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martes, 27 de agosto de 2019

BEATRIZ DE MAJO: G7, EL FORO EQUIVOCADO

Es bueno apuntar y apuntar bien cuando se trata de conseguir para si un buen resultado. Lo contrario puede ser suicida. Pero esta máxima no fue tenida en cuenta por quienes asesoraron al Presidente Juan Guaidó a tratar de conseguir un pronunciamiento del G7 en torno a la salida de Nicolás Maduro y al restablecimiento de la democracia en Venezuela.

El foro no pudo ser más equivocado aunque la iniciativa es plausible. En primer lugar por la falta de representatividad de este mecanismo informal de coordinación que existe entre países que no son decidores del rumbo mundial en casi ningún terreno. Entre todos apenas representan 40% del PIB mundial y 10% de la población planetaria. Allí se encuentran grandes líderes: Francia, Alemania, Inglaterra e Italia en Europa, Estados Unidos y Canadá en Norteamérica, Japón en Asia, y pare de contar, porque hace rato que Rusia, quien asistía al grupo ocasionalmente, dejó de hacerlo. Ni siquiera en temas que les afectan de manera frontal a estos 7 están de acuerdo entre ellos, pero mucho menos en torno a temas que no les atañen de manera directa. La agenda de la Cumbre en Biarritz preveía asuntos de enorme actualidad: Irán y el fin del Pacto Nuclear, La Guerra comercial entre China y Estados Unidos, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y los colosales incendios de la Selva Amazónica. Venezuela y su drama humanitario era una línea pequeña escrita en minúsculas para ser tratada en una agenda secundaria y prueba de ello es la falta de posicionamiento en torno a lo solicitado por el Presidente Juan Guaidó. No podía ser de otra manera.

Francia, país anfitrión y, por ello, con posibilidades de iniciativas salidoras como es lo usual, y Estados Unidos tienen posiciones divergentes en torno a la salida del régimen madurista. A Francia le ha tocado sumarse al bloque europeísta que propicia un dialogo insensato pero… ¿quién se atreve a sostener que dialogar no es bueno?. Conversar, negociar, pactar será siempre un común denominador para terceros, una posición de “consenso” cuando se trata de Venezuela, aunque los venezolanos sabemos que no tenemos tiempo para perder en conversaciones estériles con un adversario sin moral.

Estados Unidos aspira a una solución mucho más radical e inmediata y la presión de sus sanciones ha sido su herramienta más destacada. Lo claro es que no es en el G7, ni menos aún a nivel de presidentes, que el asunto venezolano va a ser zanjado y dirimido aun cuando Francia sea, de los países europeos, uno de los que mejor entiende nuestra tragedia. La España de Pedro Sánchez incluida.

Así pues, es equivocado interpretar que si el G7 no hace un pronunciamiento heróico a favor de la salida pronta del régimen usurpador, los líderes opositores han perdido el apoyo de los grandes del orbe. Muy por el contrario, hay plena conciencia en la comunidad internacional sobre lo imprescindible que es hallar una vía pronta para el retorno a la democracia venezolana y detener el desangre. Dos mecanismos de salida están en marcha: el diálogo apoyado por el Grupo de Lima, la Unión Europea y la iniciativa de Noruega y el otro, el de la presión ejercida por Estados Unidos, a la cual se van sumando más y más países de los grandes y líderes mundiales.

El equipo de Juan Guaidó ha avanzado mucho en definir las características del modelo de país que aspiramos a construir durante la transición en cada sector de actividad y de interés nacional, a la vez que lo está haciendo conocer a los grandes interlocutores planetarios. En este mismo tiempo, el régimen madurista cada día viola más los derechos de los venezolanos, secuestra, priva de libertad y ajusticia a las fuerzas opositoras, destroza su economía, depaupera a la población y colabora con el crimen y el terrorismo.

La vía no es un irrestricto apoyo del G7.

