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miércoles, 4 de marzo de 2020

MARÍA ALEJANDRA DÍAZ MARÍN: LA GRAVEDAD DE LA HORA:23F

Época de turbulencias y peligros. Enemigos externos e internos tratan de descuajar la República Bolivariana de Venezuela. Hace un año, el 23 de febrero de 2019, tensionaron hasta casi romperla, la delgada cuerda. A través de las fronteras de Bolívar y Táchira, intentaron una invasión armada. Esa batalla sin duda la ganamos gracias a los héroes conocidos y miles de anónimos que la enfrentaron.

La otra, la batalla en la cotidianidad, afecta la moneda, el territorio, la seguridad y movilidad ciudadana. Colombia responde a intereses anglosionistas, expansionistas: saqueo, ocupación, “extensión del espacio vital” (Ratzel).

Nos aplican geometría inversa y de la ocupación. Perforan la frontera fundiendo el tejido social a su lógica criminal: redes difusas en pequeñas unidades semindependientes, móviles, cambiantes. Modelo paramilitar israelí de invasión: contrabando, ataque y desaparición del bolívar, desterritorialización, expulsión, ocupación, crimen transfronterizo y transnacional, trata de seres humanos, narcotráfico, economía sumergida y transculturación.

La intoxicación del territorio espiritual de la venezolanidad causa la destrucción social masiva. Desgarrar el espíritu de la nación, atacar al Ser de la república, su sustrato: Bolívar, nuestro gentilicio.

Vuelta al consenso de Washington y la Doctrina Monroe: control de las fronteras y mantener separados los países americanos. Debemos responder a la oligarquía transnacional con sus mismas armas: Poder judicial íntegro, castigo a los traidores, Banco Central en defensa del Bolívar y acciones ante instancias multilaterales que desnuden el asedio criminal.

Así cumpliríamos el mandato del Libertador: “la nación que quebrante primero la ley, es la única que puede llamarse infractora: y es la sola responsable de este atentado. El enemigo que se sirve de las mismas armas con que se le ofende no hace sino defenderse. Esta es la ley más antigua y la más universalmente conocida y practicada”.

Responder a los ataques mediante un sistema estratégico no lineal y no serial nos permitirá consolidar definitivamente el triunfo del 23F. Nuestra respuesta debe obedecer a la institucionalidad histórica del 5 de Julio y evitar convertirnos en la retaguardia estratégica de la corporatocracia mundial.

María Alejandra Díaz Marín
mariaalejandradiazredessociales@gmail.com.
@MariaesPueblo
@UNoticias

viernes, 1 de marzo de 2019

ROMÁN IBARRA, MADURO RÉGIMEN MISERABLE


Lo que vimos el día 23 de febrero en nuestras fronteras con los vecinos de Colombia y Brasil por parte del régimen de Maduro, es absolutamente miserable. Solo unos seres siniestros, y sin alma, son capaces de impedir a sangre y fuego el ingreso de ayuda humanitaria a nuestro país.



En los días previos, y para contrarrestar la acción conjunta de los países democráticos a favor de Venezuela, el usurpador declaró que estaba recibiendo ayuda (humanitaria, oh sorpresa), pero desde Rusia, a pesar de la reiterada negativa para reconocer la existencia de la crisis. Por cierto, que un alto funcionario ruso desmintió la entrega de tal ayuda. Es decir, Maduro no sólo es miserable, sino mentiroso compulsivo.

En medio de la más grande crisis generada por el pésimo desempeño de la economía en manos de estos alucinados comunistas, el país se deshace en medio de la pobreza atroz, y las soluciones en el orden económico, político y social, se retrasan en detrimento de la gente.

No se pudo hacer llegar la ayuda humanitaria que tanto requiere el pueblo venezolano, y que fue donada por la intermediación de gobiernos y pueblos amigos, así como por la ayuda muy significativa de nuestros compatriotas en el exterior que generosamente trabajaron en la compra, organización y embalaje de alimentos y medicinas.

Por fortuna, nuestra gente no se rinde y entiende que es mucho más importante que la ayuda llegue al país, y llegará más temprano que tarde por la persistencia de todos.

Por otra parte, aunque en el fondo es la misma agenda, seguimos avanzando en el desarrollo de las premisas marcadas por la unidad democrática liderada por el Presidente (e) Juan Guaidó.

Ha tenido el Presidente un conjunto de reuniones de alto nivel con mandatarios y personalidades para buscar soluciones.

La diplomacia sigue trabajando, y esta semana tuvimos un gran éxito en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con 9 votos a favor de 15 posibles. Casi dos tercios, y ello es un avance muy significativo. Del mismo modo, continúa el apoyo irrestricto del Grupo de Lima; gobiernos y Parlamento europeo, así como nuevos países que se suman al reconocimiento del gobierno interino de Venezuela, como Japón y Corea del Sur, entre otros.

