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viernes, 10 de julio de 2020

JUAN GUERRERO, MILITARISMO Y CIVILIDAD, LECTURAS DE PAPEL

El empujón que el oficial de apellido Lugo le propinó al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, en 2017, diputado Julio Borges, marcó, de hecho, el fin de la era democrática venezolana y el inicio de una época transitada por el fantasma del militarismo totalitario, arbitrario y abusivo. Después, el oficial fue reconocido por el régimen por tan “patriótico” hecho.  

Ese empujón (ver en https://m.youtube.com/watch?v=p52Dq5KD978 ) fue propinado de manera alevosa, ventajosa y traicionera: por la espalda. El diputado estaba rodeado por militares en la sede del edificio que representa el símbolo de la civilidad, de la democracia. Y en su propio despacho fue sacado, humillado, vejado y expulsado. 

Desde entonces en la Venezuela del régimen totalitario socialista chavizta se ha acentuado la presencia militar en la cotidianidad, en el día a día del venezolano. Esa es la realidad de este padecimiento colectivo. 

Nos interesa, no tanto las consecuencias de estos actos, que obviamente mantienen a toda una sociedad sumida en la total indefensión, incertidumbre y pobreza, sino la trascendencia de una vida marcada por la presencia de la cultura militar. Y es que en Venezuela esa presencia es parte de la vida, no tanto en su historia como en los hechos de todos los días. Una vida marcada por la violencia en el hacer político nacional, fundamentalmente. Esto se puede evidenciar en la manera, ademanes y argumentaciones en la dirigencia política, tanto oficialista como opositora. Es la huella ancestral del aberrante autoritarismo y actuación arbitraria de los militares. 

  Lo que está en juego en la vida republicana venezolana de estos tiempos es precisamente estas dos caras, estos dos opuestos rostros: la actitud militarista contra la sosegada actitud de la consciencia cívica, ciudadana. Porque es falso que se siga indicando que el venezolano de estos tiempos es una persona pacífica. Baste observar, tanto quienes se encuentran en posiciones de poder, en cualquier situación, y ver cómo lo ejercen, como aquellos que se le oponen.  

  La violencia del venezolano es consecuencia de un modelo de autoridad que se soporta, desde hace varios siglos, en la fuerza de las armas y del hecho físico de la agresión, y no en el soporte de las ideas, conscientes y argumentadas. Ese es un hecho incuestionable, real y doloroso. 

  Consecuencia de ello es el recelo, el temor y miedo que el venezolano le tiene a la autoridad representada, tanto en los burócratas civiles como en el personal uniformado, militares y policías. Sobre este tema sobran estudios sociológicos, e incluso, en el área literaria existen novelas, cuentos que narran hasta qué punto este hecho ha corroído los cimientos de la civilidad del venezolano. Puede uno seguir el patrón de esta tragedia venezolana, por ejemplo, en la esclarecedora obra narrativa y ensayística de una venezolana, como Ana Teresa Torres, destaca escritora quien analiza en parte de su obra este tema. Otro venezolano ejemplar, civilista, es el profesor Luis Castro Leiva. 

  Difícil, traumático y arduo será devolver a los militares a sus sitios naturales de existencia, los cuarteles. Fácil será hacer que los políticos regresen a sus sitios originales, los espacios de los partidos. O a los docentes prestados a la política, a sus escuelas, liceos y universidades. Pero a los militares y policías, no. Sencillamente porque poseen armas y están organizados, respaldados políticamente, además de poseer control sobre la vida económico-financiera en la sociedad venezolana. 

Por ello las palabras del actual ministro de la Defensa, quien indicó que la “oposición venezolana jamás será poder en Venezuela”. Bien que si esta afirmación no ha sido respaldada por sus pares en la milicia ni por el liderazgo del régimen. Lo cierto es que esas palabras forman parte de la cultura militarista más tradicional y rancia. Por lo tanto, toda negociación, transición o cambio político en Venezuela, tendrá que pasar por la alcabala militar, pues ellos tutelan (quizás desde hace varios siglos) el verdadero poder.  

Será muy duro lograr cambiar esta mentalidad, esta “cachucha mental” en la cultura venezolana. Cambiarla por la sosegada consciencia cívica para construir ciudadanía que realice los cambios significativos que nos coloquen en el siglo XXI. Porque es falso que la sociedad venezolana entró en el nuevo milenio. Aún nos encontramos –y los hechos lo demuestran- lidiando con nuestros fantasmas seculares de mediados del siglo pasado. Tenemos que deslastrarnos de tanto héroe de latón. Tanto heroísmo de utilería desgastó la civilidad y sepultó el raciocinio de lo cotidiano, del sentido común de la vida. 

Ya está bueno de tanto mártir, de tanto héroe, de tanta batalla de cartón. Necesitamos fortalecer la consciencia ciudadana y la vida cívica, incluso por encima del heroísmo y del martirio.  

Los militares deben entender que su vida y su lugar de origen, son los cuarteles. Que están destinados, por las leyes constitucionales, a la obediencia del ciudadano y no al contrario. Este planteamiento es piedra angular para una real y verdadera vida republicana y democrática. 

Juan Guerrero 
camilodeasis@hotmail.com   
@camilodeasis

miércoles, 20 de mayo de 2020

NOEL ÁLVAREZ, LA DICTADURA ES MÁS LETAL QUE UNA PESTE

Las figuras de dictadura y dictador se originaron en la antigüedad romana. La dictadura era una magistratura extraordinaria ejercida temporalmente durante momentos críticos. El dictador, por su parte, era la autoridad suprema de la dictadura. Debía ser escogido por uno de los cónsules, según el ordenamiento del Senado, con el único fin de conjurar una situación peligrosa. Ejercía el poder durante 6 meses o hasta que la crisis era controlada. Nadie podía criticar, censurar o discutir las órdenes del dictador.

Actualmente las dictaduras recaen en un poder total que no se somete a ningún tipo de limitaciones y tiene la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad. En los gobiernos dictatoriales no existe división de poderes, los medios de comunicación son censurados y perseguidos. Los procedimientos institucionales que conducen al relevo del poder, son manipulados a conveniencia de la casta gobernante.

Aunque los tiempos modernos apuntaban a la desaparición de estas aborrecibles formas de gobierno, las dictaduras han ido refinando sus métodos para prevalecer en el mundo contemporáneo, a través de distintas estrategias. Hecho que han logrado concretar, con mayor o menor éxito, en algunos casos. En la polimórfica fauna de regímenes políticos he podido identificar 5 tipos de dictaduras junto a sus mas conspicuos representantes: los dictadores

El autoritarismo es un régimen de gobierno que está integrado por una sola persona o élite política. Este tipo de gobierno, restringe las libertades civiles e incluso sociales, de pensamiento y de reunión. Cualquier controversia con el poder es considerada como un acto de conspiración y traición. Se efectúan acusaciones sin ningún tipo de evidencia, eludiendo así cualquier tipo de justicia. Al parecer, aplican la vieja conseja que reza: la ausencia de evidencia, no es evidencia de ausencia. Curiosamente, los autoritarismos, a menudo. llegan al poder mediante elecciones democráticas, pero, con el pasar del tiempo, la constitución del país es configurada para perpetuarse en el poder y legitimar sus tropelías.