Beatriz de Majo 
@beatrizdemajo1

miércoles, 29 de mayo de 2019

CARLOS BLANCO: LA EXPEDICIÓN A NORUEGA

Existe alta probabilidad de que los delegados de Guaidó a Noruega cierren ese capítulo esta semana, al plantear como condición ineluctable la salida de Maduro de Miraflores. Es lo que ha ofrecido Guaidó y el país entero ha compartido.

Esta ruta puede ser tortuosa si se le buscan las cinco patas al gato. Hay quienes plantean que una opción sería que Maduro y Guaidó abandonaran sus respectivas posiciones "presidenciales" y que un chavista simpático, en caso de haberlo, ocupara el cargo hasta unas elecciones en las que competirían ambos.

Otros argumentan que si se le ofrecen al país elecciones "libres", aun con Maduro en Miraflores, la pela opositora al régimen sería imbatible, porque “con este CNE se le ganó a Maduro la AN”. Mas aun –se argumenta– si hay un cambio en el CNE, supervisión internacional y liberación de algunos presos políticos (dentro de los cuales los dialogantes no siempre incluyen a los militares y policías) sería un tiro al piso. Todo hacia 2020.

Esas tratativas no conducirán a nada por las restricciones existentes en la negociación; la fundamental de las cuales es que tanto el régimen como Guaidó y sus representantes tendrían que renunciar a sus irrenunciables. En el caso de la pandilla roja tendría que aceptar poner en cuestión la continuidad de ese bochinche criminal que llaman revolución; en el caso de Guaidó, tendría que renegar del "cese de la usurpación" como condición primera.

El diálogo de Noruega ya ha favorecido a Maduro aunque al final no obtenga nada específico, que, por lo demás, Guaidó no está en condiciones de ofrecer. He sostenido que el régimen ha ganado tiempo y algunos, no sin argumentos, me han increpado: ¿qué tiempo ganó Maduro que con otra estrategia le habríamos suprimido?

El régimen ha ganado un tiempo en el que ha fortalecido sus alianzas, se ha convertido internacionalmente en heraldo de un diálogo en el cual no cree, ha logrado “la neutralidad benevolente” de la Unión Europea. En cambio Guaidó y la alianza nacional que ha representado han perdido el apogeo, por los desastres del 23 de febrero (“sí o sí”), el levantamiento del 30 de abril asociado a Padrino López y el Maikel, la forma en la que se manejó lo de los bonos 2020 y ahora lo de Noruega. Ha sido el mismo tiempo cronológico para el régimen y la oposición, pero para el primero ha sido de reajuste y para el segundo de desgaste. A ambas fuerzas afecta la catástrofe humanitaria: sí, Maduro es el culpable; pero la desesperanza se impone hacia todo.

Puede rehacerse la dinámica si se coloca la salida del régimen en el primer lugar, lo cual requiere sincronizar la fuerza para hacerlo: fuerza cívica organizada (no me refiero a marchas), fuerza militar organizada, y fuerza internacional para la intervención humanitaria. Esta ruta podría restaurar la alianza nacional y global.

Carlos Blanco
@carlosblancog

domingo, 17 de marzo de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO, ESCENARIOS ACTUALES


Voy a tratar de resumir los escenarios políticos posibles en la Venezuela de hoy y, quizás, me atreveré a establecer algún orden de probabilidad de ocurrencia. En cualquier caso, debo recordar que los hechos políticos, como hechos sociales que son, no siguen una rigurosidad en su ocurrencia, pues no están sometidos a leyes como las que imperan en la física y demás ciencias naturales. Con esto quiero decir que no todas las posibilidades tienen las mismas probabilidades de ocurrencia. 

El dramático apagón nacional recientemente habido nos puede ayudar a establecer el agrupamiento de la población en tres sectores claramente definidos, lo que no significa que no haya otros en los que se compartan características de los tres principales. 

