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martes, 16 de junio de 2020

ADRIANA MORÁN, LA INCERTIDUMBRE

Todas los días, entre las 7 y las 8 de la noche asistimos al relato oficial de la evolución de la pandemia. Los venezolanos somos sometidos a la representación de un guion en el que Maduro recomienda bebedizos caseros preparados con hierbas mientras los hermanos Rodríguez enfatizan la cantidad de casos importados en relación a los comunitarios, no tanto para destacar la diferencia en la forma de adquisición del temido contagio, sino como un intento de encontrar, en la criminalización de quienes regresan a su tierra, una explicación para el aumento de los casos que más allá de la epidemiología, sirva para dotar al discurso de esa conflictividad con los vecinos y enemigos políticos sin la que el poder es incapaz de dar un paso.

Agobiados por la incertidumbre que no nos da tregua, los venezolanos resistimos estos partes con mucho de geopolítica, poco de valor sanitario y absolutamente nada de información técnica para suponer que el criterio científico prevalece a la hora de informarnos del tema que muchos, azuzados por su propio e inmanejable miedo, deciden ignorar para no sentir que además del peso de este país que se derrumba deben lidiar también con la posibilidad de un incremento en las cifras igual al sufrido por casi todos los países de nuestro subcontinente cuando el virus sigue su curso natural.

Una flexibilización caótica de la cuarentena coincide con miles de venezolanos compartiendo con otros en colas de gasolina y transporte público atiborrado justo en el momento en el que todo indica, a pesar del número insuficiente de las pruebas más sensibles, que podríamos estar entrando a esa temida etapa de crecimiento exponencial que suele seguir al moderado de una primera fase.

Y aunque no es posible tener certezas de como se comportará el agente patógeno y su evolución depende de una cantidad de variables – si los brebajes de Maduro no funcionan, si los venezolanos que vuelven a su patria demuestran no ser una arma biológica implementada por Duque y los casos comunitarios crecen por encima de cualquier intento de envenenarnos desde afuera– quienes asistimos a estos reportes diarios de una curva que se resiste a aplanarse con el consiguiente riesgo de desbordamiento de nuestro desbaratado sistema de salud, le estaremos viendo la verdadera cara a la pandemia.

Una cara de la que no habrá a quién culpar, excepto por ese microorganismo que después de hacer estragos en otras latitudes, termine por instalarse entre nosotros con su innata capacidad de multiplicarse allí, donde dos o más seres humanos se encuentren.

Adriana Moran
adrianamoran@gmail.com 
@NuevaTec47 

sábado, 13 de junio de 2020

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, LA VENTANA DE INCERTIDUMBRE

A expensas del limbo en el que estuvo sumido el Comité de Postulaciones, las recientes, tensas, atropelladas diligencias para renovar el CNE indican que, contra todo trance, el gobierno se alista para convocar los comicios previstos para este año. Anulado queda el barrunto de que la pandemia abriría un paréntesis largo en la dinámica política, la ilusión de que a estas alturas el equilibrio inestable desembocaría en milagroso “quiebre”, o que reveses como la quema de las máquinas de votación enfriaría el interés de los autócratas electorales por reconquistar “limpiamente” el parlamento y legitimar su permanencia en el poder. Las señales ratifican así el avance de un plan que, una vez más, encuentra a una dirigencia opositora fragmentada, perdida en sí misma, víctima de sus incongruencias y sin estrategia precisa. Atrapada, a la sazón, por el consabido dilema: ¿votar o no votar?

En suerte de crónico déjà vu, los argumentos de abstencionistas y pro-voto retornan al debate público, esta vez aderezados por un revelador antecedente. La gesta abstencionista de gran calado urdida en el seno del G4, Frente Amplio y sus cófrades a raíz de las presidenciales de mayo 2018, no ha podido demostrar su eficacia.

A contramano del envión que en 2019 llevó a creer que la transición era “irreversible”, que el anhelo tendría finalmente chance de concreción –todo cabalgando a lomos de la épica enarbolada por una AN legítima, el rechazo moral al régimen junto al contundente involucramiento internacional, con EEUU y Trump a la cabeza- los balances lucen hoy decepcionantes. La compulsiva repetición del mantra no conjuró la falta de poder fáctico, tampoco hubo intervenciones “piadosas” o desembarco de marines, ni la crisis humanitaria se tradujo en estallidos sociales liberadores. El cese de la usurpación sigue pendiente, en fin, y los sectores democráticos, en lugar de fortalecerse, pierden credibilidad, recursos y espacios. Entretanto, mientras las sanciones asfixian a la gente común pero no les quitan las ganas de bailar a los mandones (ocupados en fortalecer alianzas con países también sancionados, como Irán), los desbarros de cierto voluntarismo que sin rubores propone insurrecciones “por encargo”, evidencian el nocivo influjo de sectores opuestos a la vía política y casados con el “Vete ya”, el espejismo de la ruptura violenta.

Al advertir las contradicciones que estos desvíos encajan a una ruta cuya legitimidad dependía, en primer término, de la auctoritas de la institución desde la cual se opera (algo que, lógicamente, impone límites, condiciona la índole de la estrategia, exige compromiso no sólo con convicciones sino con procedimientos) y temiendo por un nuevo entrampamiento, una nueva dilución de oportunidades, lo que ahora se plantea es qué hacer frente al hecho político ineludible. El fantasma de 2005 acecha, muestra su sonrisa de dientes desportillados, le avisa a los impacientes que despachar otra rendija porque no asegura mudanzas inmediatas ni absolutas podría significar un costosísimo retroceso. Y lo peor: en la hora de mayor vulnerabilidad de la oposición.

Luego de tanta bochornosa incursión en los terrenos de la política-ficción, convendría evaluar lo que expertos dicen respecto a participar en elecciones organizadas por regímenes autoritarios. En línea con los hallazgos de Matthew Frankel o las contribuciones de Andreas Schedler, especialmente, Jennifer McCoy nos recuerda que esto plantea un juego a dos niveles, el de la competencia y el de la presión por reformas. “Los oponentes deben participar en cada elección donde tengan posibilidad de superar manipulaciones y ganar efectivamente, mientras también trabajan para cambiar las reglas del juego político más amplio”. La abstención en los disparejos escenarios de la elección viciada, añade, sólo entrega poder al régimen. “Tal entrega no le cuesta nada al vencedor, pero exige un alto precio por parte de la oposición y sus partidarios al perder el control local de los recursos (...) Por lo tanto, es mejor participar y obligar al gobierno a competir, que permitir que el gobierno gane sin ningún esfuerzo”.

Puesto así, la no-participación implicaría renunciar a un espacio institucional desde donde ha sido posible movilizar a la sociedad, amarrar reconocimientos y demostrar superioridad cuantitativa, sin ninguna garantía de encontrar sustitutos más ventajosos que desde fuera del sistema permitan cohesionar fuerzas a la hora de una eventual negociación, por ejemplo. ¿Quién pierde, quién gana, para qué sirve esto? Por lo visto, la propuesta de despolitizar el conflicto para convertirlo en lucha existencial, el empeño en no reconocer en el otro una mínima racionalidad política, buscaría atribuir a este la condición de entidad electoralmente inderrotable; un encuadre moralista y estrafalario que, al mismo tiempo, endurece la percepción de la propia impotencia pero justifica el camino de la mutua aniquilación… ¿está acaso la oposición preparada para esta clase de pulso?

La maximización de expectativas en momento de disminución del músculo nos mete en un atolladero. Es la pelea del bello deseo contra lo disponible, pero… ¿por qué no considerar la sinergia? La realidad señala topes, sí, que también son pistas para ese abordaje que da carne al ideal. Sin potestas para impulsar cambios radicales, viendo la elección no como evento fundacional y sí como una nueva fase de la gradual democratización, lo que cabría entonces es estrujar el mutuo interés para exigir las mejores condiciones posibles en circunstancias no-democráticas; disputar, vía voto, los términos de la legitimidad, e ir resquebrajando así toda base de respaldo del régimen. La clave acá es persistir, claro, desmantelar el invalidante clima de opinión, hablar con verdad a la gente y convencerla de que su participación es lo decisivo.

Dice Schedler: “aun cuando los gobernantes traten de robarse las elecciones, reprimir a los disidentes, debilitar a los partidos de oposición, crear divisiones artificiales y establecer reglas y condiciones de competencia inequitativas, de todos modos los ciudadanos pueden votar en su contra”. A pesar del desdén que despierta entre algunos “avispados” estrategas, el potencial de esa ventana de incertidumbre nunca será poca cosa.

