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miércoles, 27 de mayo de 2020

CARLOS BLANCO, CAP: UN HOMBRE PARA LA HISTORIA

Contra la imagen que sus enemigos quisieron forjar, el presidente Carlos Andrés Pérez solo tenía una confesada ambición: la historia. Le obsesionaba la manera en que su papel fundamental en toda la segunda mitad del siglo XX venezolano sería registrado. Tal vez este haya sido su motor y su determinación más importante para atreverse a intentar cambios de profundidad inimaginable en su segundo gobierno.

CAP no llegó a culminar su formación académica, sin embargo, leía, reflexionaba y, sobre todo, tenía una inmensa capacidad para absorber el conocimiento de sus contertulios. Una etapa crucial de su formación intelectual, ya en su madurez, fue el período que media entre sus dos presidencias. En ese tiempo viajó mucho por el mundo y se puso en contacto con líderes mundiales; periplos en los cuales tuvo un importante papel quien después sería su ministro de la Secretaría y Canciller, Reinaldo Figueredo.

Cuando CAP se propone la segunda presidencia entiende que Venezuela necesita cambios muy profundos. Comienza a hilvanar una transformación inédita que le permitiera a Venezuela salir del rentismo petrolero, para lo cual se requerían no solo adecuadas políticas económicas sino transformaciones políticas e institucionales de inmensa magnitud. Era consciente –alguna vez lo conversamos– de que su primer gobierno había reforzado casi inevitablemente el rentismo debido a la abundancia de recursos imprevistos que le correspondió administrar.

Las reformas

La Comisión para la Reforma del Estado (Copre) fue creada por el presidente Lusinchi, a la cual le dio un apoyo consistente durante poco más de un año. Cuando se planteó la elección popular de gobernadores y alcaldes, Lusinchi le retiró el apoyo a la Copre tanto del gobierno como de Acción Democrática. Sin embargo, CAP en forma discreta, pero no secreta, se interesó en el trabajo que se realizaba y compartió la idea de que la reforma del Estado debía ser el gran objetivo de su gobierno. Logró ser el candidato de AD de abajo hacia arriba y desde afuera hacia adentro en una campaña que se convirtió en imparable, a pesar de la oposición de la dirección de su partido y del gobierno encabezado por sus propios compañeros. Aquí se sembró la distancia y el odio fratricida que después tanto aportarían al derrocamiento de CAP.

El 23 de enero de 1988 a los 30 años de la caída de la dictadura, ya convertido en candidato oficial de su partido, el presidente Pérez pronunció un discurso en la sesión del Concejo Municipal de Caracas en el que planteó sin ambages su compromiso con la reforma del Estado. Tal compromiso conmovió a los miembros de la dirección de AD contrarios a las reformas.

La campaña electoral de 1988 estuvo signada fundamentalmente por las reformas que debían llevarse a cabo en el sistema político. CAP y Eduardo Fernández, los dos principales candidatos, las tuvieron como banderas; tanto que el 29 de agosto de 1988 –antes de las elecciones– los dos aspirantes llevaron a sus partidos a aprobar la Ley de Elección y Remoción de los Gobernadores de Estado. La dirección dominante de AD lo hizo a regañadientes porque sus miembros sabían que perderían poder. Se venía de aquella operación del gobierno de Lusinchi en la cual se designaron a los secretarios generales regionales de AD como gobernadores de estado, para, con la descentralización, tener que compartir el poder en los estados por obra de la elección popular.

Igualmente, tuvo clara conciencia de la necesidad de darle un vuelco a la economía. Tuve la fortuna de estar presente en encuentros de CAP con Gerver Torres, Moisés Naím, Gustavo Roosen, y de saber de su búsqueda de talentos entre gente joven y formada. Especial papel cumplió la estrecha relación que estableció con Miguel Rodríguez, cuya inteligencia y verbo con pedigrí lo impresionaron; sobre todo, la claridad en relación con el programa que debía desarrollarse en el gobierno. También apeló a quienes estando vinculados a su partido tenían posiciones propias y hasta controversiales como Armando Durán y Simón Alberto Consalvi y a amigos entrañables como Beatrice Rangel, Antonio Ledezma y Reinaldo Figueredo. Igualmente, figuras de su partido entre las que descolló un hombre bondadoso como Alejandro Izaguirre y algunas concesiones forzadas a Gonzalo Barrios y otros dirigentes adecos. En enero de 1989, en presencia de Antonio Ledezma me propuso la presidencia de la Copre.

La reforma económica y la reforma política serían los buques insignia de su gobierno.

El Caracazo

A los 25 días de gobierno estalla el Caracazo. Esa rebelión no fue ni un plan de Fidel Castro ni una expresión pura de desencanto popular por la crisis social de la década de los ochenta; fue un estallido espontáneo que, a las horas, fue colonizado por grupos organizados de la izquierda sumergida e insurreccional. Como las hipótesis de conflicto que había estaban fundamentalmente hacia las zonas fronterizas, Caracas no poseía importantes unidades militares para manejar estas crisis de orden público y la policía estaba penetrada por el malandraje radical, al menos en un sector. Entre la perplejidad, la comprensión tardía de lo que ocurría, la ausencia de tropas en Caracas, y la velocidad en que los medios de comunicación desplegaron los incidentes, se retardó la respuesta y la crisis se hizo mayor.

Una de las razones del retardo en sacar a las fuerzas del orden público a la calle fue –y eso casi nadie lo comenta– porque CAP quería suspender las garantías para hacerlo y no lo iba a hacer sin el apoyo de todos los partidos políticos. Después del Consejo de Ministros del 28 de febrero en la mañana, el presidente convocó a los partidos. A AD y Copei al mediodía y al resto de los partidos un tanto después, como a las 2:00 pm. AD y Copei respaldaron al presidente inmediatamente; los demás partidos, MAS, La Causa R, MEP y otros, se empataron en una discusión interminable, mientras CAP, el ministro Izaguirre y los jefes militares encabezados por Ítalo del Valle Alliegro, esperaban y esperaban para tomar medidas que no podían tomar si no se suspendían las garantías y no se suspendían porque los partidos menores discutían y discutían, y al final no respaldaron al presidente. Recuerdo cómo el general Alliegro, gran militar y gran demócrata, comentó en mi presencia y con extrema impaciencia: si no se suspenden las garantías no puedo sacar las tropas a la calle. Así se respetaban las leyes en ese tiempo.

La demora política permitió que la rebelión avanzara hasta niveles incontrolables y el uso del Ejército en terreno desconocido ocasionó más víctimas que las que una acción temprana de contención habría permitido. Fueron casi 300 ciudadanos los muertos en el Caracazo. Nada de los miles que argumentaba Chávez y siguen argumentando algunos; pero, esa cifra de 300 es lo suficientemente trágica como para no necesitar por politiquería barata aumentarla más. La información la reportaba el ministro de la Defensa cada cierto número de horas al Consejo de Ministros reunido de forma permanente.

Ese evento fue un golpe noble al gobierno del cual nunca se recuperó completamente. Se generó la narrativa según la cual el “paquete neoliberal”, que ni era neoliberal ni se había aplicado, salvo los 25 céntimos de bolívar del aumento de la gasolina, había provocado el Caracazo. Esa narrativa tal vez podría haberse contrarrestado pero AD se sumó a la lucha contra el “neoliberalismo” gubernamental. Es la segunda ruptura de AD con Carlos Andrés Pérez.

