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viernes, 24 de julio de 2020

OMAR ÁVILA, ABSTENCIÓN ES EXTINCIÓN

Quiero comenzar mi artículo de opinión de esta semana, haciendo un llamado a nuestro pueblo a cuidarnos. Las noticias del contagio de personalidades en nuestro país y en el mundo, antes que cualquier otra consideración, debe abrirnos los ojos sobre una realidad indiscutible: no estamos a salvo, todos podemos contagiarnos y el peligro es real, y en un país tan vulnerable como el nuestro, en el que las cifras vienen subiendo exponencialmente, la probabilidad de que sea mortal es mayor.

Estamos en una nueva realidad. A las condiciones políticas y técnicas que debemos exigir al Poder Electoral, tenemos que sumarle ahora las garantías sanitarias para evitar que el COVID-19 continúe propagándose, o en su defecto si de aquí al 6D ha logrado controlarse, este evento no termine generando un nuevo brote.

Al día de hoy, continuamos pagando las consecuencias de la abstención del 2005, fue una experiencia política nefasta, fue ahí cuando comenzó el desmontaje institucional en Venezuela.

Cada día son más los venezolanos que “abren los ojos”, que entienden y aceptan que los marines no van a venir, que las sanciones no sacarán a Nicolás de Miraflores, como no sacaron a los Castros de Cuba, que el TIAR no sirve, que no habrá golpe de Estado con la FANB y que Maduro no va a renunciar. Lo que deja en evidencia que solo nos queda como única arma: el voto.

Que no ganamos nada con no votar, que la ruta de la abstención solo nos lleva a la extinción. Que en política no hay atajos, tiene que haber esfuerzo, trabajo y organización. Hay que volver a motivar a la gente: basta ya de esperar una salida milagrosa, hay que prepararse para la salida real, que la posibilitan el voto y la organización.

En pocas palabras, hay que llevar al gobierno al único terreno en el que le llevamos una ventaja enorme, forzarlo a medirse en el campo donde tiene menos fuerza, como lo es el electoral. Hay que entender que aislando al gobierno, además de aislarnos con él, no conseguimos nada, ya que el régimen es el que mayor capacidad tiene para soportar el aislamiento.

En fin, no es posible un país "libre de madurismo", así como no es posible un país "libre de la oposición" La fantasía de ganarlo todo -por parte de ambos bandos- está destruyendo al país.

Las elecciones parlamentarias, -si la pandemia lo permite-, no pueden entenderse como cierre de un proceso definitivo. Lo más realista es procurar que sean el mejor comienzo posible para una larga etapa de reinstitucionalización de la Asamblea Nacional y de recuperación del músculo político en el seno de la oposición.

Además, si como constantemente repite este sector de que: “todas las opciones están sobre la mesa”, votar sin duda alguna también debe de estar en consideración.

A los que piensan que 2 años es mucho tiempo para llegar a un referéndum revocatorio, y con él la posibilidad real de poder expulsar a punta de votos a Nicolás Maduro y su combo de Miraflores; les recuerdo que ya han pasado más de dos años desde la abstención del 20M 2018 y, año y medio desde que Guaidó juega a ser presidente.

Para finalizar, hay que preguntarse: ¿Cuáles son los resultados tangibles del interinato durante año y medio?

Omar A. Ávila H.
dip.omaravila@gmail.com
@OmarAvilaVzla 
www.unidadvisionvenezuela.com.ve 
Diputado a la Asamblea Nacional

domingo, 5 de julio de 2020

OMAR ÁVILA, “DICTADURA” NO SALE CON ABSTENCIÓN

Convocar elecciones en pandemia parece una estrategia para estimular la abstención por razones de prevención al contagio.

Parte de una táctica que ha venido utilizando un régimen autoritario y hegemónico, que a lo que más le teme es al voto masivo, a la organización y movilización de esa mayoría que lo rechaza.

Como decía Jorge Botti: “el líder señala rumbo, no sigue tendencias, se atreve a pensar distinto y habla sin temor al costo reputacional, aun cuando su planteamiento no tenga el respaldo de la galería que aplaude. Puede que no lo logre, pero el verdadero líder arriesga…”

No conozco ningún caso en el ámbito electoral, en el que la abstención de uno de los sectores en pugna, haya impedido que aquel que obtuvo el mayor número de votos, se le considere ganador y se le proclame como tal. Así que a otro perro con ese hueso, de que dictadura no sale con votos. La verdad, es que dictadura no sale con abstención.

Abstenerse es beneficiar al gobierno y regalarle la AN, como ya lo hemos visto en el pasado reciente. Puede ser que el 20M no lo tenían claro, pero han pasado más de dos largos años, para darse cuenta que le regaló, por ahora mínimo hasta el 2022, a Maduro y su combo. Y lamentablemente, a las pruebas me remito, porque duélale a quien le duela, la realidad es que quien sigue mandando en el país –queramos o no- es Nicolás Maduro, y justamente por esa abstención de un sector opositor que llegaron a pensar, que las elecciones no serían válidas, así como también ocurrió con ese llamado a no votar en el 2005 por una Asamblea que resultó roja rojita y legisló sin ninguna oposición, lo que llamamos en criollo, se les dio un cheque en blanco al oficialismo.

Un sector de la oposición venezolana convenció a una gran mayoría de que absteniéndose deslegitimarían a Maduro. Un ejemplo de que la abstención no deslegitima ni desconoce fue la reelección de Bush en el año 2004. 

La abstención solo ilegitima a la oposición, por la simple razón de perder espacios de elección popular a cambio de inútiles simbolismos, sin dejar opción viable organizativa al pueblo. Desmoviliza y cierra los caminos transitables para el ciudadano de a pie.

Cuando la "ilegitimidad" impida que Maduro se siente en la ONU o Venezuela integre la Comisión de DDHH, en ese momento, tal vez yo considere dejar de votar. De resto, la legitimidad es propaganda.

Además ¿Cómo va a deslegitimar la abstención, en un sistema electoral como el nuestro en el que no es obligatorio votar? Lo que realmente deslegitima es el fraude, y eso solo se puede comprobar participando, teniendo testigos de carne y hueso, con las actas en mano.

Con todo esto solo tengo como objetivo visualizar sobre el poder que tiene el voto, llamar a la reflexión de que es esta la única vía para conseguir una salida en paz de esta crisis que tenemos en todos los ámbitos en el país. No busco convencer a nadie, sino hacer reflexionar con argumentos de que la ruta es electoral, sin necesidad de atacar e insultar a quienes no piensen como nosotros en Unidad Visión Venezuela.

Quien no quiera votar este 2020, que me diga cuál es la solución verdaderamente realizable, sin que el pueblo siga padeciendo las consecuencias de la polarización.

Es propicio recordar que Guaidó y compañía existen gracias a que todos salimos a votar. Sin importar quién presidía el ente comicial. Ese argumento de algunos colegas parlamentarios que dicen que solo irían a elecciones con un CNE nombrado según la Constitución, olvidan que nosotros estamos en el Parlamento y somos mayoría porque ganamos unas elecciones con un Poder Electoral nombrado por el Tribunal Supremo de Justicia (de Maduro) y presidido por Tibisay Lucena.

La verdad es que en las últimas dos décadas, el único Consejo Nacional Electoral         electo por la AN, fue el del 2006, por cierto con una Asamblea totalmente chavista debido a que en el 2005 la mayoría de la oposición se abstuvo. De paso, cabe recordar que, fue con ese CNE que perdió Chávez en 2007 el referéndum para la reforma constitucional, a pesar de que este se encontraba en el mejor momento de popularidad. 

Ganaron en el 2010, pero perdieron en ese momento la mayoría calificada. Gana Nicolás Maduro por mínima diferencia en el 2013, hasta que en la elección del año 2015, cuando a pesar de tener 15 años en el poder y contar con todas las ventajas a su favor los derrotamos con unidad, organización, movilización y con nuestra única arma: el voto.

