viernes, 29 de mayo de 2020

JUAN RAMÓN RALLO, ALESINA SE MARCHA CUANDO MÁS NECESITAMOS SUS IDEAS

Este domingo murió el economista italiano Alberto Alesina a los 63 años de edad. Nos dejó, por ironías del destino, en el momento en que más urgente e intensamente necesitamos sus ideas: o, al menos, las ideas por las que ha adquirido una mayor fama internacional y en las que estuvo trabajando durante los últimos años de su vida. Me refiero, claro está, a su defensa de las políticas de 'austeridad expansiva': ajustes del presupuesto estatal que lejos de hundir la economía permiten que esta mantenga una senda de crecimiento positiva en el tiempo (especialmente frente a la alternativa de continuar acumulando deuda pública).

Durante los próximos años, la gran mayoría de Estados tendrán que adoptar políticas de austeridad para contrarrestar el exceso de deuda que han acumulado durante la presente pandemia. España no será una excepción (salvo en el improbable escenario de que nuestros socios del norte decidan hacerse cargo de nuestros pasivos) y, por ello, conviene que tengamos muy viva la idea de austeridad expansiva propugnada por Alesina… sobre todo frente a quienes propugnarán o que no apliquemos ninguna política de austeridad o que apliquemos políticas de austeridad contractivas. El argumento central de Alesina puede resumirse esencialmente en cuatro proposiciones:

Las políticas de austeridad serían en general innecesarias si tuviéramos gobernantes responsables: los gobiernos fiscalmente responsables no deberían sumergirse, por lo general, en programas de austeridad presupuestaria. Es verdad que durante las recesiones hay estabilizadores automáticos que incrementan el endeudamiento público, pero durante las expansiones esos estabilizadores tienden a desaparecer y, si los gobiernos no aprovechan la bonanza para disparar el gasto público, deberían engendrar un superávit que permitiera compensar la acumulación pasada de deuda. Es decir, si el déficit público no es estructural, sino coyuntural, el mero transcurso de la coyuntura tenderá a subsanar el endeudamiento generado por la coyuntura (si el déficit es estructural, es que los gobernantes no son responsables pues desean gastar sistemáticamente más de lo que ingresan). 

En suma: la mejor política de austeridad debería ser aquélla que no llega a aplicarse por contar con unas finanzas saneadas a lo largo del ciclo.
En ocasiones, sin embargo, las políticas de austeridad son inevitables: si los gobernantes no han sido fiscalmente responsables (durante la bonanza han seguido acumulando deuda porque han preferido mantener un déficit estructural) o si, siendo responsables, se han topado con un acontecimiento imprevisible que ha descuadrado las cuentas públicas (como esta pandemia), entonces no quedará otra que tomar medidas proactivas para corregir la consecuente sobreacumulación de pasivos (conviene aclarar, como también recuerda Alesina, que un gobernante verdaderamente responsable ahorraría durante los tiempos de bonanza en forma de fondos de estabilización para así poder capear los aumentos extraordinarios e imprevisibles del déficit durante tiempos de catástrofe).

La austeridad puede tener efectos expansivos sobre la economía: la visión keynesiana más elemental nos dirá que toda política de austeridad ha de tener necesariamente efectos contractivos dado que austeridad equivale a reducir el gasto agregado (y, por tanto, la producción agregada). Sin embargo, semejante tesis presupone que las políticas de austeridad no pueden tener repercusiones positivas sobre otros componentes de la demanda agregada. Por un lado, durante los períodos de expansión, la austeridad pública puede reducir el efecto expulsión del gasto privado (más ahorro público permite o mayor inversión privada o un menor ahorro privado). Por otro, durante períodos de depresión, la austeridad pública podría influir positivamente en las expectativas de los agentes económicos, relanzando el gasto en inversión. Por ejemplo, una economía que esté endeudándose a un ritmo desaforado es una economía que a medio plazo va a tener que enfrentarse a alguno de estos tres escenarios: o incrementos de los impuestos futuros (incluyendo el impuesto inflacionista), o recortes de gastos esenciales para la actividad económica (por ejemplo, infraestructuras) o un 'default' soberano. 



Si se generaliza la expectativa de que alguno de estos tres fenómenos va a suceder —y se generalizará tanto más cuanto mayor sea la acumulación de deuda pública—, la inversión empresarial y residencial puede desplomarse, de modo que la demanda agregada acaso caiga más que si, en cambio, se pone fin a la sangría de un modo gradual (mediante un plan de austeridad), persuadiendo con ello a los inversores de que ninguno de esos tres escenarios futuros ocurrirá. En definitiva, si las medidas de austeridad insuflan más financiación en el mercado cuando esta es demandada por los inversores o si consiguen revertir una senda de expectativas negativas autoagravantes, la austeridad podría tener efectos expansivos (obviamente, si insuflan financiación cuando nadie la demanda y no ayuda a mejorar las expectativas, podrá tener efectos contractivos). Y así, cuando la austeridad deviene altamente recomendable, solo habrá dos formas de aplicarla: o subiendo impuestos o recortando gastos.

La austeridad recortando gastos es muy preferible a la austeridad subiendo impuestos: uno de los hallazgos cruciales de Alesina es que las políticas de austeridad basadas en incrementos de impuestos tienen efectos mucho más persistentes y dañinos que la austeridad basada en los recortes del gasto. Por ejemplo, durante una recesión, los efectos contractivos de los recortes del gasto suelen haberse despejado al cabo de dos años y con toda seguridad al cabo de tres; en cambio, los efectos contractivos de las subidas de impuestos no desaparecen —ni se aminoran— al cabo de cuatro años. 