Un sector considera que todo lo ocurrido es producto de un sabotaje organizado y dirigido desde EEUU, por lo que no existen responsabilidades gubernamentales de ningún tipo. Ésta es la tesis central del gobierno y hacia allí ha dirigido todo su poderoso aparato propagandístico. 

Un segundo sector, en el otro extremo, considera que, independientemente de que el sistema eléctrico nacional se encuentra muy deteriorado, no hubo un colapso del mismo ni tampoco ningún sabotaje, sino que todo ha sido preparado por el gobierno para desmovilizar a la oposición, crear más terror y desesperanza en la población y debilitar fuertemente las políticas de la Asamblea Nacional, encabezadas por su Presidente Juan Guaidó. Se trataría de la simulación de un sabotaje, que le permite al gobierno además torpedear la política agresiva de Trump y desembarazarse de las responsabilidades por su caótica administración del sector eléctrico. 

El último grupo, incluye a los venezolanos que opinan que se trató de un colapso, más que anunciado durante años, del sistema eléctrico del país, ante la corrupción desatada, la desinversión, la falta de mantenimiento, el vandalismo y la progresiva pérdida de personal altamente capacitado y con gran experiencia. No hubo un saboteo como el señalado por el gobierno, tampoco fue una puesta en escena para desmovilizar a la oposición, aunque Maduro y Guaidó lo utilicen en función de sus intereses. Personalmente diría que la mayoría de la gente está alrededor de la opinión del último sector señalado: fue un colapso eléctrico nacional, que no niega acciones y simulacros de sabotaje alrededor del mismo, tanto efectuados por la oposición extremista como por el gobierno. Que no niega saqueos espontáneos ni inducidos, ni tampoco la ocurrencia de protestas legítimas u organizadas en forma violenta, pues todo ello permite reprimir “justificadamente” y permite también, “justificadamente”, acusar a quien reprime. Todo ello dentro del juego malévolo en que nos encontramos. 

La definición de estos tres sectores nos orienta en relación a las posiciones políticas de los venezolanos, y claramente significa la existencia de una mayoría contraria a las acciones del gobierno. Pero el desarrollo político va un poco más allá de esto. 

Noto que el tiempo conspira abiertamente contra la política de Guaidó y la AN, por lo que el gobierno está jugando al desgaste y a la intimidación, como siempre lo ha hecho, en espera de que ocurra lo mismo que ocurrió con la Plaza Altamira y con las guarimbas. La agudización de la represión gubernamental es de esperarse, como lo indican el asesinato del ingeniero de CORPOELEC Ángel Sequea Romero, otras muertes ocurridas, los múltiples secuestros y hostigamientos de periodistas y trabajadores, el encarcelamiento de quienes protesten, las destituciones de empleados que denuncien la crítica situación de los servicios, como la del colega Neomar Balza; los allanamientos nocturnos y las amenazas habidas. Adicionalmente el terror creado por las cobardes acciones delictivas de grupos paramilitares contra la población. 

Pareciera que la mafia en el poder está dispuesta a todo con tal de mantenerse. Pudiéramos entonces llegar a un estado de equilibrio siniestro, que impide avanzar en la solución de la crisis, al encontrarse las fuerzas en pugna en condiciones equivalentes y sin capacidad para finiquitar el enfrentamiento a corto plazo mediante la derrota del adversario. Se trataría de una etapa con picos frecuentes de violencia, protestas sociales airadas y permanentes, represión desmedida, daños cada vez más graves generados por el bloqueo económico y la negligencia del gobierno, mayores penurias para la gente que las vividas en la última semana, ante la indolencia de unas mafias interesadas sólo en el control de la teta petrolera. 

Otro escenario sería el de la salida de Nicolás Maduro por la acción de fuerzas políticas y militares de su entorno, que ha sido estimulado interna y externamente sin éxito alguno hasta ahora, o su salida a través de una invasión militar extranjera, estadounidense o multilateral, que es difícil de predecir temporalmente, pues los agresores nunca van a avisar cuando decidan realizarla. 