Dos días después, en un almuerzo en la cual estábamos Armando Durán y yo, le pregunté al presidente su opinión sobre el Gabinete que había nombrado un mes antes. Respondió que le parecía magnífico, que era de primera. Allí Armando Durán le dijo: Presidente, eso podía haber sido hasta el 27 de febrero, pero de entonces en adelante es otro Gabinete el que se necesita.

La ruptura con AD

Hay tres procesos que marcan la ruptura entre AD y CAP. El primero es la designación del Gabinete. Los dirigentes con mayor poder consideraban que el partido no estaba adecuadamente representado entre los ministros. El segundo fue la descentralización política que dio como resultado en la primera elección de gobernadores y alcaldes el siguiente resultado: de los 20 gobernadores electos, 11 correspondieron a AD, 7 a Copei, 1 a La Causa R y 1 al MAS y de los 269 alcaldes electos, 149 correspondieron a AD, 99 a Copei, 11 al MAS y 10 a otras fuerzas políticas. El partido pasó de tener todo el poder regional a tener la mitad. El tercero fue el proceso de reforma económica que significaba la apertura de la economía, la competencia del sector privado con sus pares foráneos, la libertad de invertir, la privatización de bienes en poder del Estado que habían permanecido como piezas del clientelismo y no de la eficiencia productiva, la reforma comercial, la libertad cambiaria y otras transformaciones que no desaparecían el rol del Estado sino que lo innovaban. Reformas que, por cierto, eran apoyadas retóricamente por el empresariado pero que a puertas cerradas muchos de sus integrantes se les oponían por precipitadas e imprudentes, ya que los obligaban a cambiar su molicie de tanto estar recostados al Estado.

Las relaciones fueron de estira-y-encoge permanente entre partido y gobierno. Recuerdo una reunión en La Casona entre el gobierno y el partido. Miguel Rodríguez hizo una convincente intervención ante un grupo de dirigentes adecos que le estaban buscando la caída; también habló Pedro Tinoco, presidente del BCV. Alfaro Ucero se quejó del gobierno y de “algunos ministros” –refiriéndose a mí; lo haría después igual en un CDN- que escriben en los periódicos “en contra del partido”; la verdad es que no escribía “en contra” sino que planteaba críticas a la conducta de AD. En esa reunión el único dirigente que habló con intención constructiva y analítica fue Luis Piñerúa Ordaz, hombre de gran honradez intelectual y política, adversario de Pérez en los momentos de gloria del presidente y solidario compañero y amigo en las horas amargas de la adversidad; hizo preguntas, indagó y criticó. Al salir de esa reunión, Octavio Lepage me comentó sobre la intervención de Miguel Rodríguez y como para excusar la falta de participación de los demás dirigentes en el debate, “es que Miguelito es un encantador de serpientes”, refiriéndose a su talento y elocuencia.

La única otra oportunidad en la que Alfaro Ucero y el CEN que controlaba apoyaron a CAP fue con ocasión del 4 de febrero de 1992, a un costo alto para el presidente. Un mes después del golpe habría cambio de Gabinete y salimos de nuestras responsabilidades Miguel Rodríguez, Gerver Torres, Imelda Cisneros, Virgilio Ávila Vivas, Armando Durán, y yo, entre otros, con el propósito de darle más participación a la gente del partido, con excepción de Cordiplan, en el cual el sustituto de Miguel fue Ricardo Hausmann. CAP pensaba, equivocadamente, que así obtendría respaldo del partido. No lo obtuvo y las reformas no pudieron avanzar mucho más. Miguel pasó unos días como presidente del BCV del cual fue eyectado por la inquina de AD en su contra.

Pedro Tinoco es otro capítulo aparte. Fue gran amigo personal del presidente. Hombre de pocas palabras y certero en su razonar. Respetaba y creía mucho en Miguel Rodríguez; fue impulsor, también él, del Gran Viraje. Sin embargo, fue un desacierto su nombramiento como presidente del BCV y en una conversación entre el presidente, su hija Sonia, Armando Durán y yo, después de un almuerzo, cuando los otros ministros se habían retirado, le planteamos al presidente la inconveniencia de Tinoco en el BCV no por las razones que esgrimían sus enemigos contra el Gran Viraje sino porque no se podía venir de la presidencia del Banco Latino y de la Asociación Bancaria a ser presidente del BCV. Lo podía haber nombrado ministro de Hacienda; sin embargo, AD se tiró en el piso por ese cargo.

No todo el partido estaba en contra del presidente. Hubo dirigentes importantes pero sin poder interno que apoyaron y en algunos casos lideraron las reformas: Arnoldo José Gabaldón, Pedro París Montesinos, Héctor Alonso López, Antonio Ledezma, Carlos Canache Mata, Marco Tulio Bruni Celli, Aura Celina Casanova, entre algunos más.

Nuestros errores

He sostenido que los miembros independientes del gobierno cometimos, en mayor o menor grado, errores importantes. También el presidente. Esos errores fueron básicamente, en primer lugar, los de la arrogancia política e intelectual. En un doble sentido: algunos estimaron que las políticas a aplicar serían tan eficaces que sus propios resultados inmediatos exonerarían de los tragos amargos que en lo inmediato provocarían. Tinoco lo expresó una vez con una frase original que quedaría para nuestra historia: “La mejor política social es una buena política económica”. En otro sentido, la arrogancia se manifestó en la idea de que los jefes adecos eran unos ignorantes incapaces de discutir los temas que la ilustración del Gabinete desarrollaba y, por tanto, podíamos desentendernos de sus dudas y sus silencios; en clara impericia de este lado ya que podían no saber pero tenían inmenso poder. No supimos neutralizar su oposición y menos ganarnos su respaldo. Tal vez no era posible pero el intento no fue entusiasta, salvo por quienes dentro del gobierno equivocadamente les hacían concesiones a sus caprichos clientelares.

El otro error le corresponde al presidente. Quien esto escribe estaba totalmente de acuerdo con el Gran Viraje, sin embargo estaba convencido que sin apoyo político no sería viable. La descentralización había conseguido un gran respaldo en la opinión pública, no así la reforma económica; a pesar de que el Gran Viraje llevó a la economía a crecer a tasas altísimas, en 1990 fue de 7% y en 1991 de 10%, con una reducción sustancial del desempleo a un nivel de 6%. Tengo como imborrable la vez en la que le presenté mis dudas sobre el curso que llevábamos sin el suficiente apoyo político, tesis que compartíamos Durán, Ledezma, Izaguirre, Pastor Heydra, entre otros, y la respuesta que me dio el presidente fue tajante: “Ministro, hagan ustedes su trabajo que yo me ocupo de darles el apoyo que necesitan”. Al final, su capital político no dio para tanto.

En una oportunidad muy temprana y ante la seguridad de que AD no lo apoyaría, le propusimos que se fuera a la calle a recabar y organizar el apoyo popular que tenía y que podía incrementar. Ledezma organizó una primera gira a Cumaná que fue apoteósica y le planteamos seguir en ese camino. No lo hizo y quedó amortiguado solo por su capital político que perdió fuelle a velocidad asombrosa. AD desdeñaba a Pérez, pero este no podía darse el lujo de desdeñar a AD y no trabajó lo suficiente para convencer a varios de sus dirigentes. Hay quien dice que ese trabajo solo habría significado cuotas de  poder –como ocurrió después del golpe del 4-F–, mientras otros consideran que podría haberse obtenido apoyo con más interacción personal. Era un problema de economía política que nunca sabremos si podría haber tenido otro resultado.

