De la misma forma, los temas inherentes a Venezuela, que hasta hace pocas semanas mantenían indiferentes al colectivo vecino fuera de las áreas de fronteras, a fuerza de ser aireados de cara a la población, están comenzando a generar un posicionamiento de opinión. Lo interesante es observar cómo se ha iniciado una lenta pero consistente migración de criterios hacia el fortalecimiento de la presencia venezolana en suelo colombiano y cómo se ha ido disipando el rechazo o la xenofobia que al inicio del éxodo estaba presente entre los encuestados frente a la invasión generada por quienes escapan de la crisis del otro lado de la frontera.

El caso es que la crisis venezolana está hoy presente en la mente de los vecinos en la misma proporción que las actuaciones del ELN dentro del suelo vecino. Y el presidente goza de la aprobación de sus administrados en el manejo de ambas crisis.

Toda esta situación de intranquilidad en Venezuela ha provocado un fortalecimiento de la binacionalidad, un asunto que los venezolanos siempre hemos dado por descontado pero que no es visto con los mismos ojos desde allá hacia acá. Si algo ha conseguido Duque de constructivo en menos de un año de gestión es haber manejado en positivo la crisis venezolana, haber concitado la colaboración de sus nacionales, hacerles ver los aspectos favorables de la inmigración, poner de relieve la relación de la tiranía vecina con las fuerzas del mal y haber conseguido de los suyos la venia necesaria para la intervención humanitaria de Estados Unidos desde el territorio colombiano. No es de extrañar, pues, que más de la mitad de los colombianos se animen a permitir que su gobierno facilite un eventual tránsito de tropas con miras a una posible intervención en suelo venezolano.

Más diciente que todo lo anterior es que si las elecciones se celebraran mañana en Colombia el lado de Juan Guaidó contaría con un buen soporte de la población colombiana. La reputada encuesta de Invamer, que en esta ocasión fue requerida por la revista Semana, Caracol Televisión y Blu Radio revela que 4 de cada 5 colombianos sabe con claridad meridiana quién es Juan Guaidó, y que más de 2 de cada 3 tienen de él una imagen favorable. Por el contrario, por encima de 9 de cada 10 colombianos tienen hoy, según esta medición de opinión, una imagen negativa de Nicolás Maduro.

Beatriz De Majo
@beatrizdemajo1

jueves, 14 de febrero de 2019

CARLOS BLANCO, PEDREGOSO CAMINO HACIA LA LIBERTAD


En Venezuela hay una situación de equilibrio inestable entre el poder que nace y el poder que muere. Este balance puede ser roto por algún acontecimiento imprevisto que desencadene el desmoronamiento final del régimen de Maduro; al momento de escribir estas líneas no ha ocurrido, pero tal vez esta tarde, en la madrugada, algo puede pasar que cambie de una vez el destino de la República. De un lado está la mayoría determinante de los ciudadanos, civiles y militares; la mayor parte de los países que cuentan en el planeta tierra y en nuestro vecindario; una crisis económica brutal que ahoga al 99% del país; las sanciones internacionales en contra de los personeros del régimen y la asfixia financiera del Estado. Todos estos factores presionan la salida de Maduro.

Del otro lado están las escopetas controladas por los mandos militares leales (hasta ahora) a Maduro; los grupos armados paramilitares; las FARC, el ELN; las mafias mineras y del narcotráfico; así como gobiernos e instituciones que buscan otro nuevo diálogo que le dé tiempo al régimen, sea porque son sus cómplices, sea porque no entienden la naturaleza del conflicto o estén orientados por los “odios estratégicos” (Rómulo Betancourt dixit) en contra de EEUU, país que ha asumido una posición de vanguardia en este conflicto.