Mibelis Acevedo D.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis
@ElUniversal 

sábado, 6 de junio de 2020

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: VIOLENCIA, INCERTIDUMBRE, HAMBRE Y CONFINAMIENTO

Intentar una explicación que vincule violencia, incertidumbre, hambre y confinamiento, no es nada fácil. Sus imbricaciones e implicaciones, no sólo hacia adentro de sus ámbitos, también hacia afuera, hacen complicado el análisis. Sus múltiples variables, arrojan tantas lecturas como sean posible. Sobre todo, si dicha situación se revisa desde el contexto de realidades consideradas en lo político, lo económico y en lo social. 

El caso Venezuela, luce especialmente interesante dado el grado de embrollo que muestra en toda su amplitud funcional-estructural. Aunque resulta vergonzoso aludirlo pues se trata de un país que en otrora fungió como extraordinaria referencia a decir en cuanto a su configuración y dinámica política, social y económica. La historia contemporánea, apoyada en comprobadas series estadísticas, es fiel exponente y evidente reveladora del nivel de gobernabilidad logrado. A pesar de translúcidas limitaciones que represaron algunos esfuerzos en la dirección del desarrollo pretendido. 

La distancia en el tiempo, fraguó diferencias que hablan por si mismas sobre la desaceleración que devino en atraso contenido en el cuadro de miseria económica, degradación política y descomposición social que reflejó el país, adentrado el siglo XXI.  

Las ofertas electorales que se desbocaron en aras de permanecer aferrado al poder, luego de 1999, año en que se impuso un proyecto político de enmarañada factura ideológica, de origen militarista, supieron jugar a la derrota del “capitalismo salvaje”. Así fue. Para ello, el movimiento político oficialista se apoyó en argumentos que, lejos de dilucidar problemas que atascaban razones que bien podían responder interrogantes acumuladas, se dirigieron a acentuar la incertidumbre que venía padeciéndose. Al mismo tiempo, los mismos argumentos apuntaron a enfilar acusaciones infundadas sobre el andamiaje del sistema productivo nacional. Fue la razón para que el régimen emprendiera acciones contra la institucionalidad nacional.  

¿Cómo se descompuso la institucionalidad democrática?

De esa forma, florecieron causas para cambiar, casi radicalmente, la estructura política, económica y social. Incluso, la militar y policial sobre la cual descansaba el Estado venezolano. En consecuencia, el régimen en su afán de adueñarse de todo cuanto fuera factible, minó los caminos de la democracia justificando sus ejecutorias con alegatos legales forjados. Así procedió, a instancia de un poder único logrado con base en un fraguado reacomodo de leyes, resoluciones y dictámenes de usurpada factura política y jurídica.

La inseguridad comenzó a hacer de las suyas. La intimidación, consiguió espacio para desconcertar la fundamentación republicana. Por tanto, la ineptitud sumada a la improvisación, fungieron de brecha para que en su curso de desgracias, corrieran  problemas que conjuraron la crisis de servicio públicos. Así vino la falta de gasolina, de gas doméstico de electricidad, de dinero en efectivo, de telefonía, de producción petrolera, industrial y agrícola, de alimentos, de la Internet, de agua, de transporte terrestre y aéreo. De servicios turísticos, de empleo, de funciones escolares y académicas. Además, de la ausencia de prensa libre, de paz, de salud. Y hasta de un “gobierno” solidario y ecuánime.  

Por consiguiente, hizo su aparición (como nunca) el hambre. Así alcanzó ventaja en la caótica situación que empezaba a consolidarse. Fue la antesala para que, en medio de la crisis de acumulación y de dominación que venía agarrando impulso, ingresara el Covid-19 con su insolente desafío propio de “fanático perverso”.  

Tan enredado escenario, se prestó para que el oprobioso régimen  acentuara la represión y se instituyera como criterio de “gobierno”. Así pretendió reducir cualquier foco de resistencia. Para ello se sirvió de la calificación de “pandemia”, dictada por la Organización Mundial  de Salud, OMS. Eso hizo que su incursión favoreciera el “confinamiento” impuesto a modo de “control social”. En consecuencia, aplicó medidas que dejaron ver el abuso de derechos de la población, supresión de la democracia. Así como apoyo encubierto al narcoterrorismo. 

Fue el contexto mejor diseñado para que terminara de enturbiarse la crisis venezolana. Fue la mejor causa para que el país se viera en presencia de la combinación más letal prescrita por un ejercicio político atorado de poder. De poder, “maléfico”. Fue la ruta idónea para que Venezuela se atosigara de violencia, incertidumbre, hambre y confinamiento.

Antonio José Monagas 
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas 

martes, 19 de mayo de 2020

LUIS ZAMBRANO PADAUY, GEDEÓN Y LA INEXISTENCIA DE EJÉRCITO GRINGO

La aclaratoria resulta bastante lógica. No se avistaron marines robustos o batallones interminables en las costas. No fue una invasión, ataque esquemático ni mucho menos un plan refinado a la usanza de las mejores películas de guerra. Ese complot mascullado entre dientes y que ha sido introducido como un informe de estado, no es creíble tal cual y el cuento tampoco se lo ha tragado la comunidad internacional.

Donald Trump emitió su veredicto sobre estos sucesos. Esgrimió con el sarcasmo característico y sin titubear que, si deseara ir a Venezuela, “no lo haría en secreto. No mandaría a un pequeño grupo. Sería un ejército y eso sería llamado una invasión”.

Pese al desmentido, no puede decirse que no haya sucedido. Tampoco que no sea un montaje. Resulta cierto que los temores se encuentran a la orden del día en Miraflores. Que la imaginación es inagotable cuando la confusión invade y la situación se complica más cada día. Pero no sería la primera vez que tratan de sacar del poder a un gobernante con método poco efectivos.

La historia es robusta en hechos con mensajes inquietantes. El mismo Oscar Pérez es un ejemplo contado. Por eso que un grupo de militares trate de hacer justicia por sus propias manos y con estilo no tan asertivo, no parece descabellado, aunque sí carente de pólvora para lograr el cometido.

La trama se ejecuta por vía marítima. Se contabilizan ocho fallecidos y capturadas 16 personas, entre ellas dos ciudadanos estadounidenses. Los organizadores alegan que fue interceptado apenas un grupo pequeño en Macuto. Que solo hacían una “operación de reconocimiento” por posible fuga de información.

Un capitán llamado Javier Nieto Quintero precisa ser miembro de la Operación Gedeón. Dice ser especialista en asuntos fronterizos y seguridad pública. Ha declarado al periodista Napoleón Bravo que “el régimen maneja mucho dinero para infiltrar y comprar personas”. Reveló que no cuenta con recursos logísticos suficientes.

Por supuesto, estos acontecimientos sirvieron para pintar las pantallas televisivas y saturar de información a todos los medios de comunicación. Maduro apareció dando su informe detallado de lo sucedido. Recalcó que fue organizado por Clíver Alcalá para derrocarlo. Que un ex boina verde llamado Jordan Goudreau planificó la fallida incursión, que entrenaba a un grupo de desertores del Ejército venezolano en Colombia y que fueron capturados dos miembros de sus fuerzas especiales norteamericanas.

Entretanto, el tal Goudreau ha afirmado que fue contratado el año pasado por Juan Guaidó. Frente a esta acusación, el presidente interino ha aclarado que “no se necesitan mercenarios extranjeros para liberar a Venezuela”, catalogando lo sucedido en Macuto y Chuao como montaje o falso positivo, con la intención de desviar la atención. Tal vez también sirva de excusa documental para detenerlo.

Ante esta posibilidad, el mismo Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos hizo una advertencia inconmovible. Alertó que está monitoreando cualquier amenaza potencial contra el presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, puntualizando que el objetivo es una transición pacífica y democrática.   

Todos estos hechos parecen ser una camuflada del régimen. No está absuelto de sus culpas y el victimizarse es una estrategia que le ha servido por años. Existen indicios para no creer en esta nueva creación. Cierto que Washington no quiere a Maduro en el poder. Para ello, ha formulado acusaciones por narcotráfico hacía él y sus personeros, teniendo a un contingente militar amplio en aguas del Caribe. No buscaría a un puñado de insurrecto para tal fin.