La Convención de AD en 1991 la podía haber ganado un hombre solidario con CAP, Héctor Alonso López. La verdad es que el presidente no puso su peso político (¡y mucho menos recursos!) para que López ganara: perdió por 78 votos la Secretaría General, mientras la estructura cuaternaria del partido anuló delegaciones y con algunos fraudes se impuso.

La venganza del gomecismo

El gomecismo, en su evolución hacia el “lopecismo” y el “medinismo”, representados por los generales López Contreras y Medina Angarita, nunca perdonó a los adecos el golpe de 1945. Ese gomecismo se desparramó y licuó en la historia, pero quedó vivo en manos de una élite política representada por Arturo Uslar Pietri.

Uslar y el grupo de notables que se aglutinó a su alrededor también se uncieron al tropel de las reformas. En la Copre fueron invitados permanentes y en varios aspectos ayudaron a ampliar su significación en la opinión pública. Algunos pensamos que este esfuerzo conjunto iba a permitir superar las resistencias que en el mundo partidista se producían hacia el gobierno que las impulsaba. No fue así. Cuando CAP perdió el apoyo de su partido, Uslar y los notables arremetieron desde otro frente: primero dijeron que los cambios no eran suficientes y luego que CAP no podía desarrollarlos porque la corrupción que representaba –según su criterio- era abominable. Varias veces conversé con el escritor sobre el tema y se mostraba proclive a apoyar los cambios y en el curso de ese proceso en realidad lo que se proponía era quitarle todo pilar de sustentación al gobierno. De allí a pasar a exigir la renuncia del presidente no hubo sino un pequeño trecho.

En el fondo, la posterior victoria de Chávez y la tragedia conocida, fue la venganza del gomecismo representado por sus más ilustres herederos: Arturo Uslar Pietri, José Vicente Rangel y los Notables.

Un aliado inesperado de los Notables desde una perspectiva histórica fue Rafael Caldera. Durante el gobierno de CAP consideraciones especiales fueron dadas a Caldera. Fue Presidente de la Comisión Bicameral de Reforma Constitucional desde 1989 y la Copre le dio todo su apoyo para que el ex presidente cumpliera su misión. CAP estimuló este apoyo, especialmente cuando se programaron las Jornadas Constitucionales Jóvito Villalba presididas por Caldera, para discutir las reformas de la Carta Fundamental. Sin embargo, por diversas razones psicológicas, políticas e históricas, Caldera tenía aborrecimiento hacia Carlos Andrés Pérez que este no tenía hacia él y a pesar de la distancia condescendiente con la que se trataban, cuando Caldera lo percibió débil le saltó a la yugular. Su vuelta a un segundo período no tenía el carácter de una nueva propuesta sino de una revancha.

A partir del golpe de Chávez el descontento adquirió el rostro de un oficial del Ejército, pero quien podía recoger la efervescencia y la inquina social fue Caldera quien la empleó a fondo en su marcha desde “la reserva” hasta el estrellato. Después del 4-F el presidente estaba muy débil y muchas iniciativas se disolvieron en la crisis gravísima derivada de un gobierno arrinconado.

En una oportunidad, antes del segundo golpe del 27 de noviembre de 1992, fuimos a visitar a Caldera Joaquín Marta Sosa, Andrés Stambouli y yo. Tuvimos una conversación larga y allí le planteamos que se reuniera con CAP para que entre los dos líderes abortaran la crisis talla mamut que se avecinaba. Caldera en su sillón enlazó sus manos a la altura de las rodillas, bajó la cabeza en actitud reflexiva y al cabo de unos segundos preguntó: ¿el presidente Pérez sabe de esta reunión?, le dijimos que no. Luego nos respondió: no puedo… moralmente no puedo. Así se abortó una iniciativa que la pensamos como instrumento para domesticar el conflicto.

Los jinetes del apocalipsis ya andaban juntos: Uslar Pietri, José Vicente Rangel, Ramón Escovar Salom y Rafael Caldera, mientras en la sala de máquinas Alfaro Ucero, secretario general de AD y sus sargentos preparaban el derrocamiento del presidente.

Los militares

Las Fuerzas Armadas fueron factor esencial para la recuperación y luego la estabilidad democráticas. Nunca dejó de haber en su seno murmuraciones, trapisondas y conspiraciones, tal vez menores en las presidencias de Raúl Leoni, Caldera I y CAP I. Cuando Carlos Andrés Pérez llega a su segunda presidencia ya se sabe que Chávez y su gente andaban conspirando desde hacía rato y también había un bochinche de generales: pugnaban entre sí altos oficiales con formación intelectual y, si no aspiraciones, al menos posiciones políticas militantes. La competencia entre varios de ellos limitaba la colaboración entre organismos y convertía la inteligencia recabada en disputas interminables.

CAP subestimó las informaciones sobre la conspiración de Chávez. Lo hizo por dos razones: no se concebía en ese entonces y él menos que nadie, que pudiera haber intentos de golpe contra la democracia ya considerada estable; y consciente como estaba de la pugna entre generales, atribuía en alguna medida el manejo de informaciones y rumores a esa causa. Aunque la verdad es que todo el mundo hablaba de golpe y Uslar Pietri lo anunciaba; en los trabajos de la Copre, ya a finales de los años ochenta se planteaba que de no adoptarse las reformas hasta el golpe de estado podría estar planteado.

Al producirse el 4-F, CAP se colocó al mando con los eventos conocidos. Sin embargo, no tenía en sus manos el control militar completo y ese golpe descompuso la situación institucional aún más. Muchos dentro del gobierno, del partido y en sectores políticos pensaban que el general Ochoa Antich, ministro de la Defensa, era parte del golpe. CAP nunca lo creyó; decía que “los Ochoa son locos, pero no traidores” (exceptuaba al padre, a quien quería mucho, de tal crítica). Lo cierto es que la desconfianza en Ochoa se basó en que desobedeció las órdenes del comandante en jefe en dos oportunidades; una, de la cual fui testigo presencial y alguna vez discutí hace pocos años con Ochoa. Este hablaba con el comandante de la Aviación y el presidente le ordenó que bombardeara La Planicie. El ministro desobedeció transmitiéndole un parecer diferente en voz baja al jefe de la Aviación Militar. De seguidas, CAP, en Consejo de Ministros, nos dijo: van a pasar nuestros aviones de combate para bombardear; no se preocupen. Pasaron y no dispararon ni un tirito… El otro episodio fue la presentación de Chávez “en vivo”, lo que el presidente había prohibido expresamente. Ambos hechos los ha discutido Ochoa en diversas oportunidades; sin embargo, dejaron un ambiente de sospecha sobre muchos mandos militares, lo que se corroboró con el nuevo alzamiento del 27 de noviembre de ese mismo año.