Este equilibrio inestable se va a romper en algún momento. Las mayores probabilidades son que ocurra a favor de la libertad y la democracia, lo cual requiere un manejo diestro por parte de la dirección política del proceso. En este sentido, sugiero considerar dos temas: el primero es el de las operaciones de guerra psicológica que están en marcha. Es obvio que Maduro y la banda presidencial están, hacia afuera, en la línea del falaz discurso por la paz y el diálogo, y, hacia adentro, con la tesis de galvanizar al pueblo para enfrentarse “al imperialismo”. Por su lado, quienes dirigen la acción de lado de Guaidó también desarrollan diestras operaciones psicológicas sobre la inminencia de acontecimientos. Sólo observaría no crear expectativas sobre situaciones que, de no darse, puedan resultar contraproducentes.

El segundo tema es la oferta de EEUU a los militares de Maduro: si lo abandonan, les suspendemos las sanciones. Confieso que me parece una aproximación equivocada. Gente que ha participado por 20 años en la “revolución”, además de tener dinero mafioso puede tener una posición ideológica para la cual el trueque propuesto no funciona. Tal vez funcione cuando algún ofertado tenga la pijama anaranjada, pero no antes.

Maduro está condenado a salir de Miraflores porque la situación se le ha hecho insostenible. Sin embargo, no hay que olvidar que la situación se les ha hecho insostenible a todos los actores de nuestra tragedia.

Carlos Blanco García
@carlosblancog

miércoles, 13 de febrero de 2019

CLÍVER ANTONIO ALCALÁ CORDONES, A LA JUVENTUD MILITAR


La juventud militar venezolana no ha estado ajena a ninguno de los acontecimientos importantes de nuestra vida republicana. Desde principios del siglo XIX hasta el presente, su incidencia ha sido determinante para los cambios necesarios.. Obsérvese que no me estoy refiriendo a rangos, habida cuenta que un Primer Teniente puede tener una decrepitud censurable, y un General puede tener el arrojo y la sabiduría de un joven que es capaz de asumir riesgos hasta perder la vida, por la tierra que juró custodiar.

Los episodios de febrero de 1814 en las llanuras de Aragua son un buen ejemplo del sacrificio hasta el martirio, de los jóvenes del seminario de Caracas que ofrendaron sus vidas en la batalla de La Victoria, con José Felix Rivas al frente. El Siglo XX fue testigo de la iniciativa de la juventud militar cuando se sublevó para derrocar la tiranía de Marcos Pérez Jíménez y sus esbirros de la Seguridad Nacional. En efecto, rondaban la frontera de los treinta años, más o menos, cuando Hugo Trejo, Gilmon Báez, Basalo D Andrea, Parada, Pérez Méndez, Testamark, Ely Mendoza, Navarro Torres, Luis E Sucre, y otros importantes oficiales, sub-oficiales, clases y soldados, adoptaron la decisión de derrocar una dictadura.

Hoy, el mejor homenaje al 12 febrero, es seguir el ejemplo de los hombres que los antecedieron, y dar los impulsos convenientes para que la República alcance mayores y mejores estadios de vida. No es aceptable en ninguna circunstancia, estar pasivos ante una realidad que clama al cielo. El profesor Uzcátegui nos presenta un retrato del país que es escalofriante:

“La pobreza en Venezuela para 2018, según las tres principales universidades del país, alcanza el 48% de los hogares. La inflación del año 2018 alcanzó el 1.299.724 % y, según las proyecciones, pudiera alcanzar los 10 millones % en 2019. Una familia necesita 60 salarios mínimos para adquirir lo indispensable para vivir. El 64% de los venezolano/as en 2017 perdió aproximadamente 11 kg de peso y 33% de los niños entre 0 y 2 años sufre de retardo de crecimiento. En un estudio realizado por Caritas, 53% de los hogares venezolano/as ha tenido que recurrir a estrategias de supervivencia como la mendicidad o buscar comida en basureros.”