El totalitarismo, a diferencia del autoritarismo, persigue el apoyo de las masas, la aceptación y legitimidad, aunque luego usa el poder para erradicar cualquier tipo de disidencia, a menudo con prácticas del terror. En este tipo de dictadura la ideología propia está bien elaborada y tiene un marco de actuación muy amplio dentro de la sociedad. Intenta controlar la cultura, la economía, los valores, las costumbres y la religión. El poder está concentrado igualmente en una sola persona esbozando un culto de idolatría hacia esa figura denominada líder. Este tipo de regímenes busca cambiar radicalmente la mentalidad de sus ciudadanos y para ello, reescribe la historia, elimina cualquier tipo de pensamiento distinto y crea una nueva identidad que le permite tener un control psicológico sobre ellos.

Las dictaduras militares son regímenes que se hicieron muy frecuentes durante el siglo XX, por los cambios profundos que se produjeron debido al período de descolonización de América Latina, Oriente Medio y África. En este tipo de dictadura, todo el poder reside en manos de lo que se denomina “la Junta Militar” y la comanda el jefe de las Fuerzas

Armadas. Normalmente las dictaduras militares acceden y se mantienen en el poder mediante el uso de la fuerza, con golpes de estado que han derrocado a otro tipo de sistema político anterior, ya haya sido este democrático, legítimo o autoritario.

La dictadura teocrática es un modelo relativamente nuevo, con tintes autocráticos, pero no exclusivamente, ya que existen gobiernos teocráticos que han llegado al poder mediante elecciones libres, como es el caso de Irán o el Sultanato de Omán. Sea de forma consentida o mediante imposición, los regímenes teocráticos se rigen por la divinidad, por una religión concreta, y legislan en función de ésta. La constitución pertinente suele reconocer a la religión como forma de administrar el Estado, tanto en lo político como en lo civil. Estos sistemas suelen tener un líder supremo religioso dentro del gobierno.

La Monarquía Tribal, este es un concepto poscolonial que se instauró por todo el golfo pérsico hasta el norte de África. Como en cualquier monarquía convencional, el poder lo controla un sólo rey que dicta las normas sociales y políticas, que suele ser de carácter religioso, al igual que en la Dictadura Teocrática. Este tipo de dictadura tiene sus respectivos líderes divinos y una rígida constitución. El poder lo detenta una familia que se perpetúa en el poder mediante la fuerza o el engaño, erigiéndose como rectores de la nación. La sociedad se encuentra férreamente controlada, la oposición es perseguida, castigada y reprimida con crueldad. Las ejecuciones en plazas públicas o espacios cívicos concurridos se realizan con total normalidad. El Reino de Arabia Saudí, Dubái, Qatar o Kuwait, son ejemplos de este tipo de gobierno. La Monarquía Tribal hace públicas sus practicas atroces y este es una característica que la diferencia de los regímenes anteriores.

A finales de los sesenta el psicólogo Gustav Bychowski publicó un libro de referencia, Psicología de los dictadores, en el que describió los rasgos de personalidad de diferentes políticos autoritarios: ciertos factores psicológicos colectivos favorecen el ascenso de la dictadura. La obediencia y la sumisión ciegas a una autoridad auto designada son posibles, únicamente, cuando el pueblo se siente debilitado por su propio yo, renunciando a la crítica y a la independencia conquistadas previamente.

Continúa diciendo Bychowski que el debilitamiento del pueblo puede manifestarse bajo el influjo de la ansiedad, el temor y la inseguridad. En tales circunstancias, el yo colectivo, jaqueado por su sentimiento de impotencia, regresa a una etapa infantil y busca ansiosamente ayuda, apoyo y salvación. Así, el grupo confía en el dictador y lo venera, del mismo modo que el niño ingenuo confía en el padre, hasta llegar a conferirle poderes mágicos. En el pensamiento colectivo, el oscuro personaje encarna sus propios ideales y deseos: vengador de su resentimiento y realizador de su grandeza. El pueblo cree en las promesas del caudillo, pues le atribuyen omnisciencia y casi omnipotencia. El influjo del dictador sobre las masas recuerda el poder exhibido por un hipnotizador.

Otros estudiosos sostienen que, la mayoría de los dictadores sufren de la patología conocida como Borderline. Lo que quiere decir, que se encuentran en la frontera entre neurosis y psicosis. Pueden funcionar de manera perfectamente racional, pero, en situaciones estresantes, sus límites y percepciones pueden ser distorsionados, impactando significativamente en sus acciones. Esto suele ocurrir cuando sufren una derrota, aunque también podría ocurrirles ante una victoria. La única opinión que reviste importancia para ellos, es la de su imagen en el espejo.

Noel Álvarez
Noelalvarez10@gmail.com 
@alvareznv 
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

martes, 5 de mayo de 2020

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, PARA SALVAR A VENEZUELA DEBEMOS....

Es difícil para una nación como la nuestra emprender rutas de transformaciones verdaderas cuando la génesis de nuestros males tiene dos arraigos claves; la constitución y una mentalidad explotable. El Estado político impreso en la carta magna 99’ no difiere de las constituciones anteriores, es una oda al presidencialismo que nos ha hecho tanto mal.  

Desde siempre, la figura presidencial se edifica jurídicamente como un hegemon, con las competencia y facultades Estatales más importantes, determinantes. Por sí fuera poco, dicha patología ha sido gravemente empeorada con las innumerables leyes habilitantes y un Estado paralelo que el chavismo ha erguido desde época de Chávez hasta la actualidad, robusteciendo aún más la figura presidencial. Estas competencias y facultades medulares deben recaer equilibradamente entre los poderes nacionales, no solo en uno. Hasta que esto no sea corregido Venezuela seguirá viviendo bajo las sombras de caudillos autoengrandecidos.  

Otro factor determinante es superar la petróleodependencia, Chávez la llevó al nivel máximo. El pilar del crecimiento no debe estar en el subsuelo sino en las infinitas capacidades y talentos de una población tan ingeniosa como la nuestra, se debe fomentar la educación de vanguardia y el apoyo al emprendimiento. Nuestro país figura entre los últimos en cuanto a calidad educativa y a libertades económicas y facilidades para emprender, ello debe cambiar sí queremos resurgir, la educación debe ser la máxima prioridad (junto a la salud) y la creación de empresas debe ser un procedimiento lo más cercano a la inmediatez. Sí no hay cambio al respecto jamás superaremos la esclavitud a nuestro subsuelo, al tercermundismo.  

La reelección indefinida debe ser eliminada de raíz, los cargos públicos deben contar solo con un periodo de reelección posible, además, en el caso de la presidencia de la nación debemos reducir su periodo a 5 años, la larga permanencia en el poder crea terribles vicios, ya lo hemos aprendido. Del mismo modo, tampoco debe permitirse candidatos a cargos públicos con antecedentes penales.  

Otro cambio necesario es lo civil, debe recobrar su vital espacio, los militares deben circunscribirse estrictamente a sus funciones profesionales de seguridad territorial, resguardo de la soberanía y de la constitución. Todos los niveles de gobernanza deben ser civiles, desde 1958 hasta 1999 el país lo había logrado. Lo propio ocurre con la partidización de las instituciones públicas, deben recobrar su profesionalismo, el apego a la ley, volver prohibirse toda manifestación partidista en instituciones del poder público. El que nos veamos obligados hacer esta petición denota el terrible grado de partidización en el que nos hemos empantanado.  