La caída

Al final la tremenda popularidad inicial de CAP se había diluido. La alianza liderada por la revancha gomecista, encabezada por Arturo Uslar Pietri y José Vicente Rangel, logró sumar a personalidades relevantes del país. Allí concurrieron los Notables, Rafael Caldera, Copei, el MAS, las insurrecciones militares, varios medios de comunicación importantes, empresarios que fueron sus amigos, y, desde luego, el golpe de gracia con la traición de Acción Democrática. Al término del breve gobierno de Ramón J. Velásquez llegó Caldera y después de dos años de cumplir al pie de la letra su Carta de Intención con el Pueblo Venezolano, que significó una crisis financiera y económica brutal, firmó su Carta de Intención con el denostado FMI para adoptar con Teodoro Petkoff el programa “neoliberal” contra el cual había basado su largo camino de nuevo al poder. Entonces el líder social cristiano contó con el auxilio de Acción Democrática, auxilio que este partido le había negado a su compañero Presidente y que ahora prodigaba en abundancia para desarrollar con Caldera las mismas políticas que con CAP condenaba.

En esa soledad que precede a la caída, CAP vio desfilar a sus enemigos alborozados y a muchos de sus antiguos compañeros y amigos. La asquerosa trama judicial desarrollada desde la Fiscalía por Escovar Salom y desde la Corte Suprema por magistrados cuyo ascenso Pérez había apoyado, conformaron la hoja de parra con la que se cubrió lo que de otra manera no podría sino ser calificado como derrocamiento.

Carlos Andrés Pérez soportó con estoicismo la destitución; las infamias de sus enemigos, ahora con carne de cárcel para morder; la prisión en El Junquito; la prisión domiciliaria; el exilio; la soledad; y, al final, una senda injusta y tortuosa hacia la muerte. Sus enemigos yacen en la cuneta del olvido o en el desprecio de los ciudadanos que hoy padecen las consecuencias del irreversible disparate de entonces. Varios dolores le conocí y dos me impresionaron para siempre: la muerte de Jóvito Villalba que tuvo para Pérez un significado muy hondo, del cual no tenía noticia; y la traición de AD, de sus compañeros, de su partido, de una parte casi completa de su vida.

Otra vez: la historia

Poco a poco Carlos Andrés Pérez retorna a la senda de la gloria a la cual aspiró y con la misma cadencia, con paso firme y sonrisa franca, logra el objetivo que tuteló su vida: llegar a la historia como un gran hombre que, como todos, tenía muchos defectos y excelentes virtudes.

Fue condenado y derrocado no por los errores que cometió sino por los aciertos que tuvo. Fue condenado y derrocado no por el pueblo sino por las élites. Algún día será reivindicado plenamente y los que trabajamos con él estaremos allí, orgullosos del intento más completo de transformación emprendido en el último medio siglo.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

sábado, 22 de febrero de 2020

EDUARDO FERNÁNDEZ: RESPONSABILIDAD

Lo que ha ocurrido en Venezuela en los primeros años de este siglo XXI es una tragedia de inconmensurable magnitud. Tragedia que se manifiesta, entre otras cosas, en el colapso de la arquitectura institucional de la República, la desaparición del estado de derecho, la violación de los derechos humanos, el regreso al caudillismo, al militarismo y al centralismo más asfixiante. La desaparición del concepto de la alternabilidad republicana y del principio de independencia y autonomía de las diferentes ramas del poder público.

También se manifiesta esa tragedia en la catástrofe de la economía nacional. Las gestiones de Chávez y de Maduro han producido la más grande inflación del mundo y una recesión espantosa que ha empobrecido a Venezuela y a los venezolanos. Acabaron con PDVSA, con las llamadas empresas básicas, y con toda la economía nacional.

También se manifiesta la tragedia en el tema social. Nunca habíamos tenido tantas familias venezolanas viviendo bajo el nivel de pobreza. Nunca los pobres habían sido tan pobres. Hambre, miseria y desolación es el saldo de la gestión del socialismo del siglo XXI en el área social.

También se manifiesta la tragedia nacional en el colapso de los servicios públicos, comenzando por los más básicos: agua, energía eléctrica, gas, gasolina, pero también, salud, educación, seguridad, comunicaciones. Hemos retrocedido a una situación peor de la que existía en el siglo XIX. También se manifiesta la tragedia en la crisis moral. Si algo ha prevalecido durante estos veinte años es la más escandalosa corrupción que pueda imaginarse. Cifras enormes que pudieron resolver los problemas del hambre y de la pobreza, se han ido por los desaguaderos de la corrupción más abyecta.

A todo esto podríamos todavía agregar el aislamiento internacional de Venezuela. Pasamos de ser un ejemplo de convivencia y de cultura democrática a ser un país visto con lástima.

¿Quién tiene la culpa de este desastre? Todo comenzó el 4 de febrero de 1992. Todo continuó con aquel proceso constituyente convocado en contra de lo prescrito en la Constitución. Y todo se terminó de desarrollar con la gestión de dos presidentes sin ninguna preparación y sin ninguna capacidad para desempeñar esa alta magistratura.

Nosotros, los opositores a este régimen, podemos haber cometido muchos errores. En efecto los hemos cometido y los seguimos cometiendo. Pero nada puede ser comparable a la responsabilidad inconmensurable de quienes han estado al frente del gobierno.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernandez
efernandez@ifedec.com
@EFernandezVE
@UNoticias

domingo, 29 de septiembre de 2019

LEANDRO RODRIGUEZ: ERRORES DE LA SEMANA

Los errores en la política son graves porque los actores, en teoría, deben desenvolverse a través de estrategias, ningún paso debe ser en falso. Por tal motivo, avizorar los movimientos del o de los adversarios es menester. De ese modo, observamos, la oposición venezolana comete ingentes desaciertos, los de esta semana son:

1.- ¿Psuv de vuelta en la AN? Se continúa tratando democráticamente a quien no lo es, además, se desafían axiomas políticos universales como por ejemplo la máxima “los espacios en política no se deben ceder”. No hay explicación que logre explicar racionalmente haber permitido el retorno de la bancada del partido del régimen al parlamento nacional toda vez que lo abandonaron, por sí fuera poco, muchos de ellos por ocupar un cargo en la inconstitucional ANC. En estos momentos que la Asamblea Nacional debe obrar fino, se incorporan estos diputados con la única misión de dilatar estérilmente las discusiones, injuriar, manipular y continuar sembrando odio, radicalización, de la cual depende el chavismo. Este reingreso evidencia lo furtivo, errático y malintencionado del “dialogo/acuerdo” entre el régimen y unos autoproclamados partidos opositores cuya legitimidad es minúscula… ¡Gravísimo error! 

2.- Se continúa perdiendo de foco las causas y consecuencias reales. Mucho se aborda el tema electoral, lo que insinúa el régimen cuenta con legitimidad y legalidad, nada más alejado de la realidad. No se debe dejar de repetir, la Venezuela de hoy es producto, no solo de más de 20 años de políticas económicas desastrosas (por ineptitud y toxicidad ideológica), sino porque el mundo entero castiga al chavismo por haber evitado burdamente (jurídicamente hablando) el revocatorio 2016, sobre todo, por haber perpetrado una ANC inconstitucional, antidemocrática, que descansa en un gran charco de sangre. Por sí fuera poco, por haber consumado elecciones, entre ellas las presidenciales, violando todas las leyes de la república y preceptos democráticos, que originaron su condición de usurpación. Esas son las causas reales del infierno país hoy día, la retención del poder injusta, ilegal, ilegitima y violenta por parte del chavismo. Permitir incorporar escenarios como sí el chavismo gozara de legalidad y legitimidad continúa siendo un terrible error. No se debe continuar olvidando las verdaderas causas de nuestra tragedia. 