No voy a negar que hay muchísimas cosas que cambiar en nuestro sistema electoral para recuperar la confianza en el voto. Cambiar el CNE fue solo el primer paso. Nos toca ahora luchar juntos por condiciones que nos permitan expresar la mayoría que somos a través del voto. Lucha que no es solo una tarea de los partidos y de la dirigencia política, sino también de la ciudadanía. Debemos exigir que se respeten nuestros derechos civiles y políticos.

Omar A. Ávila H.
dip.omaravila@gmail.com
@OmarAvilaVzla 
Diputado a la Asamblea Nacional

domingo, 14 de junio de 2020

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, LA ABSTENCIÓN NO ES UN LINEAMIENTO

No hay mayor deseo de quien les escribe que el voto fuera la herramienta ciudadana por excelencia para la generación de los cambios que demanda la patria, pero la realidad indica lo contrario, sí fuera así el país desde hace años hubiese dejado atrás la tragedia comunistoide… fuera solo un mal recuerdo.

Desde sus inicios Chávez desconoció la voluntad popular, en 2001 y 2002 se suscitaron los lamentables hechos de protesta social por negarse medir en un referéndum consultivo, que no era vinculante. En su afamado programa dominical “Aló Presidente” infirió “Así pierda 10% a 90% no voy a renunciar”. Solo cuando pudo asegurar a Jorge Rodríguez como presidente del CNE en 2004, a la par del peor hecho (in)fortuito de nuestra historia (el boom petrolero), aceptó medirse en aquel revocatorio con la utilización de recursos e instituciones publicas ya dominadas por él.

En 2007 pierde la reforma constitucional, pero la impone vía habilitante sin importarle el pueblo la había rechazado. Entre 2008 y 2009 pierde alcaldías y gobernaciones, las cuales recupera a través de desviación de recursos, competencias y tras la imposición de “protectores” totalmente inconstitucionales.

En 2010 el chavismo pierde la Asamblea Nacional en votos, pero la AN y CNE del momento maquinaron una reingeniería antidemocrática para asegurar al Psuv la mayoría de parlamentarios aun siendo minoría en el país.

En 2012, según lo confesará Jorge Giordani en su famosa epístola, Chávez dilapidó el erario venezolano para poder ganar, misma fórmula aplicó Maduro en 2013 en un proceso comicial mucho más oscuro, el cual no se permitió auditar 100%.

En 2015 la debacle final del chavismo, aún con toda la ventaja de recursos, dominio institucional y con la reingeniería antidemocrática que aplicó en las parlamentarias anteriores, pierde por paliza la Asamblea Nacional. Dos semanas más tarde, entre gallos y media noche decembrina, el TSJ rojo rojito interrumpe sus vacaciones para eliminar “provisionalmente” 3 diputados a la MUD a fin de anular la mayoría absoluta que permitiera a la oposición, entre otras facultades, convocar una constituyente real… a más de 4 años todavía estamos a la espera de la sentencia final.

En 2016 el régimen se burló de los venezolanos evadiendo el revocatorio, jurídicamente hablando, de la manera más vulgar posible. En 2017 el chavismo se desnuda, consuma un intento constituyente ilegal, ilegitimo, ensangrentado. Desde entonces, perpetra procesos electorales imponiendo partidos, candidatos, electores y resultados… las presidenciales 2018 fueron el mayor descaro, las cuales le costaron al régimen el último vestigio de legalidad que le quedaba e infinidad de sanciones.

De este modo se demuestra, no con retorica sino con hechos, que el chavismo es inmune a lo electoral, aún perdiendo los espacios no pierde, como vemos, los recupera asfixiándolos económicamente, quitándoles competencias, inventando desacatos, protectores, persiguiendo a los titulares, inhabilitándolos o encarcelándolos ¡¿Cómo es que las próximas parlamentarias van a generar resultados distintos?! Sí apenas en enero 2020 el chavismo se apoderó de la directiva AN a través de un golpe parlamentario perpetrado por una supuesta “oposición que ataca solo a la oposición”, mismos que le sirvieron en bandeja de plata al TSJ la decisión de ratificar “la directiva de Parra”, la designación del CNE y son los únicos que piden más elecciones desinstitucionalizadas… se pagan y se dan el vuelto.

Son muchos los escenarios que pueden dar a Venezuela los cambios que amerita urgentemente, pero definitivamente, el electoral no es uno de ellos, al contrario, afianza el caos.

Para finalizar, es un craso error creer la abstención es producto de lineamientos partidistas ¡Ello es absolutamente falso! en las regionales 2017 la oposición podía ganar al menos 17 gobernaciones y llamó desaforadamente a votar, pero los venezolanos no acudieron a las urnas porque el asesinato de la Asamblea Nacional 2015, poder público más votado en nuestra historia, terminó de aniquilar la esperanza en el voto. De hecho, el pueblo tuvo la razón, las 4 gobernaciones opositoras que se ganaron son hoy cascarones vacíos, prácticamente solo pagan nóminas, el régimen les arrebató recursos, competencias y están supeditadas al “protector”, al chavismo.

La abstención es un fenómeno meramente social, espontaneo, el sentimiento de rechazo más genuino del venezolano en contra de una desinstitucionalización desalmada, corrupta e inútil a los intereses de la nación, fue la abstención la que permitió al mundo conocer la realidad política del país. Ni que la figura política mayormente percibida como opositora, María Corina Machado, mande a votar el venezolano acudiría ¡No irá! sencillamente porque mientras en las oficinas públicas usted se encuentre una foto de Chávez y del “nuevo Bolívar” el venezolano ¡jamás volverá creer en el voto! el chavismo lo sabe y por eso clama elecciones tras elecciones de la mano de una falsa oposición que solo representa las cúpulas de partidos microscópicos.

Las próximas parlamentarias solo traerán más registros históricos de abstención, otra institución chavista desconocida por el mundo y el diario agravamiento de las penurias de los venezolanos… que ya hoy son inaguantables. 

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango

martes, 2 de junio de 2020

OMAR ÁVILA, LA ABSTENCIÓN FRACASÓ Y NADA CAMBIÓ

El gobierno ya en campaña, solo busca estimular la confrontación. Maduro busca radicalizar aún más a los sectores extremistas de la oposición, con el objetivo fundamental de alejarlos una vez más del voto al que sí le teme. Necesita desesperadamente más Operaciones Gedeón. Lanzarnos al pozo sin fondo del abstencionismo.

Dicho de otra manera, el gobierno necesita que los factores extremistas de la oposición la sigan dirigiendo y se radicalicen más. Ante esta provocación del régimen, la dirigencia política de oposición debe mantener cabeza fría y mayor racionalidad.

No podemos seguir con una dirigencia que espera que con la inacción, suceda lo mejor, esa que como se le acabó la lista de fantasías, vuelve con el fulano cuento del TIAR. Que sigue diciendo lo que la gente quiere oír, y no la realidad. Lamentablemente no hay cómo asumir la vía insurreccional contenida en la Constitución porque no hay fuerza interna ni externa. Esa es la cruda verdad, es la hora de que todos hablemos con sinceridad de las opciones electorales a mano, en la que lo primero que debemos de hacer es presionar para que se produzca un acuerdo para renovar el Poder Electoral.

Llegó la hora de que estos sectores reconozcan que la abstención no ha tenido ningún beneficio, que como estrategia fracasó y nada cambió, por ello desde Unidad Visión Venezuela queremos dejar claro que la ruta es electoral, que hay que pisar tierra y concentrarnos en ese camino, - aunque para muchos parezca largo-, es la única vía: Parlamentarias 2020, Regionales 2021, si de aquí al 2022 hemos logrado avanzar lo suficiente vamos por el Revocatorio, y sino tener claro que vamos a organizarnos para en el 2025 ir definitivamente por la silla de Miraflores.

Es importante que distintos sectores de la sociedad, como la iglesia se vayan sumado a esta ruta, y por ende al llamado al voto.

Por supuesto que en el medio de este camino, debe haber una negociación que permita ir avanzando en los distintos problemas que aquejan a nuestro pueblo.

No podemos seguir estancado, ni mucho menos divididos, por ello nuestra invitación es a que trabajemos en la reunificación de la oposición, la reestructuración del liderazgo, la conformación de una plataforma partidista, y la legalización de los partidos ante el CNE para ir sumando fuerza de aquí al 2025.