Igualmente, sigue creciendo el número de militares que se suman al reconocimiento de la Constitución y el gobierno de Guaidó. Es cuestión de seguir acumulando fuerzas, no desesperarse, y mantener cohesión y coherencia en la lucha. Confianza en el liderazgo, y contribuir en cuanto sea posible para el logro cívico, pacífico, y constitucional del cese de la usurpación; gobierno de transición, y elecciones libres.

Todos los demócratas esperamos poder cumplir a cabalidad con la consecución de estos objetivos, rogando que no haya necesidad de guerras que solo dejan secuelas muy dolorosas, aunque entendemos que son muchas las personas que desean una salida militar rápida para conjurar la tragedia.

Tal como ha dicho el Presidente Guaidó, y nuestros aliados en el hemisferio, vamos bien! Entonces, debemos estar dispuestos a continuar la lucha y atender el llamado del liderazgo democrático y unitario para demostrar de manera masiva en nuestras calles, nuestra decisión irreversible de ser libres, y felices.

Es necesario estar atentos para no caer en la trampa del gobierno al pretender desmoralizarnos. Lo nuestro es seguir avanzando en la consecución de la libertad con la ayuda de nuestros aliados internacionales para poder finalmente expulsar al sátrapa; sus cómplices en la destrucción del país, como son sus socios del narcotráfico (FARC-ELN); los terroristas musulmanes de Hezbollah, y los chulos de la dictadura cubana. Sigamos avanzando.

Román Ibarra,
@romanibarra

jueves, 28 de febrero de 2019

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, EL DUELO


“Solamente vieron un pedacito de lo que estamos dispuestos a hacer por defender los derechos legítimos de Venezuela”, ha declarado, sonrisa mediante, Delcy Rodríguez. En efecto, tras lo visto el 23F es justo que un escalofrío nos traspase: ¿cuánto daño más calcula causar el gobierno de Maduro con tal de seguir en el poder? Otras angustias, no menos acuciantes, arremeten: ¿cuánto más estamos dispuestos a resistir los venezolanos antes de alcanzar, finalmente, una solución decente para el naufragio que nos acogota? ¡Ah! Sin duda, atizar los temores sobre los límites de ese aguante forma parte de la jugada desesperanzadora del chavismo.

Invocando la “patriótica” convicción de que la violencia (“partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva”, escribía hermosamente Marx) ayudaría a despachar al enemigo, los restos del “Ancien Régime”, la revolución no ha tenido reparos para hacernos partícipes a juro de su dinámica de guerra permanente: la guerra de cerco, la guerra comprimida, esa que pretende sustituir a la política, que la proscribe. La del chavismo es una praxis siempre a merced del peligro inminente y la emergencia, donde no hay espacio para la mesura, para los “miramientos” de la civilidad.

Así fue desde el inicio, cuando contaban con una mayoría dispuesta a aplaudir la distorsión. Todavía hoy, despojados de apoyos pero ahítos de excusas, pretenden revivir la fullería y convencer al mundo de que, víctima de la agresión imperial, el Estado tiene razón para defenderse. Su apuesta más fuerte, no obstante, sigue anudada a la recomendación de Von Clausewitz: golpear sin pausa, desmoralizar, doblar la voluntad del adversario hasta imponer la propia.

Con todo y sus menguas, esa estrategia de desgaste sigue siendo metralla letal en manos del régimen. No sólo porque este cuenta con obvio poder fáctico -y un brazo armado que, amén del ejército regular, incluye cuerpos paramilitares y elementos de dudosa procedencia-; también porque se mueve cómodo en un solar que conoce y estruja al máximo, el de una suerte de guerra civil “sin balas” pero no menos despiadada: la guerra de opinión.

Así, desde múltiples plataformas comunicacionales que trascienden el coto de lo doméstico -como demuestra la exótica piara de opinadores afectos a la “marea rosa” que han aparecido últimamente- el gobierno sigue allí, fraguando de la nada su “otra” verdad, sus orwellianos “hechos alternativos” (“falsedades”, como en su momento Todd llamó a la fallida “boutade” de Conway). El tratamiento de la noticia sobre el incendio del camión cargado con ayuda humanitaria sirve de trágico ejemplo. Con la habilidad de una garrapata para extraer vida a una única gota de sangre, y omitiendo los episodios de violencia que se registraban al sur del país, el hecho de marras fue aislado, deformado, amplificado al punto de convertirse en pivote de la comunicación oficial que tuvo lugar tras la compleja jornada. Aunque entrampado por el alto costo de cualquiera de sus dos decisiones, dejar pasar la ayuda o no, el régimen no dudó en tomar el atajo, propiciar la confusión, cerrar fronteras y declararse vencedor, resuelto a enlodar la narrativa de una oposición que, a despecho del frenesí cortoplacista, ha logrado mantener la adhesión en torno al plan de avance gradual.