Ni Colombia ni los gringos apelarían al tal Goudreau para cambiar el destino del país. El sujeto tiene abierta una página en internet ofreciendo sus servicios e incurriendo hasta en plagios graves. Tampoco Guaidó buscaría a este individuo, al contar con el respaldo de más de 50 naciones y el cuidado de los EE. UU. Lo hubiese hecho mucho antes y no, cuando tantos factores arriesgan la permanencia de la usurpación en el poder.

El tiempo permitirá conocer la veracidad de este evento, suscitado en tan extrañas circunstancias. No sabemos si es una trampa tendida para apresar a Guaidó o si un grupúsculo tuvo los impulsos ingenuos de acallar a una dictadura, que posee más de 20 mil funcionarios cubanos y el amparo de varios movimientos subversivos. La Operación Gedeón servirá, en todo caso, como un anecdotario en las doradas páginas de la historia de la nueva independencia venezolana.     

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571
Ex director de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani”

martes, 5 de mayo de 2020

ANTONIO MONAGAS, ¿EN EL FRAGOR DE NUEVAS REALIDADES?

Cuando la incertidumbre acecha la vida, colectiva o individual, es cuando más surge el interés y la necesidad por despejar las incógnitas retenidas en las honduras del problema en cuestión. 

La situación azuzada por la crisis humanitaria que está padeciendo el mundo entero con la incursión clandestina del Convid-19, confirma la inminencia de tan inaplazable acción. Por eso, el planeta completo vive la fase de saber cómo va a ser ese contexto de nueva normalidad una vez aislado de la amenaza que se ha cernido sobre gruesas capas de la población. Sin embargo, al momento de asomar la presente disertación, no es posible anticipar nada. Menos aún, en los predios de un escenario en que las certezas son nulas. En se ámbito, se escucha hablar de decisiones complejas. Tanto, como de la falta de experiencias previas en contextos aproximados a lo que ha significado la pandemia del peligros y temido SARS CoronaVirus. 

Distintas son las especulaciones a este respecto. Aunque por ahora, se insiste en la prevención adoptada a partir de tres medidas que no por elementales, no dejan de ser prioritarias. A saber: distancia interpersonal, lavado de manos e higiene y el uso de la mascarilla. No obstante, hasta ahí llegan las sugerencias relacionadas con la prevención. Pero la idea de esta disertación, busca pasearse por consideraciones que rocen el futuro. Más, cuando en lo sucesivo, se determinará cómo las sociedades habrá de integrarse a la dinámica de este planeta pintado de azul esperanza, de azul vida y de azul energía. 

Vale reflexionar de cara a la intención de considerar el paso del ser humano de una circunstancia a otra. Que no es asunto de sencilla explicación. Ello pudiera devenir en una fractura o abandono del estado de bienestar alcanzado anteriormente, por otro de nueva factura. Habida cuenta, la vida es una sucesión de eventos cuya correlación no siempre se ajusta a la necesidad más apremiante. Es decir, la vida es como una cadena entendida como una conexión de eslabones, uno a uno. Y que visto este desde la perspectiva de la vida, da cuenta que los empalmes son como momentos atados entre sí. 

De manera que sólo la seguridad de la continuidad, le infunde importancia al hecho que significa entender que es más seguro un afianzamiento entre empalmes  basado en coincidencias que en diferencias. En esto, innegablemente, cabe la noción de “justicia”. Particularmente, si se entiende que el ser humano no ha terminado de reconocer que la vida no cede mayor espacio si lo que se interpone en ella son las miserias y mediocridades que el mismo hombre suele motivar en cada diatriba que acusa su discurrir. Vale pues esta párrafo, a manera de comprender la dinámica de la vida. Y por tanto, así aceptar sus limitaciones. 

La política y la economía en el centro del análisis

Pero volviendo al objetivo de esta disertación, cualquier teoría  que a dicho respecto pueda dilucidarse, no busca competir con alguna de las profecías de Michel de Nôtre-Dame o Miguel de Nostradamus. Nada de eso. Tampoco con plagiar alguno de  los pensadores de la antigüedad, cuando se atrevieron a actuar de profetas de su tiempo. La idea es trazar consideraciones que bien pudieran ser indicativos de decisiones futuras. Decisiones que pueden aventurarse a calibrar expectativas asentidas con la suficiente cautela para no desdibujar lo conseguido hasta ahora. Con el debido respeto a los derechos y libertades. 

Se habla de una nueva forma de vida a la que ahora tendrá que adaptarse la sociedad. Ya Peter Drucker, de quien se dice ser “el padre de la Ciencia de la Administración” según la revista Time, las nuevas realidades fue un tema que dio mucho que pensar en el ocaso del siglo XX. En su libro “Las nuevas realidades”, (1989), Drucker refirió que las mismas serían “(…)distintas de las cuestiones sobre las cuales se siguen escribiendo libros y haciendo discursos los políticos, los economistas, los eruditos hombres de negocios y los dirigentes sindicales”. 

De manera que no hay duda de que las nuevas realidades se verán configuradas por una especie de “reseteo” de las actuales. A pesar que serán ocupadas por procesos que no van a finalizar en poco tiempo. O porque se definirán como resultado de lo que el juego político determine mediante el decreto de un presunto “estado de alarma”. Escribía Drucker, que una  prueba convincente de esto, “es el profundo sentido de irrealidad que caracteriza gran parte de la política y de la teoría económica”.

Es así que con razón, el discurso de la economía se ha visto renovado ya en la antesala del siglo XXI. Más, en su ínterin. La economía se ha venido formulando con miras a atender nuevas realidades. Sobre todo, realidades afectadas por la dinámica de una oferta y demanda que tomará otro giro. Sino distinto en términos de sus procederes, su operatividad sufrirá algún desplazamiento motivado por las controversias que serán realidades en lo que la inmediatez permita. 

El fondo del asunto 

Políticamente, podría conjeturarse un gran pacto de Estado que, en la onda del Pacto Social formulado por pensadores de la talla de Rousseau y de Locke, pretenda cambios a nivel de la administración de gobierno. Especialmente, en lo que corresponde a la delegación de facultades y autoridad. Esto pudiera devenir en procesos de mayor amplitud a la hora de integrar factores políticos a las decisiones gubernamentales que mejor se correspondan con la pluralidad como condición básica de la política. 

La transparencia en la administración de gobierno, jugará un papel determinante de arraigo a la democracia. Asimismo, el papel del gobernante pulsara cada decisión a elaborar con la participación de actores no siempre comprometidos con la ideología del proyecto gubernamental. Pero las condiciones imperantes, harán reflotar tan eximio valor político. De esta forma, la diferencias ya no serían óbice para mantener a raya cualquier impugnación o contrariedad expuesta ante le jefatura de gobierno. 

Será innegable la inminencia de actuar en conjunto ante los nuevos desafíos geopolíticos que emergerán. Encarar dichos retos, será asunto de una política pública de suma trascendencia que debe convertirse en un todo un proyecto nacional. Las exigencias forzarán a los países a endeudarse más de lo previsto. Y esto se logrará en acuerdo y conformidad con los actores políticos previamente sumados al trabajo mancomunado. Por consiguiente, las medidas adoptadas habrán de garantizar la seguridad en todos los sentidos. Desde el jurídico hasta el operativo.

Las novedades a considerarse, se considerarán con base en nuevas realidades caracterizadas por sus implicaciones políticas, económicas, sociales, culturales. Pero particularmente, humanísticas, cívicas, ambientales, organizacionales, empresariales, comerciales y sanitarias. Incluso, militares, tecnológicas y de carácter emotivo que comprometan riesgos ya vividos. Asimismo aquellas actitudes que sigan patrones ortodoxos, se verán replegadas a fin de evitar que el miedo irradie hacia situaciones ya superadas. 

Esto ha de significar el vuelco inmenso que habrá de vivirse a instancia de nuevas formas de socialización. O de encauzar emociones y sentimientos. Y aunque será difícil comprender lo busca traducir “remar en una misma dirección”, será difícil cuestionar el giro que tomará la sociedad dado los cambios que necesariamente deberán adoptarse. 

Es indudable que la vida social, política y económica, por considerar estas esferas pivotes de las restantes actividades humanas, será distinta. La lección impartida por esta pandemia, obligará al hombre a actuar al margen de antivalores relacionados con la soberbia, la egolatría, la terquedad, la envidia, la avaricia y los males capitales que tanto daño han causado a la humanidad a lo largo de su historia. 