Quizás hablar con la verdad en este momento no sea suficiente, porque tenemos unas condiciones mucho más adversas que las existentes en 2015 en todos los sentidos, donde el capital político está menguado, pero alguien debe decirlo sin medias tintas.

Pero estoy seguro que podemos lograrlo, nuestra apuesta se basa en la pluralidad, en no caer en falsas retóricas. La democracia en el discurso es bellísima, pero la praxis es la que la valida. ¿Somos demócratas o no? Una coalición reducida al G4 es una representación incompleta y tullida de la oposición. Por supuesto que habría que replantear la Unidad, pero eso implica ampliar eficientemente sus estructuras, no restringirlas a la opinión hegemonizante.

Igualmente el tema del liderazgo de la oposición es complejo. Y lo digo por la calle del medio como me caracteriza: uno de los principales problemas que hemos tenido es la falta de un líder, hasta ahora solo hemos tenido candidatos.

“Liderazgo” que siempre ha estado en competencia. Todos peleando por la medalla de plata. En esta larga ruta, pero segura que estamos planteando lo fundamental es la propuesta, empujar esa unidad de propósitos que demanda ponernos de acuerdo en la estrategia, coincidir en los principios y acciones. Alinearnos en cuanto a los métodos de lucha. Entender que la estrategia inmediatista no funciona, de que poco sirven las encuestas que miden la popularidad individual, cuando no tenemos elecciones presidenciales a la vista

Omar Avila
oavila1973@gmail.com
@omaravila2010
Diputado a la AN

miércoles, 25 de septiembre de 2019

GLADYS SOCORRO: QUITÉMONOS LA VENDA DE LA ABSTENCIÓN

No hay tema más escabroso en Venezuela que la diatriba entre la abstención y la ruta electoral. Es una controversia que con el pasar de los años ha dividido cada vez más a la oposición y generado beneficios insuperables al oficialismo. Aunque exponerlo hoy pública y abiertamente me haga objeto de cualquier tipo de comentarios, lo hago convencida de que es momento de autoevaluarnos dentro de la oposición, poner en blanco y negro qué hemos ganado y qué hemos perdido con cada paso dado, precisar con qué herramientas contamos para seguir, y en consecuencia, definir las estrategias posibles de aplicar para enfrentar a quienes detentan el poder.

Intentaré ser lo más didáctica posible. Abro este espacio para la reflexión y la discusión de ideas alejadas de radicalismos y posiciones absolutas. Dejo muy claro que, aunque tenga marcadas diferencias con la manera en que se vienen haciendo las cosas, sigo apostando a la coalición política nacional e internacional que lidera Juan Guaidó, a la vez que deploro el parapeto a todas luces armado entre el oficialismo y un pequeño grupo de organizaciones para supuestamente impulsar la vía electoral, sin que esto signifique que esté en contra de las negociaciones políticas ni de avanzar hacia un proceso de elecciones.

Dicho esto, comencemos. Vayamos paso a paso, sin mezclar las cosas. La única forma de hacer un análisis con la fría sensatez que se requiere para afrontar los escenarios por venir en el futuro cercano es remontarnos al principio: la llegada de Hugo Chávez al poder hace 20 años. Aunque le parezca fastidioso hablar de lo sucedido hace dos décadas, hoy tiene más vigencia que nunca; primero, porque podríamos estar en puertas de reeditar ese escenario, y segundo, porque es en ese momento que se ve claramente cómo comenzó nuestra tragedia, la que se ha profundizado con el paso de los años y a la que le hemos buscado cualquier tipo de excusas para no aceptar nuestros errores.

De entrada, tengamos claro que nuestra Ley Electoral establece en su artículo 7 que los cargos de presidente, gobernadores o alcaldes se eligen con base en la mayoría relativa de votos, lo que se traduce en la práctica como una mayoría simple: el que más votos obtenga se queda con el coroto. Ni la abstención ni el voto nulo cuentan para algo porque se entiende que el castigo o la aprobación de alguna gestión se expresa a través del voto directo. Además, lamentablemente en nuestras leyes tampoco se estipula la segunda vuelta. Un ejemplo claro de ello es que Hugo Chávez accedió al poder con 33,3% de los votos y una abstención de 36,3%, con un CNE muy alejado de las garras rojas. El mismo patrón abstencionista, entre 4 y 6 millones de electores, se repitió en la convocatoria a la Constituyente en 1999, la aprobación de la nueva Constitución y luego las megaelecciones del año 2000. Insisto, con un CNE que aún no estaba dinamitado por el chavismo.

Evidenciada hasta aquí la importancia inobjetable que tiene la participación ciudadana a través del voto para decidir sobre nuestros gobernantes y el nulo alcance que tiene la abstención en nuestro sistema electoral, pasamos al siguiente nivel cuando el chavismo, una vez ratificados todos los cargos de poder político en el mapa nacional, se lanzó abiertamente a la conquista del CNE. Fue en 2003 cuando entró Francisco Carrasquero a presidirlo y le tocó asumir el revocatorio en contra de Chávez. ¡Cómo no recordar a un Ramos Allup cantando fraude en toda la prensa y televisión nacional sin, hasta la fecha, presentar ni la más mínima prueba de ello! Fue entonces cuando la carrera abstencionista comenzó a formalizarse en el país más como una excusa que como una estrategia bien organizada que nos llevara a puerto seguro. Desde entonces, los políticos comenzaron a inyectarle de manera intravenosa a la gente la gran mentira de que absteniéndose harían sentir sus reclamos.

Un año después, en 2005, llegó la debacle: seguimos empeñados en no votar como mecanismo de protesta y regalamos la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional, permitiendo así la materialización de todas las arbitrariedades oficialistas bañadas en legalidad. Una vez más se nos olvidó el pequeño detalle de que los cargos de elección popular en Venezuela se ganan por mayoría simple, sin importar el nivel de abstención. Necesitamos 10 años para darnos cuenta del error cometido. En 2015 nuevamente entramos en el carril electoral, con un CNE controlado por el chavismo con Tibisay Lucena a la cabeza. Y no solo ganamos sino que obtuvimos las 2/3 partes del Parlamento, lo que nos daba la posibilidad de aprobar leyes sin que los rojos pudieran hacer algo para frenarlas. Si los políticos y sus partidos estuvieron o no a la altura de las circunstancias es otro tema de discusión que no tiene nada que ver con la efectividad del voto. Cuidado. No mezclemos ni nos confundamos. De hecho, es esa elección de 2015 y el triunfo contundente obtenido por la oposición lo que nos ha mantenido con vida porque la AN es el único poder legalmente constituido y avalado por la comunidad internacional.

Es obvio que este CNE no juega limpio. Es evidente que el ventajismo electoral es más descarado con cada elección. Es impostergable caminar hacia su depuración para tener elecciones en igualdad de condiciones. Pero también es cierto que cuando participamos en bloque, con candidatos únicos, cubrimos todos los centros y mesas electorales y garantizamos una participación masiva de electores, nuestras probabilidades de triunfo son extremadamente altas. Así se demuestra, una vez más, en 2013 cuando Nicolás Maduro le ganó a Henrique Capriles, pese a todo el ventajismo electoral y un Chávez recién muerto, por apenas 223.599 votos, pero con una abstención de 3 millones de electores. Si Capriles regaló o no el triunfo como algunos han dejado correr, ese es otro tema que tampoco tiene nada que ver con la efectividad del voto sino con el comportamiento político de individualidades.

En el pasado más reciente, octubre de 2017, y después de no dar pie con bola desde las parlamentarias, la oposición ganó 5 gobernaciones con este mismo CNE. ¿Cómo lo hicimos? Todos los partidos apoyaron a un solo candidato y garantizaron el buen funcionamiento de sus estructuras electorales. En el caso específico del Zulia, Juan Pablo Guanipa le arrebató la gobernación a un chavista del 4F, el organismo electoral se la adjudicó pero este decidió no juramentarse. Aunque esa es otra historia. Si lo hizo por dignidad, por cálculos personales o políticos es otro tema para discutir que nada tiene que ver con la efectividad del voto.