Sí: con el claro propósito de desarmar al oponente, de desangrarlo hasta que se vacíe, la estrategia de desgaste busca infligir roturas, bajas progresivas, de reducir las fuerzas del otro hasta que, blanco de su aturdimiento y su debilidad, sea incapaz de continuar. Pero, atención: porque a eso -aunque su índole, modos y designios sean radicalmente distintos- estaría apostando también la oposición.

Sabemos que no es posible ni sensato forzar el jaque-mate, eso que remite a la intervención leoninamente solicitada por algunos sectores (y ya abiertamente negada por los aliados). Así que se trata de apelar no sólo a la confianza que inspira un liderazgo fresco como el de Guaidó, sino a la paciencia -que no sobra, es cierto- para estirar los efectos de la amenaza creíble, seguir sumando aliados y explorar las alternativas políticas que el gobierno evade; esos caminos en los que se sabe extranjero, que nunca han estado en su menú. Pero que, dado el acelerado colapso y el creciente cerco, podrían aparecer.

Esto es un duelo que a diario se redefine, uno que opone el escabroso “vale todo” a la meta de largo aliento que suscribe el Grupo de Lima, la de lograr una transición a la democracia “conducida por los propios venezolanos, pacíficamente, apoyados por medios políticos y diplomáticos, sin uso de la fuerza”. Aunque seduzca el ampuloso efugio cinematográfico, la idea del final súbito y sin reveses, es mejor tener consciencia plena del momento, de todas esas fuerzas que hoy convergen a nuestro favor y de las que conviene apropiarse, pues del otro lado persiste una tarasca que no desaprovechará ningún parpadeo. Quizás comprender eso hará que pedir paciencia resulte menos irritante, mucho menos doloroso.

Mibelis Acevedo Donís
@Mibelis

miércoles, 27 de febrero de 2019

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, ENTENDIENDO EL 23F Y LO QUE VIENE


El chavismo se ufana de haber evitado la ayuda humanitaria el pasado 23 de febrero, alardea su unión “cívico-militar”, ahora bien, bajo una perspectiva muy general podemos señalar que efectivamente se anotó una victoria… ¿Pero a qué precio? 

Sí Maduro permitía la entrada de esa ayuda se anotaría una derrota política, además de demostrar debilidades en el control fronterizo y militar, sin embargo, a nivel internacional su percepción tiranezca no habría empeorado. Haber permitido esa ayuda, bajo los parámetros que él mismo podría haber impuesto, era su derrota menos traumática. 

Pero eso no fue lo que ocurrió, Maduro evitó la ayuda humanitaria en un escenario muy habituado al comportamiento más granado del chavismo, con torbellinos militares, violencia atroz (así como la califica Padrino López), en un escenario donde apareció la controversial Iris Varela rodeada de los que muchos aseguran son pranes adiestrados por el régimen para defender la “revolución”. Sea cual sea la verdad verdadera, lo ocurrido agravó la percepción global sobre el chavismo, toda vez que hubo muertos, heridos, uso excesivo de la fuerza e incluso la quema de medicinas y alimentos tan requeridos en el país. 

Posterior a ello, el lunes 25 de febrero se reunió de forma urgente el denominado “Grupo de Lima” donde lo llamativo fue el apersonamiento de Mike Pence, el vicepresidente de los Estados Unidos, la nación más poderosa del planeta. En paralelo, naciones europeas y de este lado del mundo anunciaron que, pese a lo ocurrido con la ayuda humanitaria, no apoyarían una acción militar en Venezuela. Otro relevante suceso fue que Estados Unidos convocó al consejo de seguridad de las Naciones Unidas para abordar inmediatamente el tema Venezuela.  

¿Dónde estamos? En el ánimo del venezolano es donde probablemente los efectos se sientan mucho más, el país continúa radicalizado, con mismos dirigentes, mismo proyecto, sumergido en una confrontación cada vez más violenta, con secuelas cada vez peores. En el seno de la oposición el no haber materializado la ayuda humanitaria le significó un revés, aunque solo parcial, la forma como se podía suponer iba actuar el chavismo le agravó a éste su condición. Por el lado del remanente chavista elevaron un poco sus ánimos, pero saben a lo que se enfrentarán, los nervios continúan de puntas, están al tanto que continuarán pagando las facturas de sus procederes. 

La comunidad internacional es lerda e insensible, Europa solo se desboca por temas inherentes a ellos, los países asiáticos en su mayoría solo solo comerciantes. Los países americanos guardan las formas, al final ceden a las presiones estadounidenses y ¡allí está el detalle! al final siempre Estado Unidos termina haciendo lo que cree conveniente, por encima de las opiniones de las distintas organizaciones mundiales, por encima de cualquier país u otro liderazgo.

