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sábado, 22 de agosto de 2020

CARLOS A. MONTANER, EVO MORALES, EL CAUDILLO CONTRARREVOLUCIONARIO, DESDE ESPAÑA

Ocurrió hace pocos días. Una mujer de unos 70 años recorrió los hospitales de Oruro, Bolivia, en busca de oxígeno. Padecía el Covid 19. Se estaba muriendo. No tenía fuerzas para nada. Se sentía confundida, como si pensar le costara un gran esfuerzo. En todas partes le decían lo mismo. “La ciudad está rodeada por partidarios de Evo Morales. No dejan entrar los camiones con oxígeno”. Finalmente, la señora murió. Literalmente, se asfixió. Se llamaba Esther Morales. Era la hermana mayor de Evo. Fue como una especie de madre para el expresidente asilado en Argentina. Evo había dado la orden de sitiar la ciudad. 

Esther Morales no era un caso excepcional. Han muerto unos 40 bolivianos en las mismas circunstancias. Fernando del Rincón, una de las estrellas de CNN en español, a cargo del programa “Conclusiones”, poco antes había transmitido un video de Mario Limanchi, un hombre humilde y elocuente de 65 años, implorando que permitieran el paso del oxígeno clínico porque, de lo contrario, moriría. El video lo había filmado la doctora que lo atendía como un último recurso para salvar a su paciente. La médico, muy conmovida, contó en “Conclusiones” que Limanchi había muerto sin lograr su objetivo. Los sitiadores continuaron impidiendo el paso del oxígeno. 

Estos episodios reivindican al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni) y Carlos Sánchez Berzaín, su Ministro de Defensa. Los dos en el exilio estadounidense desde octubre de 2003. Ambos tuvieron que hacerle frente a una insurrección de los cocaleros, dirigida por Evo Morales, mezclada con sindicatos radicalizados. A lo largo de varios meses murieron 69 personas, 21 de ellas militares que defendían la ley y el orden. Inmediatamente se movilizaron las ONGS controladas por la izquierda y presionaron al gobierno hasta hacerlo saltar. Ahora es evidente que pretenden hacer lo mismo: conseguir que el débil gobierno de Jeanine Áñez trate de impedir el asedio a las ciudades, cosechar algunas muertes y retomar el camino del acoso judicial que tantos réditos les trajo en su momento.  

Ya han conseguido cooptar a la ONU, según se desprende de la carta que le enviara el expresidente constitucional boliviano Jaime Paz Zamora y otros 257 firmantes prominentes a Antonio Guterres, Secretario General de la Institución. Parece que no confían en Jean Arnault, diplomático francés, delegado personal de Guterres en la crisis boliviana y amigo de Evo Morales. Se ha parcializado. 

Realmente, es sorprendente la posición de la ONU con relación a Bolivia. Se supone que en el ámbito regional diplomático la OEA sea quien lleve la voz cantante o principal en el asunto. Al fin y al cabo, la OEA es una ONU del hemisferio americano. Pero como Evo Morales es conocido en su entorno, y como se sabe exactamente quién es, de su desprecio total a las formas democráticas, y de sus vínculos con la producción y el tráfico de cocaína, prefiere protegerse bajo el manto mayor de Naciones Unidas. 

A Evo Morales se debe la destrucción de la labor unificadora de los partidos que fortalecieron la república incorporando a los indios al país.  El enemigo natural de Morales, aunque no había nacido, es el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), y su jefe Víctor Paz Estenssoro, quien lanzara la revolución en 1952. De esa revolución surgen el sufragio universal efectivo, los esfuerzos por alfabetizar las zonas rurales, la reforma agraria y la discutible nacionalización del estaño. 

Mientras la revolución de 1952 se propuso unificar y modernizar a Bolivia, Morales, cuando ocupa el poder en el 2006, intenta recuperar un mundillo precolombino imposible de restablecer. De cierta manera es y actúa como un caudillo contrarrevolucionario. Por eso declara el “Estado Unitario Social de Derecho, Plurinacional, Comunitario Libre, etcétera, etcétera” y oficializa las 37 lenguas que se hablan en el país, aunque sólo se utilicen, abundantemente, el quechua (24%) y el aymara (18%).  

Evo, enfermo de antioccidentalismo, no entiende que, para bien o para mal, el mundo ha unificado el desarrollo tras la huella de Occidente. Más aún: la idea del progreso es netamente occidental, como han comprendido los japoneses, los chinos y los surcoreanos. Mientras tanto, Evo Morales quiere ganar una guerra perdida en el siglo XVI. Pobre hombre.