Otro factor determinante, necesario incluir en la próxima constitución, es prohibir a los gobiernos de Venezuela mantener relaciones con regímenes tiránicos, ello es imprescindible. Por otro lado, es de suma importancia que el ente rector de las telecomunicaciones no puede ser controlado por el gobierno, es necesario conformar un ente compuesto por representantes de los distintos medios de comunicación, los usuarios, representantes del gobierno… en fin, un ente equilibrado que garantice la imparcialidad, la idoneidad de las decisiones. Lo que hoy acontece en el país es una afrenta a la libertad de prensa e información.  

Corrigiendo estas espantosas anomalías (y otras), el venezolano finalmente comprenderá que no hay gobernante por encima de la ley, que éstos (desde el presidente hasta un concejal) son simples empleados obligados a dar frutos positivos, sin derecho a excusas. Así, cuando llegue otro político con ínfulas de “eterno o supremo” los ciudadanos sabrán qué hacer con él. 

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango 

martes, 30 de julio de 2019

GONZALO VILLAMIZAR A.: DESAPARICION DEL MILITARISMO

El ser humano es una creación del Universo, según los estudiosos su presencia  es mínima ante la infinita existencia de mundos siderales y galaxias que pueblan lo hecho por el Creador, quien es un Ser reverenciado en 4.200 religiones  aquí en la Tierra, bajo el impulso de la total ignorancia de dónde venimos, quiénes somos, hacia dónde vamos. 

Somos  formados con átomos y moléculas idénticas a las existentes en esa masa en perenne movimiento, el Universo, adaptada  en el homo para manejarse como ser viviente  cuando se juntaron dichos elementos para crear la célula (comienzo de la vida, hace 4.000 millones de años), pero son componentes que obedecen al dictamen general dispuesto por el Creador, en constante enfrentamiento  para elaborar nuevas creaciones y sostener equilibrios en la infinita cantidad de átomos y moléculas en continuo movimiento en el Espacio.   

Seguimos los pasos de nuestro antepasado, el Homo, llegado hace cuatro millones de  años, lo observamos  como Australopitecus que vivió tres millones de años columpiándose entre  árboles y luego engendró el  Pitecantropus  erectus, listo  para caminar  por todos los senderos de la Tierra, ocupando en eso un millón de años. Este largo trayecto fue oportunidad para que el humano se estructurara mejor al evolucionar, abandonando los primitivismos paso a paso mediante incremento de sus neuronas; así logró controlar  el miedo instintivo al fuego pudiendo cocinar los alimentos y  nutrirse mejor, lo que le permitió incrementar el sistema neurológico que hizo posible el inicio de la palabra y llegar a tertulias que llevaron a la elaboración de ideas y pensamientos, inicio de la civilización. 

Este proceso fue posible mediante el trabajo genético que aumentó el intercambio de genes combinado con la influencia climática que caracteriza a cada región invadida, de donde surgieron las diferentes razas de la especie humana, terminando con la aparición del Homo sapiens que somos nosotros.    Imitando el Movimiento Espacial, también en la Tierra al presentarse el Homo entraron  en escena movimientos y  conflictividades. Primero fue una actuación absolutamente individual, pronto el nuevo Ser descubrió el valor de juntarse para multiplicar fuerzas en la ofensiva y la defensiva, ahí comenzó la presencia de los ejércitos que se iniciaron en lugares muy poblados, pasaron a sustentar reinos, imperios, hasta sostuvieron promociones religiosas, como un imperio cristiano en la Edad Media y el actual terrorismo que enarbola el Islam. 

Así el mundo viene presenciando desde hace milenios las manifestaciones armadas en desfiles o paradas militares con la mayor ostentación. Primero, el hombre actuó a puntapiés y puñetazos, luego con piedras y objetos de madera o metales, pasó a objetos punzantes, lanzas y flechas, las caballerías; cuando llegaron las armas de fuego, la humanidad comenzó a ostentar y padecer  la presencia del militarismo cada vez con más atropello y muertes. La gente de tropa y cuarteles ha sido el instrumento mayor  de dominación a través  de milenios apoyando  gobiernos con permanente violación de los Derechos Humanos, es el militarismo que cubre  la Tierra para interferir la natural evolución de la especie humana. 

Basta recordar el recorrido del tiempo en distintas civilizaciones para comprobar la reprochable actuación de los militares: 2001 del Cristianismo, 1379 del Islamismo, 5114 de los Mayas, 5762 de los Judíos. No podemos contabilizar adecuadamente sino desde hace cinco mil años cuando surgió la Historia, hacia atrás todo lo cubre la imaginación. Ha sido Era de Terror,  recordando  millares de matanzas espantosas generadas por  los militares en muchos siglos; solo vamos a recordar  el infernal genocidio del militarismo nazi contra los judíos  bajo el mando de Hitler, los excesos criminales de sectas militares alrededor de la Tierra durante milenios de actuación. 

Ahora solo se necesitan una o dos generaciones para que desaparezca esta fea mancha del devenir humano. Para muy pronto  se presagia la desaparición del militarismo, la necesidad absoluta de eliminar el peligro nuclear terminará por abatir al sector militar ante el convencimiento de sepultar para siempre la infamia que busca la muerte. 

La   mente científica que buscó el problema al darle poder de fuego a la energía nuclear, debe lograr la forma para desactivar la bomba que poco a poco va paralizando al mundo ante la evidencia de que no hay manera de contener el armamentismo nuclear con su alarmante  poder destructivo.   

Hay la convicción de no existir el modo de evitar la mayor de las tragedias: destrucción masiva por el arma nuclear merced a su actual existencia incontrolable, una amenaza para desaparecer a  la Tierra. Está el ejemplo de la India y Paquistán: eran un solo país, se separaron como consecuencia de la caída del Imperio Británico, por diferencias entre vecinos son dos naciones hermanas que se aprestan a enfrentarse con armamento nuclear, ellos saben las consecuencias pero son incapaces de evitarlas, no ven  el abismo al que se precipitan. 

Así le va a suceder a todo el Planeta. Estados Unidos, Rusia, China, Corea del Norte, la India, Paquistán, Irán y otros menores, presumen y presagian daños mayores, como si estuvieran adelantándose a la destrucción que sufrirá la Tierra cuando llegue la formal desaparición de este Planeta, debida a  disposición del Creador del Universo en su eterno manejo del Mapa Universal.  

No todo irá a los basureros estratégicamente ubicados en cada Continente, la mayoría del armamento puede convertirse para uso civil. Los explosivos serán detonados por última vez, la energía nuclear para investigación y uso medicinal, tanques de guerra convertidos en piezas rodantes para la agricultura. La  Armada, cuyas naves surcan todas las aguas, ahora sin armamento serán  para  intercambio comercial nacional e internacional,  hospitales ambulantes, instituciones de enseñanza, lugares de escenario para todo tipo de espectáculos. La Aviación puede servir al incremento comunicacional, como ambulancias disponibles en todo lugar del Planeta, medio de transporte de urgencia en la actividad de la Guardia Civil Republicana que será una Institución armada no militar, de cincuenta millones de efectivos para la vigilancia en los cinco Continentes, en sustitución de las Fuerzas Armadas convencionales. 

El espíritu civil será el promotor de esta poderosa fuerza distribuida a todo lo largo y ancho para seguridad y tranquilidad de  las repúblicas que conformarán la nueva ONU como institución republicana y democrática cubriendo la Tierra, con respeto absoluto de los Derechos Humanos.  Pronto saludaremos al Secretario General de la ONU como Presidente del Mundo, sin militares.