¿A qué se debe esta asimetría entre las subidas de impuestos y los recortes del gasto? Probablemente a al menos dos circunstancias, tal como sugiere Alesina. Por un lado, los recortes estructurales del gasto pueden resultar más creíbles que las subidas de impuestos: según qué partidas de gasto se recorten, no solo estaremos rebajando los desembolsos presentes del Estado, sino también los desembolsos futuros (verbigracia, retrasar la edad de jubilación o desindexar de la inflación las subidas de los salarios públicos no solo ahorran gasto hoy sino sobre todo en el futuro); en cambio, subir los impuestos hoy puede no evitar que tengan que volver a subirse mañana si las dinámicas de aumento descontrolado del gasto no han sido atajadas. Por otro, las subidas de impuestos generan pérdidas irrecuperables de eficiencia desde el lado de la oferta (más impuestos al trabajo es menor oferta de trabajo y más impuestos al capital es menor oferta de capital).

En definitiva, dado que la austeridad va a ser indispensable en España durante las próximas décadas —debido a una combinación de políticos irresponsables y de un 'shock' exógeno como ha sido la pandemia—, más nos valdría rendirle merecido homenaje a Alesina haciéndole caso, tanto como sea posible, en una de sus prescripciones básicas: ajustemos el déficit recortando gastos y no subiendo impuestos.

Juan Ramón Rallo
contacto@juanramonrallo.com
@juanrallo
España

Este artículo fue publicado originalmente en el blog Laissez Faire de El Confidencial (España) el 25 de mayo de 2020.

jueves, 28 de mayo de 2020

ACTUALIZACIÓN, EL REPUBLICANO LIBERAL II, VIERNES 29/05/2020

ANA MARÍA MATUTE, MIS AMIGOS DE CANTV

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 6 minutos
Si para algo sirven los jerarcas del régimen es para contar chistes. Chávez era muy bueno en eso. Si alguien lo hubiera llevado para un programa como Sábado Sensacional, hubiera sido un éxito y nos hubiéramos ahorrado demasiadas muertes. El nuevo cuento es que van a poner antenas satelitales para controlar la venta de gasolina iraní en las estaciones de servicio. No hay nada mejor que la risa para conjurar los efectos de la quimioterapia, y por eso estoy gozando a pesar de que el régimen lo que quiere es mantenerme jodida. Pueden poner todas las antenas que quieran, pero que transm... más »

TRINO MÁRQUEZ, 5 SÍMBOLOS DEL FRACASO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 13 minutos
El ingreso de los cinco tanqueros iraníes al país, representa el fracaso rotundo del régimen en la conducción de la industria petrolera desde que asumieron el poder en aquel lejano y trágico febrero de 1999. Nicolás Maduro intenta mostrar el arribo de esos barcos como un éxito de la diplomacia. Tal pretensión constituye un fraude. Venezuela tuvo algunas de las refinerías más grandes y eficientes del planeta. Amuay, Cardón, El Palito y el Complejo Refinador de Paraguaná constituían un modelo de eficiencia. En conjunto, las refinerías producían más de un millón de barriles de gasolin... más »

RICHARD CASANOVA, ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL CASO DE VLADIMIR VILLEGAS?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 20 minutos
Después de la salida de Vladimir Villegas de Globovisión se han producido al menos tres reacciones: unos han querido convertirlo en una víctima del gobierno, casi un mártir de la oposición y levantan las banderas de los principios que en otras oportunidades no izaron y más bien mantuvieron un silencio cómplice ante las arbitrariedades del régimen. Otros, en particular la oposición más radical, lo han deshuesado, lo acusan de chavista encapillado, infiltrado, traidor, enchufado, testaferro de Gorrín y más. No sólo justifican la expulsión de Globovisión sino que la aplauden. Sin duda... más »

FERNANDO MIRES, LA ECONOMÍA DEL SACRIFICIO, POLÍTICA Y CULTURA

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 28 minutos
1. Prefiero morir de covid-19 que de hambre. Al leer esa pancarta chilena sentí un escalofrío. Fue lema en las demostraciones de La Pintana y Puente Alto, dos comunas con predominio de personas de bajos ingresos. Allí el bicho picó fuerte. No obstante, pasado el efecto del impacto y observando con más detención al video, pude percibir que los manifestantes se expresaban más o menos con el mismo estilo, disposición y griterío de los llamados estallidos de octubre de 1919. La pandemia es la continuación del estallido bajo otras formas habría dicho Clausewitz si hubiese sido chileno.... más »

ALFREDO M. CEPERO, ¿POR QUÉ LOS PUEBLOS COMETEN SUICIDIO?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 32 minutos
En mi opinión, el mejor antídoto contra el suicidio de cualquier pueblo es crear ciudadanos que tengan el coraje de confrontar los mitos, el sentido común de cuestionar las nuevas ideas y la capacidad de pensar por sí mismos. En esto cuento con el aval de aquel iluminado que fue José Martí, quién dijo: "Creen hombres quien quiera pueblos". Una pregunta difícil de contestar pero digna de tomar en consideración porque una respuesta acertada impactaría la felicidad y la prosperidad de muchas personas. Una incógnita que se remonta a los primeros pasos del hombre sobre la Tierra. ¿Por ... más »

GABRIEL BORAGINA, ¿PARA QUÉ SIRVEN LOS IMPUESTOS?