Carlos Alberto Montaner 
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner. 

El último libro de CAM es Sin ir más lejos (Memorias). La obra fue publicada por Debate, un sello de Penguin-Random House. Se puede obtener por medio de Amazon Books.  

lunes, 4 de noviembre de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: EVO, ORTEGA, BORGES Y ALGUNOS OTROS

Cuando Daniel Ortega en el año 2009 buscaba la relección que la constitución nicaragüense le prohibía, a mediados de ese mismo año Tomás Borges decía que todo podía pasar en su país, menos que el Frente Sandinista perdiera el poder, “podemos, decía el líder del sandinismo, pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos es perder el poder”. Por supuesto que no solo no lo perdieron, sino que pudieron continuarlo hasta ahora. Y digan lo que digan, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua gracias a la mayoría de seis magistrados sandinistas, pues asistieron algunos suplentes en lugar de los titulares de la oposición, declaró la no aplicación del art. 147 de la Constitución que prohibía a Ortega y al resto de los funcionarios públicos la reelección inmediata al mismo cargo. 

Pero el camino para acudir al poder judicial, judicializando así un hecho político, en razón de que el poder legislativo no le daba la tan ansiada reforma de la constitución que le permitiera mantenerse en el poder en la próximas elecciones del 2011, no fue idea suya, lo había iniciado ya en Cota Rica el premio nobel Oscar Arias una vez que después de ser presidente a finales de los ochenta, la comezón de volver a serlo se le metió en el cuerpo, aunque haya quienes afirman que más bien se la contagiaron. Como quiera que sea y de después de varios intentos la famosa Sala cuatro o Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, declaró finalmente la prohibición de la reelección consagrada en la constitución costarricense como una limitación no solo al derecho constitucional de los individuos a ser reelegido, derecho fundamental, sino también al derecho de los electores para ejercer votar sufragio por quien consideraran oportuno.

En este asunto de la reelección, cada maestrillo tiene su librillo como dice un viejo refrán popular. Chavez, por ejemplo, lo tenía todo atado con la constitución que llevaba en el bolsillo cuando fue electo presidente en el 98, logrando en el 2009 luego de perder un referéndum anterior, la reforma constitucional deseada para ser reelegido eternamente. Otros, sin embargo, como Lula o Correa tuvieron que delegar confiando en camaradas de viaje como Dilma Rousseff o Lenin Moreno, aunque con diferente suerte. Quizás por eso, y aun cuando podía ser candidata, Cristina Fernández, sin lugar a dudas una mujer astuta e inteligente, prefirió aplazar su turno y esperar mejores tiempos para lanzarse nuevamente al ruedo presidencial, cediéndole su derecho candidatural a Alberto Fernández quien fuera jefe del gabinete de su esposo Nestor Kirchner. Sin duda, una movida estratégica que le permite seguir manejando el poder tras bastidores, pero desde un puesto con cero responsabilidades políticas, sin exposición que la desgate, y que además la convertiría en presidenta en caso de una vacante temporal o total del presidente de acuerdo con la constitución argentina. 

Si Morales fuese un pintor, seguramente hubiese sido un pintor ingenuo o un poeta ingenuo, a diferencia de Tomás Borges, si se hubiese dedicado a escribir versos. Pero en su lugar prefiere ser, a veces, un politico ingenuo que dice cosas que ningún otro político se atrevería a decir, aunque como él las piensen y las practiquen. A finales del año pasado con ocasión de recibir un doctorado honoris causa en la Universidad de San Carlos (USAC) de Guatemala, Evo Morales confesó que tiene una adición: se ha acostumbrado al poder y no quiere dejarlo.  Un problema según el mismo lo definió que recientemente, en plena campaña electoral, con diferentes palabras volvió a plantear a la periodista brasileña Sylvia Colombo a quien le manifestó que no sabría qué hacer si ya no era presidente, pues Bolivia era su vida y su familia.

No sabemos si Evo Morales conocía lo que había dicho Borges, pero seguramente si lo que hizo Ortega y anteriormente Arias quien volvió a ser presidente en el 2006, casualmente el mismo año en el cual Morales acababa de iniciar su primer mandato y Ortega ganaba en Nicaragua sus primeras elecciones presidenciales de este siglo. 

