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viernes, 7 de agosto de 2020

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE, REYES SIN CORONA

La decisión de Juan Carlos Borbón de marcharse de su país ha despertado en la opinión publica una efervescencia tan solo comparable a la que hasta ahora venía azuzando a la sociedad española con la posibilidad de que el exmonarca fuese investigado y juzgado por supuestos actos ilícitos cometidos en el pasado cuando aún ejercía responsabilidades como jefe de estado.

Los motivos para esa agitación en redes y medios en general, aparte del morbo que despierta en la gente, la encontramos sin duda en el corazón del otro gran debate que, desde hace ya un tiempo, se viene dando en España con respecto a si debe cambiarse el actual sistema monárquico por el de una república. Un debate, por lo demás, de vieja data, entre los españoles que conllevó junto a otras causas a esa terrible agresión entre connacionales que fue la guerra civil pero que, en nuestra opinión, no sabemos si por motivos de interés partidista, por ignorancia tal vez, o por una mezcla de los dos, ha sido planteado de manera equivocada.

En efecto, en la España actual sería inexacto afirmar que manda una monarquía o que el gobierno, en sentido estricto, no es republicano, porque sería lo mismo que desconocer que al presidente, así como a los miembros del poder legislativo los eligen los ciudadanos y no un rey. Y es que no se pueden hacer comparaciones válidas entre las monarquías absolutistas de la vieja Europa y lo que queda de las monarquías hoy en día, por ejemplo, en los países escandinavos, en Holanda, en España o en Inglaterra.

Los constituyentes de 1978 en España, al igual que lo hicieron en su momento la mayoría de los países europeos, se decantaron por un sistema de gobierno parlamentario al que, siguiendo el ejemplo de Inglaterra, su país de origen, le mantuvieron una tilde monárquica, al dejar en la figura del rey las funciones de jefe de estado, pero separándolas obviamente de las funciones de gobierno y de administración propiamente dichas. Tales funciones en la práctica constitucional han quedado reducidas a meras formalidades como la de llamar a la formación del gobierno una vez realizadas las elecciones, formalizar el nombramiento del primer ministro electo, que en España recibe el nombre de presidente; recibir las credenciales de las delegaciones diplomáticas extranjeras o a los

mandatarios en visita oficial o de estado, entre algunas otras de la misma naturaleza. Las razones histórico-políticas de ello, están ahí para lo que las quieran buscar y son básicamente de conveniencia politico-institucional. La conocida expresión inglesa “el rey reina, pero no gobierna”, explica quizá de mejor manera el papel que desempeña la corona en el sistema parlamentario, y que en países como Italia o Alemania donde sus constituciones no contemplan la figura del rey, dicha jefatura del estado con facultades también formales es ejercida por un civil que lleva el nombre de presidente para diferenciarlo del de primer ministro o canciller.

Tratándose, por ende, de un cargo constitucional, que un monarca jubilado como en verdad lo es Juan Carlos Bobón, no obstante, la prosopopeya de “rey emérito” con que la se le suele adornar en los periódicos, se vaya a sus 82 años, de España o se quede, no reviste la menor importancia a la hora de responder a la justicia en caso de que le corresponda hacerlo, pues como él, mismo, lo reconoció en un discurso hace tiempo, nadie está al margen de la ley.

Por eso, en un país como España donde abundan los títulos nobiliarios, lo que a mí me preocuparía más son los reyes sin corona, esos que proliferan en el ámbito politico y que se sienten por encima de la ley. Ejemplos, sobran. Tan solo hay que buscar entre algunos de esos dirigentes políticos regionales a los que se les conoce allí por el nombre de “barones”, y que han protagonizado algunos de los escándalos judiciales, por corrupción, más sonados de la historia política contemporánea española, algunos sin resolver aun por las instancias judiciales competentes. Aunque sin duda, al rey de todos ellos lo encontramos en el señor Jordi Pujol quien gobernó a Cataluña por casi un cuarto de siglo como si fuera el patio trasero de su casa y a quien junto a los miembros de su familia se le sigue un proceso judicial que lleva ya seis años sin que ocurra nada, ni sepa de donde procede la fortuna de más de treinta millones de euros que reconoció tener sin haberla declarado al fisco, o sobre el asunto de las comisiones presuntamente cobradas durante su mandato.

Visto lo visto, pensar, por lo mismo, que Juan Carlos Borbón, a quien ni siquiera se le ha abierto oficialmente una investigación de algún tipo, pueda ser acusado de algún hecho punible y llevado a los tribunales para luego ser linchado, como muchos desearían, frente al pueblo como si estuviésemos en plena Revolución francesa, no deja de parecer una quimera.

La realidad es que enterrado Franco hace ya casi medio siglo, algunos de los grandes problemas políticos de España siguen sin resolverse, entre ellos la corrupción y los nacionalismos separatistas que en este momento la tienen en estado crítico. En un país con un gobierno cuyo presidente señalado de haber plagiado su tesis doctoral, ni siquiera se inmutó; un vicepresidente liado en los juzgados con una tarjeta telefónica en su poder que no le pertenece, y sin mucho que esperar de los partidos opositores, donde el pasado ético de algunos de sus líderes más conocidos, tampoco ayuda, es casi imposible vislumbrar una salida satisfactoria y efectiva dentro de un sistema ya muy deteriorado, en el que un cambio de gobierno sería tan solo un paño caliente.

Mucho hay que cambiar en España, pero lamentablemente, a nuestro modo de ver, no va a ser modificando únicamente la constitución, ni erradicando lo poco o mucho que queda de la monarquía, que sus problemas verdaderos, de corte mucho más profundo, van a encontrar una solución.

José Méndez
xlmlf1@gmail.com
@xlmlf 

jueves, 21 de mayo de 2020

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE, PANDEMIA: ENTRE LA SALUD Y LA POLÍTICA

Si algo ha puesto en claro el coronavirus durante estos meses de reclusión ciudadana, en caso de que hubiese dudas, es que los intereses políticos y económicos están por encima de cualquier otro, incluso de los concernientes a la salud de las personas.  

Para recordárnoslo, quedan las declaraciones aun frescas de algunos mandatarios, expresando ideas tales como “no se puede hacer nada y que todos se contagien, es inevitable; hay que dejar que la población se infecte para lograr una inmunidad de rebaño; no hay que exagerar, pues se trata de una pequeña gripe; o, los ancianos tendrán que cuidarse a sí mismos y sacrificarse, para que los más jóvenes trabajen y salven la economía país”. Una muestra, si quiere, de la arrogancia y de la insensibilidad que caracteriza a muchos de los políticos con responsabilidades de gobierno, actualmente, además de explicativa de la imprevisión con que algunos atendieron la pandemia, no obstante, las alertas dadas por la Organización Mundial de la Salud, desde comienzos de año, y la grave realidad que se vivía en la siempre aparente, lejanía de China.  