Allí está, sin embargo, como una espada de Damocles y pudiera tener como horizonte temporal el inicio de la campaña electoral para las presidenciales de EEUU. El último escenario posible se produciría si la política de Guaidó pierde fuerza, se reducen las movilizaciones de calle en número y en cantidad de asistentes, la presión internacional no va en lo inmediato más allá de las sanciones económicas y se agudizan los enfrentamientos dentro de la dirección política de la AN, hasta ahora opacados por los éxitos obtenidos. En ese momento podría aparecer el escenario del diálogo y la negociación, una vez aislados los grupos extremistas en ambos lados, o pudiera imponerse la tesis extremista gubernamental de “caída y mesa limpia”, lo que reiniciaría el ciclo ya vivido. Mientras tanto, se profundiza el sufrimiento del pueblo venezolano.

Luis Fuenmayor Toro
@LFuenmayorToro

sábado, 23 de febrero de 2019

FERNANDO EGAÑA, EL CAMINO DE LOS CAMINOS


Una encrucijada es un cruce de caminos. Pueden ser pocos, al menos dos, o pueden ser muchos. A veces, una crisis generalizada en un determinado país se asemeja a la idea de una encrucijada. Se puede salir de ella por un camino o por otro. Pero ese no es el caso de Venezuela. No estamos ante una encrucijada, en lo que se refiere a la posibilidad de superar la hegemonía. No estamos, por tanto, ante un cruce de caminos. No. Hay un sólo camino.

La tragedia venezolana no admite otro camino que no sea la salida de Maduro y los suyos por alguno de los variados mecanismos que dispone la Constitución, y que incluso exige cuando ésta ha sido violentada de una forma tan evidente. Pensar en largos vericuetos de pretendidos diálogos, sólo conduciría a la prolongación del presente. Y eso, repito, no es admisible. Porque eso lejos de mejorar algo, agravaría todos los problemas.

Los aliados externos e internos de la hegemonía, han tratado y aún tratan de elucubrar enredos para que funcionen como trampas caza bobos. No les interesa que la tragedia sea superada. Es más, consideran que la verdadera tragedia sería la salida de Maduro y que se queden sin sus respectivos enchufes a lo que queda del patrimonio público venezolano. Razón adicional para reiterar que no hay más caminos que la salida de Maduro.

Cualquier planteamiento sobre la necesidad de elecciones libres u justas es válido, siempre y cuando primero salgan Maduro y sus colaboradores del ejercicio del poder. De lo contrario, esos planteamientos no serían caminos de salida sino serían como calles ciegas, que terminarían facilitando el continuismo de un régimen que sólo puede mantenerse a través de la violencia, abierta o solapada. Esto, evidentemente, no es un camino.

Nadie de buena voluntad desea la violencia. Pero en este aspecto hay una gran confusión. La violencia no es una eventualidad, es una realidad cotidiana de la supervivencia de los venezolanos. Venezuela ha sido transmutada, por la hegemonía despótica y depredadora del siglo XXI, en una de las naciones más violentas del mundo. Entonces se hace obvio que una manera idónea para empezar a pacificar al país, una vez más, implica la superación de la hegemonía.

Ahora bien, no nos confundamos con otra cosa, o con una suerte de espejismo que está en la mente de mucha gente. La salida de Maduro y los suyos es el único camino, ciertamente, para que pueda empezar un proceso de cambios efectivos que nos lleven a la reconstrucción integral de Venezuela. No obstante, ese proceso será todo menos fácil. Estará repleto de dificultades y asechanzas. Se equivocan los que hacen analogías con la transición chilena, o la española, o las dos grandes transiciones venezolanas del siglo XX, siendo la última la de 1958.

