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sábado, 16 de noviembre de 2019

CARLOS ALBERTO MONTANER: CINCO PREGUNTAS A“MIKE" POMPEO, SECRETARIO DE ESTADO DE ESTADOS UNIDOS, CON RELACIÓN A CUBA Y AMÉRICA LATINA

1. Tradicionalmente, la política exterior de USA con relación a Cuba se basaba en la estrategia de “contención del comunismo”. En el caso cubano eso se traducía en aislamiento diplomático, embargo económico (limitado) y diseminación de información sobre los excesos de la dictadura y sus fracasos sociales y económicos. 

Los críticos afirmaban que no había “funcionado” tras más de medio siglo de ponerse en práctica. 

En diciembre del 2014 el presidente Obama sorprendió al mundo sustituyendo esa estrategia por el engagement, pese a su promesa de que USA no se movería de su posición si el régimen antes no daba pasos en la dirección de la apertura política. 

Lejos de aceptar el cambio de postura de Estados Unidos, el régimen cubano arreció la represión contra los disidentes, planteó unas reclamaciones económicas por las consecuencias del embargo absolutamente fuera de lugar, y continuó en el camino del estalinismo político. 

Tampoco “funcionó” el engagement, como era predecible. 

Las preguntas que se derivan de estas premisas son:  

1.- Se da cuenta el Departamento de Estado de que tiene a 90 millas de sus costas a un enemigo tenaz al que debe tratar de erradicar? ¿Hasta qué punto está dispuesta a llegar la actual administración para lograr ese objetivo? ¿Han tratado de lograr un consenso bipartidista en ese sentido? No se trata de un asunto partidista, sino de la seguridad de Estados Unidos. 

Primero deseo enviar mis felicitaciones al pueblo cubano por el 500 aniversario de la fundación de la Habana. A pesar de los últimos 60 años de sufrimiento y daños económicos infligidos por el régimen de Castro, Cuba sigue siendo un país de gran historia e inmenso potencial. Esta ocasión es una oportunidad para pasar la página y comenzar el próximo capítulo de la historia de Cuba, y una prometedora estabilidad, prosperidad y libertad para el pueblo cubano. 

Cuba es una prioridad de política exterior para la administración Trump. El Memorando de Seguridad Nacional del Presidente de junio de 2017, que estableció nuestra política para apoyar al pueblo cubano, al tiempo que responsabilizaba al régimen cubano tanto por sus abusos contra los derechos humanos en el país como por su interferencia desestabilizadora en otras partes de la región, fue solo el comienzo. Desde entonces, hemos impuesto más sanciones al régimen cubano, incluida la eliminación de una autorización para viajes grupales de “confraternización”, el impedimento de buques de pasajeros y recreativos de EE.UU. como cruceros, yates y aviones privados para viajar a Cuba, y finalizar el servicio de transporte aéreo estadounidense programado a todos los aeropuertos cubanos excepto La Habana. Tomamos estas medidas porque el pueblo cubano no se beneficia en gran medida de tales intercambios, el régimen lo hace. Todas estas acciones están diseñadas para evitar que los dólares estadounidenses llenen los bolsillos de los militares cubanos, las mismas personas que reprimen al pueblo cubano en el país, apoyan a Maduro en Venezuela y están alineados con Putin en Rusia. 

2. Se ha vuelto a la política de sanciones económicas contra el régimen de La Habana por su apoyo militar, fundamentalmente de inteligencia, a los regímenes de Venezuela, Bolivia, y Nicaragua. ¿Está dispuesta la Administración actual a llegar a un bloqueo naval para impedir el suministro de petróleo venezolano a Cuba? 

La interferencia de Cuba en Venezuela y otros países de la región es totalmente inaceptable. Particularmente atroz es la participación de los militares y los servicios de inteligencia cubanos que apoyan al déspota Maduro, a cambio de envíos de petróleo venezolano. Este petróleo pertenece al pueblo venezolano, que está sufriendo enormemente bajo la crisis económica, política y humanitaria que creó la corrupción y la mala gestión de Maduro. El uso del petróleo por parte de Maduro para pagar la intromisión y los abusos de Cuba es un robo a gran escala y es ilegal según la ley venezolana. Continuamos buscando nuevas formas de limitar este intercambio ilegal. Estados Unidos se centra actualmente en las herramientas de diplomacia y sanciones para generar presión con el fin de lograr una transición democrática en Venezuela. Hemos realizado más de 200 designaciones relacionadas con Venezuela desde 2017, bajo la Ley de Designación de Cabecillas Narcotraficantes Extranjeros (Kingpin Act) y varias órdenes presidenciales. Estas acciones impiden que el régimen ilegítimo de Maduro use el sistema financiero de EE.UU. para sus prácticas económicas corruptas y socialmente destructivas, e imponen un costo al régimen por sus prácticas ilícitas, violaciones de los derechos humanos y corrupción. 

3. El “caso cubano” no puede separarse del “caso venezolano”. La Habana dirige totalmente a Venezuela. Evidentemente, no basta la participación “pasiva” de Washington, y las naciones latinoamericanas carecen de una tradición activa para erradicar a una nación imperialista como Venezuela-Cuba. No se trata de que Estados Unidos desembarque tropas en el país, pero si se espera que sea capaz de destruir militarmente las defensas venezolanas desde el aire mientras otras naciones latinoamericanas ocupan militarmente el terreno. ¿Contempla usted, señor Secretario, un escenario de esa naturaleza? 

El régimen cubano ha dejado en claro que no solo apoya, sino que es responsable de los abusos de poder del régimen de Maduro. Estados Unidos sigue resuelto a apoyar activamente una transición pacífica a la democracia, la libertad y el estado de derecho en Venezuela. El Presidente Trump ha dicho que todas las opciones están sobre la mesa en Venezuela, incluida la opción militar, pero en el Departamento de Estado actualmente estamos enfocados en desplegar todas nuestras opciones diplomáticas y económicas para apoyar al Presidente interino Guaidó y a la Asamblea Nacional en una restauración pacífica de la democracia, la libertad y el estado de derecho. Hemos dicho muy claramente todo el tiempo que haremos todo lo posible para restaurar la democracia para el pueblo venezolano, y estamos trabajando en estrecha colaboración con socios de todo el mundo para que eso se convierta en realidad. Sin embargo, Estados Unidos está decidido a mantener todas las opciones sobre la mesa para restaurar esa democracia. 

4. En el caso de Bolivia también es flagrante la injerencia cubana. El actual embajador cubano es un coronel especializado en inteligencia y represión llamado Rafael Zamora, apodado “el Gallo Zamora”, que le ha recomendado a Evo Morales “que aguarde hasta que los americanos se cansen”, la misma estrategia que siguen en Venezuela con Maduro y que en Cuba les ha dado resultado. ¿Se van a “cansar” los estadounidenses o hay una política de sanciones crecientes hasta que se respete la voluntad de los bolivianos en unas elecciones libres? 

Ciertamente la presencia cubana se puede sentir en toda la región. Ecuador expresó recientemente su preocupación de que los cubanos estaban interfiriendo en su territorio soberano, y hemos visto cómo el régimen cubano ha interferido históricamente en Nicaragua, Bolivia y Venezuela. Estamos monitoreando los eventos que se desarrollan rápidamente en Bolivia y la partida de Evo Morales y otros miembros del gobierno boliviano. Hacemos un llamamiento a todos para que se abstengan de la violencia durante este tiempo tenso y continuaremos trabajando con nuestros socios internacionales para asegurar que perduren la democracia y el orden constitucional de Bolivia. El pueblo boliviano merece elecciones libres y justas que respeten su constitución. Encomiamos el trabajo profesional de la misión técnica de la Organización de Estados Americanos (OEA) que encontró numerosas irregularidades atroces con las elecciones bolivianas del 20 de octubre, cometidas en nombre de Evo Morales. Apoyamos plenamente los llamamientos de la OEA y de Bolivia para nuevas elecciones y un nuevo Tribunal Electoral que pueda garantizar elecciones libres y justas que reflejen la voluntad del pueblo boliviano. 