Pero, aunque el coronavirus19 ha sido un problema adicional con el que lidiar para todos los gobiernos del mundo, hay excepciones. En países con gobiernos autocráticos como el de Venezuela o con coyunturas muy particulares como el de Chile, cayó como anillo al dedo. Maduro, por ejemplo, ha aprovechado la pandemia al máximo para decretar estados de excepcionalidad que han aislado al país y obligado a los venezolanos a quedarse en sus casas, sin la posibilidad de salir a la calle para manifestar su rechazo al gobierno por la falta de gasolina, de alimentos, de electricidad y demás calamidades por las que protestaban anteriormente. Piñera, por su parte, encontró en la pandemia un aliado inesperado para detener, además del virus, la constante ola de manifestaciones y pillaje callejero, así como para calmar la conflictividad político-social en el país.  

Otros, por el contrario, han visto como la crisis del virus les ha explotado en las narices de manera inoportuna. Es el caso del presidente Trump, precisamente cuando había salvado un “impeachment”, y el camino a la reelección no lucia tan complicado gracias a que la economía estaba en su mejor momento. Pero la pandemia y las titubeantes, a veces contradictorias medidas, tomadas además con retraso, junto a su actitud inicial  de poner  en duda la existencia del virus, han empañado esa situación, razón por lo cual si las acciones tomadas, precipitadas según los expertos en salud, para reactivar la economía, con más de cincuenta millones de personas cobrando ya la contraprestación de desempleo, no tienen un efecto positivo en este verano que se aproxima o la pandemia recrudece aumentando los impresionantes números que ahora mismo presenta, la caída del presidente norteamericano el 3 de noviembre próximo, parece indefectible. 

Pandemia ante la cual también Boris Johnson mantuvo una actitud, desde el principio, de despreocupación similar a la de su colega norteamericano, motivada igualmente por el temor al terrible impacto que tendría la paralización, en este caso, de la economía británica, si se tomaran medidas de confinamiento parecidas a las de otros países, en momentos en los cuales la negociación para cerrar el Brexit aún está pendiente. Una conducción de la crisis que ha colocado al Reino Unido como el país europeo con más defunciones por causa del coronavirus, a pesar de que allí arribó después que en países como Italia y España.  

Bolsonaro, en Brasil, es otro de los mandatarios que, igualmente, se ha venido hundiendo en estas arenas movedizas, pero con la suerte, hasta ahora, para su gobierno de que las fatalidades causadas por la pandemia, por cada cien mil habitantes, son más bajas que las de Estados Unidos o Reino Unido. 

Al gobierno de Pedro Sánchez, con una de las gestiones de la epidemia más fustigadas por la opinión pública, la crisis del coronavirus le llegó cuando andaba en pleno devaneo con sus socios separatistas y viendo, desde hacía ya unas semanas, como las barbas de la vecina Italia ardían de arriba abajo, por lo que dispuso de tiempo como para tomar acciones preventivas de corto y mediano plazo; sin embargo, no puso las de España en remojo y prefirió correr el riesgo  politico de postergar, como en efecto  lo hizo, cualquier medida de protección individual o confinamiento social para después del ocho de marzo, fecha en la que estaba programada la gigantesca manifestación feminista de la capital, aupada por la izquierda y varios organismos gubernamentales entre ellos el ministerio de igualdad.  Una  conducción equivocada de la crisis que Macron ha venido tratando de revertir en Francia, después de haber cometido varios errores políticos en su manejo inicial, entre ellos, el haber permitido el desarrollo de las elecciones municipales a mediados del mes de marzo en plena pandemia, que creyó podía ganar y perdió en esa primera vuelta, lo que dejó un contagio masivo por su efecto multiplicador en el país, semejante al que una semana antes se produjo en España con la manifestación de Madrid, además de una ratio de mortalidad, al igual que la española, entre las más altas del mundo. 

Recientemente, el expresidente Obama hizo una referencia al tema, que, si bien, fue dirigida contra Trump, lo resume en cierta forma, afirmando que “Esta pandemia finalmente ha levantado el velo de la idea de que quienes están al mando saben lo que hacen. Muchos de ellos ni siquiera están haciendo como que están al mando”.  Una opinión cuyo contenido en términos generales compartimos, pero con la única salvedad de que habría que distinguir entre aquellos mandatarios que no saben bien lo que hacen o han estado haciendo, de aquellos otros que lo han venido haciendo mal, a sabiendas, es decir, politizando la pandemia, y aún continúan haciéndolo, sin importarles verdaderamente la salud de los ciudadanos. 

JOSE MENDEZ  
xlmlf1@gmail.com
@xlmlf 

lunes, 6 de abril de 2020

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: LA “CHAVETIZACIÓN” DE ESPAÑA


Cuando a finales del año 2013 escribimos un artículo titulado La cubanización de Venezuela, nunca se nos pasó por la cabeza la posibilidad de que algo similar pudiese suceder en algún otro país, no al menos de manera intencionada y, si se quiere, planificada. En aquella oportunidad nos referíamos a lo que, después de catorce largos años de gobierno de Hugo Chávez, se veía venir como si fuese el final de una película ya sin misterio alguno: la conversión de Venezuela en una segunda Cuba. 


Durante toda esa larga década Chávez supo transmitir a sus seguidores, mediante un discurso  al principio muy disimulado, la confianza y el convencimiento necesarios como para ir dando a conocer su afinidad con el socialismo cubano e ir cocinando a fuego lento, sin necesidad de meter el acelerador a fondo,  decíamos en aquel artículo, a la sociedad venezolana  “en su propia salsa”, con la receta que le dieron en La Habana, sin que la mayoría de sus integrantes se  percatasen de lo que estaba sucediendo o; lo que es peor, “con la misma conciencia del sapito que se estaba bañando en una olla de agua tibia, sin percatarse, hasta que se quema, de que el agua estaba hirviendo”.   