Está en juego el tiempo de vida del ser humano. Como si al momento de ir de un lado a otro, su camino transcurriera sobre el filo de una navaja. Pareciera que todo fuera un atolladero mental. O una cerrazón emocional y sentimental lo que ha hecho mal funcionar al mundo actual. 

Aunque se ha especulado que superada la actual pandemia, sobrevendrá otra. Tan peligrosa como la del Convid-19. O aún mayor. Y será la intolerancia. Así habrá que tolerar al intolerante. O acaso será una de las tareas primordiales exigidas para vivir ¿en el fragor de nuevas realidades?

Antonio José Monagas 
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas 

viernes, 27 de marzo de 2020

BEATRIZ DE MAJO: INCERTIDUMBRE EN EL SECTOR DEL LUJO, CHINA HOY

Las empresas propietarias de grandes marcas del lujo han ido más lejos que poner sus barbas en remojo. Están planificando una reducción sustantiva de sus actividades industriales y comerciales y tienen sus ojos puestos en China, más que en ningún otro país, por la significación de ese mercado para sus ventas.

Dos elementos se dan de la mano: el recorte de gasto del individuo de la calle en el gigante de Asia es de enorme talla. Es la actitud más generalizada en el mundo de cara a una crisis como la actual, pero lo es mucho más dentro del colectivo chino. El segundo elemento es que, por ejemplo, en el subsector específico de bebidas espirituosas y del vino, el descalabro del negocio será aún mayor, ya que desde hacen más de tres meses sus cargas con destino a las ciudades de la geografía china permanecen detenidas en los puertos del gigante.

Las cosas no venían bien para este mercado de bienes suntuarios desde hace un tiempo. Pero, a pesar de todo, el año pasado el consumo global del lujo había crecido un 4%. Lo relevante es que el mercado chino de estos artículos se expandió en ese mismo año un 26 % hasta ubicarse en las inmediaciones de los 1.300 millones de dólares. Esto había jalonado el total y se esperaban muy buenas noticias para el 2020. Es bueno saber que la tajada china de esta cifra en relación al resto del orbe quita la respiración: cada chino ha estado consumiendo en artículos de lujo 3,8 dólares de cada 10 que son vendidos a escala planetaria. Para el año 2020 las estimaciones del volumen del mercado global del lujo se ubicaban en 4.400 millones de dólares de los cuales 1.700 corresponderían a China.

Dentro de estos, uno de los sectores muy duramente impactados es el del negocio vinícola europeo, dedicado en buena medida, a producir para ese mercado de Asia convertido desde el año 2014 en el mayor consumidor de vino tinto del mundo. Aseguran algunos estudios que hay un vínculo psicológico de los chinos con el consumo de vinos tintos por la relación cultural de la buena suerte con el rojo. En todo caso, es un hecho conocido que los negocios en China de LVMH asi como Diageo and Pernod Ricard les reportan el 30% and 10% de sus ingresos.

El resto está por venir y la incertidumbre se siente en el ambiente del inversionista que ha paralizado cualquier movimiento en relación a ese mercado. Es solo lógico pensar que tras la suspensión de todos los Shows y ferias vinícolas programadas para 2020 el panorama no luce prometedor. Diageo, por solo citar uno de los afectados, ha advertido que la contaminación del CoronaVirus en China y en la región del Pacífico Asiático representará un golpe a sus beneficios en el orden de los 260 milllones de dólares ocasionado por el cierre de bares y restaurantes.

Hay buenas noticias para la colectividad, sin embargo, entre las empresas que nutren el mercado asiático de este tipo de artículos. Algunas están usando su músculo para hacer un significativo aporte social en favor de los países en donde operan. Para muestra un botón: el Grupo multinacional líder del lujo en el planeta, LVMH (Louis Viutton, Möet et Hennessy) está donando a 39 hospitales franceses de atención pública miles de litros de gel hidro-alcohólico producido en tres de sus plantas industriales sobre suelo galo. Las instalaciones reconvertidas son las que se utilizan para la producción lo los perfumes y cosméticos de las marcas Christian Dior, Guerlain et Givenchy,

Beatriz de Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo1

JUAN GUERRERO: LA PESTE VENEZOLANA

La mal llamada gripe española, que se inició en las barracas de los soldados norteamericanos que esperaban embarcar a Europa para la Gran Guerra, llegó a Venezuela a finales de septiembre de 1918.

La devastación que dejó esa pandemia en nuestro país no fue tanto por la enfermedad como por las deplorables condiciones socio sanitarias y de una frágil infraestructura médico asistencial que existía en una palúdica nación sometida por la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Pero en realidad la inmensa cantidad de muertes (más de 80 mil fallecidos) que ocasionó la gripe española se debió a las condiciones nutricionales de una población subalimentada, desnutrida y que estaba expuesta a las continuas epidemias de malaria, difteria, y sobre todo tuberculosis.

Las reseñas indican que los muertos se contaban por centenares, en las calles de las ciudades y a la vera de los caminos. Muchos de ellos debieron ser incinerados o sepultados en fosas comunes, como el caso de un espacio que fue habilitado en el cementerio municipal de Caracas, conocido como La Peste.

La censura impuesta por la dictadura desde su inicio ocultó la realidad de la epidemia y no fue sino después que se registraron los primeros casos, cuando designó una junta de médicos para hacerle frente a tan devastadora enfermedad.

Traemos esta historia a colación porque lo que está ocurriendo en la Venezuela del siglo XXI, es, prácticamente, una especie de dejavú tropical, pero recubierto con la sofisticada realidad virtual globalizada de los medios de alta tecnología.

En las pocas ocasiones que he salido de mi casa para hacer colas en procura de gasolina para mi vehículo (que ya no es posible obtener) los comentarios que escuché son insólitos. La gente teme más ir a un hospital que contraer el virus chino del coronavirus. –Y eso por qué?, preguntaba. La respuesta siempre era casi igual. Las precarias condiciones de los hospitales, ambulatorios, dispensarios y los destartalados centros de atención integral (CDI), aunado a la ausencia de medicinas, equipos médicos y hasta útiles para la limpieza, presentan un verdadero cuadro dantesco en todos esos centros sanitarios que los convierten en verdaderos antros donde el riesgo de morir por las llamadas bacterias hospitalarias son una constante realidad.

-No sólo es el riesgo de contraer una bacteria hospitalaria. Me comentaba la doctora en la última cola para la gasolina, que hice la semana pasada (20 de marzo, desde las 3:30 am., hasta la 1:45 pm.) en medio de un sol sofocante que muy posiblemente desintegró –si es que andaba por ahí- al coronavirus. -También son las condiciones nutricionales –continuaba comentando la doctora- por las que atraviesa la población venezolana. La sub alimentación, desnutrición, y sobre todo la proliferación de enfermedades vinculadas con el hambre, como la tuberculosis, o por las condiciones de insalubridad por falta de agua potable en todos los estados del país y que se agrava en las zonas populares, donde los brotes de cólera son constantes. Además, la presencia de la malaria en Venezuela es algo ya endémico y no sólo se observa en las zonas selváticas de sur del país, sino también en ciudades, como Caracas y Maracay.

-Pero dentro de toda esta terrible realidad que padecemos, algo bueno nos ocurre, -me comenta. -La población venezolana, en general, al estar expuesta al ambiente por tener que pasar largo tiempo en colas para buscar comida, agua, gas, o leña para cocinar, a la vez adquiere anticuerpos que le permiten tener defensas naturales.

En Venezuela no es posible obtener cifras certeras por la pandemia del virus chino porque la información oficial está politizada, sesgada y no se corresponde con las tendencias estadísticas del comportamiento mundial de la pandemia.

Por las calles observo que la casi totalidad de quienes estamos fuera de la casa, llevamos mascarilla y respetamos la distancia de un poco más de un metro para evitar la contaminación. La población de los estratos más bajos acata las indicaciones y se mantiene informada por el llamado “comentario vecinal” de quienes traen y llevan chismes de última hora.

Pero es casi imposible que el venezolano esté encerrado en su casa. Lo primordial: más del 85% de la población vive del día a día. Si no sale a la calle a trabajar no puede comer. Así de simple. Además, la urgencia para obtener agua potable para tomar –antes que lavarse las manos- es de vida o muerte. También debe buscar gas o leña para cocinar.