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 42 minutos
"…los totalitarismos no tienen mejor instrumento de opresión a su alcance que el régimen tributario, pues al arrancar de manos del que posee algo que es fruto de su sudor y de su esfuerzo, su color de tributo fiscal, introduce la amargura y la violencia que hacen germinar, casi siempre, el áspero fruto de la revolución."[1] Plausible reflexión, ya que, ¿qué otra cosa que el “arrancar de manos del que posee algo que es fruto de su sudor y de su esfuerzo" es el tributo fiscal? El impuesto es eso mismo, y su naturaleza no cambia, sea que se lo aplique en un régimen totalitario o en ot... más »

LUIS BELTRÁN GUERRA: RÓMULO BETANCOURT,

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Alguien se habrá preguntado qué hubiese escrito Tito Livio en lo concerniente a Rómulo, pero no el amamantado por una loba en la mitología griega. Por el contrario, a uno de los luchadores más exitosos en la construcción de la democracia en el continente. La Venezuela que edificó, hoy no existe. Las ejecutorias de este “titán” exhiben preparación, laboriosidad, coraje y una alta dosis de jefatura y pragmatismo. Al convencerme de que el viaje a Tierra Santa sería largo, me propuse conversarles de sus ejecutorias, comenzando con el “compromiso explícito y solemne”, firmado en Barran... más »

LUIS MANUEL AGUANA, DERROCAR ES CONSTITUCIONAL

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
Con el sugestivo título que encabeza esta nota, la Dra. Carmen Cecilia Pérez, conductora del programa “Políticamente hablando” que se transmite desde Nueva York a través de YouTube por el canal CaracasTVInternacional (ver Caracas TV Internacional, en https://youtu.be/AT6Y6KGcry0), comenzó una importante campaña en las redes sociales que inició con una extraordinaria entrevista a la Dra. Blanca Rosa Mármol de León (ver Políticamente Hablando, 26/mayo/2020, Entrevista a la Dra. Blanca Rosa Mármol de León, en https://youtu.be/cxx3xk83bg4) que explica en preciso detalle jurídico el por... más »

HUMBERTO J. MARCANO R. PEDRO JOSÉ CAMEJO. TENIENTE DEL ARMA DE CABALLERÍA, REFLEXIONES DEMOCRÁTICAS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 1 hora
El teniente del arma de caballería Pedro Camejo, históricamente conocido como “El negro primero”, lo cual en realidad no fue un apodo, era un título otorgado por sus compañeros, del cual se sentía orgulloso, ganado en los campos de batalla, ya que en el momento de entrar en combate, no aceptaba que nadie se le pusiera por delante, solía constantemente repetir esta frase, “por delante de mí en combate, solo la cabeza de mi caballo”, Pedro Camejo, fue un humilde soldado de la gesta libertaria independentista, nació esclavo en los llanos venezolanos, esclavo y... más »

ANA MARÍA MATUTE, MIS AMIGOS DE CANTV

Si para algo sirven los jerarcas del régimen es para contar chistes. Chávez era muy bueno en eso. Si alguien lo hubiera llevado para un programa como Sábado Sensacional, hubiera sido un éxito y nos hubiéramos ahorrado demasiadas muertes.

El nuevo cuento es que van a poner antenas satelitales para controlar la venta de gasolina iraní en las estaciones de servicio. No hay nada mejor que la risa para conjurar los efectos de la quimioterapia, y por eso estoy gozando a pesar de que el régimen lo que quiere es mantenerme jodida.

Pueden poner todas las antenas que quieran, pero que transmitan algo es otro asunto. Si dependen del satélite Simón Bolívar, pues ya sabemos lo que puede pasar. Y si pretenden conectarse por Internet, los espero en la bajadita.

II

Todo lo que dicen los jerarcas son idioteces. El detalle es que a veces les salen bien, como el objetivo de mantenernos incomunicados. Y pensar que llegué a quejarme de un servicio de reporte de averías al que uno llamaba y le atendía un operador que lo acompañaba a hacer las pruebas del equipo.

Ahora ni siquiera responden. No hay manera de ponerse en contacto con nadie en Cantv y se hacen los locos si uno hace un reclamo por las redes sociales.

Muchos dirán que no debería quejarme, que tengo más de lo que muchos tienen ahora. Créanme, pienso en eso todo el tiempo y agradezco. Sobre todo a los amigos y allegados que han colaborado conmigo para que yo pueda ponerme mi tratamiento sin angustias y sin esperar que el régimen le dé la gana de dármelo.

Pero igual me siento maniatada. No puedo comunicarme con nadie. No tengo teléfono fijo desde hace un año y ahora no tengo Internet, el único recurso válido que necesito para ganarme la vida. Pero no puedo esperar que @ContactoCantv responda y arregle la avería que me afecta, porque supongo que así hay miles de venezolanos.

III

Así que los que están preocupados por las amenazas que lanzan a diestra y siniestra los jefes del régimen, no les hagan caso. No son capaces de implementar un sistema que limite la compra de gasolina simplemente porque acabaron con las comunicaciones del país.

Pasará como con la temprana cuarentena decretada en marzo para ocultar la falta de combustible. Usarán todo lo que tengan a su alcance para disfrazar su ineptitud y su inequidad a la hora de repartir la poca gasolina que compraron.

Y a mis amigos de @ContactoCantv, no se preocupen, que así sea con señales de humo seguiré escribiendo y exigiendo mis derechos.

Ana María Matute
amatute@el-nacional.com
@anammatute
@ElNacionalWeb

TRINO MÁRQUEZ, 5 SÍMBOLOS DEL FRACASO

El ingreso de los cinco tanqueros iraníes al país, representa el fracaso rotundo del régimen en la conducción de la industria petrolera desde que asumieron el poder en aquel lejano y trágico febrero de 1999. Nicolás Maduro intenta mostrar el arribo de esos barcos como un éxito de la diplomacia. Tal pretensión constituye un fraude. Venezuela tuvo algunas de las refinerías más grandes y eficientes del planeta. Amuay, Cardón, El Palito y el Complejo Refinador de Paraguaná constituían un modelo de eficiencia. En conjunto, las refinerías producían más de un millón de barriles de gasolina al día, suficiente cantidad para abastecer el mercado interno y exportar a los países vecinos. Ese volumen permitía mantener el precio del combustible muy por debajo de los estándares internacionales. 