Mientras eso ocurría, Chávez supo, igualmente, ocuparse de la oposición política poniéndola en cuarentena sin necesidad de “coronavirus” alguno. Para ello, solo tuvo que culpar a los cuarenta años anteriores de gobiernos adeco-copeyanos de todo lo malo que sucedía o dejaba de suceder en tiempos de revolución, sin necesidad de reconocer falla alguna de su parte. Adicionalmente y no menos importante, fue su estrategia muy bien estudiada de poner constantemente sobre la mesa una agenda política propia, capaz de suscitar efervescencia entre sus opositores y colocarlos, al mismo tiempo, a remolque de sus iniciativas anunciadas públicamente en algún “Aló presidente” o en cualquier otro espacio, a veces, inesperado. De ese modo, logró que sus adversarios quedasen generalmente descolgados y siempre a la zaga; razón por la cual llegamos alguna vez a escribir que Chávez encarnaba no solo al gobierno sino también a la oposición.

En España, los venezolanos han comenzado a vislumbrar cierto parecido desde que Sánchez llegó al poder, en detalles como el argumento del “bloqueo” de la derecha, a su investidura, primero, y a su gobierno después; las peroratas proselitistas con un estilo indefinido, entre el “Aló presidente” de Chávez y los “fireside chats” de Roosevelt; la censura a la prensa para preguntar libremente; la inculpación al Partido Popular y  a su pasado o, simplemente, a la derecha, de todo lo que sale mal o no puede hacer; pero, sobre todo, el relato prefabricado para convencer a los españoles de la verdad de su gobierno y de las mentiras de la oposición.  El abanico de opciones aquí, es aún más amplio que el venezolano reducido a derechas e izquierdas o a revolucionarios y escuálidos, porque además del capitalismo y burguesía tradicionales, existe un espectro franquista, expansible al fascismo y a la monarquía, temas de vieja data fáciles de explotar a través de conceptos como el de la memoria o conciencia histórica, el de la extrema derecha o la lucha de clases, flama por cierto inextinguible.  

Hasta podemos encontrar una cierta similitud, por forzado que pueda parecer, en esa entrega que el chavismo hizo a Fidel de Venezuela, con la que el gobierno de Sánchez ha venido realizando, poco a poco, de España a algunos gobiernos autonómicos como el catalán o el vasco, no obstante, que la diferencia de miras, no de consecuencias, sea en principio distinta. En el primer caso, esa hermandad que Chávez se esforzó en forjar entre Cuba y Venezuela hasta el punto de llegar a proclamar que eran una misma nación, cuyos gobiernos en el fondo eran uno solo, buscaba según el propio líder de la revolución bolivariana, caminar hacia una "confederación de repúblicas bolivarianas, martianas, caribeñas y suramericanas". Por el contrario, el deslave nacional con el que Pedro Sánchez viene jugando, cediendo terreno al separatismo, conduce a todo lo contrario, es decir, a la ruptura de la gobernabilidad de la nación española y a la desaparición de la España conocida hasta ahora. No se diga nada de la relación del chavismo con grupos extremistas como la guerrilla colombiana o de la del gobierno progresista de Sánchez con los partidos proetarras 

Ni con la actual crisis que el “coronavirus 19” ha creado, colocando a España a la cabeza, junto con Italia, de la mayor mortalidad de Europa y del mundo, el gobierno de Sánchez da muestras de humildad reconociendo haberse equivocado alguna vez, como tampoco lo hizo Chávez, no obstante la incompetencia demostrada coordinando  bajo el “Estado de alarma” las gobiernos regionales, pero sobre  todo, administrando los recursos técnicos y materiales de que toda nación dispone, en mayor o menor medida, a la hora de establecer estrategias y políticas con las cuales atacar la pandemia junto con sus terribles consecuencias sanitarias, económicas y sociales.

Pero lo que más recuerda a Chávez, es el discurso manipulador de un “chavista” como Pablo Iglesias, a quien Sánchez ha dejado parte del trabajo sucio, estableciendo diferencias inconducentes entre la cosa pública y la privada, en momentos en que la sociedad española necesita del aporte de todos sus integrantes. Lo mismo que lo es su “interpretación” de la constitución española con respecto al interés general o función social que debe cumplir la propiedad privada, más allá de las amenazas de expropiación que en el caso de Chávez si se cumplieron, a pesar de tratarse, en realidad, de auténticas confiscaciones o incautaciones al sector privado, al no reconocerse indemnización alguna en la mayoría de los casos. 

¡Ojo! No estamos afirmando, con todo lo expuesto, que Pedro Sánchez es Chávez, o que su gobierno es como el de Chávez y que por ende la España de hoy se encuentra “chavetizada” o en un estadio político idéntico al de la Venezuela de la primera década de este siglo. ¡No! Lo único que estamos diciendo es que, por ahora, tienen estilos y maneras que coinciden y los asemejan mucho. 

José Luís Méndez La Fuente
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@xlmlf 

sábado, 19 de octubre de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: PROTESTAS, VIOLENCIA Y DEBACLE DEL ESTADO DEMOCRÁTICO

Este mes de octubre con la reaparición en las calles de París y de Toulouse del movimiento conocido como los “chalecos amarillos”, se cumple un año de la puesta en escena de la manifestación popular mas grande y duradera que como reacción social a las políticas socio-económicas del gobierno de un país, se haya dado en la historia moderna. Para algunos, dada su envergadura determinada en su organización, número de participantes, calado de las reivindicaciones, así como por su trascendencia y efectos políticos tanto en la comunidad europea como en el resto del mundo, aun no del todo perceptibles, se trata de la segunda Revolución francesa. 

Igualmente, por motivaciones que no podemos calificar de idénticas, pero si catalogar dentro de su naturaleza económica y social de parecidas, también hubo movilizaciones públicas en la Argentina contra el gobierno de Mauricio Macri quien  se juega la reelección el domingo veintisiete de octubre, así como en el Ecuador, no menos importantes, aunque si más feroces, recogidas en imágenes que dieron la vuelta al mundo  contra el paquetazo económico liberal del FMI anunciado por su Presidente Lenin Moreno y que nos hizo recordar el Caracazo del año 1992 contra Carlos Andrés Pérez por causas aparentemente iguales y dentro de circunstancias muy similares.  

También durante este año 2019 ha habido protestas y marchas no exentas de violencia y pérdida de vidas en las calles de Venezuela, como parte de una historia sin fin que se viene repitiendo prácticamente desde que Chávez asumió el poder en el año 1999, y de Nicaragua, donde la dictadura del otrora revolucionario Daniel Ortega le sigue al calco, los pasos a Nicolás Maduro. Pero aquí, si se puede afirmar que las causas en su raíz son distintas, pues se trata en ambos casos de gobiernos espurios, ilegítimos, que desviaron el camino democrático que alguna vez pretendieron y donde además sus políticas sociales y económicas, destinadas a mejorar la situación de los ciudadanos, vienen contrariamente desmejorándola aún más hasta el punto de llevarlos a una situación de pobreza extrema en la cual, por ejemplo, el salario mínimo de un trabajador en Venezuela, que acaba de ser aumentado en bolívares, equivale a un poco más de siete dólares mensuales.