Pero mientras transcurren las horas y los días se acortan los espacios y el virus chino se siente más y más cerca. Poco a poco vienen los comentarios, las noticias sin confirmar pero que dicen que cerca, ya hay dos casos confirmados. Por las redes sociales, -que es lo más creíble- informan que un vecino dio positivo.

Uno siente el virus muy cerca. Se potencia por la incertidumbre, por la censura del régimen, por el temor a quedarte sin gasolina y no poder salir a comprar víveres. Por la arbitrariedad de los paramilitares (colectivos) que ahora están haciendo de las suyas y te matan si te ven por la calle.

En Venezuela las estadísticas oficiales no son confiables. No es posible creer en esos números rojos-rojitos. Tampoco confiar en la medicina cubana que trae un llamado medicamento (interferón) como panacea que lo cura todo. Ya los investigadores lo han refutado e indican que fue desarrollado en Europa en los años ’50. Pero los jerarcas del régimen siguen insistiendo que están preparados y suman miles de camas para primeros auxilios, otras más con equipos de ventilación. Pero el venezolano, en general, prefiere creer en su vecino, quedarse en su casa, atenderse con los remedios de la abuela, de la tradición, como el hacer inhalaciones (vaporizaciones) con agua hirviendo (más de 56 grados) y desintegrar ese bicho.

En Venezuela la realidad es muy particular. Por las condiciones socio sanitarias tan desastrosas, y por el régimen totalitario imperante, que desde hace años nos mantiene encerrados, censurados. Aunque la población sabe que debe respetar las medidas sanitarias –y lo acata- le es muy cuesta arriba cumplirlas. Además, es preferible quedarse en casa y morir dignamente antes de quedar expuesto a la insalubridad, humillación y degradación humana que significa caer en las garras de inescrupulosos jerarcas de un régimen criminal que todo lo politiza y usa a su favor para seguir en el poder a costa de la vida de los más vulnerables.

Juan Guerrero
camilodeasis@hotmail.com
@camilodeasis 

jueves, 13 de febrero de 2020

ADRIANA MORAN: DEFENDAMOS NUESTRA ASAMBLEA

Termina la muy reseñada gira internacional y quedamos a la espera del retorno. Un espacio en blanco y expectante que cada quien rellena con lo que mejor le parece, mientras el líder anuncia que viene a luchar por unas elecciones presidenciales libres que se conseguirán con el aumento de la presión de los aliados y con la fuerza de la gente en la calle. Y aunque ese mensaje consigue la solidaridad de muchos, también despierta la furia de algunos, el descontento de otros, y lo que es más grave, la indiferencia de muchos.

De nada servirán el periplo y el apoyo conseguido en el mundo si al regreso solo los incondicionales seguidores de la propuesta de la presión y más presión, sanciones y más sanciones, salen a apoyar al líder. Sin tener la fuerza real para convocar a esos comicios presidenciales limpios y definitivos que se prometen, será difícil que los millones que caminamos entre los escombros de este país destruido abandonemos nuestro ejercicio diario de supervivencia para acompañar esa gesta libertadora.

Por otro lado, en medio de la incertidumbre, tenemos tal vez la única certeza en unas elecciones parlamentarias que el régimen convocará en el momento en el que nos perciba más divididos, más enfrentados y más dispersos. Despreciarlas para apostar a la reunificación de las fuerzas democráticas en torno a una promesa sin bases ciertas y que depende de la acción de otros, puede seguir inclinando la pendiente por la cual nos deslizamos hacia el abismo sin que ningún obstáculo real surgido de la sensatez y de la civilidad que debería definirnos como fuerza en oposición a la barbarie del que manda pueda detener la caída.

Y no queda mucho tiempo para seguir improvisando. La apuesta del régimen es fuerte y está dispuesto a seguir destruyéndolo todo porque ya comprobó que puede sobrevivir medrando en el caos y que no pocos están dispuestos a acompañarlo a cambio de algún beneficio aunque signifique un aumento en el hambre y el sufrimiento de la mayoría.

Comienzan a escucharse algunas voces que claman por avanzar en una ruta real que nos devuelva nuestro papel de ciudadanos organizados para poder participar pacífica, democrática y electoralmente y no perder la Asamblea Nacional. Dependerá de las fuerzas políticas escuchar este llamado o seguir jugando el juego del silencio conveniente, unos, o el de la amenaza cada vez más increíble, otros. Esperemos el retorno.

Adriana Moran
@NuevaTec47
Nueva Esparta 

lunes, 7 de octubre de 2019

VICTANGELA JIMÉNEZ PÉREZ: LA INCERTIDUMBRE DEL DOCENTE

En la actual Venezuela de la era madurista, ser profesional de la docencia, se expresa en la incertidumbre de no saber qué se comerá al día siguiente. Del Estado venezolano no se recibe un pago digno, que pudiera cubrir una cuarta parte de las necesidades básicas de un pequeño grupo familiar; esto sin mencionar, que uno de sus miembros pudiera padecer alguna enfermedad crónica o de gravedad, que hace casi imposible sostener una familia.

Ante tal panorama, en el estado Apure específicamente, nos hemos visto en la necesidad de ingeniárnosla para sobrevivir y llegar a fin de mes, para cumplir con nuestra profesión. Nos toca una suerte de vendedores ambulantes entre los colegas, personal administrativo y obrero, ofreciendo: chupetas, helados de tetas, ponquecitos, entre otros rebusques.

En ocasiones, compañeros han aceptado muy emocionados trabajar en algunos fundos o pequeñas parcelas, lo que le permite proveer sus familias de carne, queso, frijol, verduras; o quienes tienen algunos, se dirigen a zonas aledañas para hacer contacto con los productores del campo y negociar, para luego revenden a sus vecinos, amigos, compañeros y conocidos.

Hay quienes esperan pacientemente las zafras de algunos cultivos como el maíz, el frijol, tomates y almacenan, o de la pesca cuando es más abundante y salan para preservarlos y poder así alimentar a sus familias.

Son tantas las fórmulas y recetas de mis colegas para subsistir ante la indiferente mirada del gobierno nacional, el docente se reinventa, creando alternativas de presentismo donde se divide entre sus obligaciones como maestro y la necesidad de buscar alimentos que compromete su rendimiento laboral. Algunos improvisan una especie de bodeguita a la puerta de sus casas con mesita donde colocan tetas de azúcar, café, aceite, jabón en polvo, pan... productos que garantizan una pequeña entrada de dinero. Otros educadores optan por explotan ciertas habilidades, como la elaboración y confección de ropa, bisutería, ambientación de fiestas para toda ocasión, elaboración de postres, otros cantan y son muy reconocidos como intérpretes de música llanera. En ocasiones, por la cercanía de nuestro estado con Colombia, viajan hasta allí para ganar con su voz en pesos colombianos cinco veces más de los que ganaría en nuestro país en tres noches.

Todo esto se traduce en la lucha por sobrevivir producto de la crisis política y de ingobernabilidad del socialismo del Siglo XXI. La pobreza no asusta al docente, pero la miseria a la que nos ha llevado este gobierno empaña el futuro de los venezolanos. Los maestros y formadores de sociedades en este país, son vilipendiados y maltratados en cada protesta y reclamo por sus reivindicaciones salariales, a simple vista podemos notar como nos afecta cuando observamos rostros prematuramente envejecidos por la dramática pérdida de peso y una alimentación precaria; ropas desgastadas al igual que nuestros calzados, esto no es solamente visible en el aspecto físico, también en lo emocional.

La desesperanza se ha apoderado del ánimo de nuestros maestros a todo los niveles dando como resultado una dignidad que ha sido golpeada por veinte años. Los docentes están  a la merced de un Estado que claramente nos dice con sus acciones: ustedes no son valorado pese a la preparación que tengan y perciben el mismo salario los docentes, personal administrativo y obrero con pequeñas diferencias, mientras este régimen cada día hace mella a la educación,  avalando la improvisación con los supuestos docentes emergentes que el Ministerio de Educación Popular formará de Chamba Juvenil, con las 450 horas como han dado a conocer, pero inexplicablemente una gran cantidad de jóvenes docentes recién egresado no han logrado ser absorbidos por dicho Ministerio y se encuentran siendo parte de la economía informal.