Ahora, esa gasolina barata que antes se producía con petróleo venezolano en tierras venezolanas, hay que importarla, a un costo sideral, de una nación situada al sur de Asia, entre el mar Caspio y el golfo Pérsico,  a miles de kilómetros de distancia de Venezuela. Maduro argumenta que la escasez se debe a las sanciones norteamericanas. Puras mentiras. Lo más paradójico y trágico de la situación es que Irán carga con sanciones internacionales en el área petrolera, gasífera y petroquímica desde hace más de cuarenta años.  

Luego del triunfo de la Revolución Islámica en 1979, las primeras penalizaciones fueron aplicadas por Estados Unidos, país que acusó a la nación persa de fomentar la formación de grupos terroristas que atentaran contra el Estado de Israel. En 1981, en el marco de los Acuerdos de Argel, suscritos para reducir las tensiones entre ambas naciones, los castigos se suavizaron. Pero, en 1987, con Ronald Reagan en la presidencia, los conflictos volvieron a escalar, al igual que las condenas. Más tarde, cuando se comprobó que los iraníes estaban trabajando en el enriquecimiento de uranio para fabricar armas atómicas, la Unión Europea se sumó al cerco. Los ayatolas dijeron que se trataba de calumnias. Que el gobierno persa solo estaba interesado en piadosos fines civiles como mejorar  la energía eléctrica y fomentar el desarrollo de la medicina.  

Si un país que ha estado asediado durante cuatro décadas por buena para del mundo democrático, posee gasolina y mejoradores para refinar el petróleo, carece de sustento el argumento tan cacareado por el régimen, según el cual la falta de combustible se debe a las recientes sanciones norteamericanas.  

Otro aspecto del tema se relaciona con el giro estratégico dado por la nomenclatura chavista. Nicolás Maduro ha insistido en que de por medio solo existe un acuerdo comercial normal entre dos naciones amigas, una de las cuales posee en abundancia un recurso que la otra necesita. Visto el asunto desde esa perspectiva, da la impresión de que se trata de un simple acto de compra-venta que tiene como escenario el mercado internacional. Una relación entre un oferente y un demandante, en la cual no debe interferir ningún tercero.  Sin embargo, el problema no puede despacharse de forma tan sencilla.  

En este caso no se reduce a una alianza desventajosa con los chulos de la tiranía cubana; o de asociaciones económicas leoninas con los pragmáticos chinos; ni siquiera, de convenios desiguales con el señor Vladimir Putin. Frente a esos escenarios, el gobierno norteamericano no ha pasado de mostrar su enorme desagrado y aplicar unas restricciones que no han provocado los resultados  esperados. Maduro ha sobrevivido serpenteando los obstáculos.  Ahora el conflicto toma un curso diferente. En la actualidad se trata de que el gobierno de Maduro está tejiendo nexos demasiado estrechos con un Estado acusado de fomentar el terrorismo a escala internacional y de apadrinar grupos antinorteamericanos y antisemitas tan agresivos y destructivos como Hezbollah, la Yihad Islámica y Hamas. Esos vínculos con la teocracia iraní, tan ávida de expandirse por el planeta,  coloca el conflicto de Venezuela en una nueva dimensión.     

En Estados Unidos los republicanos y los demócratas difieren en casi todos los puntos que forman parte de la agenda nacional: desde cuál debe ser  la orientación del presupuesto nacional hasta cómo actuar frente a la pandemia del Covid-19. Dentro de la  opinión pública ocurre lo mismo. No existen acuerdos  unánimes, ni siquiera amplios, en torno al matrimonio entre parejas del mismo sexo o a cómo actuar frente al número creciente de emigrantes. No obstante, hay un aspecto en el que todos los norteamericanos están de acuerdo: preservar la seguridad nacional; no tolerar ninguna amenaza que  arriesgue su integridad. Cuando la seguridad nacional se ve en entredicho el país reacciona de forma cohesionada. 

El giro dado por Maduro tensó la cuerda. Cuesta creer que los clérigos fundamentalistas chiitas -en permanente competencia con sus eternos rivales, los clérigos sunitas, para ver cuál de los dos grupos crece más alrededor del globo terráqueo- vean a Venezuela como una simple oportunidad comercial. Hay que observar cómo evoluciona la relación entre el gobierno izquierdista de Caracas y la teocracia de Irán. Conviene estar alertas y muy preocupados. El régimen pasó a jugar en una liga peligrosa. 

Trino Marquez Cegarra
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc

RICHARD CASANOVA, ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL CASO DE VLADIMIR VILLEGAS?

Después de la salida de Vladimir Villegas de Globovisión se han producido al menos tres reacciones: unos han querido convertirlo en una víctima del gobierno, casi un mártir de la oposición y levantan las banderas de los principios que en otras oportunidades no izaron y más bien mantuvieron un silencio cómplice ante las arbitrariedades del régimen. Otros, en particular la oposición más radical, lo han deshuesado, lo acusan de chavista encapillado, infiltrado, traidor, enchufado, testaferro de Gorrín y más. No sólo justifican la expulsión de Globovisión sino que la aplauden. Sin duda, ambas posturas son un exceso.

Y finalmente hay un sector muy amplio que ha mantenido la distancia, una actitud prudente. Saben que -como dijo el mismo involucrado- salió "por presiones del gobierno" y aunque no celebran los abusos, sienten que hay algo que no está claro. Además no perciben a la supuesta víctima como un opositor auténtico y comprometido. Sobran las razones para dudar y todo el mundo tiene derecho a ello. Con relación a las verdaderas razones de la salida de Vladimir Villegas circulan en los predios políticos dos hipótesis. Pero antes de exponerlas, conviene delimitar el contexto y responderse a sí mismo varias preguntas. Veamos...