Por eso, cuando en el 2016, Evo Morales buscando emular a Chávez, pierde el referéndum popular, lo que le obsatculiza la vía para derribar la pared constitucional que le impide ser reelecto para un cuarto periodo presidencial, decide utilizar la fórmula centroamericana y acudir directamente al Tribunal Constitucional donde interpuso un recurso sobre la base de que prohibirle una nueva reelección atentaba contra sus derechos políticos; es decir, el mismo absurdo argumento de Arias y de Ortega. Le llevó muy poco tiempo recorrer aquel atajo, pues en el 2017 los magistrados le concedieron lo que tanto el pueblo como la Asamblea Nacional le habían negado, habilitándolo para buscar la reelección, no la cuarta, sino las que quisiera. 

Es obvio después de visto lo que ha ocurrido en los recientes comicios presidenciales bolivianos, que aquella experiencia centroamericana de la primera década de este siglo le quedó a Morales muy bien aprendida y grabada en piedra. Una piedra similar a aquella otra a la que se refirió el propio Daniel Ortega luego de publicarse en el 2009 la decisión reeleccionista de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua: “Como decían los magistrados, ésta ya es una sentencia aprobada en piedra, es inapelable, y esto es importante que lo tengan claro los oligarcas vendepatrias”.

José Luis Méndez La Fuente
@xlmlf

martes, 3 de septiembre de 2019

BERNARD HORANDE: EL PRÓSPERO MEGA CARTEL DE SAO PAULO

Dicen que la reunión en Caracas fue un fracaso. Sí, cierto, en asistencia. Pero no en ideas. Perversas todas.

El Foro de Sao Paulo en su reunión de Julio pasado decidió el camino a seguir. El FSP está feliz.

Ve a López Obrador investido como Presidente de Mexico. Ve a Cristina muy cerca de alcanzar el poder en Argentina… por obra y (des)gracia de Macri y de la miopía política de los argentinos.

Ve que hay posibilidades de liberar a Lula en Brasil. Desaparecido Chávez, es importante contar con un líder carismático para el movimiento en Latinoamérica.

Ve que Duque anda cojeando y que Petro podría perfectamente llegar al poder en Colombia a corto plazo. Ve que Evo ganará su enésima presidencia y seguirá su reinado boliviano.

Ve que Maduro resiste más de lo que muchos creían, a pesar de todos los misiles sancionatorios y las amenazas (todavía no suficientemente creíbles) del gigante del norte.

Ve que Cuba, con menos Castros, sigue su curso sin grandes cambios. Hasta dentro de USA se observan signos preocupantes de cómo, crecientemente en ciertos sectores, toma cuerpo la idea socialista.

Y ahora lo de Iván Márquez y el regreso a las montañas.

Qué felicidad.

Todo está planeado. Nada es casual. Lo acordado en Caracas es desestabilizar gobiernos. Crear turbulencias. Causar problemas. Prender la calle. Movilizar. En todos los países de la región.

Ya no se cuenta con el petróleo venezolano. Se sustituye por narcotráfico. Por explotación minera sin contemplaciones. Por terrorismo, vacunas y protección. Por trata de blancas. Por neo-esclavismo. Muchos recursos. Ninguno legal. Es el mega cartel.

Qué prosperidad.

En eso se ha convertido una parte importante de la izquierda latinoamericana. En un cartel criminal, mafioso, delincuencial, inescrupuloso. Con la bendición de Moscú.

Maduro dijo al clausurar la reunión del Foro de Sao Paulo que los dirigentes prófugos de la antigua guerrilla de las FARC eran bienvenidos en Venezuela cuando lo consideraran.

Eso está pasando. Y su tarea es proteger al mega cartel.

Más vale que Trump, Brasil, Colombia y el Grupo de Lima se pongan de verdad las pilas.