Algunos docentes, aseguran que nunca había experimentado algo como esto, luego de cuarenta años de democracia, donde el costo de las más simple herramientas de un educador, como marcadores, lápices, cuadernos o libros, representa un trozo de pan que dejan de llevar a su boca, ya sin ánimo o espíritu, el docente vislumbra la posibilidad de emigrar para garantizar el sustento a su familia y seguir el destino de muchos jóvenes que abandonaron las aulas sin culminar su educación a todo los niveles, para buscar un futuro incierto, mientras la nación venezolana aún no han llegado a la reconciliación nacional, que de fin a las penurias que experimentan todos los venezolanos: la incertidumbre de no saber qué comerán el día siguiente. 

Victangela Jménez Pérez
victangelajp@gmail.com
@visionvenezuela 
Unidad Visión Venezuela Apure

martes, 24 de septiembre de 2019

EDILIO PEÑA: SIN DESPEDIDA, PERSONAJES AL BORDE DE UN ABISMO

Una ciudad siempre lo espera en medio del sin sentido. El deambula hasta que vuelve a encontrarse. En un bar, en una calle, en un hotel. De nuevo lo asalta el esplendor de una mujer y lo quiebra.

Ulises llega al amor a través de la ardorosa y desatada pasión, pero sin saberlo comienza a separarse del amor, a través del mismo sendero por donde llegó. Para Ulises el hechizo no se agota en una sola mujer. Ha descubierto el frondoso árbol que es, en cada hoja que la define como única e irrepetible. 

De allí que Ulises, como un singular Tótem, desea siempre que las mujeres se comporten sin Tabú. En la literatura, en la música y en la orfandad, Ulises ha develado bemoles fugaces que le permiten saber tocar las campanas de lo intangible y encontrar sus percusiones. Es un artero guerrero de la pasión, pero también en él acecha un poderoso escritor y no lo sabe. La envidia de algunos amigos que lo rodean se lo niegan. Gusta matar a sus víctimas sin arrancarle la vida. No puede dejar de ser lo que es. La oculta indefinición lo consuela y justifica.

En Ulises, el protagonista de la novela Sin despedida de Álvaro D’Marco, el sexo es tan volcánico que su propia lava lo consume cuando entra en erupción. Ulises es una brasa que arde y quema la vulva de las mujeres. Las estigmatiza más allá de la carne, del mismo placer. Las toma en ese instante irrefrenable que nunca más habrá de repetirse igual. Justo ahí, donde copula el cuerpo y el alma. Es más que el rayo misterioso de un tango. Entonces, después lo abandonan o se abandona. Una ciudad siempre lo espera en medio del sin sentido. El deambula hasta que vuelve a encontrarse. En un bar, en una calle, en un hotel. De nuevo lo asalta el esplendor de una mujer y lo quiebra.

Sin embargo, Ulises ha encontrado en Ifigenia, a su otra parte desconocida que calza perfecta con su alma, esa Diosa que lo ama hasta que lo descubre en su cautiverio, divagando entre la certeza y la ambigüedad. Con Ifigenia, Ulises no se siente un hombre escindido, separado de sí. El conflicto lo determina el no saberlo, ignorarlo. Pero Ulises no es una excepción. Un mortal ignora lo que es y lo que habrá de ser. Porque secretamente, alguien o algo demasiado misterioso, juega a los dados con su vida. Los complejos más hondos y dispares de Ulises, empiezan allí. La diatriba de los contrastes lo confunden emocionalmente. No obstante, al lado de Ifigenia, Ulises supera al vizconde Demediado de Italo Calvino. Cuando Ifigenia desaparece totalmente de la vida de Ulises, lo hace como la trajo el destino a su vida. Impredecible. Sin aviso ni señales. Los verdaderos encuentros o desencuentros, nunca son operísticos. Porque lo más hermoso siempre viene de lejos. El drama se precipita cuando Ulises sacrifica a Ifigenia, con la misma inconsciencia con que Agamenón, el padre de la otra Ifigenia, lo hace en la obra teatral de Eurípides para aligerar los vientos que habrán de llevarlo a tener más poder al conquistar Troya, la ciudad. Pero el Ulises de Álvaro D’Marco, no lo hace a través de la muerte que propiciaron los creyentes y asesinos de la antigüedad y de hoy, sino, sin saberlo, con esa inocencia incandescente, con que actúa El Extranjero, de Albert Camus.

Sin despedida 1La inesperada desaparición de Ifigenia es producto de un ciego sacrificio que no le devolverá a Ifigenia convertida en cierva ni en paloma. Acontecimiento que termina por retar al olvido o al recuerdo. A la propia memoria donde no está el orden de la razón, más exacto, donde anida el dolor y el desasosiego. Quizá la forma en que desapareció Ifigenia de la vida de Ulises, se parece a la manera en que recurren algunas víctimas para vengarse de sus verdugos o de sus dioses adorables, pero infieles.

Sin despedida, como la anterior novela de Álvaro D’Marco, Gracias Ulises por tus Batallas, está construida con personajes al borde de un abismo que los convierte en parte de una trepidante y fascinante épica del ser que transita a la sombra del anonimato. El personaje de Ulises es memorable, tanto como su otra parte legendaria: Ifigenia.

Recomiendo a mis lectores leer este nuevo hallazgo de la literatura venezolana.

Edilio Peña
edilio2@yahoo.com
@edilio_p

SIN  DESPEDIDA, de Álvaro D’Marco. Sultana del Lago Editores. Disponible en Amazon.

jueves, 8 de agosto de 2019

ANTONIO DE LA CRUZ: BARBADOS -NO HAY MÁS TIEMPO QUE PERDER-

La negociación entre Juan Guaidó y Nicolás Maduro está enmarcada por la incertidumbre. Cada encuentro es precedido por afirmaciones que indican el fin del diálogo. La semana pasada Maduro propuso un diálogo continuo, “capaz de pasar meses y años con tal de pasar cualquier coyuntura” para solucionar los conflictos del país. En su rol de “policía bueno” repite la estrategia de los diálogos ocurridos en 2014 y 2016-2017. Esperar-ver, acompañado del Estado-criminal. Lo que le permitió mostrar resiliencia ante las protestas no violentas de las fuerzas democráticas en 2014, y sortear el referéndum revocatorio presidencial en 2016. Maduro busca hacer lo mismo en 2019. 

Sin embargo, la naturaleza de la crisis de gobernabilidad es distinta en 2019. Pasó de ser una situación complicada a una compleja. Hoy, el régimen de Maduro es caracterizado como una dictadura (Pepe Mujica, et al.) que viola los derechos humanos (Informe Bachelet) y considerado un régimen ilegal (usurpador) por más de 50 países democráticos. 

Por lo que en esta ocasión, la solución pacífica, política y democrática como consecuencia de la negociación en Barbados debe ser sólida. La hoja de ruta para restablecer la democracia, elaborada y acordada por Guaidó y Maduro deberá tener los garantes de Estados Unidos, China, Rusia y de la Unión Europea. 

Para ello, las fuerzas democráticas deben prepararse para predecir y tomar las precauciones antes de cualquier estrategia distinta empleada por Maduro, como esperar-ver, o la elección parlamentaria. El PSUV está en modo preelectoral. Está censando sus militantes, recorriendo el país.  

Asimismo, Guaidó debe formar las alianzas con todo el espectro político anti-Maduro. Porque la formación de esta coalición cambia el equilibrio de poder en la mesa de negociación y en el apoyo internacional. El argumento de la división dejará de ser una excusa para algunos sectores que afirman: un nuevo gobierno no garantiza la estabilidad política en Venezuela.

Otro factor que se debe tomar en cuenta es el pensamiento creativo, para poder acordar en Barbados la celebración de la elección presidencial con justicia transicional.

Además, Guaidó debe seguir mostrando su carácter valiente. En este sentido, debe asumir el liderazgo del mecanismo de Oslo, sin el miedo a perder parte del capital político. Porque hasta ahora la iniciativa la ha llevado Maduro. Lo que introduce ruido en la mesa de negociación de Barbados al llevar a los venezolanos a experimentar un déjà vu.

Mientras tanto, Estados Unidos, en su rol de policía malo, con la orden ejecutiva 13692 del pasado lunes protegió los activos del Estado venezolano en el país norteamericano; principalmente la refinería Citgo por el cobro de la empresa canadiense Crystallex, para saldar el pago por la indemnización de 1.400 millones de dólares. 

Por lo que ningún acreedor podrá tomar coactivamente las instalaciones de Citgo por la falta de pago derivado de una demanda contra la República (álter ego de Venezuela). Es decir, que el gobierno interino de Venezuela podrá iniciar la renegociación de la deuda externa con los tenedores de los bonos soberanos y corporativos sin el riesgo de perder Citgo, por ahora. 