Y así llegamos a las presidenciales de mayo de 2018. Sin duda, en ese momento el problema neurálgico tampoco era el CNE sino el candidato. Y a las pruebas me remito. Cuando se planteó la posibilidad, con base cierta o no, de que el candidato opositor sería el empresario Lorenzo Mendoza, más de 70% de los venezolanos estaba dispuesto a votar. Bastó con que este descartara la opción y Henri Falcón se autoproclamara como el adversario de Maduro para que el problema pasara a ser el CNE. ¿Por qué? Porque los partidos políticos más importantes del país no lograron un acuerdo para un candidato único y Falcón se aprovechó de esa coyuntura y saltó al ruedo. Si este era aliado o no del gobierno o si el G4 promovió la abstención para tapar su imposibilidad de llegar a acuerdos es otro tema para discutir que tampoco tiene nada que ver con la efectividad del voto. El hecho cierto es que teníamos votos de sobra para cerrar la era chavista: Maduro se adjudicó ese triunfo con 6.245.862 votos en contra de una abstención de 11.924.235 más los 2.357.474 que votaron por el resto de los candidatos para un gran total de 14.281.709 votos opositores, cantidad que aún restándole los 4 millones de la diáspora, nos daban 10 millones seguros.

Sé que a estas alturas, después de tanto dolor, tanta miseria, tanta hambre y tanta mutilación familiar, es lógico que invitar a una reflexión clara y sincera sobre la diatriba entre la abstención y la vía electoral desate las reacciones más viscerales y cargadas de odio entre nosotros. Créame que lo entiendo. Yo padezco a diario la calamidad de mi país. Pero es absolutamente necesario evaluar el camino recorrido hasta ahora para poder hacerle frente a lo que viene. Votar por votar sin estrategias no es una opción, pero la abstención por sí sola tampoco nos conduce a nada. Al cerrarse la vía electoral nuestro destino lo ponemos en manos de terceros, quedamos sujetos a lo que ellos quieran, cuando quieran, como quieran y si es que quieren. Los aliados internacionales ya han dicho hasta el cansancio que la vía es la negociación para convocar unas elecciones. Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Votaremos o nos abstendremos? Solo le pido a Dios que nos ilumine porque este país no aguanta más. Ya no tenemos tiempo para seguir dándole palos a ciegas a la piñata.

Gladys Socorro 
@gladyssocorro

sábado, 7 de septiembre de 2019

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ: ESCENARIOS (DIZQUE) ELECTORALES

Paradójicamente, hoy lo electoral no debe ser abordado desde lo político, mucho menos desde la ceguera partidista, debe ser afrontado desde la venezolanidad. Aseverado esto, debemos ponderar la conveniencia de cualquier proceso electoral inmerso en una crisis estructural sin precedentes, donde para nadie es un secreto todos los organismos públicos parecen sedes del partido del gobierno. Asimismo, con casi 5 millones de venezolanos fuera del país debe ser prioritario agotar todos los esfuerzos para que ellos ejerzan su derecho al sufragio antes de cualquier elección, su participación es determinante.  

Por otro lado, es indispensable auditar el registro electoral permanente, así como todos los registros SAIME, despejar todas las dudas que se ciernen sobre éstos. La ingeniería electoral que va desde el marco normativo, circunscripciones y centros de votación exigen misma revisión. Es por todos estos requerimientos, por todas las tinieblas que levantan, que el pueblo venezolano en su amplia mayoría está renuente a votar, pues continuar haciéndolo en este oscurantismo ha llevado a que el voto no premie, no castigue, ni genere cambios. En estas condiciones de severo rechazo a las instituciones públicas, de desesperanza en el voto, forzar procesos electorales produciría estos escenarios:  

Elecciones con nuevo CNE: Este escenario pareciera ser el más trabajado por la dirigencia opositora, presidenciales con nuevo ente rector electoral, sin embargo, sí el chavismo se viera obligado aceptarlas y las perdiera, no debemos olvidar cuál ha sido la suerte de alcaldes, gobernadores opositores electos popularmente y el de la propia Asamblea Nacional, el chavismo institucionalizado, llámese ANC, TSJ y demás poderes públicos psuvizados, les ha castrado competencias, recursos, infringido inhabilitaciones, persecuciones y encarcelamientos. Así, un nuevo presidente opositor muy seguramente correría misma suerte. Por eso, esperar la sola elección de un CNE nuevo e imparcial sea la solución es una forma muy simplista de abordar la problemática real, el pueblo lo sabe y este escenario tampoco aseguraría una participación importante. 

Quienes aluden esta elección sería “vital” para comprobar la ilegitimidad de todo el régimen, les aclaramos que ello no está en discusión desde hace tiempo, en la forma tan flagrantemente ilegal e ilegitima como fue (des)electo Maduro el 20 de mayo de 2018, quedó fehacientemente demostrado, la comunidad internacional determinante e influyente así lo certifica con su no reconocimiento e incontables sanciones ¿llover sobre mojado? Este mismo escenario se aplicaría sí la oposición accediese a las pretensiones del régimen de afrontar por acuerdo un adelanto de parlamentarias.  

Elecciones convocadas por el chavismo: Muy a su usanza, sí unilateralmente el régimen vía ANC-CNE y demás instituciones rojas rojitas decidiese convocar elecciones, por ejemplo, adelanto de las parlamentarias, el resultado sería exactamente el mismo al de los últimos 6 “procesos electorales”, otra abstención histórica, el chavismo sumaría otro poder público ilegal, ilegítimo, no reconocido mundialmente, la crisis del país continuaría su acelerado rumbo de caotización.  

Dos conclusiones, la primera apunta a que el reto para la democracia venezolana (y de la región) no es salir solo de un presidente, sino de toda una usurpación, no olvidemos todo cuanto detenta el chavismo hoy día es ilegal, ilegitimo, sostenido a través de la violencia institucionalizada, salir solo del “presidente” quedando su institucionalidad nada cambiaría. 

En segundo lugar, ya es hora de haber asimilado que los procesos electorales JAMÁS deben ser desarrollados en “condiciones mínimas” pues ello ha deparado la tragedia país que hoy nos desintegra y mata. Los procesos electorales deben ser SIEMPRE consumados en condiciones óptimas, sino es así se convierten en parte del problema. 

Leandro Rodríguez Linárez 
leandrotango@gmail.com
@leandrotango      

jueves, 7 de febrero de 2019

PEDRO ELÍAS HERNÁNDEZ, LA PENITENCIA DEL 4 DE FEBRERO


El abrumador descontento nacional decidió el 20 de mayo de 2018 no ejercer su condición de aplastante mayoría electoral. Ese día el abstencionismo prendió y se apoderó de la voluntad de millones de ciudadanos que prefirieron mostrar su rechazo frente al gobierno de Maduro mediante su no concurrencia a las urnas. Varios meses después estamos en un lugar incierto y altamente peligroso, con una severa crisis política e institucional que aplaza más aun las urgentes decisiones que se demandan para atender la situación económica que día a día nos devora. También estamos en la antesala de una posible conflagración violenta o esperando que una intervención militar extranjera le haga el mandado a una sociedad que un 4 de febrero de 1992 se sintió encandilada por una salida de fuerza pensando que no podía haber nada peor que el gobierno de CAP II.




“Los pueblos no se equivocan” se dice con frecuencia como una frase hecha políticamente correcta. Nos equivocamos. Claro que había algo peor que CAP II y fue Caldera II y también pensamos que no podía haber algo peor que Chávez y allí está Maduro. Los pueblos sin duda se equivocan y lo hacen con frecuencia, lo cual no se muestra de inmediato sino que suele quedar en evidencia en el mediano y largo plazo, es decir, cuando ya tiene poca utilidad práctica reconocerlo.