Últimamente a ese programa solo es invitado el chavismo, también una oposición laxa, timorata; y por supuesto, los falsos opositores que todo el mundo conoce y repudia. Por ejemplo, uno de sus últimos entrevistados fue Enrique Ochoa Antich, quien interpuso un recurso ante el TSJ de Maduro en contra de la Asamblea Nacional legítima. Es decir, a favor de asamblea chimba y gobiernera que preside Luis Parra. Y así por el estilo, ha entrevistado a los llamados diputados CLAP y a otros "opositores" brinca-talanqueras. Y claro, no podían faltar algunas figuras prominentes de esa vergüenza nacional que llaman "la mesita". Entonces ¿Qué pudo haber molestado tanto a Maduro como para tomar esa decisión? Nada! El periodista Villegas fue muy cuidadoso y siempre se portó muy bien.

Con ese antecedente, tiene razón la gente en sentir que algo huele mal. Al menos, no se puede comparar la supuesta presión ejercida para sacar a Vladimir Villegas con la larga lista de tropelías y abusos contra la libertad de expresión, cometidas -por cierto- con la participación de su hermano Ernesto Villegas, hasta hace poco Ministro de Comunicaciones del régimen y aun un encumbrado burócrata de la dictadura. ¿Dónde estaban entonces los que hoy levantan su voz contra la injusticia? El silencio de su propio hermano le otorga la razón a esa mayoría opositora que mira de reojo la situación e intuye que hay gato encerrado.

En fin, para terminar con el contexto, vale recordar que Vladimir y Nicolás son amigos y estudiaron juntos bachillerato. Con más razón, surgen dudas en torno a la motivación de esa "decisión". Y las comillas caben porque de verdad, no hubo decisión alguna. Según el propio Villegas, salió "por presiones del gobierno de Maduro". En el peor de los casos, la decisión fue de su amigo Raúl Gorrín, quien cedió a la presión sin pelear. Siendo así, muchos se preguntan ¿por qué yo voy a hacer un alharaca si un empresario abiertamente vinculado al régimen, presuntamente cede a la presión y decide cortarle el cuello a su camarada, amigo, socio, empleado o lo que fuera?

Es aquí donde entra la primera hipótesis, según la cual el episodio es realmente un conflicto interno del chavismo, entre el madurismo y el ala que dirige Raúl Gorrín, quien se ha convertido dentro del oficialismo en un factor, no sólo económico. Algunos le agregan que en este conflicto subyacen intereses crematísticos entre socios incómodos, molestias por un mal reparto o conflictos típicos entre el testaferro y el mandón. Naturalmente, con un gobierno tan corrupto a nadie le extrañaría. Sin embargo, por ahora es mera especulación y no nos hacemos eco de ella. Simplemente se comenta a título de inventario.

En esta hipótesis, Maduro actuó para cerrar un espacio televisivo que estaba siendo utilizado -no a favor de la oposición- sino para fortalecer a grupos internos dentro del chavismo que lo adversan y a otros en la periferia que medran del poder. Si ese fuera el caso, es de suponer que el dueño de Globovisión decidió no jugar duro en esta partida y sacrificar un peón en este borrascoso ajedrez.

La otra hipótesis advierte que la salida de Vladimir Villegas es una jugada fríamente calculada del régimen con varios objetivos: 1) Lavar la cara del periodista para intentar colarlo al CNE como una ficha opositora. 2) Aprovechar la coyuntura compleja de la oposición para introducir un ingrediente de disociación que -no sólo genere controversia- sino que sirva como pote de humo justo cuando la gente responsabiliza al gobierno de la salida de DirecTV y el show de la gasolina iraní no les funcionó como esperaban. Y 3) Intentar fortalecer a un sector que sostiene una retórica opositora pero viene trabajando para dividir a las fuerzas democráticas, debilitar a la legítima Asamblea Nacional y sembrar desaliento con su crítica permanente e infundada. Me refiero a esos sectores que tienen tiempo haciéndole comparsa al régimen y que yo he llamado "la oposición proxeneta".

En conclusión, sea una hipótesis u otra, lo menos que se ve es una violación a la libertad de expresión y en todo caso, aunque no se justifica una actitud caníbal contra el periodista Vladimir Villegas, la gente tiene razón a abrigar dudas sobre la real motivación de la "decisión". Mi recomendación es que pasemos la página y nos ocupemos de lo verdaderamente relevante: la tragedia que sufre la inmensa mayoría del pueblo venezolano y lo que debemos hacer para salir de esta pesadilla.

Richard Casanova
richcasanova@gmail.com
@richcasanova

(*) Dirigente progresista / PJ / Vicepresidente ANR del Colegio de Ingenieros de Venezuela,

FERNANDO MIRES, LA ECONOMÍA DEL SACRIFICIO, POLÍTICA Y CULTURA

1.

Prefiero morir de covid-19 que de hambre. Al leer esa pancarta chilena sentí un escalofrío. Fue lema en las demostraciones de La Pintana y Puente Alto, dos comunas con predominio de personas de bajos ingresos. Allí el bicho picó fuerte. No obstante, pasado el efecto del impacto y observando con más detención al video, pude percibir que los manifestantes se expresaban más o menos con el mismo estilo, disposición y griterío de los llamados estallidos de octubre de 1919.

La pandemia es la continuación del estallido bajo otras formas habría dicho Clausewitz si hubiese sido chileno. Fuertes insultos en contra del presidente Piñera, rostros aparentemente iracundos, puños cerrados y en alto, todo en modo comunacho.

La pancarta te ponía entre dos alternativas: o te mueres contaminado o de hambre. En el fondo, nada original. A los chilenos gusta la palabra muerte. No por casualidad somos el país con más alta tasa de suicidios del continente (en algo hay que distinguirse pues). Sobre todo si la muerte anda rondando y no deja otra alternativa que vencer o morir. O tú me das lo que te exijo, o me muero. Dilema muy irreal por lo demás.