En todos esos casos, había países con instituciones públicas y privadas de peso. No corroídas por la corrupción y la barbarie. Del autoritarismo o la dictadura se pasó a la democracia y libertad, pero habían sustentos políticos, económicos y sociales, que permitían el desarrollo de la transición hacia dimensiones de apertura. Esa no es la situación venezolana del 2019. La devastación es tan profunda y extensa que prácticamente no hay de donde asirse para impulsar una transición que aproveche, prontamente, el potencial nacional. Pero eso es una cuestión diferente y lógicamente posterior al objeto de estas breves líneas.

El camino de los caminos comienza con la salida de Maduro y su entorno. Luego se pueden y deben abrir opciones, perspectivas, oportunidades.

Fernando Luis Egaña
flegana@gmail.com
@flegana

viernes, 1 de febrero de 2019

RICHARD CASANOVA, LA SALIDA DE MADURO Y EL FINAL DE LA PELÍCULA


Durante estos largos años de lucha hemos aprendido a leer al gobierno: cuando gritan "ahí va, agarren al ladrón" es seguro que ellos se acaban de robar algo o preparan el terreno para hacerlo. Si dicen que van a luchar contra la corrupción, en realidad significa que van a dar rienda suelta a su insaciable vocación delictiva y van "raspar la olla". Cuando hablan del imperio gringo, realmente intentan ocultar la obscena invasión cubana y la entrega del país a los chinos, los rusos u otros intereses foráneos. El discurso acusando de proyanqui a la oposición, es una retórica bufa que les permite seguir como lamebotas del poder cubano. Así las cosas, cuando Maduro señala que Bolton y EEUU están propiciando una salida violenta, lo que podemos inferir es que son ellos quienes prefieren un desenlace cruento en vez de la salida pacífica y electoral que exige la oposición democrática y la comunidad internacional. Por fortuna, últimamente sus deseos no coinciden con la realidad, basta ver lo que pasó con el plazo de 72 horas para que la delegación diplomática norteamericana saliera del país.

Provocar ese desenlace violento debe ser la intención de los más corruptos del régimen, aquellos hundidos en el narcotráfico. Esos prefieren "quemar las naves" y evitar una derrota electoral para tener como excusa una supuesta conspiración de la derecha internacional y una cacareada invasión gringa que puso fin a la "revolución bonita" a pesar del “respaldo popular y los grandes logros”. La eterna fantasía de quienes están habituados a mentir con descaro. Así, saldrán con sus fortunas mal habidas a vivir un exilio dorado pero oscuro y solitario en La Habana, Moscú o algún lejano país del Medio Oriente, hasta que el largo brazo de la justicia les alcance y con certeza, lo hará. Al contrario, lo sensato sería que quienes usurpan el poder entiendan que el gobierno se ha hecho inviable, no tienen forma de superar la crisis y se han dado unas condiciones que hacen insostenible al régimen, en consecuencia mejor procurar una salida honrosa, pacífica y propiciar unas elecciones limpias y transparentes que pongan fin a su agonía y evite un costo mucho mayor, quizás muy doloroso. Seguramente en esas elecciones serán derrotados pero pudieran obtener un 20%, lo que es una fuerza muy significativa. Recordemos que cuando existía el MAS, apenas rozaba el 5% y era una fuerza fundamental del estamento político, era el fiel de la balanza del sistema, tenía una vigorosa fracción parlamentaria y logró ganar importantes gobernaciones y alcaldías. Una salida electoral le permitiría al chavismo preservarse como fuerza política, ahora en un rol de oposición. Fue la ruta que tomaron en Colombia el M19 y las FARC al constatar que la derrota política y militar era una realidad inexorable.