Juan Guiadó está allí porque antes la oposición ganó unas elecciones parlamentarias en 2015, es decir, que se conquistaron posiciones que hoy son decisivas para encarar el proyecto autoritario y empobrecedor del socialismo del siglo XXI, como siempre lo ha sido el socialismo de cualquier siglo. La lucha contra un régimen sobregirado en el tiempo debido a los errores de conducción política, siempre ha sido una lucha de posiciones, de acumulación de fuerzas, no de maniobras ni movimientos temerarios. A si lo entendió el chavismo que en 20 años fue colonizando paso a paso todos los poderes públicos y achicando a su mínima expresión la economía privada. No fue de un zarpazo, eso lo entendieron después de la intentona golpista del 4F.

Ese despropósito adelantado desde Miraflores se consumó en dos décadas y durante esas dos décadas el atlético músculo democrático de la sociedad venezolana, para sorpresa de propios y extraños, ha resistido larga y amargamente como una suerte de penitencia que la redima luego de haberse dejado seducir hace 27 años por un demagogo poderoso.

Hacia finales del siglo XX los venezolanos nos cansamos de la partidocracia hegemónica, del condominio adeco-copeyano al optar por una fórmula de cambio radical sumándose a la ola de una atractiva prédica anti política que prendió de forma virulenta entre la población. Poderes fácticos, intelectuales, religiosos, opinadores, militares y políticos ambiciosos, se convirtieron en sus causahabientes. Así nos fue.

Venezuela entró en un terreno de enorme inestabilidad al elegir a Hugo Chávez como presidente y a su revolución bolivariana como ideario. La promesa fundamental era la de una Asamblea Nacional Constituyente que planteaba "un nuevo comienzo republicano", algo parecido a lo que le oímos prometer a Maduro la noche del 20 de mayo durante la celebración de su triunfo electoral. No hubo desde luego nuevo comienzo sino la prolongación, por ahora indefinida de la agonía que vivimos.

El actual momento venezolano luce sumamente peligroso y al mismo tiempo, en contraste, también auspicioso. Como señalara en una oportunidad el gran pensador y economista Milton Friedman, lo que hoy luce políticamente imposible, puede ser en un momento dado políticamente inevitable. Lo que hoy se asoma posiblemente como inevitable es que el país se enrumbe hacia un cambio que rectifique, no sólo los graves errores de las últimas dos décadas, sino los que se vienen arrastrando desde 1977, año a partir del cual Venezuela no crece económicamente.

Pedro Elías Hernández
@pedroeliashb

miércoles, 9 de enero de 2019

NELSON J. VILLAVICENCIO, ABSTENCIÓN Y AISLAMIENTO


El título se me hacía muy largo, faltó la palabra incertidumbre. Entre la abstención, el aislamiento y la incertidumbre, así se proyecta el país político en el 2019.

La abstención como configuradora de un sector político del país probablemente migre a uno acorde a los de un año no electoral. Quizás la senda de un nuevo diálogo sea la “nueva” bandera de este sector. Los aisladores por su parte avanzarán significativamente hasta dónde las organizaciones y países principalmente del sistema Americano de Naciones les permita. Esfuerzos notables habrá de hacer este sector ante una América Latina cada vez más segmentada, cuando a diferencia del ciclo de izquierda donde las cercanías eran agrupadas bajo una tríada de liderazgo, el actual ciclo de derechas no es necesariamente unísono a un liderazgo. La percepción que existe sobre el liderazgo del principal país, Brasil, es percibida por méritos propios y tratamiento de la prensa, como uno de tipo inclusive inestable y de malestar a lo interno de las fuerzas armadas de ese país. El timo jurídico velado en la sociedad por las denuncias de corrupción que permitió el triunfo de Bolsonaro puede ser una bomba de tiempo para un escenario político abrupto en ese país.

Estados Unidos, por su parte, exhibe sus fortalezas de controles democráticos internos ante un liderazgo de tipo empresarial que se ha encontrado con la realidad del checks and balance donde el fired no aplica, esta realidad interna apremiará sobre sus prioridades y decisiones políticas.

Los padres de la incertidumbre, los que se disputan entre una nueva constitución y la actual, los que regulan los precios pero al mismo tiempo actualizan el DICOM a todo dar, los que quieren superar el extractivismo y el rentismo, desarrollando el extractivismo de minerales, tienen a los suyos y al país entero en incertidumbre. La supervivencia política en la escena internacional les ha robado el Gobierno y alejado de la toma de decisiones capitales: una profunda redimensión del Estado con foco en un modelo mixto y diverso en la administración de los servicios públicos; una sinceración del modelo económico desde una perspectiva mas humana que política con políticas competitivas y de atracción de IED. 

Todos queremos un Estado con mayor capacidad de gasto y sano endeudamiento, pero queremos que este resultado sea producto de su productividad y no de su impresión monetaria.

Nelson J. Villavicencio
@villachitty

domingo, 9 de diciembre de 2018

OMAR ÁVILA, ¿POR QUÉ INSISTEN EN LA ABSTENCIÓN?


Muy posiblemente, al momento que salga este artículo la abstención haya sido la protagonista del proceso electoral de este domingo 9 de diciembre. Y es que si en algo ha trabajado el gobierno es en hacer estrategias que creen desconfianza en el voto popular como medio para derrotarlos, porque si algún enemigo tiene el régimen es el voto.



La última vez que nuestros centros electorales estuvieron llenos, el 6 de diciembre de 2015, obtuvimos una contundente victoria.

“Perdimos una, la batalla del 2015, las elecciones a la AN. Nosotros asumimos la derrota, nos reorganizamos y comenzamos a reunir fuerzas”, dijo recientemente Diosdado Cabello en su programa. La estrategia: aniquilar la del contrario más que reunir fuerzas porque saben que solo tienen entre 5 y 6 millones. Muchos dirán que estoy exagerando, que ni siquiera cuentan con esa cifra. 

Hace 20 años el chavismo llegó al poder. ¿El resultado?: Más de 85% de empresas privadas han cerrado, más de 3 millones de venezolanos han emigrado, enfermedades como el paludismo, la malaria, la tuberculosis y la lepra han reaparecido. El salario (que al día de hoy), es de menos de 8 dólares mensuales producto de la hiperinflación anual que ya pasa el 1.000.000%, y que tiene ya a casi la mitad de nuestro pueblo en pobreza extrema. 

Hay que recordar que el teniente coronel que dio un golpe de Estado y fracasó, entendió que tenía que meterse por el carril de la política para embutirnos su proyecto revolucionario fracasado. Veinte años después, muchos que se le oponen insisten en acariciar lo del golpe. 

Asusta ver la cantidad de gente que está dispuesta a participar solo si la victoria está garantizada y que solo saben jugar a ganar. Tienen un grave problema de manejo de expectativas y frustración. Y no manejan los conceptos de ganancia o pérdida relativas. 

Habría que estar ciego para no reconocer que siempre fuimos minoría frente al chavismo. Pero eso empezó a cambiar a partir del 2012 y en 2015 demostramos ser la nueva mayoría. Tanto que costó y ahora que somos la gran mayoría (85%), no la ejercemos, no votamos. 

Abstención que por cierto fue determinante en la victoria de Hugo Chávez en el 98, le dio la Asamblea Nacional en el 2005 para que avanzaran en su proyecto autoritario, y acabó con la mayoría opositora en el último año. Y algunos todavía piden evidencias de su fracaso. ¿Será que quieren ver cadáveres?

Quienes están ofuscados contra el voto, llaman a la guerra, pero no tienen ni siquiera una china.

Es momento que reconozcan, en honor a la verdad, que la abstención de 2005 fue un suicidio político que no logró nada, solo condujo a perder casi todos los espacios de poder incluyendo al Tribunal Supremo de Justicia y al Consejo Nacional Electoral. La de 2017 y la del pasado 20M tampoco logró nada. Entonces: ¿Por qué insisten en abstenerse?

Omar A. Ávila H.
@OmarAvilaVzla

jueves, 6 de diciembre de 2018

LUIS F. JARAMILLO R., DE CÓMO ESTIMULAN LA ABSTENCIÓN LOS PROMOTORES DEL VOTO


Las elecciones municipales, a celebrarse el próximo 9 de diciembre, como todas las que han tenido lugar en Venezuela después de las parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, se prospectan bajo la sombra del fantasma de la abstención.