Aunque estas son solo las referencias más conocidas y de mayor repercusión en forma de resistencia y de rechazo al orden establecido, es decir al Estado mismo, en algunos países que nos son cercanos, no son, sin embargo, las únicas en el mundo actual. 

La pregunta que habría que hacerse es si el Estado moderno está preparado para hacer frente y dar contestación a esta forma de rebeldía o desobediencia civil junto con su correspondiente carga de violencia, muchas veces delictual, como la destrucción de propiedad, el uso de armas o los saqueos comerciales. Sobre todo, en momentos como los actuales en los cuales en esas movilizaciones participan, cada vez con mayor frecuencia, factores o agentes externos, infiltrados, que persiguen objetivos bastardos o responden a intereses subalternos. La respuesta es obviamente que no y parece dar la razón a quienes ya desde finales del siglo pasado vienen anunciando la declinación del Estado nacional y el derrumbe de sus fronteras. 

Para apoyar esta posición a la luz de los acontecimientos antes señalados, bastaría con indicar como el gobierno de Moreno en Ecuador dio marcha atrás con varias medidas de su paquete económico, como el aumento de la gasolina, tal como lo hiciera CAP en el 92 en Venezuela o como el propio Macri en Argentina, que venía posponiendo su paquetazo económico y tuvo, una vez en vigor el mismo, que realizar algunos ajustes que no creemos le alcancen para obtener algún rédito político en las urnas. Por su parte, en Francia, eso sí, después de aguantar varias semanas de asedio, de las casi cincuenta de protesta que ha tenido, Macron entabló conversaciones con los líderes de los “chalecos amarillos” y entre otras medidas concedió un aumento salarial y una rebaja impositiva; pero a diferencia de los ejemplos anteriores, las protestas, aunque con menos fuerza no se han detenido del todo. A prueba, y por confirmar esta tesis, queda en el momento en que se escribe esta columna, el gobierno de Piñera en Chile, país este último donde la protestas por el aumento del pasaje en el metro, que afecta a unos tres millones de usuarios, van in crescendo, hasta el punto de que ya han paralizado ese medio de transporte por completo y amenazan con hacer lo mismo en Santiago, su capital. 

Los casos de Venezuela y Nicaragua parecen ser la antítesis de la ecuación, pero no pueden ser tomados en cuenta, pues si bien allí es cierto que las protestas, no obstante su intensidad y prolongación en el tiempo, no han podido hacer mella en los autocráticos gobiernos de Maduro y Ortega, ello se debe a que son precisamente eso, gobiernos donde no se juega con reglas democráticas y la violencia contra las leyes, así como la verbal y física contra las personas, es la respuesta del Estado frente a la sociedad civil cuando reclama justicia. 

Pero sin lugar a dudas, el caso más patético, no ya de la claudicación progresiva y permanente del Estado, sino de su derrota ética que es mucho peor que cualquier otra porque lo desnuda y lo deja sin valores ni principios de ningún tipo, es el del Estado mexicano representado en el gobierno de López Obrador, al soltar después de que lo había capturado por el delito de narcotráfico, al hijo del Chapo Guzmán, renunciando así a la facultad de ejercer el poder coercitivo sobre la delincuencia que le otorga la ley. Una derrota sino total, al menos tan vergonzosa, pues no cedió ante simples ciudadanos sino ante el crimen organizado, que deja al Estado convertido en un guiñapo, en un cuerpo abstracto, sin vida y carente de sentido.

José Luis Méndez La Fuente
@xlmlf

viernes, 4 de octubre de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: EL BOTÓN ROJO DE LA CONSTITUCIÓN PERUANA

Cuando hace año y medio Martín Vizcarra fue juramentado como presidente del Perú dada la renuncia de Pedro Kuczynski al cargo, se suscitaron dudas sobre las probabilidades reales que tenía el, hasta ese momento, primer vicepresidente, para completar los tres años que aún quedaban por delante, del total del periodo presidencial de cinco años.

Las razones eran variadas, pero todas en sus principales ramificaciones coincidían en que la inestabilidad política derivada de un poder legislativo donde el fujimorismo era la principal fuerza opositora, así como del apretado triunfo de Kuczynski por apenas un puñado de votos sobre Keiko Fujimori, junto al flagelo de la corrupción que campeaba por el país y ya había llevado a la cárcel o sometido al escarnio público a sus últimos cinco presidentes, darían al traste con ese mandato. 

Además se sumaba a ello el hecho de que Vizcarra daba una cierta apariencia de desinterés por los asuntos propios de la presidencia al haber aceptado el cargo de Ministro de Transporte y Comunicaciones, el cual lo metió en la candela política de la interpelaciones, acusaciones por corrupción y críticas de todo tipo de la oposición del que salió para  ejercer otro muy diferente y que muchos consideraron aún más incompatible con la vicepresidencia: el de embajador en Canada, país donde se encontraba al momento de ser llamado para sustituir a Kuczynski. 

Sin embargo, Vizcarra ha podido sortear esa inestabilidad no obstante las renuncias de muchos de sus ministros y colaboradores, así como la corrupción a la que ha tratado de coger por los cachos con varias acciones políticas frontales e iniciativas legislativas que le han hecho ganar el apoyo tanto de las fuerzas armadas como del sentir popular. Un respaldo el del pueblo peruano que también recibió Vizcarra con su última medida de hace un par de días, de disolver el Congreso del país, similar al que le dio en su momento al propio Alberto Fujimori cuando con ocasión de su “autogolpe de Estado” de comienzos de abril del año 1992 hizo lo mismo, aunque en aquella ocasión la Constitución peruana no lo preveía.

Se hace insoslayable recordar que fue Alberto Fujimori quien dentro del marco del denominado Congreso Democrático Constituyente de 1993 dio vida a la vigente Constitución del Perú en la cual introdujo algunos artilugios y mecanismos con la finalidad de reducir las atribuciones de dicho poder legislativo y, por retruque, de reforzar las del presidente, es decir, las de él. Fujimori lo hizo en un momento de altísima popularidad, en el cual el partido que lo llevó a la presidencia, 
contradictoriamente era tan solo una minoría dentro del poder legislativo; este último, un estorbo, por ende, que retrasaba o impedía cualquier proyecto o reforma legislativa, así como los nombramientos de ciertos cargos como, por ejemplo, los correspondientes al poder judicial, que al final impedían su gestión de gobierno desde el poder ejecutivo.