Bernard Horande
@BHorande 

domingo, 20 de marzo de 2016

EMILIO NOUEL V., LA INTERNACIONAL DE LA PODREDUMBRE: KIRCHNER, LULA, CASTRO, CHAVEZ, ORTEGA, DILMA…………

En no pocas ocasiones he comentado lo que he llamado ‘Corruptos sin fronteras’, o lo que sería lo mismo: una ‘internacional de la corrupción’.
Es una suerte de organización informal cuyos miembros están vinculados por los canales de la política, de la ideología. El afán desmedido de poder y dinero, que esconden detrás de una retórica indigesta, los hermana, los lleva a apoyarse incondicionalmente más allá de las fronteras.
En su mayoría, van por la vida y el mundo de izquierdistas anticapitalistas, socialistas del siglo XXI y/o antiimperialistas de uña en el rabo. Dicen representar los intereses de los excluidos y los “condenados de la tierra”, como los llamaba Fanon. Sin embargo, no tienen empacho en aliarse con delincuentes de todo pelaje, sobre todo, algunos de cuello blanco, duchos en el recorrido seguro por los vericuetos de las finanzas internacionales.
El antinorteamericanismo es también ingrediente infaltable en los discursos inflamados de estos redentores de los pobres, cuyos bolsillos están repletos de dólares. Sus aquelarres, como el Foro de Sao Paulo, están financiados por los compañeros en funciones de gobierno.
La superioridad moral, en tanto que izquierdistas, es nota característica de su actitud frente a los demás mortales; éstos, seres inferiores, engañados y corrompidos por los valores de la sociedad de mercado, faltos de la orientación de aquellos ‘guardianes de las esencias’.
No obstante, más temprano que tarde, y para infortunio de este malandraje dedicado a la política, toda esa impostura sale a la luz, y la tal superioridad ética, los grandes ideales, el amor por el necesitado y las rasgaduras de vestiduras, resultan ser un burdo disfraz, un perverso disimulo, para engañar a incautos.
No hay que ir muy lejos para comprobarlo. La vida dispendiosa de millonarios que llevan los dirigentes del PSUV y sus allegados, la que muestran sin recato alguno, es la evidencia más palpable. Las pruebas se cuelan hacia el público, aparecen a diario en los medios, tal es el desfachatado atraco que han cometido a la Nación. Las esquilmadas empresas del Estado, los contratos en la Administración central y descentralizada, las gobernaciones y alcaldías todas han sido fuente de los mayores negociados turbios, y origen de enormes riquezas mal habidas, este latrocinio, por supuesto, en el nombre sagrado del socialismo.
No es muy diferente el espectáculo de sus amigotes, compañeros de la causa revolucionaria en el extranjero. Ellos están dando,  también, mucho de qué hablar, en esta materia de tráfico de influencias, “guisos” y demás robos de los dineros públicos. Los juicios y cientos de enjuiciados y encarcelados, allí donde funcionan las instituciones, lo atestiguan.
El ‘lava jato’ o ‘petrolao’ brasileño ha destapado la inmensa cloaca de Petrobras. Hasta el señor Odebrecht, constructor mimado de los grandes contratos del gobierno chavista, ha sido encanado. Cientos de apresados por el tráfico de influencias y lavado de dinero, señala la información disponible, y los escándalos no cesan.
El kirchnerismo argentino no se queda atrás en este repugnante asunto. Desde antes de que cayera del poder, las denuncias sobre sus desaguisados, incluido el tráfico de drogas, habían circulado profusamente, algunos los conectaba también con el gobierno venezolano. Esta semana, por cierto, han aparecido videos en que se reparten millones de dólares los contratistas del kirchnerismo.
Los sandinistas, otros ‘compañeritos’ del socialismo del siglo XXI, están denunciados de múltiples irregularidades con las empresas creadas a cuenta de la ALBA, a las cuales tampoco escapan personeros del gobierno chavista.
Así, ‘Corruptos sin fronteras’ se ha convertido en un negocio muy rentable, globalmente hablando, para los nuevos redentores de los pobres. De Rusia, pasando por España, Ecuador o Cuba, llegando a Panamá, Brasil, República Dominicana, Bolivia o Nicaragua y la China, los dineros públicos de muchos países, circulan a través de los canales financieros, para engrosar las cuentas y bolsillos de las nomenklaturas de gobiernos de izquierda, y hasta ídolos como el inefable Lula Da Silva, están seriamente involucrados hasta los tuétanos.
Los venezolanos de bien sentimos una gran envidia de los países en los que las instituciones encargadas de perseguir y sancionar la corrupción se desempeñan de conformidad con la ley; de aquellas naciones cuyos órganos de control o los tribunales no están secuestrados, manipulados o intimidados por el poder, como ocurre en Venezuela.
El del señor Lula es sólo un caso, entre tantos otros, de un ídolo con pies de barro, que ha buscado protección asumiendo un cargo ministerial, lo cual releva equivale a una confesión. No sería prudente poner las manos en fuego por él, habida cuenta de los múltiples indicios que obran en su contra y muchos de sus colaboradores y familiares.
Lo más cierto de todo esto es que, en efecto, hay una internacional de la podredumbre política que conecta, particularmente, a grupos que comparten ideologías y ambiciones de poder, y que se protegen mutuamente al momento en que son desenmascarados.
Pareciera que les llegó la hora de la verdad.
Emilio Nouel V.
emilio.nouel@gmail.com
@ENouelV

Yaracuy - Venezuela

miércoles, 9 de marzo de 2016

DOMINGO ALBERTO RANGEL, EVO, AZNAR, LULA, CAPRILES Y NICOLÁS...

