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jueves, 30 de marzo de 2017

GABRIEL S. BORAGINA, LAS IMPORTACIONES Y EL PROBLEMA DE LOS ARANCELES

ACCIÓN HUMANA

 "Todos los aranceles y tarifas aduaneras disminuyen el nivel de vida de la población receptora de los bienes que se deseaba ingresar puesto que, como queda dicho, la prohibición provoca un uso mayor de los siempre escasos recursos disponibles"[1]

Mayores bienes implican, consiguientemente, un más elevado nivel de vida. Aranceles altos involucran una virtual prohibición al ingreso de los bienes afectados al arancel, aunque también es posible que aunque los aranceles no sean tan onerosos en realidad, constituyan una verdadera "prohibición" en el sentido del impedimento que significa comerciar libremente, es decir -en este contexto- prohibición de un libre comercio. En tal caso, el arancel hace que la gente deba gastar más por el producto que desea adquirir y, lógicamente, un mayor gasto –a ingresos constantes- equivale a un menor nivel de vida, ya que las compras totales de los bienes que se podrán conseguir serán mucho menores.

"Respecto al tema laboral, se piensa equivocadamente que la completa eliminación de aranceles provocará desempleo. Muy por el contrario, la desaparición de las trabas al comercio exterior libera trabajo para desempeñarse en otras tareas inconcebibles hasta el momento puesto que estaba esterilizado en otras faenas. Esto es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo cuando apareció el refrigerador o con el fogonero cuando se fabricó la locomotora diesel."[2]

De la misma manera que el progreso tecnológico libera mano de obra para la satisfacción de necesidades de los consumidores que hasta ese momento estaban insatisfechas, la baja o directamente la supresión de los aranceles opera un efecto similar. La clave para entender este punto es internalizar que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas, razón por la cual no hay una cuantía dada de trabajo para realizar. Eliminar aranceles hará que ingresen al mercado local nuevos productos que en muchos casos provocarán la misma reconversión laboral que la aparición de una nueva tecnología en el mercado local. Pero adicionalmente, a la par que se generarán nuevos puestos de trabajos en áreas que hasta ese momento no los requerían, el ingreso de nuevos productos tendrá como efecto una elevación de los ingresos de la ciudadanía, y un descenso en los precios.

"la abrogación de aranceles permite que los recursos humanos se empleen en otros campos que no era posible considerar mientras los aranceles congelaban la productividad"[3]

Como dejamos dicho, la eliminación del arancel libera mano de obra que antes estaba ocupada en actividades que -en rigor- eran antieconómicas debido a que por efecto del arancel debía destinarse a ellas una mayor erogación por unidad de producto. El arancel eleva los costos del artículo importado, obligando a que este se fabrique localmente (cuando ello es posible), demandado para tal fin mano de obra que -en caso contrario- estaría dedicada a otros rubros más necesarios que la sociedad demanda. Es decir, produce distorsiones en la distribución del empleo quedando necesidades insatisfechas. Suprimiendo el arancel la situación se reacomoda y vuelve a su cauce natural, en el que la demanda de empleo se ajustará a las reales necesidades de los consumidores.

Un efecto típico del arancel es el contrabando:

"El contrabando, en última instancia, subroga el librecambio. Sin aranceles no tendría lugar ni sentido alguno este comercio clandestino y no se trata de suscribir la peregrina idea de gradualmente liberar aranceles al efecto de “proteger la industria incipiente” que en las primeras etapas “puede no ser rentable”."[4]

El contrabando aparece precisamente porque el gobierno impone trabas al libre comercio o directamente lo obstruye por completo contrariando los deseos de la gente que quiere comercia e intercambias al precio que el consumidor decide y no al que es del futo del burócrata de turno. El mercado opera de cualquier modo a pesar de los impedimentos que el gobierno de ordinario le pone en el camino, y si la gente se ve impedida de intercambiar por la vía legal lo haría de cualquier manera por otras vías alterativas por mucho que el gobierno las declare ilegales. Es de esta manera que surge la figura denominada como contrabando. De no existir aranceles y las demás obstáculos que el gobierno crea el contrabando dejaría de existir.

"Kenneth E. Boulding en su texto clásico sugiere que “para estudiar adecuadamente los aranceles debemos considerarlos como aumentos artificiales en el coste de transporte […] Lo mismo que los ferrocarriles son un dispositivo para disminuir el coste de transporte entre dos lugares, los aranceles son un dispositivo para aumentarlo. Así pues, un defensor razonable de los aranceles debe demostrar su lógica estando también dispuesto a defender el retorno a los tiempos del caballo y la diligencia” (Análisis económico, Madrid, Revista de Occidente, 1941/1947, p. 157)."[5]

El efecto del arancel es similar al de un impuesto al transporte, cuya consecuencia será la elevación del costo del mismo y, en definitiva, dicho costo se sumará al precio final del producto en cuestión lo que encarecerá su adquisición produciéndose los efectos señalados en la cita más los que ya hemos enumerado antes. En suma, lo que se desea significar con todo el acierto que corresponde a la idea, es que lo que se ha ganado por el lado del desarrollo y crecimiento de los medios de transporte (lo que lleva implicada una notable disminución en los costos del mismo) se pierde -total o parcialmente- por efecto del arancel. Todo lo cual, implica retrotraerse a una situación muy anterior al del progreso tecnológico habido en los medios de transporte. Por lo que el arancel representa retraso, además de un menor nivel de vida para el conjunto de la población que sufre el arancel.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi". (Discurso pronunciado ante la Academia Nacional de Ciencias). Pág. 1
[2] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi "...Op. Cit. p. 2/3
[3] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi "...Op. Cit. p. 1
[4] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi "...Op. Cit. p. 1