Hoy la salida de Maduro del poder es inminente, pareciera que es cuestión de tiempo, el cual corre en contra del régimen que cada minuto se hace más débil, mientras la oposición suma nuevos respaldos. Todo sugiere que "la tendencia irreversible". Lo que no sabemos es cómo será el final de esta película de horror. En todo caso, evitar que la desgracia de hoy se convierta en tragedia es una responsabilidad ineludible de la FAN. Un gobierno serio debería facilitar una salida y negociar las condiciones para que ella se produzca. Lo contrario es un suicidio político y un despropósito de consecuencias impredecibles, incluso para ellos. Tic, tac, tic, tac... Dios bendiga a Venezuela!

Richard Casanova
@richcasanova

lunes, 15 de febrero de 2016

THAYS PEÑALVER, ESCENARIOS SOBRE LA SALIDA DE MADURO,

Los escenarios de cambio del Presidente están en la Constitución pero deben ser irreversibles, bien calculados y no “como sean”
Si Usted como habitante de Venezuela quiere salir vencedor en todo este conflicto político y social, piense primero que la Asamblea, por más importante que sea su rescate después de 17 años, es apenas uno de los muchos pasos que hay que dar para recuperar la institucionalidad, pero sobre todo y lo más importante, que los pasos que se den para lograr los cambios sean irreversibles. Por eso, para entender los siguientes escenarios, es necesario ante todo comprender que Bachelet en Chile salió del poder para darle paso a Piñera, solo para volver Bachelet con más fuerza (esto ya lo he dicho antes). Es necesario entender que el PP (Partido Popular) en España llegó al poder para arreglarle el entuerto económico a la izquierda, solo para que  hoy, salvados del rescate y casi recuperada la economía, con las cuentas parcialmente saneadas y España creciendo otra vez, los votantes le dieran la espalda a ese partido político y a todo su liderazgo. Esta realidad española ocurre porque los pueblos (sea español o venezolano) solo entienden de su presente y el populismo, con sus ofertas engañosas en cualquiera de sus tres variantes siempre logra la aplastante mayoría de los votos porque la gente “pica” el anzuelo. La “Irreversibilidad” para los efectos de estos escenarios, es más importante que el propio cambio. De allí la división que existe hoy en la clase política nacional e internacional sobre la salida de Maduro, tema que por su delicadeza requiere urgentemente convertirse en el gran debate nacional.

La primera corriente de pensamiento expresa políticamente que una vez agonizante, hay que terminar de rematar no al nefasto gobierno de Maduro, que es incidental en esta ecuación, sino al marxismo decimonónico y populista presente en nuestro cuerpo social desde 1960. Es decir, que la agonizante revolución llegue hasta sus últimas consecuencias y que no solo Maduro, sino la visión marxista-populista (que está presente en ambos bandos) sufra las consecuencias y sea históricamente responsable de todo el desastre. En este caso, es necesario que el segundo paso sea que la Asamblea rescate y legitime el segundo poder (CNE) a mediados de Junio, y apostar por las elecciones regionales, arrasando con ello buena parte del “aparato” (esa nómina pública que vende su voto) de los estados. Con un Maduro sin dinero y contra las cuerdas, una inflación de 700%, una contracción del 10%, con apenas un 20% de las importaciones, posiblemente un default pero con un pueblo responsabilizándolo de todos los males ya abiertamente, sin poder político y con una oposición con dos tercios de la Asamblea, el CNE y la abrumadora mayoría por no decir todo de los estados, habiendo tenido que plantear aumentos, unificaciones y todo lo concerniente a un paquetazo económico, el pueblo y su enojo, sería el encargado de patear definitivamente de la faz de Venezuela el maquiavélico modelo marxista populista.