Como dijo Uslar la política se ha hecho tan costosa que solo robando se puede sufragar, ayer fue Aznar, hoy Lula… ¿quién será mañana?

Nuestra sociedad es prolija trayendo al mundo seres que gustan burlarse del mal ajeno. Se trata de un deporte popular, que bien practicado podría ser provechoso al permitirnos sacar ventaja de las malas circunstancias por las que otros pasan. No es así.

Por ejemplo me parece que nuestra sociedad está perdiendo la oportunidad de aprovechar en positivo, investigando las verdaderas causas de estos escándalos de corrupción ligados a la política, para evitar en el futuro, que se repitan en Venezuela los males que en otras latitudes sufren sociedades donde los gobernantes son acusados como ladrones. Y con esto no digo que nuestros gobiernos sean medianamente honestos sino todo lo contrario.

Aclaro que cuando toco este tema me refiero a que para uno que no está alineado con ninguno de los gemelos polarizados, luce una bobería que la MUD pase una semana recordando que a Lula le allanaron el apartamento como si los aliados extranjeros de la oposición fuesen seres impolutos.

Tan bobería como que el oficialismo retruque recordando hasta la saciedad que el ciudadano Rajoy, a pesar de que su partido viene de ganar unas elecciones, no se atreve a postularse para otro período porque está abrumado con la corrupción del ex presidente Aznar.

Una discusión vista así, con el estupidizante y corto criterio de la polarización, no nos va a ser útil y mejor sería evitar la tentación.

Por eso no pienso dedicar estas líneas a comparar ladrón con ladrón, y menos aún, a sumar lo escamoteado en cada caso para compararlo con el PTB de cada país y elaborar una tabla.

Dejo esa extenuante labor para gente más ociosa.

Hay sin embargo una arista que no va a ser tomada en cuenta por nuestra prensa, polarizada, muchas veces estupidizante, generalmente ignara y poco útil a los fines de que las maldades que se destapan a diario no vuelvan a ocurrir o al menos a que su ocurrencia se minimice.

Me refiero al estratosférico costo de la política, no solo de las campañas electorales, que para ser medianamente sufragado, tiñen de corrupción gobiernos encabezados por políticos curtidos y hasta austeros como podrían ser Evo Morales e incluso Rajoy, o Lula da Silva, quien a pesar de los desfalcos y corruptelas que caracterizan los gobiernos del PTB… aún vive en un edificio.

Ya en los años setenta Arturo Uslar Pietri, al anunciar el retiro de la política activa, en una entrevista con Marcel Granier, con tono de voz asordinada, quizás por la pena de ser visto por la sociedad “de vivos”, como pendejo, señaló con sus palabras, que para mantener un partido, con sus casas y sus activistas, era necesario entregar al gobierno una lista de contratistas que serían beneficiados con obras donde podrían robar sin el temor a ser perseguidos por la ley porque esa era la norma a seguir. Anoto que en la época del retiro Uslar estaba en la oposición.

Esos contratos y otros monopolios o privilegios que crean y reparten los mandatarios, sean de la rama ejecutiva, como Nicolás Maduro y sus ministros, o del poder legislativo, como Henry Ramos y algunos diputados, explican que aún en países empobrecidos los políticos vivan como estrellas de cine. Esos contratos y compras son vivezas que sirven para costear las astronómicas cifras de la política y no se originan porque el señor Lula da Silva o el ciudadano José María Aznar sean ladrones a causa de sus visiones ideológicas sino más bien del estatismo que ambos profesan, y de haber abandonado el sistema jurídico del derecho basado en las costumbres.

El mal del astronómico costo de la política, que tanto daño le hace a la sociedad, al escamotear recursos necesarios para producir honestamente, es epidémico, viene “de atrás”, y ha inoculado, en nuestro caso, tanto a políticos del llamado Gran Polo Patriótico como de la MUD. No nos engañemos.

El mal, como lo han señalado numerosos pensadores liberales en el pasado y libertarios recientemente, e incluso conservadores y anarquistas, se comenzó a criar cuando las sociedades occidentales dejaron de lado lasantiguas leyes libremente aceptadas por la ciudadanía, es decir las leyes que libremente emanan de la costumbre, para substituirlas por leyes creadas por políticos que “nos representan”, y también por los que ponen al pueblo a participar en payasadas como son las puestas en escena de los “parlamentarismos de calle”.