[5] Alberto Benegas Lynch (h) "Homenaje a Juan Bautista Alberdi p. 2

Gabriel Boragina
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Acción Humana
Argentina

martes, 28 de marzo de 2017

GABRIEL S. BORAGINA - ALBERDI Y EL GASTO PÚBLICO

ACCIÓN HUMANA

En el excelente comentario que el prócer argentino Juan Bautista Alberdi hace de la Constitución de su país, que en rigor constituye una explicación de la filosofía económica que inspira a dicha Carta Magna, se destacan ideas de gran valor. En muchos casos de gran actualidad. En otros, como es lógico imaginar, ciertos pasajes tienen en mira la situación histórica concreta en la que el insigne letrado se desenvolvía. Alberdi dedica gran atención al gasto público, al que le asigna diferentes finalidades, algunas válidas para su tiempo y otras para el suyo y el nuestro.

"La Unión nacional, es decir, la reinstalación constitucional de la integridad nacional del pueblo argentino, y la paz y el orden interiores de la República, son con razón, a los ojos de la Constitución, el primero y más grande objeto del gasto público, Ese interés representa hoy toda la causa política de la Nación Argentina, como en otra época consistió en la de su independencia de la España."[1]

Este es un pasaje eminentemente histórico. Alberdi tiene en mente la situación de anarquía que vivía la Argentina durante la tiranía rosista, y el desmembramiento que el país sufría y que dieran origen a las luchas fratricidas entre "unitarios" y "federales", alentadas por el mismo Juan Manuel de Rosas durante su larguísimo gobierno. Lograda la independencia, Alberdi pensaba que la primera prioridad del país era su unificación, y en cierto modo no le faltaba razón. El mismo Preámbulo de la Constitución que comenta así lo establecía, muestra de la vital importancia que para aquellos hombres tenía el proyecto.

"La obligación del gobierno general de destinar una parte del gasto público interior a las obras y trabajos de utilidad nacional, no debe medirse por la grande necesidad que el país tiene de esas obras. La Constitución anduvo muy acertada en hacerlas depender más bien de las facilidades estimulantes ofrecidas al espíritu particular de empresa, que de los recursos de un Erario naciente y desprovisto de medios actuales."[2]

En los albores de la organización del país, las arcas del estado eran muy reducidas como no podía ser de otro modo, de la misma manera que cualquier emprendimiento nuevo nace con escasos recursos materiales. También así era la situación de la flamante Argentina. En este lúcido pasaje, Alberdi juiciosamente pone el acento en la necesidad de dejar –al menos en parte- en manos de la actividad privada el emprendimiento y financiamiento "a las obras y trabajos de utilidad nacional", no tanto por razones de que el estado no debiera ocuparse de ellas, sino porque en aquella etapa, los recursos del Tesoro eran escasos, dado el carácter incipiente de la nación en gestación.

"Otro medio de economizar gastos en sueldos de empleados, es emplear pocos agentes, hábiles y honrados, en lugar de muchos ineptos y sospechosos. Y como no se consigue el servicio de hombres de capacidad notable y de respetabilidad acreditada sino por compensaciones dignas de tales prendas, los sueldos crecidos pagados a la aptitud son un medio de disminuir el gasto público en empleados de hacienda."[3]

Párrafo en extremo juicioso, completamente ignorado en nuestros días y -podríamos decir- tanto en nuestro siglo como en el anterior. Parece que ya en la época del Alberdi esto era un problema, de otro modo no hubiera reparado en el asunto como para darle importancia. Lo cierto es que el consejo no fue atendido, excepto por esos tiempos y, como decimos, desde el siglo pasado hasta el presente el procedimiento seguido ha sido por completo el inverso al aconsejado por Alberdi. No es difícil imaginar cómo se escandalizaría nuestro autor si contemplara el derroche presente, ya en empleos públicos inútiles y superfluos, sino en la dilapidación sistemática de dineros públicos en prebendas y privilegios a sectores que directamente no trabajan, ni en el sector publico ni en el privado, viviendo de subsidios, planes sociales, transferencias directas y demás dádivas otorgadas por el estado asistencialista. Veamos que pensaba del gasto público aplicado a la educación:

"Si la dirección del gasto público es un medio de reglar la educación, las arcas del Tesoro deberían abrirse con doble facilidad cada vez que se trate de pagar la enseñanza de artes y oficios, de lenguas vivas, de materias exactas, de conocimientos positivos para el pueblo, en lugar de gastar dinero en difundir la metafísica, que conviene más a las épocas de demolición que a las de creación y organización."[4]

Evidentemente, Alberdi parecía opinar que la educación era asunto estatal antes que privado. Nuevamente hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que escribía: una nación de gran extensión territorial, prácticamente desértica y con una elevadísima cuota de analfabetismo. Como vemos, Alberdi era patrocinador de lo que hoy en día podríamos llamar las carreras de "índole práctica". Escribía para un país en donde casi todo estaba por hacerse. Había que construirlo culturalmente. No deja de llamar la atención su alusión a la metafísica como más propia de "épocas de demolición". Hay un cierto dirigismo educativo en el párrafo, que denota las preferencias personales del autor en materia educacional.