Esta corriente de pensamiento basa su interpretación en los once millones de votantes, educados en más escalofriante populismo salvaje. Y para entender esto es necesario volver sobre los votos que obtuvimos en el Distrito Capital, en el 23 de Enero, Altagracia, Antimano, El Valle, la Vega, Macarao y en parroquias similares en catorce estados. Porque pese a la inmensa crisis económica, 200% de inflación, las largas colas para comprar, que no encuentren medicinas y todo lo que ya sabemos, la oposición desde 2013 apenas creció en votos. Es decir que no fueron a votar masivamente muchos más, que los que votaron hastiados por Capriles en 2013, lo que indica que no existió jamás en las parroquias de histórica tendencia chavista, “un enorme caudal de votos prestados” a la oposición, ni “voto castigo” aunque sectores populares fueron determinantes para el triunfo. Por eso, hay quienes sostienen que sacar a Maduro sin responsabilizarlo y hacerse cargo de todas las medidas económicas impopulares y el “shock necesario” para reestructurar y reimpulsar a la economía, harían responsable al nuevo gobierno del impacto en el bolsillo de un pueblo que solo piensa en su hoy y en su ahora. Por lo tanto, la posibilidad de que volviera el modelo marxista-populista, en este caso prácticamente para siempre, sería una posibilidad nada desdeñable.

Así que simplificando, que se vaya Maduro, para este grupo político, es en extremo importante y necesario, pero que no vuelva a gobernar el populismo marxista, como está ocurriendo hoy en España (salvando las distancias) lo es aún más para este grupo de pensamiento político, importante, pero minoritario de la oposición.

En contraste de este escenario está el más popular y mayoritario de todos, salir de Maduro porque él y su “modelo” son el obstáculo para que se puedan aplicar todos los programas y proyectos de recuperación para Venezuela. “Es inhumano” sostienen, hacer pasar al pueblo por esa catástrofe humanitaria pudiendo salvarlo. “Todos sabemos que es posible una rápida recuperación” con otro gobierno, en fin  que Nicolás es el problema básico –no así el modelo- y su salida es gran parte de la solución. Pero este escenario si bien es el más fácil, también es el más complejo de todos. Sale Nicolás Maduro, los demócratas asumen el gobierno, se aplican las medidas, se corrigen los desequilibrios, se unifica la moneda, se acude al Fondo Monetario, se aplica la terapia de Shock necesaria y en el curso de un par de años, Venezuela es otra. Todo esto, claro está y es imperativo no olvidarlo, con el chavismo vivito y coleando en la acera del frente, ejerciendo su postura que nunca es opositora -sino destructiva y manipuladora- en el medio de un escenario que ellos han aprendido a utilizar muy bien, cuando de destruir democracias se trata. Y todo esto, mientras se aplican todas las terapias de shock, exigidas lógicamente por el Fondo Monetario Internacional.

Estamos quizás en la más compleja de todas las situaciones políticas de nuestra historia moderna, porque en este momento el escenario está dividido, entre quienes desean continuar con la política populista, mejor gerenciada y entre quienes creen en un modelo de transición donde una figura semi chavista alcance los acuerdos necesarios entre las partes y otros que desean una transición “como sea” sin saber muy bien de que se trata, que se requiere, cuándo debe darse, cual es el momento adecuado, quienes deberían ser los actores y el necesario glosario en esas circunstancias. El resto, que no es minoritario, quiere el mismo cambio de modelo que los que desean que se acabe el modelo político y además sea irreversible. Es pues complejo porque, las tensiones internas benefician al modelo populista anterior.

Las salidas están muy claras en la Constitución, de modo que el problema no es jurídico, ese asunto está resuelto con la mayoría parlamentaria que puede elegir la vía que mejor considere, aquí el problema es eminentemente político y ése si es un gran inconveniente en un país donde el médico (político) poco conoce la anatomía del cuerpo humano (Venezuela), porque no se ha ocupado de su estudio debidamente. Vuelvo a lo dicho hace unos años: en política la percepción es igual a la realidad. Que Dios les de sabiduría y los guie por el sendero correcto. Y el sendero correcto, es la irreversibilidad de un modelo que cumple más de 80 años de fracaso y de ruina para los pueblos donde fue aplicado.

Thays Peñalver
thays.penalver@me.com
@thayspenalver
Notiminuto
Caracas - Venezuela