Pidamos a Dios y al Padre de la Patria nos asistan en este momento histórico

Gonzalo Villamizar A. 
gonvillan 1924@gmail.com   
@gonvillan1924  
Asociación de Médicos Escritores, FMV

sábado, 27 de julio de 2019

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: ¿DÓNDE LLEVA LA TRANSICIÓN POLÍTICA?

Hablar de transición política en Venezuela, es incitar a recorrer todos los caminos posibles que se sobrepongan a ese país caracterizado por una situación política controlada por el advenimiento de una serie de equivocaciones formuladas sobe la insidia y el despotismo. Pero también, por la envidia y el egoísmo.  

Hablar de transición política en Venezuela, es salvar la brecha que se da entre un autoritarismo asociado a un militarismo salpicado de totalitarismo, y un ámbito de condiciones políticas delimitadas por el hecho que representa la consolidación de libertades y el definitivo afianzamiento de derechos humanos. Entendido esto, como la razón para avanzar hacia renovados estadios de desarrollo económico y social.  

La frase “Transición política” se convirtió en una causa política cuya fuerza renovó emociones nacionalistas. Siempre, apuntándole a legitimar condiciones que favorezcan la democratización del sistema político. Particularmente, cargadas de la fuerza necesaria para invocar las capacidades y potencialidades sobre las cuales es posible revertir distorsiones que han interrumpido el rumbo de la democracia. Pero asimismo, salvar aquellos obstáculos que detuvieron procesos de dinamización del fortalecimiento de la sociedad civil.  

Así que visto este problema desde la perspectiva de la crisis política venezolana, la ansiada transición de gobierno determinaría la orientación política sobre cuya fundamentación conjugaría esfuerzos entre el Estado y la sociedad que apuesten a superar los retos del desarrollo nacional. De esa manera, podrá dominarse el desastroso y amañado forcejeo que ha venido dándose, infortunadamente, entre la civilización y la barbarie.  

La resonante expresión que viene sonando fuertemente desde el 23-E, luego que el diputado Juan Guaidó estableciera la vía para recuperar al país de la dictadura imperante, pareciera ser la forma más expedita para actuar políticamente ante el curso de la distribución de responsabilidades que pautan el cambio de régimen político requerido para salir del estancamiento económico y social que hoy padece el país. 

La estrategia política formulada entre fases: 1. Cese a la usurpación; 2. Gobierno de Transición; y 3. Elecciones libres, configuran el arreglo metodológico mejor pensado para resumir lo que compromete el proceso de lo que significa una “transición política”. Especialmente, la transición política por la que debe marchar el país político para así arribar a la necesaria democratización del sistema político nacional.  

De modo que la “transición democrática” que clama la vía política expuesta por la oposición venezolana, personificada por el presidente interino Guaidó, es la condensación operacional de lo que implica alcanzar un gobierno de transición. O sea, de la “transición política” que clama el fortalecimiento del Estado democrático y social de Derecho y de Justicia exhortado constitucionalmente. He ahí el concepto que destaca la realidad por la que atravesaría Venezuela en su ruta hacia la libertad. 

En resumen, la “transición política” viene a ser un proceso de transformación cuyos actores dirigirán un proceso que no por complicado, no dejará de abordarse por todas las instancias comprometidas con el arribo de una realidad transparente que induzca el respeto necesario para erigir un verdadero pluralismo político. 

Así que de lograrse que la referida frase movilice actitudes y decisiones sobre un curso político de concertación, no habrá duda alguna de la meta a la que llegará luego de iniciarse los momentos correspondientes a dicho proceso político. De ese modo, habrá plena seguridad y absoluta confianza de hacia dónde conducirá la “transición política” en Venezuela. 

Será entonces el exacto manejo de las variables, actores y agentes políticos quienes sabrán definir la ruta a trazar para después seguir el periplo trazado. En consecuencia, será posible y propio evitar que la incertidumbre amenace al aludido proceso toda vez que se actuaría con mesura y sin vacilación ante la pregunta: ¿dónde lleva la transición política? 

“La transición política es el proceso que hace posible salvar brechas entre posturas contrarias separadas por la racionalidad propia del pluralismo al reivindicar estadios superiores de libertades y derechos humanos”

Antonio José Monagas 
@ajmonagas 

viernes, 22 de marzo de 2019

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, INTELIGENCIA VARIOPINTA VS. VIOLENCIA ROJA


Recordemos al excandidato presidencial Henri Falcón, quien durante su campaña electoral incluyó en su discurso la conciliación, el fin de la radicalización, ello, aunque es moralmente correcto, fue políticamente incorrecto. Los políticos deben estar extremadamente claros del terreno que pisan, de la coyuntura que atraviesan, no deben desconectarse de la realpolitik. Dicha estrategia fue equívoca, sumó desconfianza entre los afines y mayor repudio entre sus detractores, esa estratagema abonó a su derrota electoral. 


Con Guaidó se corre el riesgo de incurrir en el mismo error, sabemos direcciona parte de su mensaje al remanente chavista, incluso a los cubanos en el país (que dependen del gobierno isleño), dirige palabras conciliadoras ¡Cuidado! pudiera ser confuso para sus seguidores, cuya mayoría es opositora, circunscrita por inevitable inercia al mundo político de la Venezuela de hoy ¡Radicalizada! 

Todos los estudios opináticos acusan una dramática deslegitimación del chavismo, apenas alcanza un 10% de popularidad, ante una masa ampliamente mayoritaria opositora que oscila el 85%, un porcentaje muy pequeño se mantiene al margen de esta diatriba. Eso sí, ocurre algo interesante, esa mayoritaria masa opositora no otorga cheque en blanco a los partidos políticos, simplemente desean cambios, apoyan a Guaidó por ser en la actualidad quien encarna esa posibilidad, por primera vez un líder opositor capitaliza fluidamente el descontento/rechazo al régimen. 

Por tal motivo caben las preguntas ¿Vale la pena arriesgar una inmensa mayoría y factibles cambios para congraciarse con una minoría? Por favor no tema a la respuesta, en democracia las minorías son tan importantes como las mayorías es una verdad justa a la que nos apegamos, sin embargo, lo dicho anteriormente, hay que atender/comprender la coyuntura histórica, jugar a la conciliación en este momento es tan peligroso como inútil porque el régimen chavista día a día se radicaliza mucho más, hay que jugar inteligente, además, una vez alcanzados los objetivos democráticos esas minorías serán atendidas y beneficiadas con las bondades de ese sistema. 

El régimen lo sabe, por eso las giras nacionales de Maduro son de cuartel en cuartel mientras Guaidó lo hace de pueblo en pueblo. Por eso el régimen se apoya en los militares, por eso Maduro ha pedido la renuncia de su tren ministerial so pretexto de amenazas internacionales, nos atrevemos pronosticar los nuevos ministros serán de la rama castrense. 

El político de hoy debe estar claro, el país está radicalizado, es una verdad inobjetable, el chavismo aboga diariamente porque ello sea así y desde el control de las instituciones públicas partidizadas y de las armas del Estado esa realidad no cambiará mientras continúen en el poder, ello hay que asimilarlo. A esta posición solo caben reacciones idénticas, contundentes ¡Radicales! 

Las oposiciones anteriores cayeron en el juego del régimen, trataron de doblegar al castrismo venezolano en terrenos electorales amañados, en fútiles diálogos, en pactos anegados en tretas, las consecuencias ya las conocemos. Llegó la hora de la toma de decisiones reales, de jugar inteligente al unísono de la inmensa mayoría de los venezolanos y de la mano de una comunidad internacional decidida a colaborar. 