"A propósito de este ramo del gasto público, convendrá no olvidar que la Constitución argentina hace depender la cultura del país de la educación que dan las cosas por sí mismas, de esa educación que se opera por la acción de la cultura extranjera venida en las poblaciones civilizadas de la Europa, y en los demás elementos de prosperidad y cultura que ella nos envía ya formados, al favor de las sabias franquicias que le abre la Constitución moderna argentina."[5]

Una nueva referencia a un tipo de educación de orden práctico ("la educación que dan las cosas por sí mismas") y –naturalmente- esa educación, atento las necesidades del momento que vivía la naciente nación, debería provenir casi enteramente del exterior, en particular de Europa, sin lugar a dudas el centro cultural por antonomasia de la época en la que nuestro autor escribe su obra. Hoy diríamos -frente a eta cita- que Alberdi estaba proponiendo que el estado importara la educación del exterior. Teniendo en cuenta el contexto, la idea era altamente plausible. Veía en ella una acción necesaria por parte del estado.

[1] Alberdi, Juan Bautista. Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853.
p. 199
[2] Alberdi....Ob. cit. pág. 199-200
[3] Alberdi....Ob. cit. pág. 201
[4] Alberdi....Ob. cit. pág. 204

[5] Alberdi....Ob. cit. pág. 205

Gabriel Boragina
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Argentina

domingo, 19 de marzo de 2017

GABRIEL BORAGINA, LA IGUALDAD EN LA ANTIGUA GRECIA

ACCIÓN HUMANA

En Atenas, los pequeños labradores abrumados de deudas pugnaban por variar su situación y la inminencia del movimiento social se hizo palpable en la época de Solón y favorecida por las divergencias existentes entre las clases privilegiadas. Los derechos políticos fueron graduados según la fortuna, y la elegibilidad para los cargos más elevados se reservó para aquellos poseedores de una importante extensión de tierra que le produjera una renta anual considerable (500 fanegas de grano o su. equivalente en vino y aceite). Concretamente, una serie de medidas hicieron disminuir "la omnipotencia de los eupátridas y permitió a los pobres defenderse con iguales armas, por procedimientos legales. "Eso es lo que se conoce como la Constitución de Solón y fue corno la carta fundamental de la democracia ateniense, destinada en virtud de los principios mismos que estableció a determinar nuevos progresos en el sentido democrático"; aunque hay que reconocer que dicha Constitución era en parte plutócrata, porque sólo permitía a los más ricos ocupar los cargos públicos, y en parte aristócrata, porque sólo podían desempeñar funciones ejecutivas judiciales los hombres de reconocida experiencia.[1]

Al parecer, Solón quiso introducir algo parecido a lo que hoy conocemos como la igualdad ante la ley. Con la salvedad que esa igualdad se limitaría a la igualdad política y no a otra, y sería bastante relativa, habida cuenta que -conforme nos explica el autor en comentario- su "Constitución era en parte plutócrata, porque sólo permitía a los más ricos ocupar los cargos públicos, y en parte aristócrata, porque sólo podían desempeñar funciones ejecutivas judiciales los hombres de reconocida experiencia". Se puede inferir que esa deudas que afligían a los labradores eran ocasionados por abusivos impuestos, lo que demuestra la temprana voracidad fiscal del estado, que -en rigor- fue una constante, no exclusivamente en la antigua Grecia sino en todas partes del mundo desde los tiempos pre bíblicos hasta el presente. Este es un rasgo en que la humanidad no ha parecido avanzar demasiado, excepto en la periodo de la revolución liberal entre los siglos XVIII y comienzos del siglo XX. Desde esta última fecha hasta el momento en que escribirnos se ha producido un severo retroceso en materia fiscal. Hoy como ayer, el ciudadano esta posicionado frente al fisco tal como lo estaban aquellos antiguos labradores griegos agobiados de deudas.

Hay que reconocer, no obstante, que Solón prepara el movimiento democrático ateniense, y es con la obra de Pericles que se llega al apogeo de la evolución, consolidándose el principio del gobierno del pueblo y ejercido por los ciudadanos, pero con la observación de que el pueblo sólo estaba integrado por el conjunto de ciudadanos atenienses cuyos padres también lo fueron y tanto es así que aparte de ellos, existían los metecos y por último los esclavos que eran considerados sin personalidad, como un instrumento animado, una cosa con vida (y tal vez con alma). La esclavitud constituía el motivo principal de las luchas políticas y sociales de la Grecia antigua y dividía a la sociedad en dos partes: ricos y pobres. "Esta polarización antitética —dice Corrado Barbagallo— entre la riqueza, o mejor aún, entre la fortuna, y la indigencia, provocaba efectos políticos igualmente malos, dentro de la nobleza y del bajo pueblo.[2]

Tenemos que inferir de este texto que los pobres eran los esclavos y los ricos sus dueños. Sin embargo, se menciona a los metecos, que únicamente se diferenciarían de los esclavos en que serían hombres libres, pero sin derechos políticos de ninguna clase dado que no se les consideraba ciudadanos, y sólo estos gozaban de derechos políticos. No es difícil imaginar que estos metecos entrarían también dentro de la categoría de pobres(aunque no esclavos) ya que -conforme venimos viendo- el poder político los ricos se lo reservaban para sí mismos. Del contexto se infiere que, de la igualdad que se sigue tratando es de la igualdad política que aquí el autor identifica con la democracia. Ese "gobierno del pueblo" de Pericles era bastante peculiar, dado que estaba reservado a una parte minoritaria de la sociedad ateniense. La circunstancia que no se les concedieran derechos políticos a los metecos y esclavos es muy fácil de deducir. Estos constituían la base económica de la clase gobernante (ciudadanos), de conferírseles igualdad de derechos políticos a la de estos, cómodamente se convertirían en clase gobernante y terminarían desplazando a los ciudadanos de su condición privilegiada.