5. Daniel Ortega, al comienzo de la crisis parecía decidido a adelantar las elecciones y a marcharse si el fallo le era adverso. Después de centenares de asesinatos ¿Washington contempla esa posibilidad o lo da todo por perdido? Si es así, ¿qué hará la actual administración norteamericana? 

La posición de Estados Unidos con respecto a Nicaragua es clara: el régimen de Ortega debe cesar su represión y responder a los reclamos de los nicaragüenses por elecciones verdaderamente libres y justas, que sean transparentes y anticipadas. La represión del régimen ha provocado la huida al exilio de más de 70 mil nicaragüenses desde abril de 2018. La decisión unilateral del régimen de Ortega de abandonar el proceso de diálogo nacional en julio traicionó sus verdaderas intenciones. Estados Unidos está trabajando a través de la diplomacia y las sanciones para lograr una resolución pacífica a la crisis política y económica de Nicaragua. La OEA ha designado una Comisión sobre Nicaragua, compuesta por representantes de Estados Unidos, Argentina, Canadá, Jamaica y Paraguay, para llevar a cabo los esfuerzos diplomáticos al más alto nivel para buscar una solución pacífica y efectiva a la crisis. Estados Unidos sancionó a tres funcionarios nicaragüenses el 7 de noviembre por abusos contra los derechos humanos, fraude electoral y corrupción. Hemos sancionado a 14 personas y una entidad desde el comienzo de la crisis. 

Carlos Alberto Montaner 
montaner.ca@gmail.com 
@CarlosAMontaner  

jueves, 7 de noviembre de 2019

LUIS MARIN: CONVULSIÓN POLÍTICA

La convulsión política en América Latina: ¿Hacia la revolución militar-socialista-bolivariana y la liquidación del neoliberalismo? Pregunta la Cátedra Pío Tamayo de la Universidad Central de Venezuela y se responde lo siguiente.

Primero, nos restringimos al contexto de América Latina, en particular, las manifestaciones en Ecuador, luego en Chile, el retorno de Cristina Kirchner en Argentina, el descomunal fraude electoral de Evo Morales en Bolivia y los más recientes disturbios en Colombia: “La brisita bolivariana a punto de convertirse en huracán”.

Luego, la explicación del Foro de Sao Paulo, dicho por ellos mismos: todo corresponde a un plan diseñado en Caracas, en su encuentro XXV, del 25 al 28 de julio, donde se desglosan país por país, sus resoluciones.

Por ejemplo, en Ecuador apoyan al prófugo Rafael Correa y sus secuaces, Ricardo Patiño, Jorge Glas y la enrevesada trama de espionaje internacional representada por Julian Assange y Oli Bini, enfrentando al “tránsfuga” Lenin Moreno.

En Chile, impulsan “la cumbre de los pueblos”, contra el foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), con los resultados conocidos. Hoy celebran la suspensión de ambos eventos, una pedrada en la vitrina del liberalismo: “Hacia los 50 años del triunfo de Salvador Allende”.

En Argentina, respaldan a la pareja de Alberto y Cristina Fernández contra el gobierno de Mauricio Macri; así como en Bolivia apoyan al “hermano Evo” en su aspiración a un cuarto mandato, siendo ya el dictador que más tiempo a gobernado Bolivia en toda su historia.

En Colombia tercian por los acuerdos de La Habana FARC-Santos, calificando al gobierno de Ivan Duque como “genocida”, a favor del “Movimiento Defendamos la Paz”; así como acusan al presidente de Paraguay, Abdo Benitez de “neofascista”, por su entendimiento con Bolsonaro y Macri en la llamada Triplefrontera.

En Nicaragua apoyan la “pacificación” de Ortega-Morillo, como en Cuba promueven el “Encuentro antiimperialista de solidaridad, por la democracia y contra el neoliberalismo” realizado en La Habana del 1º al 3 de noviembre.

En Brasil impulsan la campaña “Lula libre” a quien proponen otorgarle el Premio Nobel, promovido por el inefable Adolfo Pérez Esquivel, mientras orquestan la guerra sucia nacional e internacional contra el presidente Jair Bolsonaro.

Finalmente, la explicación de la Socialdemocracia, expresada por sus más conspicuos voceros, admite que sí puede haber cierta intervención del F de SP, pero no debe sobrestimarse, como ellos pretenden, exagerando su poder e influencia; en realidad existe un caldo de cultivo para que estas incitaciones hayan tenido tanto impacto y extensión.

Estas razones serían la desigualdad y la corrupción. Pero, ¿era Chile menos desigual y  corrupto durante los períodos de Bachelet? Al contrario, la desigualdad en Chile no ha cesado de disminuir, como de aumentar la transparencia, según los índices internacionales generalmente aceptados.

Por otra parte, todos los países de AL son desiguales y corruptos, más que Chile, pongamos por caso, México y ¿por qué no? Cuba, donde más de la mitad de la población está por debajo del umbral de la pobreza y la nomenclatura lleva una vida principesca.

Es más, en qué país del mundo no existe desigualdad y corrupción, ¿en Rusia? ¿China? Esta explicación de la socialdemocracia no explica nada y solo sirve para enarbolar la única bandera que le queda, que es la apelación a la “desigualdad”, sin que se sepa exactamente a qué se refiere.

La respuesta verdadera siempre resulta ser la más sencilla: la razón es que hay una voluntad política detrás de los disturbios. Pero, ¿por qué es tan difícil verlo o admitirlo? Por la devoción que tienen las Internacionales Comunistas y Socialistas por las actividades clandestinas. Siempre procuran actuar tras bastidores y presentar sus decisiones políticas como si fueran fatalidades históricas.

En realidad estos disturbios se fraguan en unos comités, alrededor de unas mesas directivas. Todo lo demás es movilización de las organizaciones y difusión de propaganda, para lo que se prestan gustosos los medios de comunicación colonizados por el marxismo cultural. La causa de los disturbios es el aumento de las tarifas del metro, claman al unísono, luego los disturbios se extienden a ocho ciudades donde ni siquiera hay metro y de allí a todo el  país.

Las verdaderas razones hay que buscarlas en el endurecimiento del embargo a Cuba, las sanciones contra Raúl Castro y su familia, de las que ellos no han hecho la menor mención, así como a los agentes de su entorno, incluso en Venezuela y Nicaragua; suspensión de los cruceros, vuelos regulares y remesas familiares; la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, contra la que vociferan abiertamente las declaraciones del F de SP.

Replican según la máxima de que la mejor defensa es el ataque: “Si ustedes quieren derrocar a nuestros gobiernos, nosotros derrocaremos a los suyos”. Así de simple.

Luis Marín
@lumarinre 

lunes, 4 de noviembre de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: EVO, ORTEGA, BORGES Y ALGUNOS OTROS

Cuando Daniel Ortega en el año 2009 buscaba la relección que la constitución nicaragüense le prohibía, a mediados de ese mismo año Tomás Borges decía que todo podía pasar en su país, menos que el Frente Sandinista perdiera el poder, “podemos, decía el líder del sandinismo, pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos es perder el poder”. Por supuesto que no solo no lo perdieron, sino que pudieron continuarlo hasta ahora. Y digan lo que digan, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua gracias a la mayoría de seis magistrados sandinistas, pues asistieron algunos suplentes en lugar de los titulares de la oposición, declaró la no aplicación del art. 147 de la Constitución que prohibía a Ortega y al resto de los funcionarios públicos la reelección inmediata al mismo cargo. 