La abstención electoral consiste en la no participación en las votaciones de los electores asistidos con el derecho de hacerlo, la cual se convierte en un fenómeno político cuando se trata de una reacción masiva del electorado. No es un hecho sino más bien un acto -porque interviene la voluntad humana- de no hacer que tiene consecuencias jurídicas, por tanto  exigible imperativamente y su incumplimiento penalizado, cuando es consagrado como una obligación del ciudadano, pero que no acarrea consecuencias jurídicas, porque se configura como un deber cívico o moral, en aquellos ordenamientos legales, como el nuestro, en el cual, conforme se dispone en el artículo 63 de la Constitución, el sufragio es consagrado como un derecho del ciudadano.

En los estudios que se han realizado sobre el tema se habla de una abstención técnica o forzosa, en la cual el elector no ejerce su derechos al voto por razones extrañas a su voluntad debido a defectos en el registro electoral, a enfermedad o incapacidad física, a motivos de viaje, etc; de unaabstención pasiva o sociológica que es motivada por la falta de interés en los asuntos públicos en general que acusan ciertos sectores de la población y de una abstención activa o ideológica que es aquella que se  produce como un acto, consciente o deliberado del elector, de rechazo a la legitimidad del régimen político, de los sistemas electorales o aun de los propios liderazgos políticos.

Un estudio realizado por el internacionalista argentino Daniel Zovatto Garreto, Director Regional para América Latina del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional), sobre la participación electoral en América Latina, revela que entre 1.980 y el año 2000, “la tendencia regional muestra que, en promedio, más del 62 % de los ciudadanos con derecho a elegir  a sus representantes votan en las elecciones nacionales más importantes”.

De manera que, en sentido general, cerca de un 40% de la población en edad de votar, en la región, se abstiene de hacerlo, lo cual por sí mismo no represente un signo de degradación de nuestras democracias,  si se considera que, para el período estudiado, otros países de democracias estables y exitosas, muestran índices más elevados de abstención electoral, como sería el caso de los Estados Unidos con un 50% y de Suiza con el 45%.

Según el estudio del doctor Zovatto, los países de América Latina que  registraron más bajo índice de abstención fueron Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Nicaragua, Perú y Costa Rica, con un porcentaje cercano al 20%, les siguen Panamá, Honduras, Bolivia, República Dominicana, Venezuela, Ecuador, Paraguay y México, con un porcentaje que oscila entre el 20 y el 35% y, por último, con un porcentaje no inferior al 40%, Guatemala, El Salvador y Colombia, lo cual indica que nuestro país figura, entre los de la región, con una participación electoral por encima del promedio.

En efecto, si bien es cierto que, durante los primeros años siguientes a la restauración de la democracia, hasta las elecciones de 1.978, que dieron el triunfo electoral al Dr. Luis Herra Campos, el porcentaje de abstención electoral en nuestro país estuvo en un 6.74%, durante el lapso comprendido en el estudio realizado por el investigador argentino ascendió a un 28.08% -dentro de los parámetros indicados en el mismo-, habiendo alcanzado, excepcionalmente, el alto índice de un 43.69% en las elecciones presidenciales del año 2.000 en las cuales compitieron el extinto presidente Hugo Chávez y Francisco Arias Cárdenas, pero luego, en las elecciones nacionales siguientes, hasta las parlamentarias del 2015,  el porcentaje de abstención fue, en promedio, de 22,74%.

De manera que el abstencionismo no es el comportamiento normal del electorado venezolano. Fue a  partir de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 cuando realmente se presenta en Venezuela el fenómeno de la abstención, porque es cuando alcanza niveles que superan  arrolladoramente los índices registrados, hasta entonces, en los países de la región y muy probablemente, del mundo, puesto que las que se habían producido con anterioridad, con exclusión de la del año 2000, se mantuvieron siempre dentro de los promedios normales.

En efecto, en las írritas elecciones del 30 de julio de 2017, para elegir la inconstitucional asamblea constituyente chavista, en las cuales, según el CNE, participaron 8.089.320 personas, con una abstención, según sus cómputos  del 58,47, si bien no pudo ser medida en forma neutral e independiente, porque se produjeron bajo un padrón electoral ad hoc, confeccionado a su capricho  por el gobierno, la abrumadora abstención quedó puesta en evidencia porque las mesas electorales permanecieron desiertas y porque “hubo manipulación del dato de participación” según denunció Smartmatic, empresa encargada del software del sistema de votación, y posteriormente en el simulacro de elecciones presidenciales celebradas en mayo de este año, convocadas por un órgano incompetente -la  ANC chavista- y fuera de los lapsos constitucionales, la abstención, que según cifras del CNE alcanzó al 53,93%,  según proyecciones  del Grupo de Lima, basadas en informaciones neutrales internacionales, fue de un astronómico 82,96%.

Es indudable, pues, que el fenómeno de la abstención en Venezuela, se presenta como una abstención activa o ideológica porque con ella lo que se expresa es el rechazo del elector a la ilegitimidad del régimen, reconocido abiertamente como una dictadura, y a su inocultable fraudulento sistema electoral, pero también la total incredulidad de éste en las razones o justificaciones con las cuales, líderes  de oposición y panegiristas del voto, argumentan su llamado a votar, aclamándolo como única e indispensable condición para poder producir el cambio de gobierno.

Cuando en las campañas electorales, los candidatos de la oposición, prometieron a sus electores que al día siguiente a las elecciones habrá un nuevo gobierno en Miraflores y que sonarán en el país las campanas anunciando el glorioso retorno de la libertad y la democracia, como lo hicieron a su turno, Rosales, Capriles o Falcón, lejos de promover la intención de votar, terminaron por sembrar en aquellos el desaliento y la frustración.

Cuando se habla de que la oposición no sabe, no puede ni debe hacer otra cosa que concurrir a elecciones, cualesquiera que sean las condicione en las que éstas se celebren o que, si no participa en las elecciones, las oposición no es nada, no se hace otra cosa que sembrar en la consciencia de los electores de oposición la idea de que no cuenta con un verdadero liderazgo en el cual confiar, de cuyas directrices pueda esperar le iluminen el camino hacia la victoria,  porque es inconcebible que las fuerzas  de  oposición no tengan otra cosa de qué ocuparse como no sea  esperar o prepararse para la celebración de elecciones, bajo un sistema electoral probadamente fraudulento,  cuando el gobierno es rechazado por  más del 80% de los venezolanos, vivimos la crisis económica, social, ética y política más horrenda de la historia  que  ha aventado a una diáspora desesperada a más del 10% de la población, en todo el país se suceden diariamente decenas de protestas motivadas por el hambre y la insatisfacción de las más ingentes necesidades  y la comunidad internacional, desconociendo la legitimidad del régimen, tiende sobre él un férreo condón sanitario e impone sanciones a sus más prominente figuras y cómplices como no había ocurrido antes en ningún otro país del mundo. ¿Cómo es, pues, que la oposición no tenga otra cosa que hacer que participar en elecciones?

No es que la abstención sea el camino ni mucho menos que sirva para algo como no sea favorecer los intereses políticos del régimen, sino que la gran masa del electorado de oposición, por desaliento y frustración, ha caído en ella y de ella no saldrá mientras que sus líderes no inserten su llamado a votar dentro de una estrategia general de lucha, que les dé motivos para la participación electoral sin solamente esperar que como resultado de ésta se produzca el cambio de gobierno.

El mensaje de los promotores del voto no convence al electorado abstencionista como para incitarlo a votar.
Luis F. Jaramillo R.
@JaramilloR ‏

lunes, 3 de diciembre de 2018

JOSÉ RAFAEL AVENDAÑO TIMAURY, SUFRAGIOS


     El próximo domingo habrá comicios en Venezuela. El gobierno a través de su estrategia ha establecido este singular sainete con la finalidad de preparar el rumboso ambiente de la proclamación pautada para el venidero 10 de enero. Una y otra están indisolublemente ligadas. El inexistente “champú de popularidad” (utilizando la vieja jerga cubana) le es consustancial al totalitarismo para legitimar lo que resulta imposible ya. Estos dos sucesos constituyen, “per se”, una especie de lectura de un periódico de ayer.