Fue así como en dicha Constitución se estableció, prestado inapropiadamente de los regímenes parlamentarios, la figura del voto de censura y de la cuestión de confianza, inaplicables por ser incompatibles con el sistema de gobierno presidencial imperante en el Perú y en la América hispana desde su independencia, pero que a Fujimori, ingeniero, hombre práctico y calculador, le venía como anillo al dedo, a falta de otro, para frenar las acostumbradas tácticas dilatorias de los legisladores, cerrando el congreso si a sus miembros se les ocurría oponerse por dos veces a una solicitud de confianza solicitada por el Consejo de Ministros del Ejecutivo, como por ejemplo, sobre un proyecto de ley. 

Así gobernó en parte Fujimori, con esa amenaza permanente de disolución del poder legislativo que la Constitución de 1993, hecha a su medida, consagró como norma fundamental. Un botón rojo, para emergencias, que se podía apretar cuando le fuese conveniente.

Y ese botón rojo fue el que apretó, cansado quizás como Fujimori, de que le echasen para atrás algunas de sus iniciativas legislativas y de anticorrupción, sobre todo las que tenían que ver con la restricción de la inmunidad de los propios parlamentarios, Martín Vizcarra, casi treinta años después, generando una grave crisis institucional y política en el Perú actual. 

Vizcarra igualmente ingeniero y para quien, por supuesto, dos y dos son cuatro, ya se había dado cuenta seguramente, cuando propuso en julio pasado adelantar las elecciones presidenciales para mediados del 2020, que esa, aunque no estuviese contemplada en el texto constitucional, era la única consecuencia lógica y posible a la figura de la pérdida de confianza, dentro de una verdadera democracia. Una consecuencia preferible desde cualquier punto de vista, antes de decidirse a aplicar el mecanismo de disolución del Congreso permitido absurdamente por la Constitución en su artículo 134. Al menos, una menos dañina, más institucional y mucho mas justa política y democráticamente que la de cerrar el parlamento.  

Pero no le hicieron caso por razones y motivaciones políticas y personales de los congresistas y dirigentes de la política peruana que no cabe explicar aquí, y de ahí su decisión, la de Vizcarra, de activar ese botón rojo y convocar a elecciones para elegir un nuevo Congreso el próximo enero del 2020.

La crisis aún está ahí y lejos de haberse alcanzado una solución definitiva, no obstante, la renuncia de la presidenta encargada nombrada por el Congreso, también con permiso de la Constitución, aún hay una posibilidad de decisiones, pendientes básicamente del Tribunal Constitucional peruano, por otro lado, parte en su origen del problema, que pudieran darle un giro inesperado a la deriva actual, en la cual la figura del presidente está, sin duda, ganándole la partida a la del Congreso.

Pero quizás, lo único completamente cierto en todo esto, es que la sombra de Fujimori, como lo dijimos por motivos diferentes hace ya tiempo, en otro artículo, sigue proyectándose sobre la política peruana y sobre el futuro del Perú y de los peruanos indefectiblemente.

José Luis Méndez La Fuente
@xlmlf

miércoles, 21 de agosto de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: VENEZUELA, EL TIEMPO SE ACABA

En un artículo de junio pasado cuando la representación de Juan Guaidó negociaba con la de Nicolás Maduro en Noruega, advertimos de que quedaban seis meses para alcanzar el éxito o el fracaso definitivo. En aquel momento nos referíamos obviamente a los resultados de la negociación en curso. Hoy, dos meses después, cuando la negociación ya no parece una alternativa viable, dado la negativa del régimen de Maduro a proseguir con las conversaciones, el tiempo es aún más corto para encontrar una salida a la actual crisis política y humanitaria que vive el país antes del día cinco de enero del próximo año, cuando debe nombrarse la nueva directiva de la Asamblea Nacional.

Desde que Juan Guaidó el recién nombrado presidente de la Asamblea Nacional se tiró al ruedo el 23 de enero de este año para encargase de la presidencia de Venezuela como consecuencia de la usurpación del cargo de presidente por parte de Nicolás Maduro, han pasado muchas cosas, pero ninguna hasta ahora ha podido poner cese a dicha usurpación. En aquel entonces, el año 2019 que comenzaba, parecía muy largo y más que suficiente para alcanzar dicho objetivo.

Sin embargo, no ha sido así, y el reloj tampoco ha cesado de correr marcando inexorablemente las horas y los días, colocando a Juan Guaidó a solo cuatro meses, pasada ya la mitad del calendario, de que deje la presidencia del poder legislativo, tal como está acordado entre los partidos políticos que conforman la coalición opositora y los cuales decidieron rotarse en el ejercicio de la dirección de dicho poder público, anualmente. 

Las consecuencias de este hecho tan significativo, no pueden dejar de tomarse en cuenta dentro del escenario tan frágil que se presentaría, de mantenerse el actual estado de usurpación del régimen hasta enero próximo, pues serían completamente inconvenientes y nefastas para el gobierno interino cuyas acciones y estrategias para obligar a Maduro a que abandone el poder pueden verse seriamente perjudicadas. 

Quienes piensan que de darse dicho cambio de mando en el parlamento venezolano no ocurriría ningún resquebrajamiento de las actuales condiciones políticas que sostienen a Guaidó como presidente provisional de Venezuela, pues el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, quien quiera que fuere designado, continuaría como presidente provisorio del país en sustitución de Guaidó, pudieran llevarse una sorpresa. Que el medio centenar de países que apoyan a Guaidó, ahora mismo, se vuelquen a hacerlo nuevamente, con un cambio de protagonista en la película a comienzos del 2020, es una posibilidad que después de casi doce meses puede ser vista por los mandatarios de aquellos estados, con una óptica muy diferente, más aún cuando algunas circunstancias políticas y de gobierno pueden quedar modificadas sustancialmente en algunos de ellos de aquí a enero. 

Y ésta es la razón, si es que se le puede llamar así, por la cual el régimen ha venido intentando clausurar la Asamblea Nacional y tratando, como segunda alternativa dentro de su estrategia, de adelantar las elecciones parlamentarias nacionales sin fundamento alguno. Maduro y sus secuaces saben, perfectamente, que erradicado Juan Guaidó de la presidencia de la Asamblea Nacional, la situación jurídico-política del gobierno opositor, que hasta ahora viene encabezando, no tendría el mismo   sustento que lo ha alimentado hasta ahora, y que en el caso de que se designe un nuevo titular de ese órgano legislativo, aún  con el apoyo de los Estados Unidos, habría carencias significativas de percepción, así como unas circunstancias que, en general, desmejorarían a la oposición, aunque no a ellos. 