3.- Atendiendo al refrán popular “muchas manos ponen el caldo morao’” persiste un terrible error en el flujo informativo opositor, donde emanan contradicciones e informaciones desafortunadas. Es urgente se atienda esta debilidad, urgen recaer en Juan Guaidó el oficio informativo, diariamente sí es posible, por ser él quien mundialmente es reconocido como único líder nacional y vocero en contra de la usurpación, además, se entiende, debe ser él quien conoce a profundidad las acciones y estrategias opositoras, así no caer en costosas informaciones erráticas. 

4.- Aunque parezca antidemocrático no lo es, la oposición orgánica venezolana debe ser depurada, pasar por un tamiz, ya que existen en un seno personeros/organizaciones que hacen un gran daño a los objetivos comunes que interconectan a la inmensa mayoría de la población, a sus interlocutores partidistas reales y la comunidad internacional. Copei, el Mas, Avanzada Progresista y Soluciones, por ejemplo, pueden continuar con su pretendida lucha onírica, a su apuesta al “lado democrático del régimen”, pero aparte, que sea el venezolano quien decida qué bando seguir, pero definitivamente, no pueden minar los esfuerzos que hoy adelanta Guaidó quién, guste o no, aún cuenta con la legitimidad, legalidad y respaldo mundial para ser el abanderado en la lucha contra la tiranía, aún está en su tiempo. 

Leandro Rodriguez
@leandrotango    

domingo, 30 de junio de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO: VISITA O INVESTIGACIÓN

Quiero aclarar que la presencia de Michelle Bachelet en Venezuela no fue producto de ninguna invitación gubernamental, así el gobierno lo quiera hacer ver de esta manera. Bachelet vino para completar la investigación que inició hace ya cierto tiempo, sobre la supuesta violación de los DDHH en el país por parte del gobierno de Nicolás Maduro. Una comisión de su despacho ya venía trabajando intensamente: visitando cárceles, procesando denuncias, contactando con diversas organizaciones sociales y con funcionarios del Gobierno Nacional. Ya se había elaborado un informe preliminar, que se hizo del conocimiento público y que los opositores extremistas viscerales debieron haber leído, aunque no se refieran a ello. Es muy curioso. Gritaban y exigían la presencia de la ONU en Venezuela, para que detectara las violaciones de la “tiranía” en materia de DDHH, pero cuando se presenta la Alta Comisionada de la ONU a tales fines, despotrican, la descalifican y rechazan sus apreciaciones y declaraciones.

La Sra. Bachelet no vino a reconocer ni a declarar Presidente a Juan Guaidó. Ésta no era su función. No era Almagro quien venía. Era una persona seria, profesional, respetuosa del Derecho Internacional y de sus convenciones, representante de la ONU y por tanto apegada a las posiciones de este organismo. La ONU no ha reconocido a Guaidó como Presidente de Venezuela, para la ONU, gústenos o no, el Presidente de la República es

Nicolás Maduro, pues es quien controla el territorio venezolano y el aparato de Estado. Es una estupidez, por lo tanto, haber pretendido que Bachelet llamara a Juan Guaidó “Presidente encargado”. Lo llamó como tenía que llamarlo: Presidente de la Asamblea Nacional. Además, Michelle Bachelet no vino a Venezuela a facilitar el diálogo entre la oposición de la AN y el Ejecutivo, ni a terciar entre ambos, ni mucho menos a colocarse del lado de nadie. Vino a culminar su investigación sobre el estado de los DDHH en el país, lo cual hizo con gran seriedad y profesionalismo.

Su visita constituyó una presión importante hacia el gobierno, aunque la Alta Comisionada no vino a presionar a nadie. El gobierno fue consultado para que se pudiera realizar la visita, lo cual es lógico y apegado a las normas internacionales. Sólo a un Almagro se le puede ocurrir llegar a la frontera de un país y tratar de penetrar a como dé lugar. Maduro tuvo que acceder a la intervención de Bachelet, no le quedaba otro remedio. Pero la ex Presidente de Chile no sólo se reunió con el gobierno, sino lo hizo con prácticamente todo el mundo, incluso con los familiares de las víctimas de supuestas violaciones de DDHH. Y no se conformó sólo con ello, sino que solicitó y logró la liberación de un cierto número de presos políticos, lo cual ya es un reconocimiento del gobierno a la existencia de los mismos. Además, dejo en el país a dos representantes suyos, como una suerte de supervisores de su oficina, quienes podrán visitar cárceles, recibir denuncias y actuar en función de que se respete el debido proceso y los DDHH.

Sólo gente muy obtusa, muy fanática, puede en este momento decir que la visita no fue importante y que hubiere sido mejor que no se diera. Ahora, pensar que todo está en manos de lo que diga el informe definitivo de la Alta Comisionada es una gran equivocación política. El informe puede ser muy contundente y demostrar la existencia de graves violaciones de DDHH; puede incluso responsabilizar a Nicolás Maduro de estas violaciones. Pero si la oposición sigue en manos de la dirección de la Asamblea Nacional, y ésta sigue poniendo la torta en sus ejecutorias, como lo hizo con la cómica del 30 de abril y como lo acaba de hacer con el golpe por Skype recientemente descubierto, no habrá informe que salve a Venezuela de seguir en la situación en que se encuentra.

Luis Fuenmayor Toro 
@LFuenmayorToro 

sábado, 4 de mayo de 2019

FERNANDO MIRES: ESPAÑA, ERRORES "CIUDADANOS" (C'S)

En términos generales lo puntos más importantes de las elecciones españolas ya han sido analizados. Sabemos que el PSOE recuperó más de dos millones de votos y también que junto con Antonio Costa de Portugal, Pedro Sánchez de España ha logrado remontar la marea baja del socialismo europeo.

Sabemos que las habilidades personales de Sánchez -un tipo nada ideológico, cien por ciento práctico y con un sentido de la oportunidad que envidiarían los mejores centrodelanteros del mundo- jugaron un papel importante. Sabemos que además de sus innegables habilidades, Sánchez debe su éxito al aparecimiento de una agresiva extrema derecha post-franquista, pero también que VOX no era un lobo sino solo un perro algo rabioso. Lo suficiente en todo caso como para empujar votos hacia el PSOE y no hacia PODEMOS, agrupación que seguirá siendo -por ahora- un partido parásito de la izquierda del PSOE. Sabemos también del crecimiento de las autonomías, de los federalismos y de los independentismos, representantes de un micro-nacionalismo pre-franquista muy superior al post-franquista de VOX. Y no por último, sabemos de la bancarrota del PP, mordisqueado desde la ultraderecha por VOX y desde la centroderecha por Ciudadanos (C's).