La juventud militar tiene que pronunciarse. Decir basta. No es posible que la situación ruinosa siga su paso de pasión y muerte. No podemos estar pasivos al saber que compatriotas salen por millones buscando una felicidad que el país le ha negado. No puede haber indiferencia, cuando se sabe que este gobierno ha roto de modo inmisericorde el tejido social entre los venezolanos, y ha embestido sin piedad contra la moral de las Fuerzas Armadas. Muchos son los hombres de uniforme que están presos en las mazmorras de las policías del régimen, o en el exilio. La desmoralización y la desconfianza cunde en los diferentes componentes.

Ha llegado el momento de que los venezolanos nos afirmemos como República y remilitaricemos la Fuerza Armada que escogimos para dar la vida con, y por ella, Todo parece indicar que estamos en un momento de encrucijada. O la Fuerza Armada respalda a este elenco de traficantes que administra el estado, o lo desplaza para que se abran los caminos y se despeje un futuro promisor para todos los venezolanos. Hoy la apuesta es por la felicidad o el abatimiento, por el día o por la noche, por un pasado que se extingue o por un futuro que reivindique las palabras del Padre Libertador exaltando la moralización de la República, guiada por las luces de la educación.

En las actuales circunstancias que vive la República, la indiferencia es tan imperdonable como imperdonable es estar a contravía de la historia. En cambio, los hombres y mujeres que emprendan las acciones que correspondan para crear las condiciones que le permitan a los ciudadanos del país alcanzar medios dignos de vida, tendrán ganada la gloria.

Recordad que a lo largo de la historia, siempre
Ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo,
han parecido invencibles. Pero siempre han
acabado cayendo. Siempre .
Mahatma Gandhi

Cliver Alcalá Cordones (Mayor General)
@cliver2013

martes, 12 de febrero de 2019

BEATRIZ DE MAJO, ¿LE APOSTARÁ CHINA A GUAIDÓ?, CHINA HOY

Uno de los secretos mejor guardado es el nivel de exposición con que China llega a esta última turbulencia venezolana. Son muchos los medios y los centros de investigación que han monitoreado, a lo largo de los tiempos revolucionarios, la evolución de los empréstitos que la gran potencia le ha concedido al proyecto populista caribeño sin que nadie pueda asegurar, fuera de Pekin y Caracas, la verdadera situación del endeudamiento venezolano con sus socios asiáticos.

Las vicisitudes que China ha debido enfrentar de unos años a esta parte no son pocas en este terreno, pero siempre elementos de carácter político y estratégico han aconsejado, a quienes toman este tipo de decisiones, ser amplios y condescendientes con sus socios en los refinanciamientos, sobre todo porque un volumen considerable de la apuesta financiera contaba con un repago en crudo y las cuentas nacionales venezolanas seguían cuadrando, aun cuando la producción petrolera se iba adelgazando consistentemente.

Pero hace rato ya que ni China ni Rusia aportan financiamientos frescos al gobierno de Nicolás Maduro. Apenas se contentan con extender periodos de gracia a los empréstitos vencidos y de nada han valido los viajes a Pekín y Moscú en 2017 y 2018 para tratar de abrir de nuevo el grifo ni de uno ni de otro lado. Es que razones sobran para que, en lo que a China atañe al menos, la credibilidad, la responsabilidad financiera y la eficiencia del gobierno de Nicolás Maduro y de la estatal petrolera PDVSA se encuentre en entredicho. Una fuente de la empresa informaba en diciembre pasado a El Nacional que no se está cumpliendo el compromiso de pagar con crudo los viejos endeudamientos chinos y rusos sino en un 50%.

De allí que sea necesario atar esta mala coyuntura en la relación con Venezuela con el difícil momento que atraviesa la planificación económica china. Hace un par de semanas nos referíamos a la desaceleración que deberá enfrentar el gigante de Asia, a la contracción de su propio consumo interno y a los efectos mundiales del rifirrafe que mantienen con los Estados Unidos. La ortodoxia económica lo que aconseja es mantener bajo control el repago de los colosales endeudamientos otorgados a países en desarrollo, quienes, al igual que el resto del mundo, estarán impactados económicamente por la crisis global.