Del concepto de democracia expuesto por los historiadores y políticos griegos surgen principios de una doctrina moral y política, adquiriendo la democracia un significado humano. Tucídices, en su relato de la guerra del Peloponeso, hace decir a Pericles, en su discurso en homenaje a los atenienses muertos, que "nuestro régimen político es la democracia y se llama así porque busca la utilidad del mayor número y no la ventaja de algunos. Todos somos iguales ante la ley, y cuando la república otorga honores lo hace para, recompensar virtudes y no para consagrar el privilegio. Todos somos llamados a exponer nuestras opiniones sobre los asuntos públicos.[3]

No obstante, ya hemos visto que ese "todos" en realidad era bastante restringido en los hechos. Se limitaba a los ciudadanos, excluyendo a metecos y esclavos que constituían la mayor parte de la población y servían de sustento económico a aquellos. Sin embargo, el concepto -como ideal en sí mismo- resulta brillante, aunque fuera puesto en práctica efectiva muchísimos siglos más tarde con el advenimiento del liberalismo, momento en que el vocablo "todos" adquirió su verdadera significación y se extendió a todos los individuos por igual, y no a los miembros de una determinada casta o clase social. Por lo demás, qué es lo que pretendió decir el autor al expresar "adquiriendo la democracia un significado humano" queda en la más completa de las nebulosas, ya que resulta dificultoso concebir un sentido inhumano de la democracia. Lo cierto es que, en las palabras de Pericles, resulta claro que entendía la democracia como el gobierno de la mayoría ("busca la utilidad del mayor número y no la ventaja de algunos") recordando que en la concepción clasista griega (y del mundo antiguo en general) ese "mayor número" incluía a la nobleza, excluyendo todas las otras demás clases.

[1] Dr. Antonio Castagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz "igualdad"
[2] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad"
[3] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad"

Gabriel Boragina
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Argentina

viernes, 10 de marzo de 2017

GABRIEL S. BORAGINA, LA IGUALDAD EN LA ANTIGUA GRECIA

ACCIÓN HUMANA

Dice el historiador Reloch que fueron los griegos los que crearon nuestra civilidad y por eso la historia de Grecia constituye la página más importante en la historia de la humanidad. En todas las manifestaciones culturales se advierte la depuración de las ideas que luego pasaron a convertirse en las bases de otras civilizaciones. Asimismo, la religión es influenciada y tuvo también su expresión en el campo político y social.

Si esto es efectivamente así, será entonces muy interesante que nos internemos a explorar el estudio de la igualdad en la antigua Grecia. No obstante, como ya es habitual en el tratamiento de este tema, es una constante en la historia el reconocimiento de una desigualdad clasista, por encima de las diferencias individuales. La igualdad ante la ley, como conquista del liberalismo en el siglo XVIII, no se conoció en ningún pueblo de la antigüedad como producto individual. Existía si, una "igualdad ante la ley" de grupos o clases, pero a su turno, estos grupos o clases tenían destinados también grupos o clases de leyes diferentes. De la misma manera, se prostituyó el concepto de igualdad ante la ley en nuestros días, donde existen leyes para comerciantes, empresarios, trabajadores, niños, mayores, empleadas domésticas. Y un sinfín de derivaciones más, que recuerdan y nos llevan de regreso al concepto clasista de igualdad que tuvieron los antiguos.

"En Esparta una importante clase noble ejercía poderosa influencia y dominaba absolutamente; "y como toda clase que llega a la soberanía del Estado, utilizaba sin escrúpulos para su propio provecho. Los abusos que más vivamente se sentían eran en la administración de justicia, que estaba totalmente en manos de los nobles; tanto más cuanto que el capricho de estos jueces no se veía limitado más que por el derecho consuetudinario, no escrito, sin ley alguna' formulada fijamente."[2]

Como se advierte, tal como sentenciaba el insigne Lord Acton, en todo tiempo y lugar "el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe insolutamente". No era -en rigor- la condición de noble lo que ocasionaba la explotación que aquellos ejercían sobre los no-nobles, sino que, como el mismo autor se encarga de aclararnos, el problema se suscitaba cuando estos nobles llegaban a la soberanía del estado, es decir se hacían del poder, de donde simple es concluir que el problema de fondo consistía en el poder, y no la condición de noble. Si por ventura hubieran sido los plebeyos o descastados los que tomaran el poder, habrían sido estos los que hubieran hecho uso y abuso de su capricho. Interesante la mención respecto que -al menos- se respetaba el derecho consuetudinario. Hoy en día, casi ni eso cabria decirse.
"Añádase a esto que el Estado no se preocupaba para nada del derecho de sangre, abandonando a la familia del ofendido la función de vengarse como pudiera del ofensor; lo cual, naturalmente, llevaba a que el hombre pobre se sintiera punto menos que indefenso frente al noble distinguido". 

Esta situación exigía una profunda transformación, pasando el castigo a manos del Estado, con la aplicación del principio del talión, suavizado no obstante por la facultad de transformar la pena corporal en pecuniaria. El movimiento de codificación del derecho penal, favorecido por el desarrollo de la escritura, trae aparejado también la codificación del derecho privado, y un ordenamiento constitucional en el que se advierte el propósito de restringir el círculo privilegiado de los ciudadanos frente a la masa.[3]

Sin embargo, el castigo a manos del estado en nada podría resolver la situación si antes se había dicho que el poder del estado era ejercido exclusamente por esos mismos nobles. El autor cita el caso de un pobre "ofensor" ante un noble "ofendido" (al menos eso se desprende del contexto citado) pero nada nos dice sobre qué sucedía cuando ambos eran pobres (ofendido y ofensor) o ambos nobles (ídem). En rigor, se compara la situación del rico (aquí llamado noble) con la del pobre (llamado así). Del resto del párrafo, parece que se adule a algunas leyes o ley que aplicaba el principio del talión (que, en rigor, tiene raigambre bíblica y protohistórica). En suma, el mensaje que aparenta desprenderse de este párrafo es el del inicio del camino hacia una cierta igualdad ante la ley. El autor atribuye a los movimientos de codificación -que sitúa desde el penal pasando por el civil hasta el constitucional- como el punto de partida para "restringir el círculo privilegiado de los ciudadanos frente a la masa".[4]