Entre morir de hambre o de covid 19 hay una paleta de posibilidades. Por otra parte, no hay seguridad de que todos estén convencidos de que entre morir de modo coronario a de raquitismo hay que elegir lo primero. Porque eso de perecer intubado o agonizar boca abajo es una tortura dantesca, por no decir pinochetista. En esas condiciones quizás algunos prefieran morir de hambre. No había razón entonces para impactarse tanto con la pancarta. Pero de pegar, pega. Y pega duro.

Continuando con el video pude darme cuenta que no todos los manifestantes protestaban por la mala distribución de alimentos. Otros lo hacían en contra del paro de la producción y del comercio, del cierre de fabricas y de los consecuentes despidos ocupacionales. Y por supuesto, no faltaban los que simplemente protestaban en contra de las medidas de protección. En fin, como habría dicho Ernesto Laclau, un compendio de demandas inequivalentes articuladas bajo un significante vacío. El significante vacío es ese odio (sí, odio) que despierta Piñera entre distintos sectores de la sociedad chilena (no sólo entre los más pobres)

No es el lugar para causalizar ese odio. O porque es millonario, o porque todo lo que dice le sale mal (en tono falsete), o porque es pesado de sangre, o qué se yo. El hecho es que ni entre los suyos es querido o por lo menos, respetado. Su autoridad, cuando la ejerce, deviene del cargo, no de su persona. En fin, la manifestación chilena no parecía ser sino una clásica reacción tercermundista donde las adhesiones personales suelen ser más fuertes que las políticas o las ideológicas, en un país también tercermundista que durante un tiempo padeció de ínfulas primermundistas.

¿O no? Tal vez no. Parece que no es todo así.

2.

Una impresión diferente obtuve cuando llegó el momento de observar las reacciones públicas que han despertado en Alemania las medidas de protección recomendadas por el gobierno de Ángela Merkel. Un gobierno que a escala mundial figura como modelo de sabiduría y prudencia, sobre todo si es comparado con el de mandatarios como Johnson en Inglaterra o Sánchez en España. O con Trump, quien al intentar minimizar la grave enfermedad solo puede encontrar su parangón en el irresponsable Jair Bolsonaro.

Cierto es que la mayoría de los ciudadanos alemanes han seguido las instrucciones del gobierno con disciplina. Pero a la vez, aunque parezca sorprendente, en pocos países es posible computar tantas protestas masivas en contra del gobierno. Una paradoja. Aunque la explicación no es tan compleja. En Alemania, los dos extremos, los protofascistas de Afd (Alternativa por Alemania) y Die Linke (la izquierda) han llegado a un acuerdo tácito (no explícito): protestar en conjunto en contra de Merkel.

Las imágenes televisivas hay que tomarlas en serio. En Berlín y otras ciudades los manifestantes suman miles. Difícil es saber quienes son de extrema izquierda y quienes de extrema derecha. Si se diferencian en algo es por la indumentaria. Los de derecha prefieren colores oscuros, los de izquierda, más bien chillones. Pero los gritos son los mismos. Pocas veces la conocida frase “los extremos se tocan” ha alcanzado mayor verosimilitud pues los manifestantes, desafiando a la regla de la distancia física, se “tocan” de verdad.

Algunas pancartas son ingeniosas y hasta sorprendentes: “Devuélvannos la libertad” “Me han robado mi primavera”. Otras son radicales: “Vivimos bajo la dictadura de los virólogos” hasta llegar a las conspirativas: “Covid-19 es una invención de Bill Gates” y otras parecidas. Todo eso podría pasar al ítem de los acontecimientos exóticos que ha originado la pandemia. No obstante, la impresión es que los manifestantes expresan un malestar muy difundido. Esos grupos no han inventado ese malestar, pero sí intentan, a su manera, politizarlo. Y, gracias a la inmensa – y sospechosa- cobertura de la prensa, lo están consiguiendo.

En pocas palabras, lo que ambos extremos de la política alemana han captado, es la dimensión social de la crisis pandémica. Una muy heterogénea. Desde las familias que no se soportan en sus departamentos, pasando por quienes ven sus puestos de trabajo amenazados, hasta llegar a los grandes comerciantes, a la industrias gastronómicas y turísticas y a los cientos de ramas empresariales sometidas a receso temporario.

Dicho sin el patetismo de los manifestantes chilenos, son cada vez más los ciudadanos alemanes que prefieren arriesgar y enfermarse con el virus a tener que soportar la inseguridad de un descenso social, las inevitables desventajas económicas, las desocupaciones masivas, o simplemente, cambiar de modo de vida. La presión ejercida en contra de Merkel es enorme.

Merkel no da su brazo a torcer. Está cien por ciento convencida de que un relajo en las medidas impuestas puede llevar a una segunda ola pandémica. Ha dicho que más vale esperar unas semanas. Pero no puede pasar por alto el carácter federal de la nación. Al fin, confiando en la inteligencia de los ministros presidentes, ha cedido a ellos la toma de iniciativas destinadas a controlar los efectos de la crisis.

Todo parecía marchar bien, hasta que estalló la rebelión de Ramalow, en Turingia

Bodo Ramalow, miembro de la Linke, ministro-presidente gracias a votos socialcristianos, puso la nota alta. Decidió suprimir todas las medidas de protección, conservando solo una, el uso de la mascarilla, vale decir, la que se encuentra en un muy tercero lugar después de la distancia física y del lavado de manos.

El oportunista ministro-presidente pensó seguramente que había llegado su momento de gloria. De hecho, con su desobediencia – no solo a Merkel sino al consenso establecido por los demás ministros-presidentes - perseguía tres propósitos. Primero, conquistar adhesiones en el creciente público que prefiere enfermarse a cambiar su modo de vida (sobre todo las vacaciones que para muchos son sagradas) Segundo, hacer una zancadilla a Merkel y lesionar su imagen de líder europea en contra de la pandemia. Y tercero, el más decisivo, recibir el apoyo de los principales grupos económicos de Turingia ¡Qué mejor!

3.