Las leyes de la costumbre se aplicaban por jueces que intentaban ser sabios, las que provienen de legislaciones cocinadas en los legislativos y despachos ministeriales son administradas por rábulas y leguleyos.

Las leyes que ahora se aprueban en Venezuela, no solo la Asamblea Nacional, que es su natural función, sino el ejecutivo que ha tenido “Habilitantes” para regalar, están emparentadas nada menos que con la leyes nazis de Núremberg, que sirvieron para crear privilegios a los supuestos arios y deshumanizar judíos, negros, gitanos y comunistas.

Y cuando los empresarios “vivos” captan que se puede ganar más colonizando políticos, a largo plazo, comienza la espiral que infla los costos de la política.

Decía von Hayek en uno de sus escritos, y en esta afirmación no lo acompañan muchos liberales, que no puede haber capitalismo sin un sistema judicial decente donde los políticos no puedan intervenir la economía. Y capitalismo es lo que hace falta en Venezuela, donde nunca ha existido algo similar a la libertad de competencia y mercado.

Hace falta porque a diferencia de los socialismos estatistas que por casi 70 años han gobernado nuestro país… el sistema capitalista es el único capaz de aumentar la producción, de generar riqueza que es lo necesario en nuestra sociedad venezolana, hoy una de las más pobres de América a pesar de lo que digan las cifras del PTB.

Finalizo por hoy: Sustituir el estatismo del que se alimentan los partidos del oficialismo y de la MUD es labor patriótica pero ni es tarea fácil, ni es para quienes no ven más allá de sus narices.

La Constitución de 1999, que tanto alaban en el gobierno y en la Asamblea Nacional, debe ser sustituida, con el concurso de una gran mayoría a la que es necesario llegarle por encima del bloqueo mediático.

La población tiene derecho a que la dejen escoger: O seguimos acusando cada cierto tiempo a los políticos de ladrones… o de una vez por todas eliminamos las causas de que esos políticos –y sus socios del empresariado- no solo roben el presupuesto… sino el futuro de los venezolanos que están por nacer.

Domingo Alberto Rangel
doalra@yahoo.com
@DomingoAlbertoR
Miranda – Venezuela

sábado, 6 de febrero de 2016

ÁLVARO VARGAS LLOSA, EVO, RUMBO A LA ETERNIDAD

Evo Morales llegó al poder en 2006 bajo un halo de santidad cultural: era el redentor de los pueblos originarios, cuya “chompa”, que exhibió con orgullo durante su primera gira internacional, simbolizaba, de cara al Occidente culpable y culposo, un acto de justicia histórica. El mundo le abrió los brazos, se sintió bien haciéndolo sentir bien a él, y aplaudió que los pueblos originarios largamente oprimidos se viesen por fin reivindicados mediante el ascenso al poder, por la vía de instituciones occidentales que representaban al opresor, de este hijo de Oruro que había tumbado gobiernos perversos y extranjerizantes, y había despertado el fervor de las masas cobrizas.

Dicho relato, que como todos los relatos políticos tenía un porcentaje de verdad y un mucho de mentira, coincidió con uno de esos periodos de bonanza económica derivada de los precios de las materias primas de los que está jalonada la historia moderna de América Latina (también la anterior, por cierto).

La combinación era potente: un relato hecho de pasado y futuro (el pasado estaba encarnado en el mito y el futuro, en la utopía) al que era posible darle contenido gracias a un torrente de dólares provenientes de las renta gasífera y mineral. No importaba que el relato tuviese tantos agujeros como un queso gruyère, empezando por el hecho de que Evo es un mestizo cuyo idioma es el castellano y no un indígena formado en la lengua aymara. El relato, en política, es comúnmente un ejercicio de imaginación tanto de quien lo recibe como de quien lo ofrece, pues es la construcción de una ficción en la que los que la hacen suya quieren creer. Pero si, además, ese relato viene acompañado de unos hechos concretos que parecen validarlo, el efecto político es muy profundo. De allí la gran popularidad que los bolivianos han derramado sobre el ego de Evo en todos estos años: lleva una década gobernando y se prepara para triunfar, este 21 de febrero, en el referéndum que le permitirá presentarse a un cuarto mandato en 2019 para ejercer la Presidencia desde 2020 hasta 2025, fecha del bicentenario de la independencia boliviana. Luego, podrá presentarse de forma indefinida cada cinco años porque no hay -no habrá- barrera que se lo impida.