Sin embargo, los fondos tenedores de la deuda venezolana están en el limbo porque enfrentan un dilema: vender a cualquier precio los bonos, o mantenerlos con el riesgo de alejarse del índice de referencia de JP Morgan Chase, que eliminó de sus índices los bonos de Venezuela la semana pasada. Lo que despierta en el mundo financiero entender la salida a la crisis política en Venezuela, porque tiene que resolver una cartera de 60.000 millones de dólares, y unos compromisos incumplidos por pago de 15.869 millones de dólares hasta diciembre de 2019. Una situación que debería aprovechar Guaidó para lograr su agenda, por los vasos comunicantes entre Wall Street, La City, Luxemburgo con los gobiernos de Occidente. Y evitar que se conviertan en fondos buitres. 

Estos elementos están presentes en Barbados. Lo que genera incertidumbre para alcanzar la solución pacífica, política y democrática a la crisis en Venezuela. Porque cualquier variación agotará el tiempo del diálogo. Solo la capacidad de adaptación, variación y creatividad de las fuerzas democráticas podrán vencer la estrategia de Maduro de comprar tiempo. No hay más tiempo que perder.

Antonio de la Cruz
@iatrends
@antdelacruz_
 Washington, DC

A Todo Momento
@ATodoMomento_
http://atodomomento.com/opinion/barbados-tiempo-que-perder/

miércoles, 13 de marzo de 2019

CARLOS BLANCO, LLEGÓ LA SOMBRA


Gracias a ese joven sabio y omnisciente que es Mickey Google, leo que el 28 de octubre de 1873 “Venezuela conoce la luz eléctrica”   y que “El 14 de enero de 1886, se suscribe el primer contrato de suministro de luz eléctrica en América del Sur, entre el Consejo [sic] Municipal de Puerto Cabello y el señor Francisco de Paula Quintero.” Saco la cuenta. Encuentro que Venezuela ha apagado la luz para ese regreso súbito hacia las penumbras de hace 146 años, entonces un país seguramente conmovido por el largo tránsito hacia la República, pero más amable con sus velas y su lumbre.

Hoy las velas encendidas no son la antesala del progreso que prometía el ocaso del siglo XIX, sino el capítulo final de la ruina a la que condenó al país una mafia sangrienta que tomó posesión del Estado venezolano. Nada más elocuente que el probable cercano final del régimen de Maduro ocurra en medio de la oscurana de los asaltantes.

Se vive el caos. Nada es previsible. La buena noticia es que los cambios se suceden de manera incesante; la mala noticia es que nadie puede prepararse para ellos. Guaidó fue el producto de una circunstancia inesperada que resultó muy afortunada; la catástrofe eléctrica madurista que asuela al país desde la semana pasada, acontece en inesperada fecha, pero es trágica. Lo más probable es que ocurra lo imprevisto y en esas tinieblas hay que navegar. Recordemos que la mayor parte de los factores políticos arrastraban los pies con la juramentación de Guaidó como Presidente encargado. Lo hizo para sorpresa de propios y muchos ajenos, y allí cambió la historia de modo súbito.

La característica de estos procesos caóticos es que los proyectos, que siempre debe haberlos, funcionan poco. Las intervenciones exactas, estratégicas y profundas en un momento dado, pueden cambiar la historia.

El gobierno de transición vendrá; pero nadie sabe sus rasgos. Por eso, pensar que será un gobierno de Voluntad Popular y Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, tal como Guaidó lo diseña hasta la fecha, con su Plan País, es una posibilidad entre varias. Si cuaja finalmente lo que hasta ahora camina, puede ser así. Sin embargo, si aparecen nuevos acontecimientos, tan inesperados como lo ha sido el propio Guaidó, la transición podría tener rostros diferentes. ¿Tendrán los militares algún papel? Es posible. ¿Serán los generales y almirantes chavistas o serán los coroneles y comandantes que no han sido chavistas? No sabemos ¿Participarán los financistas de los “dos lados” conjuntamente con los financiados? Depende. ¿Estarán fuerzas políticas y sociales hoy excluidas de las decisiones del nuevo gobierno? Tal vez. ¿Vendrá apoyo internacional? Puede que sí ¿Militar o civil? Indeterminable hoy.
Las cartas están en el aire.

Carlos Blanco G.
@carlosblancog

domingo, 3 de marzo de 2019

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ, LADRONES DE CUERPOS


Actuamos con ideas simples, incluso necias. Suelen ser inofensivas como muchas bacterias bajo la piel que habitamos, hasta que se atraviesa un resfriado o un parpadeo inmunológico que las hace socialmente patógenas. En las sociedades cohesionadas están a raya por la actividad sistemática de los creadores de pensamiento, cuyo trabajo martilla que detrás de la obviedad suele haber un error, que lo real es complejo, toda simplicidad imaginaria, y que la simpleza y la obviedad son el no pensamiento. Pero las efervescencias colectivas apartan los razonamientos complejos, sustituidos por lo que Hayek llama “difusores de ideas de segunda mano”.

Son sofistas cuyo ser consiste en no ser, experticias imaginarias que contagian a otros y riegan la pandemia. En estas tres décadas varias veces el inicialmente inofensivo simplismo se trasmuta en colectividades movilizadas, y hasta en mayorías fanáticas en ciertos momentos. Es escalofriante recordar el trabajo incansable de grupos rencorosos y amargados para convencer de que el régimen democrático era una sentina y los partidos un basurero. Y los difusores de ideas de segunda, que no tienen instrumentos para discernir, lo convirtieron en verdad revelada.

Luego, que el “comandante” limpiaría la podredumbre. Y las caravanas de camellos de los difusores llevaron la mercancía contaminada de necedad a todas partes, así como también en 2016, 2017. La notable estrategia: abstenerse en 2018 para deslegitimar al gobierno y así vendría la solución desde fuera (frenemos ahí. Decía aquél: “la luz del entendimiento me hace ser muy comedido”). Es difícil enfrentar el vendaval de puerilidad de decisiones tomadas por simplismos, afectos, rabietas, ilusión, y ver cómo la ola arrastra gente en la crecida que antes era el comandante.

¡Devuélveme a mi mamá!

Los ladrones de cuerpos es una película de 1956, dirigida por el legendario Don Siegel que recibió grandes honores. Le han hecho tres remakes, algo inusual por no decir que extraordinario. Más tarde la incorporaron a la colección fílmica del Congreso de Estados Unidos. Cuenta que una pareja, el médico Bennell y su novia Becky descubren una invasión extraterrestre en un pequeño pueblo de California. Los usurpadores sustituían a las personas por unos dobles físicamente exactos y la gente pasaba por el momento aterrador, traumático, de descubrir que entes idénticos a sus padres, esposos, amigos o hijos, habían perdido su calidez, el élan.

Los críticos vieron en el film simbólicamente el contagio del fascismo y el comunismo en las masas. En nuestro país fue la inundación de simpleza que condujo de fracaso en fracaso. Si en la película los bichos se gestaban en unas vainas gigantescas, basta asomarse discretamente a algunas redes de “entendidos” para ver cómo proliferan los entes de la nadería flagrante. La suplantación avanza, imperan vaguedades, fantasías y desconocemos a nuestros seres queridos. Durante años se impuso la práctica de casar confrontaciones quiméricas.

Así se perdió la esencia del hacer político, quemaron las ventajas comparativas. Con ellas, victorias que habrían hecho del gobierno hoy un recuerdo y fueron a pelear donde quería el adversario, con la idea de sacarlo de un solo envión, con olvido de lo que ha pasado durante mucho tiempo, muchas veces y en muchas partes. A la fecha, algún entendimiento desnivelado nos hizo esclavos de una secuencia para mermados mentales con el fin de imponer a la realidad un prêt-pòrter que algunos han llamado jocosamente mantra: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Grupo de Lima reloaded

¿No se puede cambiar el orden de la cartilla para evitar menudencias como muertes y otras violencias porque impediría algún plan? Escribe Luis Mariano Rendón @lmrendon, dirigente social chileno, opuesto a Maduro: “esa trilogía (puede cambiar porque) no se la entregó Dios a Guaidó en la cima del Ávila…”. Salir del caos revolucionario… ¿armoniza con dar base por bolas a que Maduro ha propuesto elecciones dos veces? ¿No habría que arrancarle el guante frente a terceros, particularmente la U.E y el Grupo de Lima reloaded?