Y es así como la sensatez deberá prevalecer en China en su futura relación con Venezuela y cobrar lo que se le adeuda será la prioridad con mayor peso. La irreductible solidaridad política de antaño con la Revolución bolivariana tendrá que pasar a un segundo plano. Cuando se perfore el secretismo que rodea la realidad de las cifras envueltas en los empréstitos y las turbias condiciones de los endeudamientos salgan a la luz, cuando del examen de los contratos y negociaciones entre las partes se evidencien elementos de corrupción que con frecuencia acompañan a estos compromisos, cuando exista claridad meridiana sobre los procedimientos no cumplidos y las autorizaciones no otorgadas en cada una de las inversiones conjuntas y en los fondos que acompañaron las relaciones bilaterales, China tendrá frente a si un problema mayúsculo a resolver. Y más, le vale en ese momento, haber actuado del lado de quienes están dando por finiquitado el desorden, las ineficiencias, los “negociados”, y el saqueo del país.

“Quien a buen árbol se arrima…” no es un adagio chino, estoy segura, pero no dudo de que la sabiduría milenaria que caracteriza al Imperio del Medio sabrá, desde esta temprana hora, quien es su mejor aliado en la lejana y díscola Venezuela, ahora en proceso de rehabilitación bajo la férula de Juan Guaidó.

Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1

lunes, 4 de febrero de 2019

ALONSO MOLEIRO Y JAVIER LAFUENTE, CRISIS EN VENEZUELA


La estrategia coral que resucitó a la oposición y echa el pulso más firme a Maduro

La presión al líder chavista se ha intensificado a partir de un plan ideado por destacados dirigentes que cuenta con jóvenes políticos y disidentes

 “Fin de la usurpación, Gobierno de transición, elecciones libres…”. Los críticos con Nicolás Maduro lo repiten como si fuese el estribillo de una canción pegadiza. Un mensaje, un mantra más bien, que por primera vez en mucho tiempo, entona al unísono un coro que incluye a los más beligerantes y los sectores moderados, incluso entre chavistas críticos con Maduro, ante la grave crisis que atraviesa Venezuela.

Históricamente fragmentada, la oposición venezolana ha logrado generar una sinfonía inédita en torno a la figura del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, que el pasado 23 de enero se proclamó mandatario interino y fue inmediatamente reconocido por Estados Unidos y los principales países de la región, salvo México. Una composición que no cuenta con un solo director de orquesta, sino que es fruto de una gran alianza, de un acuerdo político gestado durante meses en el que predominan dos figuras a partir de las cuales se articula el toma y daca con el que se ha logrado cercar como nunca antes al régimen de Maduro: el expresidente de la Asamblea Nacional Julio Borges (Primero Justicia) y el líder político Leopoldo López (Voluntad Popular, también el partido de Guaidó).

Al menos una decena de fuentes consultadas para este reportaje, entre distintos sectores de la oposición y al tanto de los movimientos, insisten en que sería injusto señalar un cerebro detrás de la estrategia, aunque son los nombres de estos dos políticos los que repiten cada uno de los consultados, algunos en condición de anonimato. López, preso en su casa, opera políticamente dentro del país; Borges, exiliado en Bogotá, es quien articula los contactos en el extranjero, “quien legitima al Parlamento allá donde va”, suele repetir, un trabajo que ha venido desarrollando desde hace más de un año y que se ha acentuado tras el fracaso de las negociaciones con el régimen chavista en República Dominicana hace ahora un año. Casi 20 después de fundar Primero Justicia, de enfrentamientos que dividieron a la formación con más poder entre los críticos del chavismo y que propició que López creara Voluntad Popular, la crisis de Venezuela les ha obligado a ambos a sincronizarse de nuevo.