Venezuela continúa su rumbo de empeoramiento de lo que ya es patéticamente grave, pero nada podrá evitar los cambios que se avecinan, principalmente, porque somos los venezolanos los que anhelamos con todas las fuerzas de nuestra existencia el país cambie, mejore, gire 180 grados…

Leandro Rodríguez Linárez
@leandrotango 

JOSÉ LUIS ZAMBRANO PADAUY, REALMENTE NO HAY VUELTA ATRÁS


Fue un día terrible e inolvidable. Se quebraron nuestras expectativas y no podíamos reponernos de los sollozos. Ver los camiones en llamas resultó impactante. Contabilizar más de veinte muertos, casi 300 heridos y alrededor de 100 miembros de las Fuerzas Armadas convencidos de abandonar el bando del terror, no es suficiente para un régimen cuyo único interés es aferrarse al poder a costa de la sangre de tantos inocentes.

Pese a este saldo demoledor y toda la decepción por un 23 de febrero amargo y decepcionante, los días de Maduro están contados. Lo sigue recalcando el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, quien no pierde sus perspectivas para continuar en el intento de entregar la ayuda humanitaria, siguiendo con los pasos concretos para acabar con la dictadura venezolana.

Al día siguiente, Guaidó fue recibido con los honores presidenciales en Bogotá, tras el fallido intento el sábado pasado de introducir los camiones en tierras venezolanas. Se reúne con los 14 cancilleres del Grupo de Lima, Duque y Pence. Las deliberaciones serán intensas, pues hay algo más que honor en juego.

El mandatario constitucional de Venezuela debe dejar de lado los buenos modos y los excesos de conmiseración hacia los militares. Eso es indiscutible. Suficiente… se acabó la paciencia.

Tal vez, no se pueda exigir remordimiento de conciencia, cuando por el otro lado les están apuntando con un fusil para no doblegar. Quizá se hallen sitiados por los cubanos. No lo sabemos con certeza.

Podrán existir excusas interminables para no haber aceptada está última oportunidad, pero es hora de que Guaidó dé de baja a los dos mil generales venezolanos. Con una convicción ineludible, debe hacer trizas la Ley de Amnistía y ya no contar con ellos para el cambio a generarse en pocas semanas.

Apenas es el comienzo. No hay razones definitivas para perder las esperanzas. Existen dos frases certeras y determinantes que han copado los últimos días. Las mismas se han vuelto casi un eslogan de emociones incontenibles, revestidas de fe y con la convicción de que por fin se harán los deberes en Venezuela para restaurar la democracia.

La primera la ha mantenido Juan Guaidó con una nobleza conciliadora y la exprime con una sabiduría que cala hasta en los huesos. Ese “vamos bien” nos lleva a detener las ansias fugitivas de huir de la realidad.

Lo dice sin suntuosidad y sin otro propósito que darnos la confianza para luchar. Logra en su esencia, levantarnos de los asientos para andar y a no apagar la televisión de los acontecimientos.

La exprime sin intenciones secundarias, pero con una rara sensación de amabilidad, de que guardar un secreto y las armas selectas para alcanzar la libertad. Parece con sus palabras reconocer su irremediable papel en la historia. Lleva ese hálito fugaz de cumplir con su encomienda para salvar la patria, sin las pretensiones opulentas de buscar el poder para él.

El “vamos bien” lo vimos en las camisetas sencillas de los artistas que participaron en el gran concierto en Cúcuta titulado “Venezuela Aid Live”. Fue un desfile incontenible de estrellas y de emociones simples, como preludio a lo que está por venir, aunque se haya fallado en el primer intento por darle un pequeño alivio al pueblo venezolano el pasado sábado.

La otra frase es sin duda estratégica. Es ir con la mochila repleta para la batalla. La emitió el presidente Donald Trump en su peculiar intervención en la Universidad de Miami. La soltó sin asombros y en medio de la turbulencia acostumbrada de su insaciable discurso. El “no hay vuelta atrás” se declara como punto culminante de los estragos nacionales. Más allá de su sintaxis, interviene con el poder infundado por su emisor y de que se camina en esta cruzada renovada, con una avalancha de respaldo.

Siempre hemos estado colmados de incidencias. Los noticieros mundiales nos nombran a diario y experimentan una extraña compasión por nuestros padecimientos. Pero hoy se reconoce también que se emprende el juego decisivo.

La confianza precisa de Guaidó nos mantiene en ascuas. Asume sus decisiones sin mayores tropiezos y no duda por un instante que logrará su cometido. Es tratado mundialmente como un mandatario real y se le respeta por una investidura constitucional sin atisbos de duda, pues la usurpación del otro está más que comprobada.

La batalla del sábado se perdió, pero la guerra por la patria apenas comienza.

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571