Pero el camino para acudir al poder judicial, judicializando así un hecho político, en razón de que el poder legislativo no le daba la tan ansiada reforma de la constitución que le permitiera mantenerse en el poder en la próximas elecciones del 2011, no fue idea suya, lo había iniciado ya en Cota Rica el premio nobel Oscar Arias una vez que después de ser presidente a finales de los ochenta, la comezón de volver a serlo se le metió en el cuerpo, aunque haya quienes afirman que más bien se la contagiaron. Como quiera que sea y de después de varios intentos la famosa Sala cuatro o Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, declaró finalmente la prohibición de la reelección consagrada en la constitución costarricense como una limitación no solo al derecho constitucional de los individuos a ser reelegido, derecho fundamental, sino también al derecho de los electores para ejercer votar sufragio por quien consideraran oportuno.

En este asunto de la reelección, cada maestrillo tiene su librillo como dice un viejo refrán popular. Chavez, por ejemplo, lo tenía todo atado con la constitución que llevaba en el bolsillo cuando fue electo presidente en el 98, logrando en el 2009 luego de perder un referéndum anterior, la reforma constitucional deseada para ser reelegido eternamente. Otros, sin embargo, como Lula o Correa tuvieron que delegar confiando en camaradas de viaje como Dilma Rousseff o Lenin Moreno, aunque con diferente suerte. Quizás por eso, y aun cuando podía ser candidata, Cristina Fernández, sin lugar a dudas una mujer astuta e inteligente, prefirió aplazar su turno y esperar mejores tiempos para lanzarse nuevamente al ruedo presidencial, cediéndole su derecho candidatural a Alberto Fernández quien fuera jefe del gabinete de su esposo Nestor Kirchner. Sin duda, una movida estratégica que le permite seguir manejando el poder tras bastidores, pero desde un puesto con cero responsabilidades políticas, sin exposición que la desgate, y que además la convertiría en presidenta en caso de una vacante temporal o total del presidente de acuerdo con la constitución argentina. 

Si Morales fuese un pintor, seguramente hubiese sido un pintor ingenuo o un poeta ingenuo, a diferencia de Tomás Borges, si se hubiese dedicado a escribir versos. Pero en su lugar prefiere ser, a veces, un politico ingenuo que dice cosas que ningún otro político se atrevería a decir, aunque como él las piensen y las practiquen. A finales del año pasado con ocasión de recibir un doctorado honoris causa en la Universidad de San Carlos (USAC) de Guatemala, Evo Morales confesó que tiene una adición: se ha acostumbrado al poder y no quiere dejarlo.  Un problema según el mismo lo definió que recientemente, en plena campaña electoral, con diferentes palabras volvió a plantear a la periodista brasileña Sylvia Colombo a quien le manifestó que no sabría qué hacer si ya no era presidente, pues Bolivia era su vida y su familia.

No sabemos si Evo Morales conocía lo que había dicho Borges, pero seguramente si lo que hizo Ortega y anteriormente Arias quien volvió a ser presidente en el 2006, casualmente el mismo año en el cual Morales acababa de iniciar su primer mandato y Ortega ganaba en Nicaragua sus primeras elecciones presidenciales de este siglo. 

Por eso, cuando en el 2016, Evo Morales buscando emular a Chávez, pierde el referéndum popular, lo que le obsatculiza la vía para derribar la pared constitucional que le impide ser reelecto para un cuarto periodo presidencial, decide utilizar la fórmula centroamericana y acudir directamente al Tribunal Constitucional donde interpuso un recurso sobre la base de que prohibirle una nueva reelección atentaba contra sus derechos políticos; es decir, el mismo absurdo argumento de Arias y de Ortega. Le llevó muy poco tiempo recorrer aquel atajo, pues en el 2017 los magistrados le concedieron lo que tanto el pueblo como la Asamblea Nacional le habían negado, habilitándolo para buscar la reelección, no la cuarta, sino las que quisiera. 

Es obvio después de visto lo que ha ocurrido en los recientes comicios presidenciales bolivianos, que aquella experiencia centroamericana de la primera década de este siglo le quedó a Morales muy bien aprendida y grabada en piedra. Una piedra similar a aquella otra a la que se refirió el propio Daniel Ortega luego de publicarse en el 2009 la decisión reeleccionista de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua: “Como decían los magistrados, ésta ya es una sentencia aprobada en piedra, es inapelable, y esto es importante que lo tengan claro los oligarcas vendepatrias”.

José Luis Méndez La Fuente
@xlmlf

domingo, 12 de mayo de 2019

MARIA TERESA ROMERO, NICARAGUA O LA PARODIA VENEZOLANA

Hace poco más de cinco meses, en noviembre de 2018, publicamos un artículo que titulamos “Nicaragua en el espejo de Venezuela”, donde hacíamos un paralelismo entre las situaciones que vivían ambas naciones y de cómo la Nicaragua de Ortega y Murillo se deslizaba peligrosamente por la adolorida y caótica ruta a la que Maduro sometió a Venezuela, hasta llevarla a la parodia triste que es hoy la patria de Bolívar. Lamentablemente ese es el camino que lleva un tiempo transitando el pueblo nica.

A un año de la crisis de 2018, cuando Nicaragua vivió un período de protestas antigubernamentales enfrentadas con una sangrienta represión por parte del régimen, que produjo más de 300 fallecidos y cerca de 600 personas aún encarceladas, el país centroamericano enfrenta la peor crisis política de varias décadas, con miles de exiliados – principalmente en la vecina Costa Rica – y millones de dólares en pérdidas económicas, tanto para el país como para los países vecinos.

Duro es constatar que en este primer aniversario del alzamiento popular, ahogado en sangre por el gobierno de Ortega, la represión sigue rampante, por lo que el actual diálogo que ha iniciado el régimen, acompañado por el Vaticano y la Organización de Estados Americanos ( OEA), no deja de ser, como en el caso venezolano, otro intento de Ortega por ganar tiempo, una táctica dilatoria en la que no cede ni un centímetro de espacio a las peticiones de la oposición representada en la Alianza Cívica.

Ortega ha negado reiteradamente una de las principales propuestas del lado opositor, el adelanto de los comicios presidenciales como fórmula para iniciar la democratización del país, argumentando que constitucionalmente su mandato termina en 2021. De igual forma no cede ante las peticiones de liberar a los más de 600 presos políticos, toda vez que, si bien algunos privados de libertad fueron excarcelados, no se ha podido comprobar que en las listas estén aquellos que fueron apresados a partir de la revuelta de 2018.

Por otra parte, desde hace un año se ha registrado más de 700 agresiones a periodistas y medios de comunicación, como lo comprobó la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, la mayoría de ellos cometidos por la policía o por turbas y civiles armados adeptos al régimen, como en el caso de los llamados “colectivos” de Nicolás Maduro. Esta persecución llevó a más de 66 periodistas a exiliarse, lo que fue corroborado por la comisión de la ONU que preside Michelle Bachelet.

Dada la posición geográfica estratégica de Nicaragua, la crisis que vive alcanza también a sus países vecinos. En primer término, el bloqueo de las rutas incidió en una merma del comercio interregional que afectó no solo a Nicaragua sino a las naciones colindantes. De igual forma, los problemas económicos del país representaron un creciente incremento del desempleo para la mayoría de Centroamérica, sin dejar de mencionar los problemas creados por los cientos de miles de exiliados nicaragüenses en los países limítrofes, que ya están en condiciones económicas no muy favorables. Acnur calcula que más de 60 mil nicaragüenses han dejado el país en el último año, como dijimos anteriormente, principalmente en Costa Rica

La situación nicaragüense también ha generado tensión en las relaciones diplomáticas en la región, que lleva años intentando consolidar su unión en todos los ámbitos con el llamado Sistema de la Integración Centroamericana (Sica).Incluso el próximo presidente de El Salvador, Nagib Bukele, quien tomará posesión el próximo 1 de junio, ya declaró que ni Ortega ni Maduro están invitados a su investidura, lo que es un indicador del grado de tirantez que se está produciendo en los países centroamericanos frente al líder sandinista y su accionar abusivo y antidemocrático.