El juego es inteligencia contra violencia, razón contra infundios, pueblo contra élites, legalidad contra ilegalidad, legitimidad contra ilegitimidad. Aceptar ese terreno nos hará ganar nuestra segunda independencia.

Leandro Rodríguez Linárez
@leandrotango    

lunes, 18 de febrero de 2019

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, LEALTAD A LA CONSTITUCIÓN O INTERÉS POR LA ZONA ECONÓMICA MILITAR


El término lealtad, expresa un sentimiento de respeto y fidelidad a los compromisos, y a los principios morales, es por tanto un adjetivo utilizado para identificar como fiel a un individuo con base a sus acciones o comportamiento; siendo un sinónimo de rectitud, honradez, honestidad, entre otros valores morales y éticos. Es de resaltar, la postura de algunos filósofos en cuanto a que únicamente se es leal a otra persona habida cuenta que el termino atañe exclusivamente a relaciones interpersonales, y por ende no identificable con ideas o cosas.

Por otra parte, en julio del 2013, el hoy usurpador Nicolás Maduro, ordenó (suponemos que convencido de su debilidad de origen) la creación de una “poderosa Zona Económica Militar Socialista” vinculada con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en el marco de una sólida industria militar; con rasgos similares (o iguales) al modelo cubano denominado Grupo de Administración Empresarial (GAESA) mediante el cual las fuerzas armadas cubanas se reservan la gestión de la casi totalidad de los ingresos del Estado, bajo la coordinación de militares con la más alta graduación en aras, sostienen, de “disciplinar la economía”.

Vale referenciar, que de 1956 a 1998 la actividad económica de la fuerza armada venezolana se centró en apenas ¡tres empresas! dedicadas a la elaboración e importación de armamento, municiones, explosivos, maquinaria, equipos y desarrollo tecnológico por intermedio de: (1) Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (CAVIM) fundada en 1975 teniendo como Misión gestionar todas las unidades y procesos relacionados con el sector de seguridad y defensa nacional; (2) Inversora Ipsfa en el sector de productos y servicios; y (3) Viajes Ifamil en servicios de viajes. En lo especifico de CAVIM, su Misión fue extendida durante el mandato de Hugo Chávez al crearse una constructora (Constructora IPSFA) y una ensambladora de vehículos blindados (EMSOVEN); mientras que en el periodo del actual usurpador (que ya culmina) se fundaron ¡14 compañías militares en áreas clave! en pro de conformar lo que denominaron el motor industrial militar, en un esquema donde las empresas de la FANB establecieron alianzas con el sector privado, con el añadido de asumir la administración de los dólares preferenciales, así como el control de la producción y distribución de los rubros básicos y manejo de los alimentos; complementado con la extracción de crudo, minería y gasíferia orientado fundamentalmente a la rehabilitación y mantenimiento de pozos, administración de taladros, apoyo logístico a las instalaciones petroleras, importación y distribución de productos para la industria minera, petroquímica, petrolera y gasífera, prestación de servicios de transporte, construcción y mantenimiento de obras y almacenamiento, y a la prestación de servicios conexos con procesos mineros y actividades de oro y gas. De igual modo, en 2017 CAVIM consolidó acuerdos en materia de cooperación técnico-militar con empresas rusas en las áreas de construcción de edificaciones, adquisición de tecnologías para la fabricación y montajes de plantas de producción de suministros militares, equipos de prueba, evaluación y control de tecnologías militares, y en planes de formación de profesionales militares y civiles (¡!).

El militarismo asumido por la agonizante usurpación, se caracterizó por un centralismo ineficaz ante un crecimiento del Estado que asfixió la iniciativa empresarial privada en favor de las empresas militares, al punto de constituir un “gobierno militar sobrecargado” altamente disfuncional que igualmente los condujo a un escenario de competencia con las organizaciones con fines partidistas en aras de alcanzar el poder político; una realidad que anticipó Nicolás Maduro al momento de anunciar en 2013 la creación de la Zona Económica Militar Socialista al expresar: “los militares no se entienden con la economía”, cuya intención soterrada, inferimos, era regular la economía y mantener el “orden político”. En tal contexto, el Estado se vio obligado a cargar con un porcentaje muy importante de los costos de producción así como de los gastos sociales ante la institucionalización de un centralismo-paternalismo que propició una crisis fiscal recurrente en conjunto con una hiperinflación devastadora hasta perfilar una “crisis de la administración racional” con la consecuente aparición de los conflictos sociales que impulsaron la instauración de un “Estado poderoso” sustentado en el apoyo de la estructura económica militar (¿dictadura militar-cívica?) en pro de un control autoritario de los reclamos del pueblo, con la consiguiente represión política que evidenciaba el deterioro del régimen totalitario en su rol de ductor de la sociedad al extremo de impulsar la aparición de un tipo de “sociedad sin gobierno” a la luz de un proceso de transferencia de competencias (descentralización) desde el gobierno central hacia el ámbito militar. De igual modo, para finales del 2018 de unas 576 empresas estatales al menos 60 contaban con un militar como máxima autoridad (Transparencia Venezuela); escenario que en conjunto con la información que antecede facilita darle crédito al señalamiento según el cual Nicolás Maduro otorgó beneficios a los militares a cambio de lealtad u obediencia ciega (H. Navarro, exministro de Educación de Hugo Chávez).

Como información complementaria, resulta pertinente señalar que según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri), Venezuela destinó para la adquisición de armamento, equipos militares y material antimotin en el lapso 1999-2016 US$ 5.657 millones, de los cuales el usurpador gastó unos US$ 1.535 millones (27,1% del total).

Reflexión final: Resulta de manifiesta obviedad suponer, que habida cuenta del mayúsculo crecimiento del ámbito militar y de su zona económica socialista en el desenvolvimiento cotidiano del gobierno, los hechos de corrupción (que no son de la exclusividad de los civiles) del personal militar en sus distintos rangos han debido estar presente; siendo que afortunadamente la ley que rige la materia declara la no prescripción de las acciones judiciales por delitos contra el patrimonio público, al tiempo de ser juzgados en la jurisdicción ordinaria penal en el caso de los militares (tal como a los civiles). Así expresado, hemos de suponer que la lealtad del Alto Mando Militar es con Nicolás Maduro aun siendo usurpador, en razón, como mencionamos anteriormente, a que la lealtad atañe exclusivamente a relaciones interpersonales y no sobre ideas o cosas como la Constitución.

Jesús Alexis González
@jesusalexis_gon

martes, 4 de diciembre de 2018

JOSE LOMBARDI, VENEZUELA: TAREAS PENDIENTES


Entender lo que ocurre hoy en Venezuela es complejo sin embargo tratare en este breve artículo de explicar un fenómeno político, económico y social que seguramente será estudiado por décadas y servirá, o así lo espero para que situaciones parecidas a esta no vuelvan a repetirse en la historia de la humanidad, la tragedia venezolana debe ser un testimonio negativo en la cadena evolutiva de la civilización, un atentado contra la modernidad y el ser humano, lo más parecido a una guerra.

El primer aspecto para entender nuestra tragedia común tiene que ver con la entrega de Venezuela a manos de un régimen antidemocrático y atrasado como es el cubano, cuyo único interés es la permanencia del poder a cambio del sufrimiento de un pueblo dominado por el hambre y la represión, 60 anos han transcurrido de un proyecto convertido en sistema con pretensiones de ser ejemplo para el mundo, apoyado por naciones comunistas fracasadas que hoy gracias al capitalismo vuelven a ser potencias mundiales, una paradoja que de alguna manera exige revisar las debilidades de la Democracia, hoy a mi modo de ver puesta en peligro.