Pareciera entonces que en las elecciones del 28-A han pasado muchas cosas. Pero puede que no sea tanto así. Por supuesto, si nos concentramos en los crecimientos y decrecimientos partidarios podríamos pensar que hubo un verdadero terremoto político. Si realizamos en cambio una observación segmentaria, podríamos convenir en que España mantiene una más bien constante morfología: dos polos extremos y un centro (centro-derecha, centro izquierda, centro centro) Una plataforma suficientemente amplia para conformar acuerdos y concertar alianzas. La mantención de esa morfología depende de todos los partidos pero, como ocurre en la teoría de conjuntos, de unos menos y de otros más. Ahora, desde ese segundo punto de vista, la variable fundamental está representada por el C's de Arrimada y Rivera. ¿Por qué?

Simplemente porque C's es el partido que tiene mayores márgenes de acción. En contraste, PP será siempre lerdo pues los intereses económicos que clientiza son muy pesados. VOX nació para ser el epígono de la Reagrupación Nacional francesa: nacionalista, autoritario, facho. Y a las autonomías, aparte de las bellezas, costumbres, banderas y dialectos de sus nacioncitas, todo lo demás les importa un carajo. No así C's.

C's, surgido de lo más profundo de la cantera catalana, logró constituirse como un partido dotado de capacidad de desplazamiento nacional: el partido del liberalismo democrático. De ahí justamente provino la atracción que despertó tanto hacia la izquierda social como en la derecha civilizada. Con algunas excepciones en los extremos, C's está efectivamente en condiciones de conectar o por lo menos coincidir en diversos puntos con la mayoría de los partidos de la escena española. En síntesis: un partido con raíces regionales y follaje cosmopolita, impronta propia a los partidos post-modernos europeos, no atados a “intereses de clase” ni mucho menos estamentales. C's era una promesa política. ¿Era y ya no lo es?

Era mucho más de lo que es ahora. Eso no dice que C's no puede llegar a ser lo que podía ser: un partido hegemónico (directriz) de la contienda política hispana. Repito: hegemónico, no mayoritario.

La diferencia entre hegemónico y mayoritario dista de ser secundaria. Para hacer un paralelo con la ciencia física, se trata de una diferencia parecida a la que se da entre la física cuantitativa y la física cuántica. De acuerdo a la primera, lo que es determinante en toda acción es la cantidad de masa. De acuerdo a la segunda, el desplazamiento de las partículas elementales dentro y fuera de la masa. En términos políticos, un partido puede ejercer hegemonía sin constituir mayoría. Y bien, esas son condiciones que C's perdió durante el fragor pre-electoral.

El primer error, en cierto modo, la madre de todos los errores que después sobrevinieron, fue el peor que se puede cometer en política. El de confundir a un adversario político, el PSOE, con un enemigo principal. Un error funcional, decían algunos publicistas, pues Albert Rivera intenta erigir a C's como el partido hegemónico de la derecha. Exacto: ese fue el segundo error. Al situar a C's en una posición objetivamente aliancista, aún manteniendo una retórica centrista, nadie pudo borrar la imagen de “las tres derechas unidas”. Y este hecho puso a merced del PSOE grandes espacios de centro que por supuesto Sánchez, ni corto ni perezoso, supo ocupar. Más aún: la cercanía geométrica establecida por C's con VOX, representante de un anti-autonomismo extremo, llevó a los autonomistas moderados (sí: los hay) de Cataluña y el País Vasco hacia el lado del “sanchismo” cuya alternativa “federalista” no entiende nadie, pero suena mejor que la represión policial ofrecida por los partidos de la derecha extrema.

No obstante, aún sobre la base de errores de posicionamiento, nada obligaba a C's a desarrollar el estilo de lucha frontal, injurioso y excluyente en contra de Sánchez y el PSOE, hasta el punto de no dejar ninguna puerta, ni siquiera una ventana abierta para después de las elecciones. Y aquí el problema es más grave. Las elecciones que tienen lugar en diferentes países europeos, en España también, pueden ser consideradas antesalas de la gran batalla electoral que tendrá lugar en la elecciones europeas del 26- M.

Cierto es que en los debates ningún candidato se pronunció sobre el enfrentamiento que se avecina, como si España viviera en el orto del mundo. Explicable en el caso de Podemos y Vox. Ambos son partidos anti-europeos, aliados objetivos de Putin y de su campaña desestabilizadora. Pero PSOE, por su tradición histórica, PP, por los intereses que representa y C's, por su vocación liberal-democrática, son partidos europeos y europeístas, defensores a ultranza de la UE. De una u otra manera, frente a la ofensiva ultranacionalista, los tres están obligados a encontrar una coordinación que sobrepase a la simpleza del eje izquierda-derecha, estructura bi-frentista rehabilitada por el propio C's.

No haber tomado la bandera de la defensa de Europa para no lastimar mezquinos pactos nacionales puede costar caro a C's. El anuncio de Rivera relativo a liderar a las derechas en contra del PSOE, no puede ni debe superponer la razón de un partido por sobre la razón de la democracia euro-occidental. Aún es tiempo para que C's rectifique. Aún es tiempo para que Rivera salte por sobre sus propias sombras.

Fernando Mires
@FernandoMiresOl 
https://polisfmires.blogspot.com

domingo, 7 de abril de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO, EL GOBIERNO QUE NO ES GOBIERNO PERO GOBIERNA


El gobierno venezolano (mejor lo llamo régimen para que los locos me sigan leyendo), que se dice inexistente, que se desconoce por inconstitucional, ilegítimo, tracalero, corrupto; que no es reconocido por un número de países que sin embargo mantienen sus embajadas abiertas y funcionando, sigue avanzando en sus acciones contra la oposición extremista de la Asamblea Nacional, y lo hace ante el debilitamiento evidente y muy acelerado de la política de su Presidente, Juan Guaidó. 

Desde que se inició la famosa hoja de ruta del “1, 2, 3, fuera”, señalé que esa oposición no había aprendido nada desde 1999 para acá, y que se empeñaba en repetir los graves errores de todos
estos 20 año, errores producto de la inmediatez en que siempre ha trabajado. No puede esperar “porque Venezuela no aguanta ni un día más” y resulta que han contribuido a que el régimen “revolucionario se mantenga por más de 20 años.

La última declaración gringa afirma que la aplicación (inconstitucional de paso) del artículo 187-11 sería hoy muy prematura. Esto se suma a las afirmaciones del propio Trump que, aunque siempre dice que todas las opciones están en la mesa, ha señalado que prioriza las sanciones económicas y diplomáticas, por lo que la militar, si existe, está de última. Esta posición unida al rechazo internacional a una invasión militar, al espectáculo grotesco ocurrido con la supuesta ayuda humanitaria, que entraba al país sí o sí; al regaño dado por Trump al Presidente colombiano, en relación a su inacción ante el narcotráfico, y a las opiniones ya tajantes contra la ruta Guaidó de su gente amiga o muy cercana, entre ellos el padre Ugalde, implican una derrota clara de la política impulsada desde el 5 de enero pasado por la AN. En este momento piensan cómo insertarse en una ruta distinta, abandonando el “cese de la usurpación” como primera opción.

Maduro y su claque, a pesar del desastre de los servicios, más que evidente con la electricidad y el agua, ha pasado a la ofensiva como se desprende de sus últimas acciones: la prisión de Marrero, mano derecha de Guaidó; el levantamiento de la inmunidad parlamentaria a éste último y las represión directa y a través de sus paramilitares mercenarios de las movilizaciones opositoras de calle, las cuales había venido permitiendo sin mayores problemas.