Esto, a menos que los bolivianos decidan, dentro de tres semanas exactamente, votar al “No” y cerrarle las puertas de la eternidad. Muchos sondeos dicen que el “No” tiene más respaldo que el “Sí”, aunque también los hay que señalan lo contrario y, en todo caso, en parte como sucede en Venezuela cada vez que hay comicios, el ambiente en que se desarrolla el proceso ofrece cualquier cosa menos garantías.

La OEA ha objetado el padrón electoral, ha habido protestas dentro y fuera del país por los nuevos o redivivos juicios contra funcionarios de gobiernos anteriores o instituciones críticas de Palacio Quemado, y los gremios de la prensa han hecho sentir su rechazo al cierre de una emisora, mientras que algunos se han solidarizado con periodistas despedidos. La propaganda oficial, un verdadero “juggernaut” que busca no tanto convencer como demoler, ha triturado a cuanto crítico se ha puesto enfrente con acusaciones temibles; no hay empresa mínimamente relacionada con alguien distante del gobierno que no esté bajo investigación o amenaza.

Aun así, no es seguro que Evo gane porque, como lo indicaba hace muy pocos días el sondeo de Ipsos, el rechazo a su re-re-re-reelección en el poder es muy alto. Todo indica que roza el 50 por ciento, aunque hay muchos sondeos donde supera por poco el 40 por ciento porque un porcentaje de quienes quieren un cambio de gobierno camuflan sus intenciones: están comprensiblemente intimidados.

No hay manera, en este clima, de pronosticar nada. Pero hay muchos síntomas de que está sucediendo entre un amplio número de bolivianos lo que le pasó a muchos venezolanos y argentinos en su momento: el deterioro económico y social, o al menos, en el caso boliviano, el anuncio de un deterioro inminente, está revalorizando ciertas nociones republicanas, como la separación de poderes, el Estado de Derecho y la alternancia en el gobierno, de manera que el atropello a la democracia forma ahora parte importante de la lucha de muchos líderes y seguidores del “No”.

No es difícil de entender por qué la defensa de la democracia no fue una causa eficaz contra Evo hasta ahora. Durante años Bolivia vivió un verdadero cuento de hadas que hizo parecer al “Nuevo Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo” un grandioso instrumento de justicia. Entre 2006 y 2014, la renta petrolera le supuso al gobierno ingresos de 28 mil millones de dólares, cuatro veces el tamaño de la economía antes de que Evo llegase al Palacio Quemado. El monto del PIB en la actualidad, unos 32 mil millones, refleja esa bonanza, que ha significado un aumento descomunal del gasto corriente y de las inversiones estatales: el gasto público supera largamente el 40 por ciento del PIB, situándose a niveles de Estado de Bienestar europeo. El ministro de Economía, Luis Arce, bajo la dirección del vicepresidente Álvaro García Linera, ha ido subvencionándole la vida a millones de bolivianos y construyendo toda clase de obras públicas, útiles e inútiles. Evidentemente, esto se ha reflejado en las cifras de crecimiento y en la vida de las gentes.

Un solo dato dice mucho de la satisfacción de los bolivianos, o una gran parte de ellos, en estos años: la extrema pobreza se redujo de 38% a 17%. La clase media creció y se “sensualizó”, accediendo al cuerno de la abundancia.

Pero el modelo tenía pies de barro: dependía de los precios y el gasto estatal. Ahora, la renta vinculada a las materias primas ha caído 35 por ciento y las reservas, que llegaron a sumar el equivalente a casi la mitad del PIB, caen por primera vez desde que Evo llegó al poder. Inevitablemente, el nivel faraónico de gasto público no se ha reducido y por tanto el déficit fiscal ha empezado a notarse en serio. Se calcula que puede llegar a 7 por ciento del PIB. Para un gobierno que se preciaba de una gestión, son datos demoledores.

Evo, que depende del precio del gas y de los minerales, sabe bien cuál es la tendencia. No ignora, además, que tendrá que renegociar a la baja los contratos de gas con Brasil y Argentina, que están por encima del mercado, cuando se venzan en 2019. De allí la premura en forzar el referéndum del 21 de febrero mediante una ley impuesta en la Asamblea legislativa el año pasado, cuando Evo estaba en la fase inicial de su nuevo mandato. Si el efecto del cambio de fortuna económica ya se siente en las encuestas, cómo sería en el caso de que el gobierno esperase a 2017 o 2018 para el referéndum. El “No” tendría, presumiblemente, un caudal tan grande respaldo, que haría falta un fraude demasiado abultado y evidente.