A este primer aspecto le debemos agregar una sociedad venezolana que demostró tener debilidades estructurales en su formación democrática, habiendo sido ejemplo para el mundo apenas hace unos 50 años atrás hoy ha sido incapaz de sacudirse un sistema antidemocrático, cuando a Octavio Lepage en una de las últimas entrevistas que le hicieron le preguntaron: “¿En qué falló la generación a la que usted pertenece? Creo que fallamos al olvidarnos de que, para arraigar y dar frutos, la democracia necesita una tierra abonada. Venezuela era un país muy atrasado económicamente, con un alto porcentaje de analfabetismo, azotado por el hambre y las enfermedades, y nosotros actuamos tácitamente como si Venezuela fuese un país con un mayor desarrollo educativo, cultural y ciudadano. Olvidamos que, además de construir obras materiales, había que fortalecer la capacidad y la conciencia de la gente para que fuese sustento poderoso de la democracia.”

A la cubanización y debilidad democrática, hay que agregarle la inserción de Venezuela en un contexto geopolítico mundial complejo y dividido, algo similar a la experiencia Siria de estos últimos tiempos, presas disputadas por los poderosos depredadores que dominan el mundo para satisfacer sus pretensiones de dominación, con consecuencias devastadoras para estos pueblos oprimidos cuyas elites incapaces de ponerse de acuerdo lo hipotecan a cambio de apoyo por mantener o alcanzar el poder, todo un accionar reprochable y vergonzoso.

En esta elite fracasada y vanidosa, emerge el factor militar que junto al económico actúa detrás del político para que en las sombras saqueen las riquezas de la nación, sin importar la necesidad de los mas pobres quienes representan el grueso de la población, herederos de la cultura del aprovechamiento de lo público, lo que los venezolanos conocemos como “pónganme donde haiga” herencia maldita que pasa de generación en generación, obstruyendo el libre desarrollo ciudadano y democrático que debe tener cualquier nación, acumulación de vicios que dan como resultado una estructura de pecados difícil de romper.

Aquí he tratado de sintetizar los males que aquejan nuestra sociedad que al mismo tiempo se convierten en objetivos por derrotar, el transitar hacia la democracia y la ciudadanía siguen pendientes, no sé cuántas generaciones tendrán que pasar para lograrlo pero como promotor de esperanza me niego y resigno a pensar que nunca llegará, más temprano que tarde surgirán las condiciones que nos brinden la oportunidad de acceder a las bondades de la civilización del presente y ser actores en la construcción de un mejor futuro.

Jose Lombardi
jjlombardiboscan@gmail.com>
@lombardijose

viernes, 30 de noviembre de 2018

CRISTIAN SILVA POTELLÁ, MADURO ES MISERIA, COMUNISMO Y DICTADURA


Pareciera fuerte el titular  pero representa una menudencia ante las atrocidades impuestas a la población por el  gobierno de Venezuela y las múltiples peripecias hechas por sus habitantes para poder lograr una mínima sobrevivencia.

Estos comentarios  escritos el  primero de noviembre del 2018, el mismo día cuando Maduro creaba la micro misión Simón Rodríguez  anuncian al mundo la existencia física de  venezolanos, pero en el fondo, todos estamos convertidos en cadáveres andantes con poca fuerza para desplazarnos.

Maduro  hablaba en un estilo totalmente comunista característico de dictadores totalitarios como Mussolini, Stalin, Hitler y Fidel Castro, entre otros.

Comentaba Nicolás de “la urgencia de producir  nosotros mismos  los productos necesarios para la vida tal como deben ser los postulados del hombre nuevo”.

Empiece Nicolás Maduro por la construcción de ese nuevo hombre entregando a sus legítimos propietarios las 18 fábricas de harina precocida en manos del gobierno.  Las empresas enlatadoras pesqueras La Gaviota y  CAIP  de Cumaná.  Agroisleña, Conferrys, arroceras, centrales azucareros, torrefactoras de café, fábricas de cemento, baterías, cauchos,  líneas aéreas. Fundos, hatos y demás complejos agroalimentarios. Privatice a Sidor, Cantv, Movilnet. Devuélvale la autonomía a la Asamblea Nacional,  BCV, PDVSA; en fin, libere la economía y verá como aparece el hombre nuevo.

En contraste, por la misma televisora donde veía la cadena entrevistaron la familia del fallecido empresario Eugenio Mendoza. Si tuviésemos solo cinco Eugenio Mendoza y cinco Lorenzo Mendoza no tendría sentido la creación de ninguna misión. Necesitamos empresas privadas generadoras de progreso  y no misiones para convertirnos en mendigos y arrastrados.

No quiero pensar en los acontecimientos en nuestro país después del 10 de enero del 2019 cuando muy posiblemente se produzca un vacío de poder y colapso político. Mental, emocional y fisiológicamente los venezolanos no estamos preparados ni resistimos seis años más con Maduro en la presidencia.

Este gobierno  es miserable por  poner a pasar hambre a 30 millones de ciudadanos.  Los salarios no alcanzan  para cubrir los requerimientos mínimos alimenticios de una persona y menos para un grupo familiar.  No es posible comprar ropa, vivienda, muebles, calzados, reparar electrodomésticos.

Es comunista por concentrar  el poder político con sentido absolutista, hegemónico y sin  alternancia.  Su intención es gobernar para siempre, a la fuerza y como sea sin importar los crímenes,  muertes y sufrimiento de la gente.

Y es una doble dictadura, militar y comunista, por gobernar alejado de los preceptos democráticos.  El 80% de los cargos  relevantes lo ejercen militares sin  suficiente preparación tal como es el caso de PDVSA, empresa quebrada por incompetencia gerencial y altísima corrupción.

La opinión pública junto a los medios de comunicación y expresión están maniatados.  Cierran  medios impresos, emisoras de radio y televisión utilizando  métodos perversos. Desde la negación del papel,  aumento obligatorio y desconsiderado de salarios hasta robos de equipos en los estudios y plantas transmisoras.

Conociendo todo esto, ¿te vas a seguir calando ese calamar?  Desde Unidad Visión Venezuela nuestro llamado es a la Unidad real, superior y sin exclusión, votando y eligiendo el domingo 9 de diciembre  concejales de la alternativa democrática. 

Cristian Silva
cumanacristian@yahoo.es
@visionvenezuela

viernes, 3 de febrero de 2017

AMERICO GOLLO CHÁVEZ, DEL DESPELOTE AL LOGOS. (I)

TODA DICTADURA ES INTOLERANTE

Todo régimen dictatorial, sin importar sus determinaciones, vale decir, teocráticas, socialistas, “comunistas”, absolutistas, personlistas, civiles, militares, mixtas… etc., y   en toda partes, lugares y tiempos,  tienen en común su dogmatismo o fundamentalismo, si su hegemonía se sustenta en determinados dogmas o fundamentos “infalibles”; sean dos ejemplos,  las hegemonías medievales ejecutadas y sustentadas por la iglesia de Roma, la filosofía esclava de la teología, y el poder esclavo del Vaticano, durante casi toda la Edad Media y, en el siglo pasado,  

Franco,   cuya dogmática ha sido el tradicional espíritu inquisidor de la iglesia española, totalmente ajena a la moral cristiana,  la decisión y acción política amamantada por los factores del poder más reaccionario de Europa;  y las fundamentalistas de hoy, sustentadas por el islamismo, unas más obtusas  que otras, pero nada que medianamente   cuestione o dude del Corán o  ironía que toque a Mahoma se tolera. 

Las clasificadas dictaduras comunistas, in extenso, fueron y son, si quedan, dogmáticas, sus “evangelios”, el materialismo histórico y dialéctico, que las convertía  en una suerte de  religión atea y una práctica de la violencia como las más aberrantes expresiones inquisitoriales y, dictaduras de organizado refinamiento como el nacional socialismo, con un corpus ideológico bien argüido, la estructura del estado y la acción del régimen en identidad absoluta y un proyecto utópico bien orquestado;  mientras  las dictaduras sin mediano fundamento  concentran su hegemonía en el supremo líder, normalmente un ser narciso, megalómano, mitómano, cesarista.  El estado  soy yo, exclamaba  Luis XIV;  yo soy el pueblo, el pueblo soy yo, vociferaba Chávez; soy el pueblo, presidente obrero,  grazna Maduro.

  En  consecuencia,  toda dictadura es necesariamente  intolerante. Vale decir, crea su propia moral, conforma sus propios valores, dicta sus propias leyes,  de modo que todo cuanto se haga por el mantenimiento,  defensa y permanencia de régimen es legal y bueno para el “pueblo”. Todo cuanto disiente, oponga, critica, es repudiado, rechazado, negado, perseguido.  Y para ello no hay límites en sus formas y medios de ejecutar ese proceso.  La cárcel, la muerte, el silencio, la fuerza, la tortura, la corrupción, la perversión, control de los medios,  la mentira…son legitimados como necesarios y los delitos quedan   legalizados por su  utilidad.  Todo régimen dictatorial crea, pues, sus códigos  para dejar impune sus delitos  que favorezcan al proceso e impidan toda forma de  libertad de acción, de expresión, de pensamiento.

  Como su propia tragedia, todo régimen dictatorial es necrofílico. Y por ello inevitablemente  sádico. La muerte al enemigo, cuya definición se establece a priori, enemigo es  quien no se somete a la voluntad, deseos, “valores” del dictador; quien  discrepe es  hereje, quien no lo siga es apátrida, etc. y su ejecución por muerte, exilio, ostracismo, cárcel, tortura deviene en lección terrorífica  que obnubila, anula la voluntad para la acción crítica y práctica  liberadora.  Pero todo dictador padece, en grado sumo, de miedo. Miedo a la verdad, miedo  a la libertad, desconfianza extrema en el otro. Y este pánico lo obliga a la creación de un aparataje militar, de extorsión,  de investigación, espionaje,  para el control del individuo y de la sociedad, y el ejercicio del  terrorismo de estado y, ese modo de acción, generalmente bien diseñado, tiene como su propósito crear  miedo, terror que genera  abulia y finalmente  ataraxia o sencillamente  la “conformidad” e “indiferencia” de vivir con la muerte, de vivir muerto.

  Sin ser completa esta caracterización, ayuda; pero debo incluir una “sofisticada”. Las dictaduras, los dictadores, sean de gobiernos civiles, miliares,  narcotraficantes, de iglesias,   que de una u otra manera   quieren   adquirir trascendencia  y afirmar su permanencia en el tiempo recurren a la construcción de grandes obras de ingeniería, arquitectura, esculturas,  y,  en general, al empleo y dominio de las ciencias fácticas  pero secuestrada de ellas toda epistemología, toda criticidad y, desde luego, se rechaza, bajo grandes máscaras, a la filosofía, a las ciencias sociales, humanas. Ejemplifiquemos, la dictadura nepotista  de Corea del Norte ha hecho de la física y las “ciencias militares” un buen desarrollo, temible,  incluso.  La URSS fue (la República Federativa Rusa hoy) un ejemplar modelo y con matices lo es  actual China.  Pérez Jiménez es un ejemplo nacional, cuya obra básica permanece, a pesar de los esfuerzos de Betancourt por destruirla. Los dictadores sin  sentido de permanencia  reducen  su actuación a su propia deificación,  el culto a su persona, el mesianismo y a algunos trazos ideológicos  de gran tradición y arraigo en las masas, como diversas formas de brujería, cultos populares, santería,  vudú…y un denodado esfuerzo por dividir al conjunto social entre buenos/malos; patriotas/apátridas.  Revolucionarios/contrarrevolucionarios. 
 
  Las dictaduras como las de Pinochet, Videla, merecen una nota especial, porque son expresión de la confrontación artificiosa pero eficaz de la dicotomía democracia/comunismo, de modo que su justificación  consistía en la argucia contra  el fantasma del comunismo, cuyos riesgos eran la destrucción de los valores occidentales, democracia y cristianismo. Artificio que favoreció a países demócratas para justificar su propia negación, la felonía de condicionar la libertad y negar toda confrontación de ideas, y, en el devenir, esconder, manipular, sus propias deficiencias, fallas, injusticias.

  Finalmente, en este marco ha de incluirse la tendencia, en todas y sin excepción alguna de las dictaduras, de crear un responsable  a quien culpar para esconder y justificar  sus fracasos. Los comunistas y los judíos para Hitler. El bloqueo económico, arguyen los cubanos. La guerra económica, el imperialismo, la derecha… dice el presidente y el coro del PSUV.  Este es un hecho que arrastra la humanidad desde siempre,  lo inicia Adán, quien culpa a Eva, ésta a la Culebra, en fin… A estas caracterizaciones y  constantes universales, es imprescindible  observar que toda dictadura, todo dictador,  sean buenos/malos, según son las relaciones de poder y las  visiones que desde allí se generan,  concluyen siendo mitómanos y esquizofrénicos. 

¿QUE TENEMOS EN LA RPV?

  Si aplicamos las constantes que hemos visto arriba,  el régimen es una dictadura terrorista pero muy primitiva.  Chávez y Maduro son dictadores. Pero la organización y control del estado por los militares y con  la sumisión y complicidad de  civiles, bajo el ideolema  de la unión cívico—militar la hacen una dictadura militar y militarista. El militarismo es toda conducta que reconoce el poder militar sobre el poder  civil. El soldado sobre el ciudadano.  La disciplina, la fuerza, la capacidad de mando y dirección garantiza su eficiencia. El respeto, la sumisión,  la obediencia como normas de cohabitación. La fuerza sobre la razón. El proteccionismo y la seguridad y defensa de la patria en oposición al desorden y deshonestidad del civil.  El militarismo convierte al civil, incluido el presidente de la república en una marioneta  o en un cómplice cobarde, con el agravante de que el civil que reconoce el comandante supremo sobre él se desconoce  a sí mismo como ser,

  La segunda falacia, la unión cívico-militar  no es menos tragicómica. Obérvese, primero, que esta tal unión es falsa, tanto en su  historia como en su  intento de justificarla  en la “doctrina bolivariana”  sobre la función de los militares en la conducción política y de gobierno, del dominio  del Estado  sobre la sociedad y, segunda,  la identidad ejercito-pueblo-soberanía, de ésta  garantes, del pueblo protectores y salvadores es igualmente falsa, inconsistente. Es de sencilla demostración que Bolívar tenía absolutamente claro cuál era el papel de los militares subordinados al poder civil,  y la historia, en su totalidad y en todas partes,  ha probado que un excelente militar es un buen político, con rigurosa formación académica y visión abierta  de la historia. Y nada es más verdadera que la vieja y clásica sentencia, "La guerra es un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los militares”. “Debo más a Aristóteles, mi maestro, que a Filipo, mi padre: éste me dio un reino y aquél me enseñó a gobernarlo". Alejandro Magno.  Y desde luego, Bolívar debe más a Simón Rodríguez,  a la Ilustración, a los griegos, el pensamiento francés,  en fin…


Notas… próximo texto  se introduce con la demostración del papel que Bolívar  da a los militares y…

Americo Dario Gollo Chávez
americod@gmail.com
@americogollo
Zulia - Venezuela

miércoles, 9 de marzo de 2016

THAYS PEÑALVER, EL COLAPSO MILITAR DE MADURO

Pareciera que lo que la Revolución quiere es destruir a las Fuerzas Armadas. 