La gran mayoría de los gobiernos regionales y de los partidos políticos, con excepción de AfD, se pronunció en contra de Ramalow quien hubo de pasar a la defensiva aduciendo haber sido “mal interpretado” (imposible, fue demasiado claro). Sin embargo, Ramalow no puede cantar derrota. Lentamente los gobiernos regionales comienzan a hacer suya, en contra de la opinión de Merkel y de los institutos de virología, la tesis de Ramalow, pero expresada de modo más civilizado. La tesis dice así: la desescalización se irá realizando paso a paso, en tanto no aumente el número de contagiados. Suena bien. Pero hay un detalle: ¿qué quiere decir “no aumente”? Ahí esta el problema: No quiere decir que la curva baje sino que se mantenga “aplanada” y eso a su vez quiere decir, en la medida de que el número de personas contagiadas y muertas, que de hecho es muy alto, no siga subiendo. En claro idioma: la pronta estabilización de la economía pasa por aceptar una cantidad “razonable” de muertos.

Frente a la crisis pandémica hay dos alternativas. Una es la del gobierno Merkel: prolongar las medidas restrictivas hasta que el peligro de contagio sea reducido al mínimo. La otra es la de la economía: mantener un equilibrio entre la curva de ascenso de la mortalidad y la curva de crecimiento económico. Esa es la posición que en estos momentos prevalece. La recuperación inmediata de la economía pasa inevitablemente por el sacrificio de vidas humanas, sobre todo la de personas debilitadas por enfermedades crónicas, no todos ancianos. Como dijo con brutalidad un alcalde del Partido Verde: “Al fin y al cabo. los viejos van a morir pronto”. Su brutalidad le costó el puesto, pero todos sabemos que si bien pocos se atreven a decirlo públicamente, esa es la opinión de gan parte de la ciudadanía.

Entre la pancarta chilena “prefiero morir de covid-19 a morir de hambre” y la tesis predominante en la política y en la economía alemana, “preferimos una determinada cantidad de personas muertas a tener que bajar nuestro nivel de vida”, hay una innegable relación de parentezco. Ambas ponen la razón económica por sobre la razón de la vida. La economía de nuestro tiempo continúa siendo sacrificial.

He escrito “continúa”, y me explico: en estos días pandémicos he estado leyendo los libros de Yubal Harari. En su magnífico Sapiens, Harari hace una detallada descripción de la economía de los pueblos cazadores-recolectores. Tanto en la caza como en la recolección, los seres discapacitados, los viejos y los heridos, eran un obstáculo y por eso mismo debían ser sacrificados. Ahora bien, la crisis pandémica ha demostrado que si bien ya no somos recolectores ni cazadores, la lógica económica de nuestro tiempo no está tan alejada de la de nuestros antepasados más originarios. En situaciones límites la sociedad moderna, pese a todos los adelantos tecnológicos y digitales, vuelve a sus inicios sacrificiales. Probablemente tenía razón Nietzsche cuando afirmó que el humano todavía no ha salido de su pre-historia.

Lo aquí escrito – entiéndase bien – no debe ser tomado como crítica, ni social ni cultural. Es solo una constatación. Nada más.

Fernando Mires
mires.fernando5@gmail.com
@FernandoMires1
Alemania-Chile
https://polisfmires.blogspot.com/2020/05/fernando-mires-la-economia-del.html

ALFREDO M. CEPERO, ¿POR QUÉ LOS PUEBLOS COMETEN SUICIDIO?


En mi opinión, el mejor antídoto contra el suicidio de cualquier pueblo es crear ciudadanos que tengan el coraje de confrontar los mitos, el sentido común de cuestionar las nuevas ideas y la capacidad de pensar por sí mismos. En esto cuento con el aval de aquel iluminado que fue José Martí, quién dijo: "Creen hombres quien quiera pueblos".


Una pregunta difícil de contestar pero digna de tomar en consideración porque una respuesta acertada impactaría la felicidad y la prosperidad de muchas personas. Una incógnita que se remonta a los primeros pasos del hombre sobre la Tierra. ¿Por qué se dejó Eva cautivar por la serpiente para que desobedeciera el mandato divino de no comer la fruta prohibida?  ¿Por qué se dejó Adán seducir por Eva para que comiera la manzana que lo condenó a él y a su descendencia al destierro y al sufrimiento? Dos preguntas para las que nadie, que yo sepa, ha proporcionado una respuesta satisfactoria; pero que demuestran la gigantesca incógnita que es el hombre.

Y, hablando de incógnita, el francés Alexis Carrel, en su muy difundida obra "La Incógnita del Hombre", ensayó una respuesta cuando dijo: " El hombre que conocen los especialistas no es pues el hombre concreto. El hombre real no es más que un esquema compuesto con esquemas construidos por las técnicas de cada ciencia. Es, a la vez, el cadáver disecado por los anatomistas, la conciencia que observan los psicólogos y los amos de la vida espiritual, y la personalidad que la introspección revela en cada uno de nosotros".

Al mismo tiempo, el ser humano no siempre sabe discernir conforme a la razón y por esa causa no aprende de la experiencia y vuelve a equivocarse en una situación semejante. Si a eso sumamos la fatídica mezcla de la ignorancia con la arrogancia nos encontramos con que, combinando dos refranes, podemos decir que: "El hombre es el único animal que no aprende por cabeza ajena y que tropieza dos veces en la misma piedra". En nuestra América hay ejemplos de pueblos que se creyeron inmunes al virus del comunismo y hoy sufren opresión y miseria bajo la bota de la tiranía cubana.

Otro francés, Gustavo LeBon, en su libro "Psicología de las Multitudes", afirma: "La masa es más que la simple adición de los individuos que la componen y es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado". Por otra parte, el anonimato del que disfrutan como parte de un grupo numeroso, produce en sus integrantes un sentimiento de impunidad que los impulsa a una conducta belicosa y destructiva.