Salvo una modificación de última hora de aquellos acuerdos entre los grupos parlamentarios no oficialistas, que prorrogué, por ejemplo, a Guaidó en el cargo de presidente de la Asamblea Nacional para el año 2020, la legitimidad de que goza el gobierno transitorio, actualmente, ante el pueblo venezolano y la comunidad internacional, pudiera verse comprometida y perjudicada hasta el punto de perderse. 

Por eso, es de esperar que en el caso de que nada cambie de aquí a diciembre, la oposición venezolana y específicamente la que nos representa en la Asamblea Nacional, sepa actuar con la madurez del caso y tome las decisiones que las circunstancias imponen en interés de todos los venezolanos y no las que sus respectivas toldas políticas desean.

De lo contrario, luce muy cuesta arriba que Venezuela pueda salir de la crisis que la agobia desde hace tiempo, si en estos cuatro meses que aún quedan no se produce el resultado que toda Venezuela está esperando como es el cese de la usurpación y la integración, posteriormente, de un nuevo gobierno en elecciones verdaderamente libres y democráticas.

José Luis Méndez La Fuente     
@xlmlf

domingo, 19 de mayo de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE, SIMONOVIS, LIBERTAD SIN JUSTICIA

Si hay una referencia constante y permanente en el tiempo, durante todos estos años de chavismo  representativa de la iniquidad y ruindad de un  régimen político, el caso de  los comisarios Forero, Vivas y Simonovis, como se le conoce en la prensa nacional e internacional, es sin lugar a dudas, la mas internacional de todas. Icónico, simbólico, o como se le quiera calificar, lo cierto es que el caso, con esos tres nombres ha cubierto mas centimetraje en las noticias que cualquier otro, incluido el de RCTV y aun el de la juez María Lourdes Afiuni.  Y no es para menos, pues ha abarcado entre la parte inquisitiva, judicial y carcelaria buena parte de la primera década de este siglo veintiuno en ciernes, así como todo lo que va de la segunda, no obstante habérsele dado medidas de libertad condicional a Vivas y Forero entre los años 2011 y 2012, dado  el delicado estado de salud de ambos, como consecuencia de las pésimas condiciones carcelarias en la cuales se encontraban desde hacía años.

Una papa caliente para el régimen, si se quiere, que Chávez cocinó con la servil ayuda de sus fieles lacayos de entonces al frente de la Fiscalía General de la República y de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia. La titular de la primera, hoy en día en el exilio, convertida en opositora después de arremeter contra el gobierno de Maduro y, el segundo, en similar circunstancia en Centroamérica desde donde envió la vergonzosa carta de abril del 2012 confesando que Chávez fue quien ordenó meter presos a los tres comisarios y darles una condena de treinta años a cada uno. 

Pero de dentro de esta tragedia, lo más irónico de todo vino a ser que se trataba de un ajuste de cuentas entre chavistas, en el que el gobierno de  Miraflores le estaba pasando factura al de la Alcaldía Mayor de Caracas, desde donde Alfredo Peña, el corregidor, exsecretario de la presidencia y el constituyente de 1999 mas votado, venía teniendo, cada vez más, fuertes discrepancias con el presidente-comandante. Entre otras razones por el papel que él creía debía cumplir la Policía Metropolitana, para lo cual Peña deseaba modernizar dicho cuerpo mediante el Plan Bratton; estar en desacuerdo con la militarización de la ciudad y, en definitiva, la falta de políticas del gobierno nacional para combatir el hampa. De modo que fue la Policía Metropolitana, después de los sucesos del 11 de abril del 2002, la que pagó los platos rotos y la ocasión que se le presentó a Chávez para tomar venganza. Lamentablemente, no fue el organismo policial el único en sufrir las consecuencias de aquella refriega interna, sino tres seres humanos que para ese momento, tenían rango, uno de Jefe de Seguridad ciudadana de dicha alcaldía, Ivan Simonovis,  y los otros dos, Lázaro Forero y Henry Vivas, de Comisarios. Como se recordará, Peña se marchó al exilio, diciendo que regresaría cuando el estado de derecho retornase igualmente a Venezuela, siendo posteriormente, acusado por el gobierno de Chávez, de cargos de corrupción y enjuiciado. 

Por eso, una tarea necesaria cuando cese la usurpación chavista, va a ser la de desmontar todo el discurso de Chávez y contarle a los venezolanos, al pueblo, a la gente, la verdadera historia de estos últimos veinte años. No será fácil de acometer, pues Chávez fue un gran narrador de cuentos, de historietas, a un país que le gustaban las telenovelas y al que cautivó a través de la suya propia, “Aló Presidente”, en la cual él fue el gran protagonista. 

En una entrevista realizada a finales del año pasado para la prensa internacional, la esposa y abogada de  Iván Simonovis, afirmó que en el caso de los comisarios aún no se había hecho justicia después de dieciséis años. Hoy, cuando ya es un hecho cierto que Simonovich ha recuperado la libertad fuera de Venezuela, estamos seguros de que a la misma pregunta, la respuesta de Bony Pertiñez de Simonovis hubiese sido la misma; pues aun libre y lejos de sus cancerberos, la justicia es algo más que eso. Es ser tratado por sus captores, en este caso el estado venezolano, como persona, con respeto, durante todo el tiempo de la reclusión. Es, por supuesto, derecho a defenderse, a ser enjuiciado dentro de la ley; a tener una sentencia dictada por jueces independientes y no por serviles vasallos de un autócrata. Pero, sobre todo, significa tener derecho a que se diga la verdad, a escucharla, y a que todos la sepan. Único modo de recuperar la dignidad, la autoestima y el respeto a si mismo. Y esto último, al igual que Simonovis, lo están esperando también, todos los venezolanos.

José Luis Mendez La Fuente
@xlmlf

domingo, 12 de mayo de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE, PERRO QUE LADRA NO MUERDE

En un artículo titulado “El populismo de Trump y Venezuela” de comienzos del mes pasado, decíamos lo siguiente: Está  claro que el viento que mueve la veleta del presidente norteamericano sopla en dirección a Noviembre del 2020 y que cualquier circunstancia política con capacidad de afectar su reelección será diferida, apartada o menospreciada, pues no solo desea ganar sino hacerlo, esta vez, sin ninguna mácula que empañe su investidura. Solo esperemos que en el caso de Venezuela, el apoyo a Guaidó y, sobre todo, al sufrido pueblo venezolano, no se vea comprometido por dicha causa en esta segunda mitad que todavía le queda de mandato y no caiga en el saco de las promesas incumplidas u olvidadas, en la agenda del candidato Trump.