"En algunas ciudades lograron las viejas familias reales conservar el poder y excluir del gobierno a todas las demás estirpes". "En otras ciudades era un círculo cerrado de familias el que llevaba el cargo de gobierno; así, por ejemplo, las cien estirpes entre los laercios, opuntios e itálicos. En otros Estados se llegó a atribuir el derecho total político, no al nacimiento, sino a la propiedad es decir, a la propiedad territorial, según las circunstancias de aquella época. Tal sucedió en Samos y Siracusa. De igual modo en Esparta no era ciudadano con pleno derecho sino aquel que estuviera en disposición de contribuir con los productos de su propiedad a los gastos de las comidas colectivas en las que diariamente se reunían los ciudadanos. En muchas ciudades del Asia menor el derecho político estaba limitado a los que pudieran mantener un caballo de guerra"[5]
Aquí vemos una alusión a un tipo de gobierno de orden aristocrático. 

Lo que -en principio- permite inferir la exclusión de los no-aristócratas del poder político, característico de la etapa de desigualdad ante la ley de las mayoría (sino todos) los pueblos antiguos. Poca diferencia hace que la pertenencia a una clase aristocrática lo sea en función del nacimiento o de las posesiones. En realidad, el poder político en base a la cantidad de territorio poseído tuvo como origen la conquista. El que conquistaba un determinado territorio se convertía en su dueño, y -por ende- era él quien mandaba.

[1] Dr. Antonio Castagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz "igualdad"
[2] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".
[3] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".
[4] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".
[5] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".

Gabriel Boragina
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Acción Humana
Argentina

jueves, 23 de febrero de 2017

GABRIEL S. BORAGINA, ANÁLISIS DE LA GUERRILLA (2), DESDE ARGENTINA

ACCIÓN HUMANA

Como hubiéramos dicho antes[1] la historia de la guerrilla demostró como la misma degeneró, de ser una fuerza defensiva irregular hasta transformarse en una fuerza ofensiva (manteniendo -no obstante- su carácter de irregular).

"Los guerrilleros abundaron en las acciones de independencia americana: así Martín Güemes en Argentina, José A. Páez en Venezuela, Manuel Rodríguez en Chile. Los hubo luego en Francia ocupada ("partisans"), en los países árabes, en Rusia, en China, en Vietnam. T. E. Lawrence, Mao y el "Che" Guevara las practicaron y también adoctrinaron sobre las mismas, siguiendo las huellas de Karl von Clausewitzí (On War, 3 ed., 1940), el primer teórico militar que dedicó atención a la estrategia guerrillera."[2]

Este párrafo hace una mezcolanza que es importante aclarar. Las guerrillas de Mao y el "Che" Guevara no tuvieron que ver con la independencia americana, ya que lo que Mao y Guevara pretendían eran dar golpes de estado mediante acciones guerrilleras, que fue lo que también hizo Fidel Castro en Cuba con lamentable éxito. Mao dio el golpe en China, pero Guevara fracasó en sus intentos de golpes en países extranjeros. En este punto, es trascendental explicar que cualquier guerrilla se deslegitima cuando inicia el uso de la fuerza, lo que claramente no ha tenido que ver con países ocupados o invadidos.

La historia de la guerrilla (hasta aquí reseñada) revela que hubo una degeneración de la misma, pasando de ser una fuerza defensiva (excusable) a ser otra ofensiva (inexcusable). Así, por ejemplo, la guerrilla argentina en el siglo XX tuvo dicho sesgo ideológico marxista-maoísta-guevarista y condición claramente ofensiva, no defensivo. Ha sido el caso, particularmente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), Montoneros (peronistas) y otras organizaciones similares a estas.

"En la actualidad, las guerrillas tienen un fuerte sustento ideológico, y tratan de arraigar en el pueblo, al que ofrecen alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios que tienden a popularizarlas. Su organización es severamente militar, sobre la base de células pequeñas que actúan como compartimientos estancos, sin conexión inmediata entre sí, para evitar delaciones o infidencias."[3]

Es de destacar que el autor escribe su artículo en pleno auge de la guerrilla argentina, lo que puede ser un factor de importancia a la hora de observar la notable ambigüedad de su artículo. Aunque no aclara a cuáles guerrillas -en concreto- se está refiriendo en la cita, por lo que también resulta forzoso aclarar que -siempre en el caso argentino- no se dio el intento de la guerrilla de "arraigar en el pueblo" ofreciendo "alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios". Por el contrario, la guerrilla argentina arremetió contra civiles y militares sin discriminación. En cambio, su organización fue –en efecto- severamente militar.

"Las armas de la guerrilla son, en principio, obtenidas de sus propios adversarios, a quienes procuran despojar. Asimismo, una guerrilla organizada siempre cuenta con posibilidades de fabricación "casera" de armamentos, explosivos y ropas, que a veces se montan en gran escala en campamentos o "santuarios". Tales "santuarios", que sirven para descanso, aprovisionamiento y organización, han sido, como en el caso de las fuerzas de Tito en Yugoeslavia, verdaderas catacumbas.

La guerrilla, originariamente rural, se ha trasladado actualmente a las ciudades; y con frecuencia utiliza métodos sorpresivos, muy difíciles de prever, así como el sabotaje y el terror indiscriminado; y asaltos o secuestros para obtener dinero, que siempre necesita en cantidad."[4]
En el caso de la guerrilla argentina de los años 70, se dieron todas estas combinaciones.

Pero, además, es menester señalar que las organizaciones guerrilleras contaron con profusa provisión de amamanto altamente sofisticado y de última generación proveniente de países extranjeros que promovían sistemáticamente la guerrilla a nivel internacional.

Las fuentes de provisión de material bélico pesado procedían de la entonces existente URSS (en esa época poderosa potencia militar), Libia, al mando de Muammar El Kadafi, y -en nuestro propio continente- de Cuba con Fidel Castro a la cabeza, entre otros países de ideología afín que adiestraban y alentaban el fenómeno guerrillero en el exterior. Montoneros, ERP, FAL, y otras facciones menores por el estilo, practicaron profusamente y con entusiasmo la metodología de secuestro, tortura y pedidos de sumas millonarias en concepto de rescate de sus víctimas.

"Existe además una permanente tendencia de los equipos guerrilleros a "regularizarse", y algunos jefes árabes han recibido cierto "status" aún por parte de las Naciones Unidas. Las fuerzas antiguerrilleras, en cambio, pretenden siempre tratarlos como simples bandidos, que no deben recibir, pues no practican tampoco, ninguno de los beneficios de las leyes de guerra. Esa lucha es muy difícil, en parte porque cierto conservadorismo de la oficialidad regular, apegada a procedimientos tradicionales, dificulta la adopción de tácticas eficientes e imaginativas. Asimismo, porque la lucha antiguerrillera suele causar molestias a la población inocente, irritándola contra los elencos regulares (Peter Paret • John Shy, Guerrilla y contraguerrilla, Ed. J. Alvarez, B». As., 1964, que incluye La guerra de guerrillas de Ernesto Guevara)."[5]

Recordemos que el autor en examen escribe su artículo en épocas de auge guerrillero. Resulta de interés remarcar que aquel atribuye la dificultad de combatir la guerrilla al hecho de que la oficialidad regular se resiste a adoptar la misma sistemática que practicaban los guerrilleros. Se deja en claro, una vez más, que el combate contra la guerrilla se da en un estado de guerra.

"Las guerrillas han logrado éxitos importantes; sin embargo, adolecen de ciertas limitaciones. En primer lugar la constante necesidad de mantener la ofensiva, arriesgando a veces una derrota que las suprima o desprestigie; además, su carácter "secundario", ya que normalmente sirven como elemento de apoyo, pero por sí solas son poco aptas para tomar el poder."[6]

La guerrilla argentina estuvo a un punto de tomar el poder, pero no depusieron las armas voluntariamente. De alguna forma, la cita señala la inutilidad final de la guerrilla. Los guerrilleros expertos estaban bien conscientes de aquellas limitaciones, no obstante lo cual arremetieron cada vez con más saña.

El rechazo de la población civil víctima de sus ataques y el apoyo explícito (o implícito) civil a las fuerzas armadas que contrarrestaron a los guerrilleros, fueron factores determinantes que evitaron la toma del poder por parte de estos últimos.

[1] Análisis de la guerrilla
[2] Dr. Horacio J. Sanguinetti. Voz "Guerrilla" en Enciclopedia Jurídica Omeba. Apéndice 2 Letra G
[3] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.
[4] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.
[5] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[6] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
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Acción Humana
Argentina

martes, 7 de febrero de 2017

GABRIEL BORAGINA, “LA IGUALDAD EN EL ANTIGUO EGIPTO Y LA INDIA”

ACCIÓN HUMANA

Continuando nuestro recorrido de la igualdad en la historia, retomamos el trayecto del antiguo Egipto, donde se impone un concepto de igualdad religioso, lo que cobra relevancia en la época estudiada, porque en dicho periodo lo religioso y lo político se encontraban fuertemente solidificados, siendo fácil instrumento de dominación por parte de tales poderes, los cuales también se hallaban unidos, habida cuenta que el rey se consideraba una encarnación de la respectiva divinidad:

"Durante el período de la XVIII dinastía se produce una profunda modificación en las costumbres y especialmente en la religión, imponiéndose un dios único y universal (Atón) como exponente de un principio monoteísta e igualitario en la creencia religiosa."[1]

Podemos suponer que resultaba mucho mas practico a los faraones pretender encarnar a una divinidad única en lugar de serlo de la más importante de un cúmulo de dioses diferentes, subordinados y dependientes unos de otros. El autoritarismo creciente que toda posición de poder -tarde o temprano- termina produciendo en quien o quienes lo revisten, puede permitir inferir que impresionaría más a las masas la representación de todo el poder en una única divinidad encarnada que en muchas. El principio igualitario -fácil es concluir- reside aquí en la igualitaria subordinación de todos los súbditos frente al "rey-dios".

"En la Mesopotamia se desarrolla una interesante civilización, cuya hegemonía ejerce la capital Babilonia, traduciéndose en la unificación del imperio caldeo y apareciendo bajo el reinado de Hammurabi (2000 a. C.) un famoso cuerpo legal que lleva su nombre y que dio "a la vida del pueblo caldeo un ordenamiento que tiene la regularidad y fijeza de una Constitución, organizando la sociedad en tres clases: los hombres libres, los que podrían considerarse semiíitares y, por último los esclavos."[2]

Aquí rebrota el concepto de igualdad entre los iguales, al que nos hemos referido antes. La igualdad se concibe -exclusivamente- entre los integrantes de una misma clase y se rompe fuera de ella. Pero es el estado (a través de la ley) quien define y delimita la noción de "clase", de manera tal que no existe igualdad de ninguna índole entre las desiguales clases. Los esclavos, por ejemplo, eran iguales entre sí en su condición de esclavos y -obviamente- desiguales en relación a los hombres libres y semilitares.

Todas las clases eran "iguales" ante el rey, que -a su turno- era desigual respecto de todas las demás clases definidas por él mismo y por debajo de su persona. Desde luego, recordemos, que ninguno de estos artificios legales podían desconocer la natural desigualdad individual de las personas, con absoluta independencia de la de su arbitraria atribución o asignación a una antojadiza "clase social" por parte de funcionario de turno. Los criterios de pertenencia a cada clase eran fijados externamente y resultaban forzosamente arbitrarios. Todavía habría que andar mucho camino para llegar a la idea liberal de igualdad ante la ley. La historia de la igualdad es la de la igualdad mediante la ley y no ante ella.

"En el siglo XIII a. C. aparece en la India un cuerpo de leyes -el Manara Dharma Sastra, o libro de la ley de Manú- que dio normas para la organización política y social del pueblo. Según el cuerpo legal, la población de la India se hallaba agrupada en cuatro categorías o castas, cuyo origen se atribuye al Dios Brahama; la primera casta, la de los brahamanes, descendía de la cabeza del Dios; los chatrias o guerreros, de los brazos; los vaisyas, o comerciantes, de su vientre; y los sudras, o artesanos, de sus piernas. Debajo de estas castas estaban los parias."[3]

Básicamente, comencemos diciendo que no hay discrepancias de fondo entre la idea de casta y la de clase social. Algunos autores suponen que esta última -en oposición de la primera- permite admitir cierta "movilidad de clase" que se encontraría ausente en la noción de casta. Pero aun aceptando este punto de vista, el mismo no justifica los criterios arbitrarios con los cuales cada persona quiere definir lo que es una "clase social" y cuáles son los razonamientos que permitirían conocer cuándo alguien pertenece a una y no a otra. En el caso hindú, estaba más que claro que dichas castas -que se creían derivadas de una divinidad- eran inamovibles. Absolutamente estáticas. En última instancia, fueron los gobernantes de la India quienes dictaron el Manara Dharma Sastra y, por tanto, ellos quienes decidieron por todos los hindúes y sus generaciones posteriores quienes estaban asignados a cada casta. En esta sociedad estratificada, la pertenencia viene dada por el oficio u ocupación al que se dedica la persona.

"Se establece un principio igualitario con respecto a los impuestos, pues se dispone una tributación proporcionada a los ingresos de los comerciantes, teniendo en cuenta el precio pagado por las mercaderías, los gastos de traslado, etc. También se dispone que el impuesto sea reducido para los de la última clase y pequeños comerciantes."[4]

Nuevamente, como vemos, la igualdad se da dentro de la casta, en este caso los vaisyas, lo que implica que el principio igualitario no regia en relación a las tres castas restantes (los parias eran los descastados, ya que no pertenecían a casta alguna). Parece que además de las cuatro castas, existían sub-castas dentro de las mismas. Así lo revela el autor cuando manifiesta que había impuestos distintos para pequeños comerciantes, lo que permite inferir que existía otra sub-casta: la de los grandes comerciantes, y quizás otra más, la de los medianos comerciantes. Todo lo cual nos recuerda a nuestras "modernas" clasificaciones tributarias, que también nos dividen en clases o castas: las grandes empresas y las PYMES. O grandes y pequeños contribuyentes. Parece que a través de los tiempos, en esta materia, poco o nada ha cambiado. Más allá de los contrastes de detalle, el denominador común sigue siendo que la igualdad se de dentro de la misma clase y no fuera de ella.

[1] Dr. Antonio Castagno. Enciclopedia Jurídica OMEBA Tomo 14 letra I Grupo 02. Voz "igualdad"
[2] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".
[3] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".

[4] Castagno, A. Enciclopedia....Ob. cit. Voz "igualdad".

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina
Acción Humana
Argentina

martes, 31 de enero de 2017

GABRIEL BORAGIN, SOBRE FERIADOS Y "DÍAS DE LAS MEMORIAS" VARIAS, DESDE ARGENTINA

ACCIÓN HUMANA

Siempre he tratado de eludir el tema que voy a abordar, porque -en el fondo- invariablemente me pareció una cuestión trivial. Pero, al comprobar con el tiempo que la mayoría de mis congéneres no lo considera así, creo que será oportuno que diga algo al respecto, aunque no sea mucho.

Hablaremos pues de los feriados. Pero antes, y para mejor orden, veamos que significa la palabra feriado yendo al diccionario de la Real Academia Española:

“día feriado. 1. m. día festivo, especialmente el que no cae en domingo”

Vayamos ahora entonces a la definición de festivo:

festivo, va
Del lat. festivus.
1. adj. Perteneciente o relativo a la fiesta.
2. adj. Dicho de un período de tiempo: Señalado oficialmente para el descanso por celebrarse una fiesta solemne, por oposición a laborable. Apl. a un día, u. t. c. s. m.
3. adj. Alegre, divertido y gozoso.
4. adj. Chistoso, agudo o gracioso.

Por mi parte, -y a los solos efectos de este análisis- divido los feriados en feriados estatales (nacionales, provinciales, municipales, etc.) y privados (ninguno de los anteriores). La mayoría de las personas sólo conoce y acepta como "verdaderos" feriados los primeros, e ignora los segundos.

Nunca he creído en los llamados feriados nacionales, y persistentemente me parecieron infantiles y poco consistentes todos los trillados "argumentos" mediante los cuales se ha pretendido y se pretende "justificarlos".