     Algunas encuestadoras señalan que el margen de abstención sobrepasa el 80% del censo electoral. ¡No podría ser de otro modo! El desprestigio de la dictadura es tal, que se espera, -de igual manera- la abstención de sus conmilitones internos en algo más del 50%.

     Por su parte los sectores de una discutible “oposición” se preparan –“con alegría de tísicos”- a votar y darle el espaldarazo a Maduro y su Combo. El próximo lunes constataremos los inocultables y predecibles resultados a pesar de las manipulaciones de rigor. Todo ha sido preparado de manera pícara y servil por las arpías que dirigen el ministerio de elecciones del gobierno. Nuevamente el mapa político de Venezuela se teñirá –según ellas- “rojo rojito”. ¡Nadie -ni nacional, ni internacionalmente- se tragará ese indigerible “Pluto”!

     Hace dos semanas (en mi artículo Borrell” publicado en El Nacional) con motivo a las elecciones estudiantiles en la Universidad de Carabobo señale: “... Seguramente el ministerio de elecciones del gobierno y la Sala Electoral del TSJ emitirán sendas decisiones para avalar el fraude…”. ¡Así fue! Se quedó con los “crespos hechos” el partido opositor que inmediatamente cacareó y reivindicó demagógicamente el triunfo. Lo que me permitió pronosticar lo acontecido no fue producto de poseer facultades extrasensoriales. De que pueda predecir el futuro. Simplemente el aserto se derivó simplemente de contrastar el reiterativo  “modus operandi” político de la dictadura (pasado, presente y futuro) para denunciar lo que evidentemente fue  la “crónica de una muerte anunciada”. De igual modo señalé la conveniencia de ejecutar una huelga o paro general por 24 horas el 10 de enero para protestar y enrostrarle a Maduro su ilegitimidad.

     Nuevamente se escuchan los lamentos. “No será acatada la sentencia”; dicen los agraviados directos (los estudiantes de la universidad carabobeña) y la opinión pública nacional. Los primeros señalan como prueba veraz e irrefutable las Actas respectivas. Todos aducen que la Sala Electoral del TSJ violó preceptos jurídicos indubitables. ¡Como si esto fuese la primera vez que ocurre!

     Lo importante y aún rescatable de la torticera sentencia es la plena convicción de que en las actuales circunstancias resulta algo más que utópico el imaginar que Maduro saldrá del poder producto de elecciones. Con un CNE y un TSJ –ilegítimos como él mismo- constituido como el actual. Quienes aún persisten en reivindicar la vía electoral como única manera para erradicar el totalitarismo y solucionar de esta manera la Crisis Nacional; o son redomados ilusos, o lo que es peor: Son cómplices -por acción u omisión- de coadyuvar con sus torpezas y debilidades las nefastas intenciones continuistas… ¡Maduro como “nunca pierde” arrebata!

     Nuevamente los venezolanos nos encontramos en el mismo punto de siempre. En Punto Fijo (no propiamente del Estado Falcón). Existen variados sectores de la oposición ubicados en opciones disímiles. La mayoría decidió no participar en las venideras elecciones. Así que a partir de la semana entrante estaremos enfilados de manera directa –imbuidos en una especie de tubo direccionado-  al 10 de enero. La consolidación formal de la ilegitimidad de la cabeza de gobierno y de su amplia cohorte de abúlicos subalternos. Poderes Públicos que conforman el Estado totalitario que nos oprime. Sin que -para la fecha- se haya diseñado alguna estrategia puntual; dotada con las tácticas aleatorias pertinentes para afrontar lo que parece aun indetenible por ahora. Pareciera (estas son las intenciones y deseos del gobierno y de algunos pseudo opositores) que habremos de sumergirnos de manera ineluctable en las inexistentes celebraciones decembrinas acostumbradas.

Con poquísimas hallacas y con perniles escogidos a dedo como premio de consolación. La actividad política retomará su acción, aletargada por la inactividad increíble, con motivo a la elección de la nueva directiva de la AN. Parece que le será reconocida a VP la opción acordada hace tres años para dirigir la AN. “El Correo de la Brujas” comienza a alarmarnos con persistentes comentarios acerca de viles maniobras urdidas entre  diversos retazos oposicionistas con algunos peculiares  gobierneros para elegir un presidente del parlamento distinto. Ojalá que esto sólo sea producto de mentes calenturientas y bribonas.

     Lo cierto es que la dirigencia opositora (en sus variables versiones) no ha emitido opinión concreta referida al inicio del segundo periodo presidencial. Sólo han señalado consideraciones de carácter general. Mientras el país como un todo y la ciudadanía en general solo desean acciones concretas para no permanecer con los brazos cruzados. A la simple y resignada espera de que se consoliden los hechos fríamente pautados. Afirmar aquello (muy cómodo e irresponsable) de que “según vaya viniendo, vamos viendo”.

     La oposición mayoritaria -la que no avala la próxima farsa electorera- se debate  en opciones contradictorias. Algunos señalan que la vía para lograr el cambio de gobierno deberá ser realizada únicamente a través del diálogo. En un nuevo proceso de Negociación Política entre el régimen y ellos. Que la transición debe ser pacífica y necesariamente concertada con Maduro. Algunos dicen: “Estoy dispuesto a conversar con el diablo” (sic). Estos -grosso modo- son meros propósitos sin sustento serio alguno. Utópicos por lo demás. La “robolución” no entregará jamás por las buenas el apetecible aparato que le ha permitido gozar y usufructuar las corruptas y deliciosas mieles del gobierno. Para no decir el robo a mansalva y el saqueo indiscriminado de los bienes del Estado, producto de la conducta oprobiosa recurrente. La que les ha permitido gozar, a todos sus altos prebostes y parentelas, de riquezas inimaginables. Tan cierto es que hasta los “tuertos” ven  a plenitud. Desnudando a su vez todos los entuertos y felonías de la robolución. En el ínterin el gobierno con bombos y platillos acaba de anunciar -a una semana del sainete electorero- un nuevo aumento del salario mínimo con el consiguiente ajuste de los precios en los productos alimenticios y la dádiva del nuevo mes de aguinaldos (¿Para ahorrarlos en Petros?). Maduro intenta corregir con explicable tozudez lo que resulta obviamente incorregible. Pronto -de continuar la sempiterna y contumaz guachafita- veremos más de lo mismo.

     La teoría política -de manera general- ha establecido una especie de premisa fundamental para hacer viable los procesos de negociación política con la intención de dirimir de manera no cuenta las diferencias ocasionales. Se trata de constatar y establecer una especie de “pesos y contrapesos” entre los interlocutores. Es decir, las relaciones entre las partes contendientes deberán estar cimentadas con la debida ponderación de todas las fuerzas y debilidades de cada quien. Establecidas objetivamente estas, la negociación sería pertinente y viable a los efectos de llegar a un acuerdo práctico y consensuado.

     El totalitarismo –de Perogrullo- solamente cuenta con el poder autoritario que le otorga las bayonetas y armas de los diversos cuerpos que la sustentan (Parte de la FANB, milicia, organismos policiales con formación milica y el aparato especial armado del PSUV) en lo nacional. En lo internacional; con el apoyo irrestricto de Cuba, Nicaragua, Bolivia, Corea del Norte y otros pocos países del continente asiático. Cuenta también con un sui géneris apoyo de Rusia y China; donde prevalecen intereses económicos puntuales derivados del petróleo y de la minería. Es decir, del saqueo -muy imperialista- de nuestros valiosos recursos no renovables. Ya no se trata –mutatis mutandis- de utilizar la verborrea de la vetusta izquierda cuando otrora denunciaba “al imperialismo yanqui”. En relación con estos dos novísimos y sobrevenidos imperialismos no me atrevo a aseverar que el apoyo sea irrestricto. En ellos privarán -en definitiva- los aspectos pragmáticos muy puntuales donde los imponderables económicos y geopolíticos surgirán seguramente.

     El pasado martes en el Aula Magna de la UCV concluyó la primera fase de un proyecto político que reivindica la unidad de la oposición para lograr el cambio de gobierno. Digo la primera fase en virtud de que se ha hecho del conocimiento público un documento contentivo de los propósitos por ellos diseñados. Con el esbozo de rápidas pinceladas, muy discretas, de algunas acciones políticas a ser emprendidas.