El gobierno avanza y de esa manera descubre hasta dónde están dispuestos a llegar los factores internacionales que apoyan al extremismo opositor. Al no existir respuestas importantes, continuará su avance, lo que a su vez significa que se fortalece, sin que esto quiera decir que está cómodo ni mucho menos, pero sin duda que está en una mucho mejor posición que la que tenía a finales del mes de enero.

Aceptar las realidades es algo imprescindible para poder enfrentarlas cuando nos sean adversas. No prometer lo que no se puede cumplir también es importante. Maduro puede políticamente ser todo lo que señalé en el primer párrafo de este artículo, pero es el Presidente, es decir es el ente que preside, nos guste o nos disguste. Entender que está muy golpeado (mucho menos que el país, por supuesto) pero que no está derrotado, es vital para la elaboración de una política que termine por desplazarlo del poder en el momento oportuno. Y este momento no depende de los deseos de nadie, ni del corazón que le metamos a su derrocamiento. Hay que construir una nueva forma de hacer oposición, sobre todo por el bien de la nación.

Luis Fuenmayor Toro
@LFuenmayorToro

lunes, 18 de marzo de 2019

JOSÉ RAFAEL AVENDAÑO TIMAURY, DECIDOFOBIA


Todos los seres humanos; y hasta las bestias, nos encontramos ante la imperiosa necesidad de tomar decisiones. Desde las más simples hasta las más complejas. Un gato con hambre; si ve a más de un ratón disponible para ingerirlo, habrá de decidirse instintivamente por uno de ellos. Si el roedor, por alguna circunstancia, logra eludir al felino, este podría preguntarse en qué consistió la falla instintiva: ¿Por qué no elegí a otro?

Los humanos  somos más complejos. Estamos dotados de aquello que pomposamente llamamos intelecto. Es decir, ante cualesquier disyuntiva, solemos ponderar diversas opciones para tomar la decisión respectiva.

En política la circunstancia de asumir determinaciones conlleva de manera global una serie aspectos que influyen de manera determinante -no solamente circunscrita en el área política- en el aspecto personalísimo de manera concomitante. Los políticos que en su historial de vida pública (algunos tienen grueso prontuario) cometen más errores, seguramente verán su carrera disminuida de manera ostensible. Pierden algo consustancial para quien aspira dirigir: La credibilidad. También, por supuesto, están sujetos a perder la libertad personal y hasta la vida. Por ello las decisiones políticas a ser asumidas siempre estarán signadas bajo una duda razonable que todos los actores ponderan de alguna manera u otra. No todos están dotados de los atributos inherentes al heroísmo.

Poseer un rasgo de valentía,  per se, no es sinónimo de estar capacitado para asumir posiciones de liderazgo. Ser cobarde es casi tan perjudicial como ser irracional, insensato o atrabiliario. El verdadero líder debe poseer una serie de atributos insoslayables para permitirle actuar de una manera armónica en el quehacer público. No se trata simplemente de emitir órdenes, dadas con mucha energía y con ademanes autoritarios. El exquisito hecho de poder guiar (no como chofer) no significa en modo alguno que se intente arrear. 

Este líder o dirigente debe usar con preferencia su innata habilidad para dirigir y no una autoridad (fortuita o no) para mandar. Siempre que emita una orden susceptible de ser mal interpretada puede estar seguro que será mal interpretada. Debe cumplir las promesas ofrecidas lo más pronto posible. Jamás prometer lo que no puede dar. Es antagónico con la demagogia. Si se hace reiterativo con este accionar, más temprano que tarde perderá toda credibilidad y su liderazgo se desmoronará ineluctablemente. Difícilmente podrá aspirar a reeditar la fábula del “ave fénix”. Pero lo más perjudicial con estos errores o desatinos será que dejará una secuela imborrable de frustración militante en los dirigidos. Superar ésta, es un proceso lento. Salvo los imponderables de rigor siempre expectantes.

“Un día, Júpiter ordenó que todas las bestias de carga se dejaran poner herraduras, y los caballos, los mulos, y  hasta los camellos obedecieron enseguida: solo los asnos se resistieron a cumplir la orden alegando tantas razones y rebuznando tanto tiempo que Júpiter, que era bondadoso, les dijo por fin: Señores asnos, os concedo lo que pedís, no os pondrán herraduras, pero a la primera falta que cometáis recibiréis cien palos”. (Diccionario Filosófico. Voltaire. Del Asno de Oro de Maquiavelo: Reflexiones de un cerdo, refiriéndose al hombre).

Las contradicciones respecto al carácter de los hombres serían más difíciles de conciliar si no supiéramos que los hombres desmienten su propio carácter muchas veces, y que la vida o la muerte de los mejores ciudadanos y la muerte de un país han pendido con inusitada frecuencia de la buena o mala digestión de las órdenes de los líderes; independientemente de que están bien o mal aconsejados; o de que actúen de buena o de mala fe.

Con Voltaire, podríamos coincidir con una de sus célebres frases. La que se refiere a las “posposiciones”. “En muchos casos la posposición es una estrategia no consciente de postergar la ocurrencia de algo indeseable. Ello es particularmente cierto cuando esto último es una consecuencia inevitable en cualquiera de las opciones disponibles. Un ejemplo sería el de una situación en que debemos escoger entre dos o más tratamientos para una enfermedad, todos ellos dolorosos. Posponer la decisión de escoger el tratamiento es como aplicar “descuento”, que hace lucir menor un “costo” (dolor) si ocurre en el futuro... Otro elemento que tiene gran influencia en el individuo, cuando se es forzado a tomar una decisión, es la anticipación de un eventual remordimiento. (Ibidem).
    
Muchos autores insisten en la necesidad de desarrollar una teoría racional del “remordimiento” para explicar decisiones individuales en situaciones de riesgo. Con Confucio podemos aseverar que: “Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa. Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas, entonces no florecen ni el arte ni la moral, entonces no existe la justicia, entonces la nación no sabría cual es la ruta: Sería una nave en llamas y a la deriva. Por eso no se permiten la arbitrariedad con las palabras. Si se trata de gobernar una nación, lo más importante es la precisión del lenguaje”. (Antoni Gutiérrez Rubí. Filosofía de la política. Pag. 16).

     En la hora actual    es factible preguntarse en que estriba la diferencia entre un político y un líder. Sin la necesidad de recurrir a densos análisis filosóficos, ideológicos o de cualesquier otra índole, podríamos concluir en que un líder está consciente de la situación fáctica en que se encuentra el país. Contribuye a forjar un proyecto global de futuro. Lo expone sin ambages. De tal modo que la ciudadanía y la población en general está dispuesta a seguirle en virtud de que detenta credibilidad incuestionable, producto de claridad conceptual y de una ética inexpugnable. ¡Se Identifica con él! Por lo contrario; un político inoculado de politicastrismo militante, resume su actuar cotidiano en obtener la conquista del poder, o de su conservación, como mero y diletante goce sibarítico. Utilizando los novísimos medios emergentes de mercadotécnica.

     Si los verdaderos líderes (o quienes aspiran a serlo) olvidan, no recuerdan, obvian, o no son capaces de rememorar los errores políticos (históricos) cometidos en el tiempo y en el espacio, están propensos a volver a cometerlos. Lo que sería imperdonable y habrá que pasar la factura correspondiente. En la actividad política -como en la vida en general- está prohibido olvidar lo que siempre se deberá recordar.