No deberá olvidarse lo ocurrido ese 23 de febrero del que Tarantino pudiera hacer Reservoir dogs II. Que desmanteló la policía de la felicidad creada por los difusores y que reprimía la crítica. El Grupo de Lima insiste en que no habrá intervención militar. Igual los tres grandes, México, Argentina y Brasil que no estuvieron en Cúcuta, y éste en notoria retracción de sus palabras hace un mes. Declaran sobre llamar a elecciones limpias y ese debería ser el tema de negociación y debate. Pero ¡asombro¡ algunos dicen invasión sí elecciones no (todos estamos siempre a un paso de la locura). Toca evitarla, corregir los errores y preparar el próximo movimiento.

La incertidumbre y el ambiente actual sirven para recordar un genial cruce de retruécanos entre dos de las más cortantes lenguas de la Gran Bretaña. Bernard Shaw invita al estreno de una de sus obras a Winston Churchill, y en la esquela no deja de sajarlo con su humor “…te envío dos entradas al estreno, para que vayas con algún amigo, si es que lo tienes”. Churchill le responde de inmediato “Querido Bernard me es imposible ir al estreno. Pero te garantizo que iré a la segunda función, si es que la hay”.

Carlos Raúl Hernández
@CarlosRaulHer

miércoles, 9 de enero de 2019

NELSON J. VILLAVICENCIO, ABSTENCIÓN Y AISLAMIENTO


El título se me hacía muy largo, faltó la palabra incertidumbre. Entre la abstención, el aislamiento y la incertidumbre, así se proyecta el país político en el 2019.

La abstención como configuradora de un sector político del país probablemente migre a uno acorde a los de un año no electoral. Quizás la senda de un nuevo diálogo sea la “nueva” bandera de este sector. Los aisladores por su parte avanzarán significativamente hasta dónde las organizaciones y países principalmente del sistema Americano de Naciones les permita. Esfuerzos notables habrá de hacer este sector ante una América Latina cada vez más segmentada, cuando a diferencia del ciclo de izquierda donde las cercanías eran agrupadas bajo una tríada de liderazgo, el actual ciclo de derechas no es necesariamente unísono a un liderazgo. La percepción que existe sobre el liderazgo del principal país, Brasil, es percibida por méritos propios y tratamiento de la prensa, como uno de tipo inclusive inestable y de malestar a lo interno de las fuerzas armadas de ese país. El timo jurídico velado en la sociedad por las denuncias de corrupción que permitió el triunfo de Bolsonaro puede ser una bomba de tiempo para un escenario político abrupto en ese país.

Estados Unidos, por su parte, exhibe sus fortalezas de controles democráticos internos ante un liderazgo de tipo empresarial que se ha encontrado con la realidad del checks and balance donde el fired no aplica, esta realidad interna apremiará sobre sus prioridades y decisiones políticas.

Los padres de la incertidumbre, los que se disputan entre una nueva constitución y la actual, los que regulan los precios pero al mismo tiempo actualizan el DICOM a todo dar, los que quieren superar el extractivismo y el rentismo, desarrollando el extractivismo de minerales, tienen a los suyos y al país entero en incertidumbre. La supervivencia política en la escena internacional les ha robado el Gobierno y alejado de la toma de decisiones capitales: una profunda redimensión del Estado con foco en un modelo mixto y diverso en la administración de los servicios públicos; una sinceración del modelo económico desde una perspectiva mas humana que política con políticas competitivas y de atracción de IED. 

Todos queremos un Estado con mayor capacidad de gasto y sano endeudamiento, pero queremos que este resultado sea producto de su productividad y no de su impresión monetaria.

Nelson J. Villavicencio
@villachitty

lunes, 10 de diciembre de 2018

JOSE LUIS ZAMBRANO, POR EL CAMINO INCA DE LA INCERTIDUMBRE, SAINETE EN CÁPSULAS


Lo vi partir con el alma en vilo. Se cansó de guardar los sueños en el armario y de esa sensación terrorífica de no saber qué hacer al abrir los ojos. Sentía un miedo tortuoso al fracaso. Pero estaba hasta el hastío de andar sin rumbo y tener los días apretujados en el almanaque. Todos eran iguales, extraviados y complejos, reducidos a medio conseguir qué comer, a solventar las discusiones gastadas con la familia sobre las maneras para poder sobrevivir.

Se cansó de pensarlo y de escarbar en su mente por una excusa para no salir del país. Ya uno de sus hermanos lo había hecho, con el equipaje quebrado en sollozos y con una idea empecinada por el éxito. No le había ido mal, pero su talento parecía exterminado en una silla de conserjería en el país austral, donde los sueños y las pesadillas están alojados en la misma vidriera.

A él le tocaría otra cruzada. Quería probar de qué estaba hecho. Pagaría las viejas cuentas con el destino. Por eso, decidiría por un sendero distinto; absolvería sus culpas de no intentarlo, como tantos y tantos que abren las fronteras de sus propias dudas. Su meta era Perú, por no tener muchos baches en el papeleo y por contar con una comunidad casi interminable de venezolanos que asumieron la misma aventura de la huida.

No tenía tiempo para tramitar el pasaporte. Partió a la buena de Dios, con unas maletas menguadas, un presupuesto de risa y un teclado para hacer lo que más amaba: su música de mil sabores.

Al arribar a la frontera con Colombia se enfrentó a unos malhechores que lo extorsionaron, para evitar que pasara al otro lado. Estos rufianes vestían verde oliva, los mismos que juraron en el pasado defender la patria a costa de sus vidas. Hoy se la arruinan a un pueblo entero. Debió entregarle gran parte de los pocos dólares que poseía, sometido a su fantasía irresistible por triunfar.

Pasó un día entero esperando por el autobús que le recorrería toda la nación neogranadina y lo dirigiría hasta Ecuador. Tuvo las maneras alegres y la virtud cierta para entusiasmar a los pasajeros, todos venezolanos y con un valor inminente, quienes repetían las notas que él cantaba con un entusiasmo indecible.

Cuando llegó a las nuevas tierras, se sintió abandonado a su suerte. No había paralelismos con lo leído sobre esta nación, ni similitudes instantáneas con lo dejado en Venezuela. Aquí debía romperse el lomo para demostrar de lo que era capaz. Era empezar de cero, pero con las dudas rebotando en su cabeza.

Con los bolsillos agónicos, arrendó una habitación en la que apenas podía estar parado, con una cama desvencijada y las paredes tapizadas de baldosas turbias.

Recorrió calles marchitas buscando un empleo rápido. Hasta un matón de barrio le apuntó con un revolver en las narices, quien lo confundió con un partidario de su banda contraria. Cuando hasta el agua para tomar se le había acabado, pudo recibir 30 soles por unas horas de canto con su instrumento, en un restaurante en el que el dueño apreció su talento y su temeridad infranqueable para buscar una nueva senda.

Esta dura prueba la viven más de tres mil venezolanos que a diario cruzan las fronteras de nuestro país hecho trizas. Excavan en cualquier posibilidad, pues en Venezuela no existe ninguna. Así arriesgan, atiborrados de enigmas y con un desconcierto supremo, por algo distinto. Lo importante es levantar la cabeza y poder en el futuro, enviarles a sus familiares para que no mueran de hambre.

Ya el Gobierno de Perú se lo tiene bien pensado con respecto al tema. Han señalado sin reparos su canciller, Néstor Popolizio, que, como nunca ha reconocido las elecciones fraudulentas del pasado 23 de mayo, se ha decidido proponerle al Grupo de Lima, romper las relaciones con Venezuela y prohibir el ingreso de los miembros del nefasto gobierno de Maduro, a cualquiera de los países integrantes del bloque.

Pese a esta decisión sin ambages, las puertas de la nación inca siguen de par en par para los venezolanos de a pie, con algunas limitantes a solventar, siendo quizá la más engorrosa y diversa, el llegar con el corazón constreñido y la carencia de un mapa reflexivo de cómo comenzar. Pero así es el coraje nacional, apto para esquivar situaciones aciagas y hábil para demostrar una musculatura emocional en los momentos más inciertos. Todas esas capacidades las requeriremos para reconstruir pronto a la nación más hermosa del mundo.

José Luis Zambrano Padauy

zambranopadauy@hotmail.com

@Joseluis5571