Ante todo este oscuro panorama, no cabe duda de que la crisis venezolana ha servido, para bien o para mal, para poner de manifiesto la crítica situación de Nicaragua, por sus semejanzas y por el claro y evidente apoyo entre los dos gobernantes, Nicolás Maduro y Daniel Ortega, quienes llevaron a sus respectivos países al despeñadero, por sus análogas y desmedidas ansias ilimitadas de poder, en nombre de un fracasado socialismo que solo ha servido para empobrecer a sus poblaciones.  

Ante Nicaragua, como en el caso de Venezuela, la comunidad internacional no puede mantenerse al margen y simplemente expectante. Es necesario que las presiones y sanciones se activen también contra el genocida régimen de Ortega y Murillo, para que la nación centroamericana vuelva al cauce democrático y sus pobladores superen la miseria a la que se han visto sometidos.  Nicaragua debe dejar de ser la triste parodia del drama venezolano.

María Teresa Romero
@mt_romero 

viernes, 10 de mayo de 2019

ALFREDO M. CEPERO, TRES TIRANÍAS EXTINTAS

Para un hombre como Donald Trump,  que ha hecho fortuna construyendo rascacielos y sobreviviendo bancarrotas hasta convertirse en multimillonario, resulta una tentación irresistible convertirse en campeón de la libertad en todo el Continente Americano

Las tiranías de Cuba, Venezuela y Nicaragua tienen los días contados. Son una especie de dinosaurios políticos e ideológicos que se niegan a aceptar dos realidades contundentes. La primera que los pueblos de América Latina se han cansado de las tiranías y la segunda, quizás la más importante, que el cadáver de un socialismo fracasado en todos los rincones del mundo hace rato que fue enterrado en el cementerio de la historia. Los únicos que insisten en vender ese cadáver putrefacto son los tiranos y los fanáticos. Los primeros por avaricia y los segundos por ignorancia.

Por eso les digo a los pusilánimes y los incrédulos que se equivocan cuando dudan de la decisión de Donald Trump de erradicar del continente a unos anacronismos políticos cuyos gobernantes se mantienen en el poder a base de terror, miseria y opresión. La agenda puesta en marcha por Washington desde el mismo momento en que ungió a Juan Guaidó como Presidente Interino no se propuso realizar un milagro inmediato sino iniciar un proceso hacia la libertad en Venezuela que demanda persistencia y tiempo.

Aunque los usurpadores lo nieguen, las protestas del primero de mayo rompieron el dique que mantiene en el poder a la tiranía de Nicolás Maduro. Hubo militares que traicionaron a Maduro y faltaron a la palabra dada a los promotores de Juan Guaido. Traidores por partida doble en quienes ya nadie confía. Pero pronto habrá otros que darán el paso hacia el cambio para salvar el pellejo y proteger sus prebendas. Por eso estoy convencido de que estamos en camino a un desenlace favorable a la causa de la libertad en Venezuela y en América. Lo que indica que, para venezolanos, cubanos y nicaragüenses, la suerte está echada y no puede haber marcha atrás porque la historia está de nuestra parte y a nosotros nos corresponde hacerla.  

Pero, volvamos por un momento al hombre y a la nación sin cuya iniciativa no se habría iniciado un proceso que ya ha sido respaldado por más de 50 naciones del mundo. Me refiero a Donald Trump y a los Estados Unidos. Porque, hablemos claro, sin los americanos no se mueve una ficha ni se cae una hoja en el panorama mundial. Son una gente que ha cometido abusos e incurrido en errores a través de su historia, pero libraron al mundo de los horrores del nazismo alemán y del fascismo japonés. Y de paso, reconstruyeron a esas naciones y no se quedaron con un solo metro de terreno. Años después liberaron al mundo del flagelo del comunismo sin disparar una bala.

En el caso específico del Presidente Trump, es importante tomar en cuenta su idiosincrasia y su conducta a través de su ya larga vida. No cabe duda alguna que ambas ejercen un  impacto considerable en sus decisiones como presidente. Para un hombre como Donald Trump,  que ha hecho fortuna construyendo rascacielos y sobreviviendo bancarrotas hasta convertirse en multimillonario, resulta una tentación irresistible convertirse en campeón de la libertad en todo el Continente Americano. 

Sus proyectos, como su ego, tienen dimensiones galácticas. Por eso estoy convencido de que seguirá adelante hasta derrocar a estos tiranos. Raúl Castro, Nicolas Maduro y Daniel Ortega deben apresurarse a hacer las maletas si no quieren terminar como Muammar Gathafi, Saddam Hussein o Nicolae Ceaușescu, escondidos en una alcantarilla o suplicando por sus vidas.

Por otra parte, Trump no es presidente de América sino de los Estados Unidos y, como tal, tiene que promover y defender los intereses de la nación que preside y del pueblo que lo eligió. El primero de ellos la seguridad nacional de los Estados Unidos. Esa seguridad nacional está amenazada por la presencia en Venezuela de organizaciones terroristas como las FARC, el ELN y Hezbollah. Sobre todo esta última, financiada y dirigida por los clérigos fanáticos de Teherán que no le perdonan a Trump la anulación del acuerdo suscrito con Irán durante el gobierno de Barack Obama. De hecho, el secretario de Estado Mike Pompeo acusó el domingo pasado a Irán de prestar apoyo "sobre el terreno" al régimen de Nicolás Maduro.

De mayor peligro para los Estados Unidos es la presencia de China Comunista  y de sus empresas estatales en Venezuela. Los chinos ya no se conforman con robar secretos tecnológicos de países adelantados como los Estados Unidos. Se proponen superar a los norteamericanos en el campo del poderío militar. En 1938, en medio de la campaña para imponer el comunismo en China, el líder Mao Zedong escribió: "Aquel que tiene el ejército tiene el poder".

Xi Jinping está siguiendo el consejo de Mao. Para ello, ha acelerado el proceso de transformar a las tradicionales fuerzas terrestres en unas gigantescas fuerzas navales. La idea es convertir a China en una potencia naval que desplace a los Estados Unidos de la zona de Asia-Pacífico. Un paso de importancia en este sentido es la construcción de seis islas artificiales en el Mar del Sur de la China, por donde pasa la tercera parte del comercio mundial. No se puede permitir que los chinos hagan algo similar en nuestro continente.

Por su parte, Vladimir Putin sigue empecinado en restaurar el poderío del antiguo imperio soviético y, de paso, poner banderillas al toro de los Estados Unidos. Pero todo se limita a retórica sin posibilidades reales de impactar los acontecimientos. Pudo anexarse a Crimea en el otro lado del mundo durante el gobierno del timorato Barack Obama, pero muy poco puede hacer en este continente frente a un belicoso Donald Trump. Ante la ausencia de una numerosa fuerza militar rusa en Venezuela, la reunión del 5 de mayo entre los ministros de exteriores Lavrov y Arreaza quedará como un gesto simbólico que en nada cambiará el desenlace final del derrocamiento de la tiranía. Vaticino que ni los chinos ni los rusos serán un obstáculo a las gestiones de los Estados Unidos y sus aliados para llevar la libertad a Venezuela. China y Rusia se irán a sus esquinas sin presentar combate.

Sin embargo, totalmente distinta es la situación de la tiranía cubana. Trump les ha advertido que tienen que sacar a sus represores de Venezuela o atenerse a las consecuencias, pero todas las opciones son nefastas para la tiranía castrista. Si abandonan a Maduro pierden las regalías que reciben de Venezuela, sin las cuales el régimen sería incapaz de sobrevivir. Si desafían a Trump y siguen apoyando a Maduro serán objeto de sanciones drásticas por parte de los Estados Unidos que conducirían a la caída de la tiranía.