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La negociación en Santo Domingo supuso un punto de inflexión para ambas partes. Borges, líder de la delegación opositora, decidió, en contra de una parte de los críticos que hoy guarda silencio, no firmar el acuerdo que le planteaba el chavismo y que contaba con el beneplácito del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los mediadores en aquellas conversaciones. Maduro convocó elecciones para mayo de 2018 y propició otro golpe a la oposición, el enésimo después de que en diciembre de 2015 esta lograse imponerse en las urnas y hacerse con el control de la Asamblea Nacional. Una victoria que Maduro nunca asimiló.

La situación actual obligaba a una reinvención. Otra más. Una quimera para muchos, después de que las protestas de 2017 alejasen a los líderes de sus votantes, que perdieron la confianza en ellos. No obstante, fruto de aquellos meses en los que murieron decenas de personas, se fortaleció una serie de jóvenes políticos, incluido el propio Guaidó, que a estas alturas han resultado clave.

“Esto es un proceso arduo”, recordaba Borges hace unos meses en una charla informal en Bogotá. Aparentemente, mediáticamente sobre todo, era el momento más bajo de la oposición. Daba la impresión de que no lograban remontar la enésima bofetada del madurismo. Con los meses, aquellos encuentros que parecían intrascendentes han cobrado sentido. En Harvard, de la mano del economista Ricardo Hausmann, se esbozó un proyecto económico para poner en marcha en un futuro que cada vez les resulta más cercano. En agosto, durante la toma de posesión de Iván Duque en Bogotá, Borges, López (a través de Skype), Antonio Ledezma (exalcalde de Caracas) y Tomás Guanipa (secretario general de Primero Justicia) se reunieron con los expresidentes Felipe González y Ricardo Lagos para hablar de cómo debería ser un posible Gobierno de transición. “Esto es un trabajo de hormiga”, insistía Borges en aquella charla de la capital colombiana.

Borges ha liderado el impulso exterior, especialmente en el Grupo de Lima, creado por las principales potencias regionales tras no lograr ningún avance en el marco de la OEA (Organización de los Estados Americanos), a cuya última sesión acudió acompañado de Juan Guaidó. Junto a Borges, Antonio Ledezma, exiliado en Madrid, y Carlos Vecchio (nombrado ahora por Guaidó encargado de negocios), en Estados Unidos, han sido determinantes. Mantener viva la llama interna ha sido aún más complejo. Encarcelado en casa Leopoldo López, una de las personas que más ruido ha generado todo este tiempo dentro de Venezuela —con ascendencia en el exterior, sobre todo en Washington y Colombia— ha sido una de las figuras más controvertidas —y beligerantes— de la oposición, a la que hoy todos reconocen su parte del mérito: María Corina Machado (Vente Venezuela).

No obstante, si hay algo que diferencia el momento por el que atraviesa la oposición de otros anteriores es la participación de una nueva generación de políticos que, aparentemente, ha dejado apartadas las siglas -una quimera en Venezuela- por el bien de todos y que tiene su máximo exponente ahora en Juan Guaidó. El político de Voluntad Popular asumió la presidencia de la Asamblea Nacional fruto de un pacto de todos los partidos tras las elecciones de 2015: el primer año le tocó a Henry Ramos Allup, de Acción Democrática; el segundo a Julio Borges, de Primero Justicia; el tercero a Omar Barboza, de Un Nuevo Tiempo y el cuarto año, este, a Voluntad Popular. Encarcelado López, exiliados otros dirigentes como Vecchio o David Smolansky, y con Freddy Guevara asilado en la Embajada de Chile, se apostó por alguien que resultaba un desconocido para mucha gente, pero que ha insuflado a la oposición algo de lo que carecía: esperanza. Hasta el punto de que dirigentes como Henrique Capriles, que se habían mantenido alejados de este proceso durante los últimos meses, han cerrado filas en torno a Guaidó.