    Diría –prima facie- que suscribo con poquísimas observaciones de carácter adjetivo todo lo allí enunciado. Recomiendo su lectura con atención. Es loable la intención y podría convertirse en un pivote, una especie de bisagra, para obtener el objetivo estratégico fundamental que todos conocemos y deseamos. Para lograrlo es condición “sine qua non” concretar y hacer viable lo destacado en los puntos VI y VIII. El primero se refiere a: “propiciar y coordinar la Protesta Social y la Defensa de la Democracia, que tendrán como fin último la transición democrática”. El segundo es: “…el compromiso con la construcción de una estructura organizativa funcional y efectiva, que haga posible reforzar la necesaria organización ciudadana y la acción de nuestros objetivos en cada uno de los rincones del país…”.

     Es casualmente con la implementación idónea de ambos aspectos que se podría intentar un proceso serio –de ser pertinente- de Negociación Política con el gobierno (Dictadura, totalitarismo o autoritarismo. ¡Cómo usted quiera adjetivarlo! Pero inconstitucional por ilegítimo a todas luces). Con la intención de propiciar la impostergable transición incruenta. Evitando el derramamiento de sangre. Sería el único poder cierto e incontrastable que tendría en sus manos la oposición organizada ante el letal poder de las armas que dispone el régimen. Para hacer posible –hipotéticamente- ese eventual diálogo negociador es menester que el mismo esté avalado por organismos multilaterales internacionales y países preocupados por la buena marcha de las relaciones globales inter gubernamentales donde no se vulneran los derechos humanos. La transición -entonces- sería debidamente fomentada por intermedio de elecciones. Regida por genuinas autoridades electorales idóneas e imparciales. En el entendido de que el gobierno de transición que de allí surja esté encabezado por una persona idónea, solvente moralmente, con formación plena e inequívoca de Estadista. Ajeno (la persona escogida) a intereses subalternos, partidistas o grupales. Designada consensualmente de manera armónica y que se comprometa  a no aspirar a la reelección inmediata. No es hora -en las actuales circunstancias- de promover ni realizar primarias para escoger a la cabeza de gobierno donde el escogido sea el jefe -a su vez- de una de las parcialidades políticas que ahora actúan de manera prominente. El escogido se comprometería a ejercer el mando con un auténtico equipo de gobierno de unidad nacional. Prevalido con un programa de gobierno consensuado y con la disposición –repito- de no aspirar a la reelección.

     La única acción para lograr el cambio de gobierno sería el contenido en el punto VI supra señalado: “La Protesta Social y la Defensa de la Democracia”. Para la “construcción de una estructura organizativa funcional y efectiva” es necesario adminicular la debida y necesaria organización propiciadora de hechos concretos a través de las tácticas pertinentes. Pienso –ya lo he señalado como ejemplo- que el venidero domingo; quienes nos disponemos a abstenernos a votar en el rupestre sainete, demostremos de alguna manera cívica, nuestra inconformidad y protesta con la farsa. De igual modo convocar a una huelga general o paro por 24 horas a ser realizado el 10 de enero, fecha establecida “a lo Jalisco” para dar comienzo al segundo período madurista. Con este acto se iniciaría el proceso ya indetenible para instaurar a la brevedad posible la transición.

Cheye36@outlook.com
https://jravendanotimaurycheye.wordpress.com
@CheyeJR

jueves, 17 de diciembre de 2015

DARIO ACEVEDO CARMONA, POR PAZ CON JUSTICIA VOTEMOS “NO” EN EL PLEBISCITO, CASO COLOMBIA,

La democracia colombiana no es de pipiripao como la califican los intelectuales de izquierda y progres, en cambio lo que sí es de pipiripao es su concepción de democracia. Todos tan rigurosos y tan estrictos cuando se esgrimen los principios de la Modernidad política ante dictaduras de extrema derecha, y tan elásticos, tan sinuosos, tan gelatinosos y tan melifluos con los principios republicanos en cuanto se trata de justificar con teorías traídas de los cabellos el esperpento de degradar la democracia, supuestamente, para defenderla, que es lo que ha ocurrido con la aprobación del plebiscito por las bancadas incondicionales del presidente Santos.

Los estrictos demócratas de pipiripao sostienen que los acuerdos de La Habana no requieren ser refrendados, afirmación que desconoce el valor de la palabra empeñada del presidente y de su ocurrente filósofo Jaramillo que en conferencias, discursos y documentos varios se comprometieron a consultar con el pueblo los acuerdos que se firmaran. Consideran que lo que se pretende entregar en La Habana es cosa de poca monta, o sea que asuntos como la Justicia, la integridad nacional, la democracia, la verdad, la reparación, el castigo etc. son cosas elementales que se pueden sacrificar para alcanzar el bien “supremo” de la paz.

Pero, como ya estamos advertidos de que todo lo que sale de las manos del presidente Santos huele a trampa, a engaño y contiene veneno, estamos obligados a pensar muy bien y con mucha calma cuál ha de ser la política a seguir por parte de quienes formulamos serios reparos a los términos en que se negocia con las FARC. Intentemos dilucidar a qué juega Santos con el plebiscito puesto que tal como fue aprobado: vinculante, ínfimo umbral y sin financiación estatal, es muy probable que sea declarado inexequible por la Corte Constitucional. En ese caso, al Gobierno le quedarían dos salidas, decir que hizo el intento de consultar a la ciudadanía y asumir toda la responsabilidad para implementar los acuerdos, o, entrar en el juego que pretende las FARC de convocar una asamblea constituyente de corte fascista-falangista. Estos desenlaces dan tiempo prudencial para definir qué hacer.

El otro escenario, sobre el que por urgencia y premura estamos obligados a tomar decisiones ya mismo, es que la Corte Constitucional le dé vía libre al plebiscito, con posibilidad de modelar el contenido, por ejemplo, estableciendo algunas garantías para la Oposición. A sabiendas de que no podemos creer en la palabra de Santos de respetar el resultado, y que es muy probable que las FARC, opuestas a este procedimiento, conserven sus armas durante la campaña lo cual quiere decir que está latente la amenaza de volver a usar las armas en el caso de que triunfe el NO, el deber de la Oposición es el de jugarnos a fondo para votar “NO”, a pesar de todas las trampas y las adversidades que se interpongan.

A favor de apostarle al NO, no solo están las razones morales que hemos esgrimido ampliamente en estos tres años largos, sino el hecho protuberante y constante de una opinión pública que en todas las encuestas, aunque se muestra favorable a las negociaciones, deja constancia de su rechazo, entre un 70 y un 83 por ciento, a que los responsables de crímenes atroces no paguen prisión, a que se les otorgue curules en las corporaciones públicas, a que puedan ser elegibles, a que no entreguen sus armas, a que se reforme la doctrina militar y se reduzca el tamaño de las FF AA, a que se parcele la soberanía nacional, entre otros tópicos.

La abstención le deja el camino libre al Gobierno y no dejará de ser lo que siempre ha sido, un saludo a la bandera, una consigna inmovilizadora que fomenta la apatía y la indiferencia frente a la política y la democracia y ante el peligro que se cierne sobre el país.

Los demócratas venezolanos congregados en la MUD nos dieron un ejemplo demostrando que la trampa y el fraude pueden ser derrotados. El reto no es fácil, pues para salir victoriosos tenemos que aspirar a conquistar el voto por el NO de esa opinión que ha sido firme en el rechazo a la paz impune a la paz sin justicia.

Resuelto el dilema de qué hacer en el plebiscito, el siguiente paso es iniciar ya cuanto antes la campaña configurando una Directiva Central de personalidades de la vida nacional bajo el liderazgo del expresidente y senador Alvaro Uribe Vélez y lanzarnos a constituir una amplia alianza en torno al NO. Los comunicadores serán los encargados de los contenidos de las consignas y de la publicidad incorporando usando un lenguaje adecuado para que votar “NO”  quiera decir estar por “La Paz con Justicia”.

 Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc
Colombia