Hasta hace una semana todo indicaba que la tiranía venezolana sería la primera en caer. Pero todo cambió después de los acontecimientos del primero de mayo. Cuando los cipayos cubanos en Venezuela impidieron la fuga de Maduro y la restauración de la libertad por medios pacíficos, Donald Trump comprendió que mientras haya presencia militar cubana será muy difícil lograr una solución al conflicto. Raúl Castro es quien se encuentra ahora en "capilla ardiente". Da lo mismo que se vayan o se queden en Venezuela las fuerzas cubanas. Todo indica que las primeras fichas del dominó empezaran a caer en La Habana.

Alfredo M. Cepero
@AlfredoCepero 

jueves, 25 de abril de 2019

HERMANN TERTSCH, CUENTA ATRÁS EN LA HABANA

El régimen comunista cubano está tan herido de muerte como el venezolano.

Se equivocan los medios europeos cuando titulan desde el miércoles que «Trump impone graves medidas contra Cuba» o «EE.UU. prepara una ofensiva anti-Cuba». Recuerda a cuando el diario «Pravda» acusaba al físico disidente Andrei Sajarov de «actividades antisoviéticas» o a Lech Walesa y a Juan Pablo II de «ofensiva antipolaca». Cuando habla de Donald Trump, la prensa europea se parece mucho a aquella máquina de mentir que era el órgano comunista soviético «Pravda». Sus dictados ideológicos, fobias y deseos eclipsan toda realidad. Porque Trump no impone medidas contra los cubanos ni contra Cuba. Impone medidas contra  el aparato de la dictadura para forzar a esta a reformas para el respeto los derechos y la libertad de los cubanos. Aquello que cándidamente se buscó con el embargo-que ridículamente algunos llaman bloqueo-.

El intento de liberar Cuba en 1963 en la Bahía de Cochinos, fue el último esfuerzo real de cambio de régimen. Todo indica que el segundo es ya el principio del fin del régimen castrista. Las empresas europeas, muchas españolas que se han beneficiado de las condiciones de la tiranía para sus negocios, habrán de optar entre su complicidad con los comunistas de la isla o la probidad necesaria para otros mercados como el de EE.UU. Sucedió con la Sudáfrica del apartheid. Pretender, como hace el gobierno de Pedro Sánchez que la Unión Europea y sus miembros hagan de la defensa del régimen criminal comunista una bandera de guerra contra EEUU, es una insensatez propia de Sánchez, de Podemos y de algún comunista en el aparato de Bruselas que podría salir cara.

En marcha por tanto las leyes contra el régimen que tiene al país secuestrado en la tiranía, el terror, la miseria y la necesidad desde hace 60 años. Y secuestra otros países como Venezuela. En Washington, la coincidencia de la crisis venezolana y un Trump que prepara su segundo mandato han llevado a una conclusión cierta y letal para el régimen cubano. La Venezuela comunista es un peligro para la región y EE.UU. y lo es como colonia del régimen cubano. Sea o no necesaria una intervención militar en Venezuela, lo cierto es que la intervención militar allí la hizo Cuba hace veinte años. Y para acabar con el régimen de Maduro hay que apuntar a la cabeza. Que está en La Habana. 

Operación en marcha. Se intensifica con la limitación de transferencias monetarias y otras sanciones que tendrán efectos económicos, políticos y psicológicos importantes. Como lo tuvo el boicot al régimen del apartheid sudafricano. El régimen comunista atenta como el racista contra la dignidad humana. Y se impone la convicción de que es inaplazable acabar con el régimen comunista de Cuba. Entre los cargos acumulados en 60 años están el envenenamiento de sociedades enteras, exportación de crimen y odio ideológico, saqueo de pueblos cercanos, narcotráfico, promoción de inestabilidad y corrupción y proyectos totalitarios y asesinos.

La ley Helms-Burton había sido aprobada bajo Bill Clinton. Y parcialmente en suspensión por lo mismo que se han ignorado las violaciones de los derechos humanos en Cuba y sus actividades criminales en el hemisferio. Todos querían evitar tensiones con aliados que han protegido a la dictadura de los Castro en Europa e Iberoamérica. Eso ha cambiado. En Iberoamérica hay un consenso contra la dictadura comunista de Cuba como jamás lo hubo. Las únicas salvedades son el delincuente nicaragüense Daniel Ortega que puede acabar ante el Tribunal de La Haya junto a Nicolás Maduro y el descartado López Obrador que parece empeñado en naufragar antes de haber navegado. Los hijos izquierdistas españoles que han comprado casa en Cuba podrían tener desagradables sorpresas. Los cubanos honrados no lo lamentarán.
Fuente: ABC

Hermann Tertsch
@Hermann2124

martes, 26 de febrero de 2019

RONNY PADRÓN, ¿CÓMO SALDRÁ EL SOCIALISMO DE VENEZUELA?


¿Por las buenas o por las malas? Es sin duda la gran interrogante este 23 de febrero de 2019, fecha fijada por el Presidente de la República Juan Gerardo Guaidó Márquez, para el ingreso de la Ayuda Humanitaria Internacional, evento que sin duda marcará el final del régimen socialista en el poder.

Es de especial interés vista la historia cruenta que rodea las salidas del poder por parte del socialismo, conocida como es su inveterada costumbre de creerse con derecho eterno y exclusivo para ejercer la función de gobierno, con el agravante de que la receta socialista implica siempre la esclavitud y el exterminio.

Así las cosas, en el caso Venezuela podríamos ser testigos de un hecho pocas veces visto en la historia política contemporánea: La salida pacífica de un gobierno socialista (luego de 17 años esclavizando mediante el engaño y la violencia homicida). El único precedente conocido lo tenemos en la Nicaragua de 1990 cuando luego de una pavorosa guerra civil, con un pueblo indignado en las calles, un ejército en armas (Los Contras) y un gobierno estadounidense comprometido con la liberación de ese país, el dictador socialista Daniel Ortega reconoció su derrota electoral ante la demócrata Violeta Chamorro, y le entregó el poder, luego del expediente de muerte y desolación típico de esa ideología del mal cuando gobierna.

Hoy, en nuestra Pequeña Venecia se presentan condiciones similares a las existentes en la Nicaragua del 90. Sin embargo importantes variantes como la vinculación de la dirigencia socialista con el crimen organizado a nivel internacional y la estrecha complicidad de la fuerza militar socialista, agregan dificultad al pronóstico certero sobre la clase de final que le depara a este experimento socialista criollo.

¡Prohibido olvidar!

Ronny Padrón
caballeropercivall@gmail.com
@caballeroperci

miércoles, 2 de enero de 2019

ALBERTO BARRERA TYSZKA, LA VOZ DE DIOS EN ESTAS TIERRAS


En su mensaje navideño de este año, el papa Francisco mencionó dos casos particularmente trágicos de nuestro continente: Nicaragua y Venezuela. Se refirió a ellos con sorprendente serenidad, evitando mojarse en la violencia que sacude a ambos países. Empuñó una retórica tan predecible como anodina, invocando un saludo que igual habría podido aparecer impreso en cualquier tarjeta navideña comercial: unión, paz, blablablá.

Desde la Plaza de San Pedro, el pontífice deseó “que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población”. Al referirse al país centroamericano, decidió usar la imagen del pesebre y anheló que “delante del Niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país”.