El proceder en la juramentación del dirigente tuvo algunos momentos cacofónicos entre la oposición. El momento en que se dio generó cierto ruido interno. Los sectores moderados tenían reservas con el tema, proponían esperar a que escalara la crisis para acercarse a Maduro con una propuesta de transición. Voluntad Popular se negó de plano a esta idea. Al mismo tiempo, Guaidó recibía presiones de los sectores radicales de la oposición para que asumiera funciones presidenciales de inmediato.

Asesorado por políticos jóvenes

La negociación con el Gobierno es una meta que todos los sectores opositores han perseguido en cierta manera. La diferencia ha estribado en el cuándo. Voluntad Popular, Leopoldo López, sostenía que debía llegar producto de una iniciativa que arrinconara al Ejecutivo chavista y lo obligara a deponer posturas, y no antes, como estaba proponiendo el costado socialdemócrata de Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo.

Después de que jurase como presidente encargado el pasado 23 de enero, Guaidó, junto a los vicepresidentes Stalin González y Edgar Zambrano, ha sido asesorado por varios parlamentarios y partidos para llevar adelante la agenda política. Las riendas las han tomado políticos jóvenes, muchos de los que pusieron la cara —literal— durante las protestas de 2017. Miguel Pizarro (30 años), que coordina toda la parte de la ayuda humanitaria, uno de los pilares sobre los que trabaja la oposición, tiene acceso a sectores del chavismo crítico; Carlos Paparoni (30 años) está al frente de la Comisión de Finanzas, encargada de recuperar los activos perdidos por la corrupción, y María Albert Barrios (28 años), el nexo con las Embajadas.

“Este escenario lo estábamos viendo venir. Pasamos buena parte del año pasado preparándonos para esto. Cuando Juan [Guaidó] llegó a la presidencia tenía un panorama de lo que debía hacer”, asegura la diputada Delsa Solórzano. Tras abandonar Un Tiempo Nuevo —otro reflejo de la decadencia de las siglas de los partidos—, ahora trabaja en la elaboración de la ley de amnistía, algo para lo que ha recibido sugerencias de la fiscal general Luisa Ortega, exiliada en Bogotá desde agosto de 2017.

Para Ortega, desarrollar la ley de amnistía es algo crucial en este momento. “Hay que darle claridad, la gente quiere saber cuál es el alcance que va a tener antes de tomar decisiones”, asegura a este diario, en referencia a posibles funcionarios y militares a los que les convendría acogerse a esa ley para desvincularse del régimen. “Maduro ha creado el desastre en el que estamos sobre la inseguridad jurídica”, recalca Ortega, una de las figuras del chavismo disidente que se ha mostrado más activa. “Yo siento que soy parte de todo esto que está ocurriendo”.

Pese a que en las últimas semanas los movimientos han sido certeros y muchos aventuran que se ha llegado a un punto de no retorno para Maduro, las fuentes consultadas coinciden en que es “impredecible” atinar con un pronóstico a corto plazo. “Es importante que se perciba que no hay marcha atrás, pero lo cierto es que los acontecimientos están marcando todos los movimientos, casi por horas”, asegura bajo condición de anonimato una de las fuentes en el extranjero que, como la mayoría, admite que la cohesión en la cúpula chavista —no solo la militar— sigue siendo robusta.

La capacidad de resistencia de Maduro y su entorno, atribuida a la inteligencia cubana, es lo que más preocupa a la oposición. “Se impondrá quien logre mantener la cohesión del otro y no romper la propia”, resumen, de una u otra manera, varias fuentes. Y no mirar a largo plazo. A principios de año circuló un audio, que se le atribuye a Leopoldo López, en el que hacía un análisis y se comprometía con la estrategia a desarrollar por Guaidó. No pocos lo interpretaron como un mensaje en el que quería dejar claro, por si hubiera dudas, de que sigue aspirando a la presidencia.

Alonso Moleiro
@amoleiro
Javier Lafuente
@lafuentejavi
https://elpais.com/internacional/2019/01/30/actualidad/1548856165_269440.html