El referéndum boliviano es aleccionador con respecto a lo que ha pasado en América Latina en la última década y media: el surgimiento de la nueva variente de la dictadura o régimen autoritario. Ya se sabe que la historia de esta parte del mundo es rica en regímenes de fuerza y que presenta un abanico extenso de modalidades. El nuevo autoritarismo, de corte populista, lo inauguró no tanto Hugo Chávez como Alberto Fujimori, sólo que fue Chávez, con el discurso socialista, el que bautizó a la nueva corriente de la que Evo forma parte. Consiste en desmontar las instituciones republicanas desde adentro, vaciándolas de contenido, sometiéndolas a la voluntad del gobernante, convirtiéndolas en instrumentos prolijos de la perpetuación en el mando pero también de la ejecución de las decisiones presidenciales bajo unas formas que no pierdan su apariencia republicana.

Es un tipo de sistema sofisticado, que hace muy difícil hablar, propiamente, de dictadura porque preserva muchos rasgos del sistema democrático y permite la actuación pública y organizada de una oposición. Se mantienen muchas de las características democráticas aun cuando se anula, en la práctica, la separación de poderes, la alternancia en el gobierno y el Estado de Derecho. Esta “franquicia” chavista tiene, en la Bolivia de Evo Morales, una de sus encarnaciones más exitosas gracias a los elementos mencionados más arriba.

Evo llegó al poder en 2006 tras ganar los comicios de 2005. Debía finalizar su mandato en 2011 pero, a base de avasallar a la oposición, logró, con el acuerdo de parte de ella, que se aprobase la ley 3941 para liquidar a la vieja república y reemplazarla por el Estado Plurinacional de la actualidad. El proceso no estuvo exento de violencia (muchos recuerdan la matanza del Hotel Las Américas en Santa Cruz o de El Porvenir en Pando) pero, en un clima de alta aprobación del gobierno, pocos se atrevían a ver en esto un equivalente al golpe de Estado.

La modificación abrió las puertas a todo lo demás, incluida la Constitución de 2009 que permite una reelección inmediata. Convocadas nuevas elecciones, Evo, triunfador, debía gobernar sólo hasta 2015, cuando se cumplía el fin de su segundo y último mandato. Pero en 2014 convocó nuevas elecciones, que la oposición observó porque la Constitución diseñada por el propio Evo Morales y su partido, el MAS, sólo autoriza dos mandatos consecutivos. La disputa terminó en el Tribunal Constitucional, que dio luz verde a la nueva elección de Evo con un argumento delicioso, todo un emblema del Nuevo populismo autoritario: por haber sido el Estado Plurinacional creado en 2009, la primera elección de Evo Morales no cuenta. Por tanto tenía derecho a un nuevo periodo si triunfaba. Triunfó y debía gobernar hasta 2020. Es decir: en las elecciones de 2019 en que se elegirá al gobernante del periodo 2020-2025, el actual gobernante boliviano ya no tiene derecho a participar.

El sistema, sin embargo, está diseñado para que toda norma sea letra muerta si la voluntad del caudillo se empina por encima de ella (uno de los rasgos distintivos del populismo, tanto de izquierda como de derecha). De allí que en la segunda mitad del año pasado Evo y su Vicepresidente, el profesor marxista y en cierta forma ideólogo del régimen, decidieran imponer una nueva ley para que el gobernante palpe la eternidad. El trámite pasa por el referéndum del 21 de febrero.

Así, la legalidad se vuelve una arcilla que amolda a su capricho quien ostenta el poder. La normatividad emana enteramente de la voluntad del gobierno en lugar de estar quien ejerce el poder sometido a unas leyes superiores e impersonales. En el autoritarismo populista del siglo 21 latinoamericano, un señor que quiere gobernar para siempre sólo tiene que ordenar a los suyos que le organicen esa posibilidad adaptando las instituciones y las reglas a su objetivo.

Es de esperar que los bolivianos, como antes los venezolanos y argentinos, logren la hazaña de derrotar a sus autoritarios este 21 de febrero. Pero el daño institucional ya está hecho: rehacer el delicado tejido ser una tarea ímproba para cualquiera que venga después.

Alvaro Várgas Llosa
avllosa@independent.org
‏@latercera  9 h
Oakland,- California - Estados Unidos


Fuente: http://independent.typepad.com/elindependent/2016/01/evo-rumbo-a-la-eter... / La Tercera