Los feriados nacionales no son otra cosa que feriados estatales, fechas impuestas en el calendario alguna vez por alguna autoridad sin el consentimiento expreso, claro y contundente de cada uno de los ciudadanos a los que luego se los obliga a observar tales festividades. En realidad, este tipo de feriados carecieron de toda entidad y significación personal.

Pero ¿en qué consisten realmente estas supuestas festividades?
La inmensa mayoría de los feriados estatales argentinos conmemoran hechos militares, (guerras, golpes, rendiciones, invasiones, derrotas, victorias, etc.) los que -según el bando que se adopte entre los contendientes- tendrán el sabor amargo de la derrota o el más dulce de la victoria. ¿Realmente tienen estas fechas el carácter "Alegre, divertido y gozoso" que corresponde al vocablo festivo (nuestro equivalente a feriado)? Contesto que no, y que -además- me parece bastante enfermizo "celebrar" tales calamidades, porque verdaderamente considero que todo hecho de violencia es una verdadera tragedia, no algo "festivo".

Constantemente he creído que los días feriados deberían ser verdaderamente festivos (recordemos las acepciones 1. adj. Perteneciente o relativo a la fiesta. 3. adj. Alegre, divertido y gozoso. 4. adj. Chistoso, agudo o gracioso, de la definición del vocablo). Y -por tanto- que no se compadece con dicho espíritu el rememorar sucesos militares, o civiles en el que hayan intervenido militares. ¿Que podría tener de festivo un hecho bélico, o cualquier acto de fuerza o de violencia?

Posiblemente, para alguna mente morbosa si tengan hechos tales ese carácter: 3. adj. Alegre, divertido y gozoso. 4. adj. Chistoso, agudo o gracioso. Por mi parte, no lo entiendo. Y sin embargo, los argentinos (supongo que igual que en otras partes del mundo) celebran este tipo de cosas. Me sigo preguntando ¿hay algo que valga la pena "celebrar"? Pues estas no son fechas festivas, sino que son fechas para olvidar (al menos por parte de las mentes sanas). Otra pregunta que me hago es: ¿a que ayudan a construir los feriados nacionales? Mi respuesta -luego de mucho meditar- es: a nada.

En cambio, creo que esas fechas recordatorias, sobre todo si se refieren a sucesos acontecidos en el pasado reciente- solo sirven para avivar odios y rencores entre los partidarios de los bandos opuestos.

Caso típico es la nefasta evocación en Argentina de cada 24 de marzo recordando un golpe de estado. Desde su instauración como feriado nacional, la fecha solo ha servido para reavivar heridas entre partidarios y adversarios de los dos bandos en pugna de entonces: militares y subversivos. Cada bando tratando de torcer la historia para su propio lado, desfigurando todas las veces que se presenta la fecha en ocasión hechos históricos, roles, móviles, objetivos, causas, efectos y todo lo que se pueda tergiversar de aquella etapa historia. Generando un torbellino de discusiones inútiles, obtusas y aburridas que se repiten invariablemente en el mismo sentido, el mismo tono airado, y el mismo tenor, año tras año cada día 24 de marzo.

Los miembros (o simpatizantes) de un bando se esfuerzan por convencer a los partidarios del contrario de la razón de la lucha desde su propio punto de vista. Se habla de "memoria completa". Cuando todo esto es inservible. Los miembros de bandos antagónicos no están dispuestos a conceder ninguna porción de razón a los del bando antagonista. La recordación, cada vez que se presenta, revive los odios y las antiguas adversidades. Cada año es la misma historia.

También está el aspecto económico: la multiplicidad de feriados, además de no tener razón de ser para mí, entorpecen la productividad económica, son un aliciente a la irresponsabilidad laboral y al ocio inducido sin motivo válido.

Quiero aclarar que respeto mucho a los memoriosos y nacionalistas, quienes de buena fe son muy, pero muy afectos a "festejar" feriados patrios y demás. Sólo que aclaro que no me alisto entre ellos, y que mi crítica no se dirige a las personas que -de buena fe y en su propio circulo social- celebran estas fechas. Mi diatriba se orienta hacia el decreto de fechas oficiales, estatales, gubernamentales, etc.

Sostengo que es tiempo de liberarnos del pasado y empezar a construir la Argentina del futuro. No hay mayor falacia que aquella que dice que los pueblos que no recuerdan su pasado están condenados a repetirlo. Porque -contrariamente también se puede argumentar que- recordarlo tendenciosamente cada año es una forma de repetirlo o de inducir a revivirlo. Y esta forma de resurgirlo -aunque por ahora sea en los discursos y en la memoria- es una forma de reavivarlo, reencender odios y pasiones que hace tiempo deberían estar sepultados, y que impiden mirar hacia adelante y empezar a construir una verdadera nación.

No estoy en contra a que cada persona, cada familia o cada grupo privadamente celebre estas y todas las fechas que se deseen. Pueblos y naciones que gusten vivir del pasado, o en nombre del respeto a sus tradiciones rememorarlas, deberían estar en plena libertad de hacerlo, pero, en el ámbito estrictamente privado o social civil. El estado-nación no debería de cumplir ni arrogarse ningún papel rector al respecto.

En cambio, me parece insano institucionalizar fechas recordativas, obligando a la sociedad toda a observarlas.


Establecer feriados obligatorios a nivel nacional y constreñir el aparato estatal a tolerar sus discursos oficiales, material de propaganda, y demás elementos que la corrección política del momento dicte a los gobernantes de turno, es desde mi propio punto de vista inmoral.

Gabriel Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina
Acción Humana
Argentina