Por ejemplo, la masa criminal que asesinó, el 14 de julio de 1789, a Launay, gobernador de la Bastilla, estaba compuesta por honrados tenderos, boticarios y artesanos. Lo mismo puede decirse de la noche de San Bartolomé, de los comuneros, de los cubanos que en 1959 pedían "paredón" para los miembros del gobierno anterior y de toda suerte de manifestaciones públicas que terminan en orgías de sangre, saqueos y destrucción.

En tal sentido, podemos decir, sin temor a exagerar, que acontecimientos como estos son motivados por la renuencia de los ciudadanos a asumir la responsabilidad de velar por la honestidad del gobierno y el bienestar de su pueblo. Porque cuando la ciudadanía asume una actitud de indiferencia, el pueblo se convierte en una tribu dispuesta a seguir al primer  líder que le señale cualquier camino por equivocado que éste sea.

Ese fue el caso inaudito de un pueblo supuestamente educado y pragmático como el alemán. Los estudiosos del tema concuerdan en que el régimen de Adolfo Hitler fue el gobierno más popular en la historia alemana. Pero, todos sabemos que, después de la guerra, muy pocos alemanes admitieron haber colaborado con el Partido Nazi. Y esto no era una mentira sino parte del engaño perpetrado por todos los regímenes fascistas sobre sus víctimas.  

Otro ingrediente manipulado por los déspotas para someter a sus víctimas es la creación del mito. El líder valiente, inteligente e infalible que los conducirá a la tierra prometida.  Tales han sido los ejemplos de líderes carismáticos como el propio Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Fidel Castro, Mao Tse Tung,  José Stalin, Hugo Chávez y  Juan Domingo Perón.  El Che Guevara fue un fenómeno diferente pero digno de analizar.

Este "atorrante" fue exaltado de la mediocridad a la idolatría por una prensa comprometida con el castro comunismo. No se graduó de médico, no sabía una "papa" de economía, ni tenía habilidad de escritor. Sin embargo, era tratado como médico, fue presidente del Banco Nacional de Cuba y plagió el libro sobre guerrillas escrito por Mao Tse Tung. Pero el error de competir con Fidel Castro en sus proyecciones políticas le costó la vida en el pueblucho de La Higuera, en Bolivia.

Ahora bien, en la región donde el mito adquirió proporciones galácticas fue en la América Latina. El venezolano Carlos Rangel lo describió en forma magistral en su obra "Del buen Salvaje al buen Revolucionario". El principal mito a rebatir por Rangel es lo que él identifica como una versión adaptada del mito del buen salvaje y la Edad de Oro —mitos del Viejo Mundo— en la que los latinoamericanos serían personas buenas pero corrompidas por la sociedad occidental. Esta mitología sería el resultado de un proceso compensatorio ante el fracaso histórico de las naciones hispanoamericanas frente al progreso de la europea y la norteamericana que en algunos casos partieron de iguales o peores condiciones.

Pero, a pesar de todos sus progresos, las naciones desarrolladas no cuentan con un seguro que las proteja contra el suicidio. Tal es el caso de la propia capital del capitalismo en el mundo. El control de los claustros universitarios por la izquierda vitriólica y la ignorancia de la juventud americana sobre la realidad de los regímenes totalitarios de izquierda ponen en peligro a la democracia en los Estados Unidos. Esos jóvenes, ignorantes del fracaso y de la maldad de los regímenes comunistas, creen en la fábula del socialismo idealista y teórico que les venden el obsesivo Bernie Sanders y la alucinada Alexandria Ocasio-Cortez.

Esa juventud desorientada y desarraigada no ha tenido el beneficio de una sólida educación de historia. Y los pueblos sin historia son una macilla moldeable en las manos de demagogos y tiranos. Sus profesores le han ocultado esa historia para llevarlos con mayor facilidad hacia el abismo de un comunismo disfrazado de socialismo democrático. No se han enterado que el socialismo, en cualquiera de sus formas, es un camino que siempre termina en el comunismo.

Si estos jóvenes hubieran escuchado las advertencias de Churchill, o Thatcher sus profesores no habrían podido envenenarles las mentes. Margaret Thatcher describió la doctrina diabólica con muy pocas palabras: "El problema con el socialismo es que fracasa cuando se le acaba el dinero de los demás". Pero fue Winston Churchill, el hombre de hierro que salvó a Inglaterra de la furia destructiva del nazismo, quien lo describió en forma brutal en un discurso pronunciado en la Universidad de Fulton, en los Estados Unidos, el 5 de marzo de 1946. "Por cuanto he visto de nuestros amigos los rusos durante la guerra, estoy convencido de que nada admiran más que la fuerza y nada respetan menos que la debilidad". Después de esto, no es  necesario decir mucho.

Sin embargo, no es posible mantener silencio en cuanto a esta compleja situación de los pueblos que cometen suicidio. Aún cuando no exista una solución total contamos con medios para reducir el riesgo. Dos de ellos me vienen a la mente en este momento. Primero, poner fin a la primacía de una ideología sobre otras en nuestros centros de educación y enseñar a los estudiantes a optar entre varias. Segundo, establecer límites de tiempo en el ejercicio de los cargos de los miembros de los gobiernos a todos los niveles. Dos metas ambiciosas que demandarán tiempo y esfuerzo pero la alternativa es tan devastadora que no puede ser ignorada.

En mi opinión, el mejor antídoto contra el suicidio de cualquier pueblo es crear ciudadanos que tengan el coraje de confrontar los mitos, el sentido común de cuestionar las nuevas ideas y la capacidad de pensar por sí mismos. En esto cuento con el aval de aquel iluminado que fue José Martí, quién dijo: "Creen hombres quien quiera pueblos".

Alfredo M. Cepero
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
La Nueva Nación  
Director de www.lanuevanacion.com
Estados Unidos