     Renunciar a lo que no es posible obtener no requiere coraje alguno. Renunciar a lo que es factible constituye un auténtico desafío.

José Rafael Avendaño
@CheyeJR
Cheye36@outlook.com

viernes, 4 de enero de 2019

NELSON CASTELLANO-HERNÁNDEZ, ACTOS HEROICOS


Me reclamaba un lector que mi artículo anterior era “Una página de conceptos heroicos” al que le faltaba “algo practico” para conseguir la solución en Venezuela. Por la sugerencia enviada parecería que bastaría con que la diáspora denunciara la situación ante la ONU para resolver el conflicto.



Entiendo su preocupación, por lo que me motivé a escribir estas líneas. Antes quisiera llamar la atención sobre el contenido de un artículo de opinión, en cuyas pocas cuartillas, es difícil diversificar su contenido; el mismo debe enfocarse en una problemática y obedecer a un objetivo específico, no hay espacio para mucho más.

Por eso habrá artículos donde solo se denuncian hechos, en otros se analizarán principios. Existirán aquellos donde se apoyarán decisiones, se sugerirán caminos… o se intentará renovar la esperanza.

El que los escribe es un ciudadano, sometido a las mismas preocupaciones y dudas que todos los venezolanos; intenta materializar con palabras las ideas que percibe del conglomerado social. Las analiza a la luz de principios, valores, conocimientos y experiencias… y luego las expresa intentado hacer un aporte a la reflexión común.

En estos días es más difícil escribir, motivado a que celebramos las fiestas familiares más importantes para el pueblo venezolano. Intentamos no confundir sentimientos, ausencias, perdidas, decepciones… con nuestra Fe y con la Esperanza de conseguir el tan anhelado cambio político en el país.

Consecuente con mi línea de escritura y a pocos días de la llegada de un nuevo año, No puedo dejar de pasar por alto la fecha trascendental del 10 de enero, por eso es preciso hablar muy claro para no equivocarnos.

La primera constatación no es un secreto para nadie, tenemos una oposición política dividida, sus líderes han perdido la sintonía popular. Sea por errores de estrategia, por difamaciones, por la guerra sucia de los laboratorios del régimen; pero también por traiciones, saltos de talanquera, poca asertividad, por corrupción, por no hablar claro o por obedecer principalmente a intereses partidistas o personales… ¿Cómo conseguir la libertad, con quien no sabe ser justo?

La consecuencia principal de esta situación es la perdida de la esperanza. Por eso se incrementa el éxodo… un sálvese quien pueda es lo único que queda, al desaparecer el guía unitario que encarne la posibilidad del cambio.

Esa es la mayor responsabilidad de la oposición… de asumirla en toda su dimensión, depende la posibilidad de personificar de nuevo la libertad. No es solo el pueblo el que tiene que aprender la lección del experimento Chávez; de esta tragedia también es necesario reconocer los errores, las mezquindades, las formas retrogradas de hacer política… obteniendo siempre los mismos desastrosos resultados, porque se cometieron los mismos errores.

La siguiente constatación es que muchos intereses privados, económicos, empresariales, se han movido muy a gusto, para enriquecerse con la miseria generada en el país. Actuando igual o peor que el chavista de base, que se vende por unos mendrugos.

La tercera realidad, quizás la más dolorosa para un país forjador de libertades, es que la República fue traicionada por las altas esferas de las Fuerzas Armadas Nacionales. Quienes se inclinaron, por la corrupción imperante en sus cuadros superiores.
Ahora bien, pienso que nuestro principal error, ha sido creer que vivimos simplemente un conflicto. Que aquí conviven dos partes inmersas en una situación difícil y que podremos arreglar esto con diplomacia y tacto.

Si solo fuera esto, bastaría con sacar a la luz los desacuerdos, abrir un debate, una discusión para llegar a soluciones que satisfagan a los implicados. He aquí el discurso de los “Zapateros”, solo que en Venezuela una de las partes, jamás piensa entregar y no le reconoce derechos, ni siquiera los humanos, a la otra.

No existe intención democrática por parte del régimen, no existen canales de negociación… son tan solo excusas para ganar tiempo… para aplastarnos mejor. No hay esperanza para una solución equitativa del supuesto conflicto, porque el régimen no es una parte… Maduro es solo un representante, obedece a un proyecto de control de la Habana sobre Venezuela.

Por lo tanto, ante un régimen dictatorial, solo queda la posibilidad de lograr un compromiso de renuncia con concesiones, producto de una presión nacional e internacional… o la imposición de una de las dos partes por la fuerza.

Dicho todo esto sin anestesia, respondo al lector que mencioné al principio que, por encima de “conceptos heroicos”, son necesarios “actos heroicos” y que los mismos nos corresponden a todos. Entender, que a cada venezolano le toca decidir dónde empezar la resistencia, para salvaguardar la libertad.

El que sepa escribir que escriba, el que sepa hacer lobby que haga lobby, el que sepa despertar la chispa que lo haga… pero con visión unitaria, geopolítica. Manejando relaciones y contactos internacionales, consiguiendo apoyos…

Necesitaremos gente comprometida con la libertad. Lo dijo Mahatma Gandhi, defensor de la no-violencia “Correrán ríos de sangre antes de que conquistemos nuestra libertad, pero esa sangre deberá ser la nuestra”.

El sacrificio será necesario, Bolívar libertó Venezuela, pero en el camino cayó Sucre y tantos otros. El que quiera liderar el proceso que se ponga a la cabeza y asuma valientemente, que no de tregua… que no se “raje”; el chavista corrupto preferirá salvar su cabeza, cuando sienta que esto es definitivo.

El nuevo líder debe comunicar con sinceridad, tener proyecto. Asumir frontalmente el compromiso, confiar en sí mismo, poseer autocontrol y recuperar la empatía con el pueblo de Venezuela.

El 85% de oposición al régimen, no ha sido endosado a los partidos políticos y esto es una realidad. Por el país llegó la hora de preparar una alternativa unitaria, dar los pasos constitucionales previstos a partir del 10 de enero y asumir el compromiso de una transición.

Sera el momento de demostrar la madurez política, sin estridencias ridículas, ni “refraneos” cursis. Sin la crítica destructiva que se hacen unos a otros, por egoísmos y pequeñeces que los convierten en enanos políticos.

Sin descalificar sectores de la sociedad civil, sin posturas arbitrarias… aquí ya nadie es mayoría, ni representa solo una alternativa real… todos necesarios, pero en condiciones similares. Son muchas las personas con méritos y es con lo que contamos, no hay espacio para golpes bajos, rumores inventados, ni para hacerse eco de la guerra sucia del régimen.

Aquí enfrentamos algo serio, un narco estado, intereses poderosos de Irán, Rusia y China. Un buen diplomático debería ya estar negociando con ellos y con los factores aliados con la causa democrática… que son muchos y de nuestro lado… siempre y cuando seamos coherentes.

La semilla de la libertad fue regada con la sangre de mucho joven inocente, en el 2019 brotará vigorizado el árbol de la libertad. A partir de enero comienzan los actos heroicos, donde mediremos a patriotas y tiranos.

Jean Jacques Rousseau, filósofo francés, el primero a conceder la soberanía al pueblo, estaba claro: “Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad”.

Ex Cónsul de Venezuela en París