¿No será esa la meta comunista, un “colapso militar” para terminar de destruir una institución que siempre ha sido el sostén de la democracia?

Si hay guerra económica y los militares manejan la distribución y producción… diga usted a quién van a culpar de la debacle los comunistas

Si la tesis del gobierno es que hay una guerra económica, pues sencillamente hay que analizar que los militares están en guerra y sus divisiones están encargadas de la producción y distribución desde el aluminio primario, acero, etc., hasta los alimentos. Pero el problema que se deriva es que no son los revolucionarios los culpados, sino los militares en caso de perder las batallas, así que es bueno analizar que si viviéramos una guerra real, hoy la estaríamos perdiendo o estaríamos manteniendo el esfuerzo bélico paradójicamente gracias a los civiles. Porque, de una vez y sin tapujos, los militares encargados de alimentarnos nos indican algo que alegraría la vida al enemigo, en la adquisición de alimentos a repartir el 2015 tienen en un 90% su origen importado, mientras que el 9,97% de lo distribuido es de origen nacional, según informe serio cuyo origen me reservo.

Los “partes de guerra” también nos indican que la “División Diana” dejó de producir en casi un 50%, la “División Mercal” dejó de producir un 28%, la “División Bicentenarios” (abastos) dejó de producir un 40%, la “División Venalcasa” dejó de producir 44% y el resto de las divisiones militarizadas tienen un 31% menos de productividad en esta guerra. Pero la producción de materia prima para esa distribución, también en manos militares, fue la que más sufrió retrocediendo en un increíble 59%.

¿Que por qué las colas en todas partes? El parte de guerra, nos lo explica en la página 45, la “División Mercal” dejó de atender a 5,8 millones de personas, la “División PDVAL” dejó de atender a 1,8 millones de personas y la “División Bicentenarios” dejó de atender a otro medio millón de bocas que alimentar; en fin, que queda reflejado que ocho millones de venezolanos que antes eran alimentados por el sector público, tuvieron que irse a los supermercados privados a buscar sus alimentos. Adiós, de un plumazo, a la teoría de la “guerra económica”.

Por eso, en esta guerra los platos gratuitos servidos que llegaron a 91 millones en 2014, se redujeron a 50 millones. Los alimentos servidos en los módulos médicos de atención primaria (CDI) también se redujeron en un 25%, en las casas de alimentación a la mitad, en los refugios casi en un 80%. Por lo que si estuviéramos en una verdadera guerra, las cifras de bajas por inanición serían francamente calamitosas. Pero, ¿fue porque bajaron los precios del petróleo? La respuesta militar contenida entre las páginas 40 y 60 dejan claro que no. Los gerentes civiles lograron aumentar en un 25% sus respectivas industrias, como el amenazado gerente de Industrias Lácteas Los Andes, quien con los mismos recursos de los demás logró aumentar su producción en un 55%, mientras que la red privada aumentóo su oferta en un 56%.

Pero es bueno seguir en esto de la auditoría de la Guerra Económica. Pues si estuviéramos en una de verdad el esfuerzo bélico de producción, entendido este como la producción para sostener y ganar el conflicto dejaría también mucho que desear. La primera “División transporte” logró el 20% de sus metas. La del concreto apenas cumplió el 37% y la de agregados dejó de cumplir sus metas en un 70%. Las fábricas de productos estructurales y herrería cumplieron apenas con el 8% de sus metas. Pero aquí conviene detenerse un poco.

Volvamos a explicarnos en términos de guerra, nuestra división de aluminio contaba en 2008 con 185 mil hombres (toneladas). En su segunda batalla (2009) bajó a 145 mil hombres, en su tercera bajó a 96 mil (la mitad), en su cuarta batalla a 65 mil, al año siguiente 53 mil y en esta última los generales nos explican que comenzaron el año con 45 mil hombres y terminaron con 28 mil (recuerdo toneladas). A nuestra “División de Hierro” le fue mucho peor en la guerra, en 2013 contaba con 540 mil hombres y termino el 2015 con 42 mil. A nuestra “División de Briquetas” la arrasaron, contaba casi con un millón de hombres y apenas queda el 10%, a nuestra “División de Acero” la más grande de nuestro ejército que contaba con 4,5 millones de hombres, le queda a duras penas un millón. La “División de Cementos” que contaban con 7,8 millones de toneladas producidas “en socialismo” y con unas metas de 9 millones de toneladas, lograron 5,5 millones. Cualquier militar, en cualquier parte del mundo, diría: “Carrizo, a ustedes los están masacrando, a ese ritmo serán aniquilados, borrados de la faz de la tierra”. Pero en Venezuela, a eso le llaman “Empresa Socialista”.

El problema es que eso no importa a muchos porque el gobierno, como Hitler en su bunker, se niega a gritos a comprender la dimensión de su colapso militar, mientras sus generales escriben en sus memorias que las divisiones (motores) que pide su líder, para construir su imperio, han sido arrasadas en los últimos años. Pero el grave problema que tenemos los venezolanos es que Chávez y luego Maduro arrastraron a los militares a gobernar, a tal punto que hoy en su propia escuela militar pueden graduarse en “Mención Administración Pública” y esto ha traído una grave consecuencia para el estamento militar. Cuando las cosas van bien, los políticos son buenos, cuando van mal, esos mismos políticos son malos. Visto así hoy, el impacto negativo brutal de un gobierno cívico-militar, va a terminar responsabilizando a la Fuerza Armada y eso hay que evitarlo a toda costa.

Porque pareciera que es lo que la Revolución quiere, destruir a las Fuerzas Armadas ya que por primera vez en la historia desde 1960 hay un gravísimo deterioro cuando del 62% de “mucha confianza” en 2003, pasaron al 35% en 2013 y hoy ostentan el peor récord de confianza de su historia con un exiguo 6% (Datincorp). ¿Y cómo va a haber confianza si quienes pasan trabajo buscando alimentos, ven que el Presidente expone a un militar como el responsable? ¿Cómo va a existir confianza si el Presidente dice que se pudrió una organización y cuando el pueblo ve, se trata de un militar quien la preside?, ¿Cómo va a haber confianza si el Presidente habla de guerras y batallas y el pueblo al no encontrar medicinas ve en las cadenas que son militares los encargados? ¿No será esa la meta comunista, un “colapso militar” para terminar de destruir una institución que siempre ha sido el sostén de la democracia? Porque de ser así, es una de las metas destructivas que si están cumpliendo.

Thays Peñalver
thays.penalver@me.com
@thayspenalver
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Caracas - Venezuela