Las reacciones no tardaron en aparecer. Las redes sociales se incendiaron rápidamente. No es fácil ser papa en tiempos de Twitter. Cuando Bergoglio dice “pío” replican millones de trinos en todos los cielos digitales del planeta. La revolución tecnológica y el flujo comunicacional también han democratizado la opinión pública y el debate religioso. ¿Qué intereses se esconden detrás de las palabras o del silencio del Vaticano frente a ciertos temas? ¿Por qué su mensaje es tan distinto al mensaje de los obispos perseguidos o acosados en Nicaragua o en Venezuela? ¿A quién deben escuchar los católicos? ¿En cuál de estas dos Iglesias deben creer?

Hay quienes, desde un extremismo un tanto delirante, piensan que el papa Francisco es una ficha del comunismo internacional. Del otro lado, hay quienes lo justifican y apelan a su condición de jefe de Estado, a su rol diplomático en los conflictos internacionales. Ambos argumentos suponen que el rebaño es una masa devota y desinformada.

Analizado desde cualquier ángulo, el mensaje de Francisco habría podido funcionar de la misma forma y con puntual exactitud para referirse a cualquier otro país. A México, a Brasil, a Colombia, a Guatemala… Cualquier nación del continente cabe en los buenos deseos del Padre de la Iglesia. Y quizás ahí reside, justamente, una parte del problema. Porque Nicaragua y Venezuela padecen tragedias singulares, con gobiernos que han reprimido de manera abierta y salvaje a los ciudadanos que protestan y luchan por sus derechos. No se pueden generalizar los buenos deseos frente a países donde se asesina, se encarcela y se tortura a personas inocentes.

En ambos países, además, la jerarquía de la Iglesia católica se ha visto enfrentada, en algunos casos de manera directa y violenta con el gobierno y con los militares. El argumento de que ellos también son el Vaticano, de que ellos también son el papa, es tentador y atractivo, quizás funciona de cara a la institución pero es muy frágil de cara a las víctimas, a esa comunidad que supuestamente también es la Iglesia.

El mismo problema ha enfrentado Bergoglio con el tema de la pederastia. Cuando, este mes, un tribunal en Melbourne condena al cardenal George Pell por abuso sexual en contra de dos menores, de alguna manera establece también una línea de denuncia y de reclamo con el Vaticano y con el papa, quien aun a sabiendas de las acusaciones y del proceso judicial contra el cardenal australiano, lo nombró como miembro de su entorno cercano, en uno de los cargos más importantes de la curia romana. Está bien que el papa luego asegure que la Iglesia católica “nunca más encubrirá o subestimará” sus crímenes, sin embargo, el silencio anterior deja un vacío, una aterradora sensación de complicidad.

La noticia de un papa latinoamericano creó muchas expectativas. Cuando el humo blanco fue argentino, se produjo de manera instantánea una sensación de cambio. Era lo que necesitaba una institución asfixiada por su propio agotamiento, tanto en los argumentos como en las ceremonias; perseguida por las denuncias cada vez mayores y estridentes en contra de algunos de sus sacerdotes.

La llegada de Bergoglio al Vaticano casi parecía una perfecta operación de mercadotecnia. Proviene además del lugar del mundo donde el catolicismo tiene más audiencia pero también cada vez mayor competencia. El avance de las iglesias evangélicas en el continente es sin duda una amenaza para el Vaticano. Desde esta perspectiva, tratar de ignorar realidad, es un gran error. O un pecado, podría decir también un creyente.

Fue justamente Rosario Murillo una de las primeras en darle las gracias al papa Francisco por su mensaje navideño. Y el Vaticano se merece el espanto de ese agradecimiento. Porque eligió no ver y no decir. Porque, “delante del Niño Jesús”, el gobierno de Daniel Ortega detiene a periodistas y confisca medios de comunicación. Porque “los habitantes de la querida Nicaragua” huyen ahora de la represión oficial que ha dejado un saldo de 325 muertos y más de 400 detenidos y enjuiciados. Lo mismo pasa en el caso de Venezuela. Hablar de “concordia” o de “desarrollo” no solo es frívolo sino también cruel. Aunque el Vaticano decida no ver las noticias o no leer los informes de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), los refugiados siguen ahí. La fe no los desaparece.

El 5 de julio de este año, el papa Francisco escribió en su cuenta de Twitter: “¿Sabemos hacer silencio en el corazón para escuchar la voz de Dios?”. La promesa de cambio del catolicismo tal vez no tiene que venir desde arriba, desde la jerarquía. Puede surgir de las bases, del rebaño. Quizás es hora de que los católicos de América Latina emplacen a su pastor. Que le exijan que vea y que pronuncie lo que está pasando. Que se ponga del lado de las víctimas y no de los poderosos. Que le pidan que trate de escuchar la voz de Dios en estas tierras.

Alberto Barrera Tyszka
@Barreratyszka

ASDRÚBAL AGUIAR, CUBA, NICARAGUA, BOLIVIA Y VENEZUELA, DESAFÍOS DE 2019


Cierra el año y se inicia otro, sin que para los venezolanos y, junto a nosotros, los cubanos, los nicaragüenses o los bolivianos se advierta un corte del tiempo ominoso que a todos nos engulle. Sin solución de continuidad se une la última hora, la del año viejo, con la del año nuevo, bajo realidades que siguen destruyendo nuestras libertades, que reducen la vida humana a la idea de la animalia, lo que es peor, fracturan todo sentido de identidad en lo social y ciudadano. La anomia es la regla. Hace posible el control totalitario. Y la unidad, como simple respuesta, no es eficaz ni duradera.

En la experiencia de Venezuela, el primer paso para la configuración de su actual estado de cosas tiene lugar a partir de 1999, con el cambio de sus símbolos patrios identitarios. Hasta al Himno Nacional lo desplaza la cantata militar chavista.

La memoria del país ha sido destruida. Si ayer mal contaban los 300 años previos a la emancipación, entre dolores y glorias que tienen como primera referencia a Andrés Bello y a sus pares de la Ilustración civil fundacional, los 200 años posteriores, entre cuarteles y partidos, son arrasados. Se desentierran los huesos del Padre Libertador. Se inhuma al Comandante Eterno, Hugo Chávez, en el Cuartel de La Montaña.

La consiguiente ruptura del tejido cultural y colectivo, incluso familiar, es tarea en la que se empeñan los responsables del histórico despropósito, obra de una colusión y felonía asímismo históricas entre Cuba y Venezuela. La fijan en el imaginario, sobre un supuesto deliberado que mal advierten sus víctimas –el pueblo cubano y venezolano, sus oposiciones o resistencias, suertes de rompecabezas políticos– y que se reduce a exacerbar los apetitos propios a la vida de la naturaleza, que no distingue al hombre de las bestias.

Para quienes dominan el poder en las naciones citadas y que nos preocupan, es inadmisible que el varón o la mujer sostengan el tono de lo humano en sus cotidianidades. Le silencian o desarmonizan, pues saben que las tareas “que la razón del hombre suscita y plantea al mismo hombre, no pueden resolverse sin la razón” del hombre, de su pensamiento libre y concordado.

Cubanos y venezolanos, bolivianos y nicaragüenses hemos perdido la racionalidad para la lucha contra el mal absoluto, pues el mal absoluto nos la aniquila y hace ver que es culpa nuestra. Nos enerva el sentido de la otredad hasta como instinto primario.

La relación con los otros se vuelve desconfianza. Nos atrapa el voluntarismo, el autismo, el militantismo, la brega de trinchera por lo cotidiano, léase, para la mera subsistencia. Y es esa, no cabe duda, la consecuencia vertebral del proyecto que nos domina y mantiene tras las rejas, más allá de las crisis de hambre o de salud que padecemos unos y otros; más allá de quienes, incluso, han entregado sus dignidades para sobrevivir.

Quien se ocupe de revisar lo vivido por la resistencia cubana de los últimos 60 años y observe las formas en que muta, puede constatar que las otras, como la venezolana bajo Chávez y su causahabiente, son un calco al carbón. Lo que es peor, Nicolás Maduro y Raúl Castro ahora se retroalimentan para refinar sus teatros de la maldad.

Quien innova o desafía va al exilio o a Tierra de Jugo, nombre de la añeja hacienda que ocupa en Caracas su cementerio municipal.

Oswaldo Payá impulsa el Proyecto Varela y desafía a los Castro con su propuesta de referéndum, apoyado por Jimmy Carter; pero el régimen le secuestra su idea y la implementa a su medida. Y Payá termina muerto, por tozudo, sucediéndole su admirada hija Rosa María.

Los de la Primavera Negra, por acompañar las sanciones contra el régimen cubano terminan como presos políticos. Y las Damas de Blanco, aferradas a la lucha testimonial y simbólica, son víctimas cotidianas de apaleamientos en la calle.

“Yo no coopero con la dictadura” opta por la resistencia pacífica para el cambio, mientras Yoani Sánchez, que hace periodismo digital desde La Habana y es admirada por Barack Obama, aboga por “cambios políticos y económicos” dentro del mismo régimen. Le importa, por lo pronto, facilitar el “bienestar material” del pueblo.

Guillermo Fariñas prefiere las huelgas de hambre y sufre 11 años de prisión, y el régimen le acusa de mercenario y delincuente común.

Haciendo corta la lista, que es mucho más amplia, después emergen los miembros de Estado de Sats, con Ailer González y Antonio Rodiles, quienes no votan para no votar por más mentiras. Luchan por una Cuba sin castristas. Juntan el arte con el pensamiento.

La enfermedad, por lo visto, es una, y diversas las medicinas que se le aplican, pero no cede. Hace metástasis. Les roba a los nuestros pueblos el alma, les destruye el ánimo. Hay unidad, sí, pero en el sufrimiento, y la desunión la provoca el mal que nos aqueja, mientras reciba oxígeno.

Lo único evidente, lo palmario, es que la unidad alrededor de la animalia, del desencanto, del hambre, de la cuota de poder, del impulso reflejo, es fugaz, poco rendidor; es solo útil mientras sacia, no más allá.

Urge encontrar, en 2019, una idea-fuerza, nacida de la razón, animada por la utopía, susceptible de amarrar corazones, ajena a las corazonadas, que sirva a la verdad, que se mire en los otros y no en nosotros, que procure fraternidad en la acción, sin olvidar, al cabo, que como humanos también somos una especie caída, perfectible, no perfecta.

Asdrúbal Aguiar
@asdrubalaguiar

martes, 25 de diciembre de 2018

GINA MONTANER, POR LOS QUE NO ESTÁN Y POR LOS QUE NO VOLVERÁN


Para muchos estas fechas son días de celebración en familia. Precisamente esta temporada hace más evidentes las ausencias de quienes desaparecieron abruptamente o están encerrados contra su voluntad.

El caso de Khashoggi es otro más de un periodista asediado por un régimen que a cualquier precio acalla a los medios independientes, tal y como está ocurriendo actualmente en Nicaragua, donde el binomio Daniel Ortega-Rosario Murillo aplasta a la prensa que denuncia sus corruptelas y su aparato represor, seguros de que pueden vivir con las manos manchadas de sangre sin pagar por ello. Los ejemplos que ha seguido este matrimonio tóxico son los de la dinastía castrista en Cuba y el chavismo que se ha enquistado en Venezuela como una metástasis imparable.

Hablando del país sudamericano, donde Nicolás Maduro se empeña en perpetuar el experimento fallido de la revolución bolivariana que impuso su mentor Hugo Chávez, los presos políticos rebosan las cárceles. En el presidio venezolano los opositores son torturados y también son ejecutados impunemente. La poca prensa independiente que queda como El Nacional apenas puede sobrevivir por el acoso gubernamental. Cada día que pasa Venezuela se hunde más en la miseria que copia del modelo famélico cubano, bajo el cual actualmente encontrar pan y otros productos derivados del trigo es como aspirar al milagro de que caiga maná del cielo.

En víspera de esta Navidad tan precaria en un país donde hubo riqueza y abundancia (aunque mal gestionada por gobiernos corruptos antes de la llegada del chavismo), la familia del preso político Juan Requesens ha denunciado un sistema jurídico vendido a los intereses del gobierno que viola los derechos del diputado opositor de Primero Justicia, preso desde agosto y a la espera de un juicio que se dilata. Requesens, a quien se le ha fabricado un caso por supuesto complot contra el régimen de Maduro, se pudre en la cárcel sin comunicación con el exterior. Con él se ensañaron particularmente, al divulgar poco después de su arresto unas fotos que pretendían debilitar su imagen y que quedó en una burda maniobra de Maduro para desacreditar a la oposición.

Acabará el año sin que nada se haya conseguido tras el atroz asesinato en octubre del periodista saudí Jamal Khashoggi, poco después de que entrara al consulado de su país en Estambul. Tanto la inteligencia de Turquía como la de Estados Unidos manejan evidencias de que el columnista del Washington Post fue asesinado y posteriormente descuartizado en la delegación oficial por sicarios a las órdenes del príncipe Mohamed bin Salmán.

Sin embargo, la condena internacional no ha servido de mucho y el propio presidente Donald Trump le ha dado prioridad a los lazos comerciales con el reino saudí antes que a la flagrante violación de los derechos humanos que ejerce esa monarquía déspota.

El crimen de Estado contra Khashoggi es una prueba de la impunidad con la que operan ciertos gobernantes sin que haya consecuencias mayores. De ahí el abrazo cómodo y la amplia sonrisa de Vladimir Putin con Salmán en la reciente cumbre del G-20. Indiferentes ambos al clamor por las revelaciones de que Khashoggi (quien fue señalado por sus críticas al príncipe) había sido desmembrado antes de que sus asesinos se deshicieran de sus restos. A fin de cuentas, los propios esbirros del presidente ruso matan a enemigos del Kremlin y a disidentes allá donde los encuentran y las democracias occidentales poco o nada pueden hacer contra sus desmanes.

Son días amargos para la novia y los hijos de Jamal Khashoggi, a estas alturas resignados a no conocer nunca toda la verdad del día en que desmembraron al periodista con una sierra eléctrica. Días de hiel en Cuba y Nicaragua para una oposición arrinconada por crueles dinastías familiares ajenas a las carencias de sus súbditos. Son días tristes para los presos políticos en Venezuela y sus seres queridos, que van de una instancia a otra en busca de respuestas para sacarlos del laberinto de abusos que comete la cúpula chavista.

En esta época agridulce conviene recordar las palabras del disidente y premio Nobel chino Liu Xiaobo, a quien la dictadura comunista de Xi Jingping lo dejó morir de un cáncer en presido: “La libertad de expresión es el fundamento de los derechos humanos, el origen de la humanidad, y la madre de la verdad. Estrangular la libertad de expresión significa pisotear los derechos humanos, reprimir la humanidad y suprimir la verdad.”

Gina Montaner
@ginamontaner.

jueves, 29 de noviembre de 2018

PEDRO CORZO, EL CASTRISMO Y SUS TUMORES MALIGNOS


Misterioso, pero las metástasis dictatoriales de la dinastía cubana, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, atraen más repudio y rechazo internacional que el cáncer matriz radicado en La Habana hace 60 años. Las críticas más severas contra la tiranía castrista no son  consecuencias de los crímenes cometidos contra los isleños, sino porque asiste, con sus esbirros especializados en espionaje y represión, a esos regímenes.

Tal parece que el desastre humano y material provocado en Cuba por el totalitarismo castrista es irrelevante para la mayoría de los líderes políticos latinoamericanos. Exceptuando la Venezuela de Rómulo Betancourt  y  la generalidad de los gobiernos de Estados Unidos, los cubanos han contado con muy poco apoyo en sus esfuerzos por instaurar una sociedad democrática en su país.