Desde el malogrado intento de ayuda humanitaria del 23 de febrero, pasando por la abortada  Operación Libertad del día 30 de abril, y después de varias manifestaciones multitudinarias,  de esas que son ya costumbre en la Venezuela chavista, desde el 11 de abril del 2002, muchos piensan que la ofensiva de calle liderada por Guaidó ha entrado en un proceso de enfriamiento y recesión del que costará reponerse. Una de la principales razones, entre otras, sería el cansancio y la desilusión de la gente después de tres lustros de protestas populares; primero contra Chávez y ahora contra Maduro, con los resultados de represión brutal, muerte y violencia, ya mundialmente conocidos. También hay quienes van más allá y piensan que, en general, toda la estrategia y ofensiva contra Nicolás Maduro y su régimen, incluida cualquier lejana posibilidad de una intervención militar directa o indirecta de los Estados Unidos en Venezuela ha fracasado, y que solo queda como camino a seguir el  de la diplomacia y negociación a través de Rusia y Cuba.

Las críticas en esta dirección son  concretas y apuntan, en línea recta, al gobierno norteamericano, al que acusan de llevar el asunto venezolano a remolque, siempre, de las iniciativas ruso-cubanas y con el manejo de una diplomacia abierta, llevada con torpeza, que dejó en evidencia a muchos de esos interlocutores oficialistas. Una negociación, por otra parte, a distancia, cuyos principales objetivos se anunciaban en la prensa; basada en amenazas vacías, el ofrecimiento de beneficios penales, y que para quienes aceptaban, tenía como premio mayor el botín correspondiente. En definitiva, una estrategia con componentes nada éticos y muy pragmáticos, con los cuales, la gran mayoría de los venezolanos, esos que llevan diecisiete años marchando y protestando contra el chavismo, no pueden estar  de acuerdo. 

Pero, al parecer, no son  los venezolanos los únicos que se sienten frustrados, según The Washington Post, uno de los diarios de mayor prestigio en el país norteño, el propio Donald Trump se siente  engañado por sus consejeros con respecto a Venezuela. Especialmente, por su asesor de Seguridad Nacional John Bolton quien lo convenció de que lo de Venezuela sería pan comido y que, por lo tanto, había que apoyar a Juan Guaidó para que liderará todas esas marchas de protesta cívica, ayuda humanitaria y demás acciones políticas, como consecuencia de lo cual  Maduro y su régimen caerían pronto. 

Sin embargo, la falta de buenos resultados mediante la ofensiva diplomática y sancionatoria empleada por los Estados Unidos, hasta ahora, de la cual Trump no se hace personalmente responsable, no va a tener como consecuencia inmediata, para quienes ansían una pronta acción militar en Venezuela, la intervención de los marines norteamericanos. No obstante la ingenuidad del mandatario de la Casa Blanca, a quien sus asesores engatusan tan fácilmente, Bolton no ha sido despedido de su cargo, a pesar de las circunstancias, así como de los antecedentes de volatilidad que registra el gabinete de Trump en estos dos años y medio de presidencia, con números de récord. Por el contrario, el mandatario norteamericano le ha pedido a su halcón que más bien se concentre en el problema venezolano; aunque ya le ha avisado, primero en forma de chiste y ahora, mas seriamente, que no se dejará involucrar en una guerra como la de Siria de la cual acaban de salir. Que es lo mismo que le han venido aconsejando sus asesores políticos de campaña, quienes consideran que pudiera perder muchos más votos de los que ganaría.

Hasta ahora, Trump ha demostrado ser un populista de lo más típico. Amenaza, vocifera, habla con una verborrea belicosa; pero como dice un viejo refrán popular “perro que ladra no muerde” y eso parece que lo saben muy bien los cubanos, Putin y , por supuesto, Maduro.

José Luis Méndez La Fuente
@xlmlf

lunes, 21 de enero de 2019

ACTUALIZACIÓN, DE "EL REPUBLICANO LIBERAL II”, MARTES 22-01-2019,

LEONARDO MORALES P., 23E: PRUDENCIA Y BUEN JUICIO

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 5 minutos
El 23 de enero es una fecha emblemática para los venezolanos. Al cumplirse 61 años de la salida del poder de Marcos Pérez Jiménez y de instaurado el régimen democrático que se mantuvo durante el resto del siglo XX, nuevamente se conmemora un nuevo año de aquel importante episodio para los demócratas y para la vida política y social de esta nación. En lo que va de siglo XXI los corazones no se observan inflados de democracia, no laten con la intensidad de otros tiempos; las dudas sobre el régimen de gobierno instalado en La Casa de Misia Jacinta, oprimen la certeza respecto a los ob... más »


OMAR ÁVILA, NO ES MOMENTO PARA LOS ABSOLUTOS

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 5 minutos
La Asamblea Nacional Constituyente siempre ha sido tan ilegítima que Nicolás Maduro no se juramentó allí y es lamentable que ese cero a la izquierda haya sido utilizado por una gran parte de la oposición para justificar sus omisiones. El 10E Maduro se juramentó ante el Tribunal Supremo de Justicia después de seis años en el poder y acudió a la ANC para presentar su informe de gestión. Ante la ilegítima instancia y durante la alocución Nicolás no dio explicación alguna sobre la extinción de la producción nacional, el desmantelamiento de los servicios públicos y por qué millones ... más »

LUIS MARIN, FARSA ELECTORAL CASTRISTA

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 5 minutos
Ya está lista la maquinaria electoral con la que pretenden imponer la nueva constitución de Cuba, aprobada por la AN el 22 de diciembre, en un acto a escenificarse el 24 de febrero, día en que se conmemoran 23 años del derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate, en que fueron asesinados sus cuatro tripulantes civiles por la fuerza aérea castrista. Alina Balseiro se llama la Tibisay Lucena de Cuba, presidente de la Comisión Electoral Nacional (CEN) que organiza, dirige y valida el referendo constitucional, la exposición y verificación de la lista de electores, como hace cada ci... más »

PEDRO ELÍAS HERNÁNDEZ, NEURÓTICOS Y ESQUIZOFRÉNICOS

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 6 minutos
Si no lo evitamos, Venezuela se encamina hacia una terrible colisión política. La asfixia y la desesperación pueden conducir a que millones de ciudadanos, que desean con mucha razón salir de la actual pesadilla en que se ha convertido vivir en este país, se vean tentados por la prédica inmediatista y maximalista. Dos décadas de polarización y de separación entre los venezolanos siguen gravitando con fuerza sobre el sentir popular. Las soluciones económicas que requiere la nación de forma perentoria no podrán avanzar con la velocidad y en la dirección que se requieren en medio de la... más »