Causa vergüenza ajena recordar que algunos de los presidentes con mayores credenciales democráticas invitaban al decano de los dictadores, Fidel Castro, a la inauguración de sus gobiernos, en momentos en que en la isla cientos eran fusilados, miles se consumían en las cárceles y centenares se ahogaban en el mar, mientras, el hambre y la miseria se extendían por toda Cuba.

La estulticia de tantos dirigentes de Las Américas coincidía con la voluntad castrista de subvertir el orden continental para situar a sus títeres al frente de los gobiernos. Sabían que el castrismo entrenaba y preparaba a los subversivos, que numerosos académicos, periodistas, sindicalistas y políticos contaban con el respaldo económico y asesoría de la dictadura insular, no obstante, se apretaban voluntariamente la soga que tenían al cuello y eran incapaces de facilitar a los que luchaban en la isla recursos para que combatieran la tiranía que los asfixiaba a pesar de que los Castro si entrenaban y armaban a quienes intentaban derrocarlos. Tampoco, cuando la desesperanza cundió en Cuba, estuvieron dispuestos a abrir sus fronteras a los que huían, como sí hicieron Venezuela y Estados Unidos.

Lo paradójico del encanto del castrismo es que ni  los gobiernos más identificados con la derecha política, incluidas las dictaduras militares de Argentina, Chile, Brasil y Paraguay, aunque fuera por elemental sobrevivencia,  mostraron disposición a orquestar directa o indirectamente una conspiración que atacara el centro desde el cual se fomentaba el derrocamiento de todos.

Pero lo insólito fue que dirigentes democráticos decidieran no ver que el entramado de odio y sectarismo que gestó el castrismo era el nutriente fundamental  de las propuestas de Hugo Chávez, quien con los recursos de la nación venezolana y la falsa imagen de redentor de Luis Inacio Lula da Silva, más la logística del régimen cubano, reinventaron el socialismo real haciéndolo parecer para los incautos menos carnívoro.

El Foro de Sao Paulo, bajo el comando de Fidel Castro, Hugo Chávez, Lula da Silva,  Néstor y Cristina Kirchner, Daniel Ortega y Rafael Correa, fue el principal promotor del también fracasado Socialismo del Siglo XXI, lo que no hubiera sido posible si muchos líderes políticos y sociales, como los de la Concertación de Chile junto a otros dirigentes de la progresía y presidentes legítimamente electos, no hubieran optado por un silencio cómplice ante las tropelías de los hermanos Castro y Hugo Chávez.

La constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac, y la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, fue consecuencia directa de los planes hegemónicos del castrochavismo que procuraban en el menor tiempo posible extender su control para manipular el hemisferio a su antojo. Los mandatarios genuinamente democráticos debieron haberse opuesto a esas propuestas, pero la corrección política de la unidad latinoamericana y disentir de Estados Unidos, determinaron su conducta.

Venezuela vive una profunda crisis humanitaria con un claro origen político, trance al que se incorporó Nicaragua y es de esperar la Bolivia de Evo Morales,  si este sigue empecinado en perpetuarse en el poder a pesar del plebiscito en el que la mayoría de la población rechazó otra postulación suya.

Sin embargo, estas tres autocracias no pasan de ser siervos de la gleba del Castrismo, en consecuencia, lo apropiado es una gestión colectiva de hombres libres que en asociación con la oposición interna de cada país, instrumenten una estrategia que termine con el tumor central y sus metástasis.

Pedro Corzo
@PedroCorzo43

viernes, 30 de octubre de 2015

GERMÁN GIL RICO, ¡VOTOS SÍ, BALAS NO!

Los líderes del totalitarismo son enemigos de la elección universal directa y secreta de quienes han de ejercer los cargos en los poderes públicos. Es su naturaleza. Para ellos la institución del VOTO no es más que un carnaval vacío de contenido, sustituible por la voluntad que un jefe militar sustenta en el cañón de los fusiles y la punta de las bayonetas. Sólo que sobre tales instrumentos no es posible sentarse.

A partir de 1917 y hasta finalizada la “Guerra Fría” los comunistas utilizaron las balas para asaltar las instituciones y hacerse del poder absoluto. Luego han optado por el camino cívico. En Latinoamérica han ido conquistando importantes espacios mediante promesas engañosas y rampante demagogia por delante para, a renglón seguido, actuar como la KGV, la Gestapo, o el G2.
La conjuración del Foro de Sao Pablo, asociación de forajidos con caretas de líderes sociales, ha logrado clavar su garra totalitaria en Argentina, Brasil, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Uruguay, en menor grado, respaldados por el poder económico de la Venezuela pletórica de dólares, hoy al borde de la ruina, gobernada por un ignaro de tomo y lomo que imaginó ser Simón Bolívar redivivo y puso a caminar por América Latina una chequera en sustitución de la rutilante espada del Libertador de medio continente.
Consecuentes con la concepción totalitaria del poder, en 1958 apoyaron la candidatura de un militar para Presidente de la República. Fueron derrotados por Rómulo Betancourt. Los lacayos de Moscú pretendieron desconocer el triunfo del adversario y la investidura del más conspicuo de los demócratas venezolanos, pero la ciudadanía con el respaldo de las FFAA los sometió. Fracasaron en el asalto y Miraflores se les puso lejos. Se enguerrillaron contra el gobierno elegido por la voluntad mayoritaria de los venezolanos, pero la democrática conjunción cívico-militar derrotó, en todos los frentes, la aberración armada financiada y dirigida por Fidel Castro.
La “Revolución Democrática” inició su andadura de la mano de Rómulo Betancourt en 1959 y tenía que elegir un nuevo presidente en 1963. Los comunistas enmogotados se propusieron hacer fracasar el proceso y bañar de sangre el acto cívico de la votación. Los prolegómenos fueron atentados dinamiteros contra redes petroleras y de energía eléctrica; importaron el secuestro, el asesinato de industriales y personeros de la administración pública. En arremetida contra la gente más humilde que respaldaba el gobierno democrático, difundieron una Orden General a sus Unidades Tácticas de Combate cuya criminalidad sólo es comparable con los exterminios hitlerianos y estalinistas. MATA UN POLICÍA Y HAZ PATRIA, fue la infame consigna.
Se les incautaron alijos de armas provenientes de Cuba y se apresaron los terroristas que las accionarían para imposibilitar el singular acto cívico de sustituir a un Presidente con el arma cívica del VOTO. Fue el triunfo de la consigna ¡VOTOS SÍ, BALAS NO!. Y así, una vez puestos en fuga o aprehendidos los irregulares, continuó discurriendo la vida en Venezuela hasta que el colectivo perdió la razón y dio vida a un “monstruo a gatas”.
Ahora, en los inicios del Siglo XXI, el pueblo que degustó las mieles de la democracia, se niega a continuar tragando la amarga retama dictatorial del castro-comunismo. Los lacayos del totalitarismo importado desde la URSS por un senecto y baboso “gallego” no anclará en la conciencia de los venezolanos su  inconmensurable miseria y la tragedia que estamos viviendo. De allí las amenazas proferidas por Maduro y su cohorte. “Ganaremos como sea” y otras de similar envergadura, materializadas en la compra de armamento para “defender la revolución”. ¿Y de la democracia qué señor ilegítimo? Su incoherente parla clarifica la intención de no reconocer la derrota que su corrupto gobierno tienen cantada.
El 06-12 los humillados por las colas, el miedo y el peregrinar tras productos de la dieta diaria, un medicamento o de lo que sea; también por el infamante “toque de queda” impuesto por los malandros al servicio de la dictadura castro-comunista, comenzaran a ser reivindicados por el VOTO CIUDADANO. 
German Gil Rico
gergilrico@yahoo.com
@gergilrico

Miranda - Venezuela