JOSÉ RAFAEL AVENDAÑO TIMAURY, CRÓNICAS IV

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 6 minutos
Finaliza la semana anterior y comienza la actual con profusión de peculiares cabildos y cabildeos aparentemente exitosos… ¡Es la moda! Como la semántica está en boga; se anuncia la celebración de un “cabildo mayor” en Caracas a ser efectuado pasado mañana (23 de enero). Paradójicamente, tanto el gobierno y la oposición celebran al alimón la fecha. Hace apenas sesenta y un años (tal día como hoy) se realizó una huelga general exitosa por 24 horas en todo el país. En la misma participaron empleados y empleadores. Dueños, periodistas y trabajadores de la prensa. Profesores y e... más »

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE, ROMA, LA PELÍCULA

EL REPUBLICANO LIBERAL en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 6 minutos
Si lo bueno y lo bello tienen siempre alguma cincidencia, tal como creian los antiguos griegos, entonces, Roma, la pelicula de Alfonso Cuarón, logró encontrar esa coincidencia. Algo con lo que cada vez es más difícil tropezarse cuando escoger una película, un dia de esos de aburrimiento vespertino, entre un caudal de ofertas apabullante, se convierte en una tarea agobiante, en casi un imposible, que pocas veces nos deja satisfechos. Pero si en lo bueno se requiere brevedad y en lo bello simplicidad, también en la Roma de Cuarón hallamos ambas cualidades coexistiendo en un argume... más »

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE, ROMA, LA PELÍCULA


Si lo bueno y lo bello tienen siempre alguma cincidencia, tal como creian los antiguos griegos, entonces, Roma, la pelicula de Alfonso Cuarón,  logró encontrar esa coincidencia. Algo con lo que cada vez es más difícil tropezarse cuando escoger  una película, un dia de esos de aburrimiento  vespertino, entre un caudal de ofertas apabullante, se convierte en una tarea agobiante, en casi un imposible, que  pocas veces nos deja satisfechos.

Pero si en lo bueno se requiere brevedad y en lo bello simplicidad, también en la Roma de Cuarón hallamos ambas cualidades coexistiendo en un argumento sencillo y actual que se parece más  a la  realidad de la vida cotidiana de donde fue tomada, que a cualquier otra imaginada o inventada, lo que  la hace adicionalmente genuina. Un correlato entre el pasado donde se desarrolla la cinta y, en cierta forma, del  presente, si se interpreta  que no ha habido grandes cambios de identidad, en estos cincuenta años transcurridos hasta el México actual.

El filme es la confirmación, de que las superproducciones cinematográficas hechas con una sobredosis de tecnología, donde los  efectos especiales, tanto visuales como sonoros, son lo mas destacable, no garantizan ninguno de aquellos dos ideales y mucho menos su concurrencia. Pero, si además, nos complace, en un mundo que vive en tecnicolor desde el segundo tercio del siglo pasado, apreciar la sobriedad de los contrastes y matices que dejan entrever el blanco y el negro, Roma representa un magnífico y exquisito bocado, donde el propio Cuarón es, en gran parte, responsable directamente de la fotografia. De hecho, Roma es una gran fotografia en blanco y negro de la época; de aquella década de los sesenta que acababa de concluir, pero que  cultural e ideologicamente  se transformaba y daba paso a la de los setenta, en cuyos  comienzos, concretamente, su trama se desarrolla.

Un retrato social y político del México de entonces, donde se subrayan algunas de sus tragedias, como lo fue la de aquel jueves de Corpus Christi, del mes de junio del año 1971, cuando una protesta estudiantil contra el gobierno del presidente Luis Echeverría, fue enfrentada por comandos paramilitares armados, conocidos como los Halcones, causando la desgracia de más de cien jóvenes asesinados, en una masacre que ya tenia precedentes muy recientes en la matanza de Tlatelolco o Plaza de las Tres culturas en el 68 y que ha dejado una marca imborrable en el presente, con la muerte de los cuarenta y tres estudiantes de Ayotnizapa en el 2015. Una especie de atavismo social que persiguirá a los gobiernos mexicanos, cualquiera que sea su raíz política, por los siglos de los siglos.

Pero, al mismo tiempo, una estampa de la sociedad latinoamericana en su conjunto, y muy particularmente de su clase media, que junto a la  figura de la criada, la sirvienta, la mujer de servicio o de la trabajadora doméstica, no importa el nombre o matiz utilizado, está allí magníficamente representada, con sus virtudes y defectos, con sus carencias y sus afectos, emociones e instintos.  Con toda seguridad, aquella Ciudad de México donde creció el director de Roma, pudo muy bien haber sido la Bogotá, la Lima, la Caracas o cualquier otra capital latinoamericana de finales de los sesenta o del comienzo de los setenta, qué más dá.

Está claro que la Roma de  Cuarón no se encuentra en Italia, ni tiene mucho que ver con ella, salvo por el hecho de que de haber sido una película sobre la capital italiana, se hubiese quizás filmado en idioma italiano o inglés, por lo que se  hubiese presentado en los paises de habla hispana doblada al castellano o con subtitulos, algo esto último que absurdamente ha ocurrido, no obstante haberse rodado en México en el idioma de Cervantes y con algunos diálogos en mixteco, lenguaje este último autóctono del hemisferio sur mexicano y extendido por todo el pais de manera oficial, que han sido los únicos autorizados para ser subtitulados en español.

De modo que la polémica también forma parte de Roma, aunque por una circunstancia extraña, que pone de manifiesto  la estulticia que se vive en España, país donde algunos  giros o expresiones  de la cinta, dichas en español, han sido cambiadas por otras de uso mas común en la península, sin importar si se alteraba o no la integridad del mensaje . Una situación similar a que en la tierra de Shakespeare “tradujesen” algunas palabras utilizadas en las películas americanas, por otras mas reconocibles o habituales en el inglés de inglaterra, algo que afortunadamente allí no ha ocurrido.

Con todo y mas allá de si se trata de un filme en lengua castellana  o mexicana, dado el caso de que esta última exista, tal como se presume ya la existencia de otras lenguas españolas además del castellano dentro de España; Roma ha sido postulada por México para que la represente en Hollywood en la ceremonia de premiación de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas dentro del renglón de mejor película extranjera. Y tal como ha venido arrasando en la entrega de galardone previos  a los Oscar, es muy probable que se convierta en la primera película mexicana en lograrlo.  De ser así, se convertiría en  la octava película en lengua española, y la primera en lengua mexicana, esto último claro está, siempre que en la “madre patria” persistan en querer seguirla traduciendo.

 José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf