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miércoles, 27 de mayo de 2020

CARLOS BLANCO, CAP: UN HOMBRE PARA LA HISTORIA

Contra la imagen que sus enemigos quisieron forjar, el presidente Carlos Andrés Pérez solo tenía una confesada ambición: la historia. Le obsesionaba la manera en que su papel fundamental en toda la segunda mitad del siglo XX venezolano sería registrado. Tal vez este haya sido su motor y su determinación más importante para atreverse a intentar cambios de profundidad inimaginable en su segundo gobierno.

CAP no llegó a culminar su formación académica, sin embargo, leía, reflexionaba y, sobre todo, tenía una inmensa capacidad para absorber el conocimiento de sus contertulios. Una etapa crucial de su formación intelectual, ya en su madurez, fue el período que media entre sus dos presidencias. En ese tiempo viajó mucho por el mundo y se puso en contacto con líderes mundiales; periplos en los cuales tuvo un importante papel quien después sería su ministro de la Secretaría y Canciller, Reinaldo Figueredo.

Cuando CAP se propone la segunda presidencia entiende que Venezuela necesita cambios muy profundos. Comienza a hilvanar una transformación inédita que le permitiera a Venezuela salir del rentismo petrolero, para lo cual se requerían no solo adecuadas políticas económicas sino transformaciones políticas e institucionales de inmensa magnitud. Era consciente –alguna vez lo conversamos– de que su primer gobierno había reforzado casi inevitablemente el rentismo debido a la abundancia de recursos imprevistos que le correspondió administrar.

Las reformas

La Comisión para la Reforma del Estado (Copre) fue creada por el presidente Lusinchi, a la cual le dio un apoyo consistente durante poco más de un año. Cuando se planteó la elección popular de gobernadores y alcaldes, Lusinchi le retiró el apoyo a la Copre tanto del gobierno como de Acción Democrática. Sin embargo, CAP en forma discreta, pero no secreta, se interesó en el trabajo que se realizaba y compartió la idea de que la reforma del Estado debía ser el gran objetivo de su gobierno. Logró ser el candidato de AD de abajo hacia arriba y desde afuera hacia adentro en una campaña que se convirtió en imparable, a pesar de la oposición de la dirección de su partido y del gobierno encabezado por sus propios compañeros. Aquí se sembró la distancia y el odio fratricida que después tanto aportarían al derrocamiento de CAP.

El 23 de enero de 1988 a los 30 años de la caída de la dictadura, ya convertido en candidato oficial de su partido, el presidente Pérez pronunció un discurso en la sesión del Concejo Municipal de Caracas en el que planteó sin ambages su compromiso con la reforma del Estado. Tal compromiso conmovió a los miembros de la dirección de AD contrarios a las reformas.

La campaña electoral de 1988 estuvo signada fundamentalmente por las reformas que debían llevarse a cabo en el sistema político. CAP y Eduardo Fernández, los dos principales candidatos, las tuvieron como banderas; tanto que el 29 de agosto de 1988 –antes de las elecciones– los dos aspirantes llevaron a sus partidos a aprobar la Ley de Elección y Remoción de los Gobernadores de Estado. La dirección dominante de AD lo hizo a regañadientes porque sus miembros sabían que perderían poder. Se venía de aquella operación del gobierno de Lusinchi en la cual se designaron a los secretarios generales regionales de AD como gobernadores de estado, para, con la descentralización, tener que compartir el poder en los estados por obra de la elección popular.

Igualmente, tuvo clara conciencia de la necesidad de darle un vuelco a la economía. Tuve la fortuna de estar presente en encuentros de CAP con Gerver Torres, Moisés Naím, Gustavo Roosen, y de saber de su búsqueda de talentos entre gente joven y formada. Especial papel cumplió la estrecha relación que estableció con Miguel Rodríguez, cuya inteligencia y verbo con pedigrí lo impresionaron; sobre todo, la claridad en relación con el programa que debía desarrollarse en el gobierno. También apeló a quienes estando vinculados a su partido tenían posiciones propias y hasta controversiales como Armando Durán y Simón Alberto Consalvi y a amigos entrañables como Beatrice Rangel, Antonio Ledezma y Reinaldo Figueredo. Igualmente, figuras de su partido entre las que descolló un hombre bondadoso como Alejandro Izaguirre y algunas concesiones forzadas a Gonzalo Barrios y otros dirigentes adecos. En enero de 1989, en presencia de Antonio Ledezma me propuso la presidencia de la Copre.

La reforma económica y la reforma política serían los buques insignia de su gobierno.

El Caracazo

A los 25 días de gobierno estalla el Caracazo. Esa rebelión no fue ni un plan de Fidel Castro ni una expresión pura de desencanto popular por la crisis social de la década de los ochenta; fue un estallido espontáneo que, a las horas, fue colonizado por grupos organizados de la izquierda sumergida e insurreccional. Como las hipótesis de conflicto que había estaban fundamentalmente hacia las zonas fronterizas, Caracas no poseía importantes unidades militares para manejar estas crisis de orden público y la policía estaba penetrada por el malandraje radical, al menos en un sector. Entre la perplejidad, la comprensión tardía de lo que ocurría, la ausencia de tropas en Caracas, y la velocidad en que los medios de comunicación desplegaron los incidentes, se retardó la respuesta y la crisis se hizo mayor.

Una de las razones del retardo en sacar a las fuerzas del orden público a la calle fue –y eso casi nadie lo comenta– porque CAP quería suspender las garantías para hacerlo y no lo iba a hacer sin el apoyo de todos los partidos políticos. Después del Consejo de Ministros del 28 de febrero en la mañana, el presidente convocó a los partidos. A AD y Copei al mediodía y al resto de los partidos un tanto después, como a las 2:00 pm. AD y Copei respaldaron al presidente inmediatamente; los demás partidos, MAS, La Causa R, MEP y otros, se empataron en una discusión interminable, mientras CAP, el ministro Izaguirre y los jefes militares encabezados por Ítalo del Valle Alliegro, esperaban y esperaban para tomar medidas que no podían tomar si no se suspendían las garantías y no se suspendían porque los partidos menores discutían y discutían, y al final no respaldaron al presidente. Recuerdo cómo el general Alliegro, gran militar y gran demócrata, comentó en mi presencia y con extrema impaciencia: si no se suspenden las garantías no puedo sacar las tropas a la calle. Así se respetaban las leyes en ese tiempo.

La demora política permitió que la rebelión avanzara hasta niveles incontrolables y el uso del Ejército en terreno desconocido ocasionó más víctimas que las que una acción temprana de contención habría permitido. Fueron casi 300 ciudadanos los muertos en el Caracazo. Nada de los miles que argumentaba Chávez y siguen argumentando algunos; pero, esa cifra de 300 es lo suficientemente trágica como para no necesitar por politiquería barata aumentarla más. La información la reportaba el ministro de la Defensa cada cierto número de horas al Consejo de Ministros reunido de forma permanente.

Ese evento fue un golpe noble al gobierno del cual nunca se recuperó completamente. Se generó la narrativa según la cual el “paquete neoliberal”, que ni era neoliberal ni se había aplicado, salvo los 25 céntimos de bolívar del aumento de la gasolina, había provocado el Caracazo. Esa narrativa tal vez podría haberse contrarrestado pero AD se sumó a la lucha contra el “neoliberalismo” gubernamental. Es la segunda ruptura de AD con Carlos Andrés Pérez.

Dos días después, en un almuerzo en la cual estábamos Armando Durán y yo, le pregunté al presidente su opinión sobre el Gabinete que había nombrado un mes antes. Respondió que le parecía magnífico, que era de primera. Allí Armando Durán le dijo: Presidente, eso podía haber sido hasta el 27 de febrero, pero de entonces en adelante es otro Gabinete el que se necesita.

La ruptura con AD

Hay tres procesos que marcan la ruptura entre AD y CAP. El primero es la designación del Gabinete. Los dirigentes con mayor poder consideraban que el partido no estaba adecuadamente representado entre los ministros. El segundo fue la descentralización política que dio como resultado en la primera elección de gobernadores y alcaldes el siguiente resultado: de los 20 gobernadores electos, 11 correspondieron a AD, 7 a Copei, 1 a La Causa R y 1 al MAS y de los 269 alcaldes electos, 149 correspondieron a AD, 99 a Copei, 11 al MAS y 10 a otras fuerzas políticas. El partido pasó de tener todo el poder regional a tener la mitad. El tercero fue el proceso de reforma económica que significaba la apertura de la economía, la competencia del sector privado con sus pares foráneos, la libertad de invertir, la privatización de bienes en poder del Estado que habían permanecido como piezas del clientelismo y no de la eficiencia productiva, la reforma comercial, la libertad cambiaria y otras transformaciones que no desaparecían el rol del Estado sino que lo innovaban. Reformas que, por cierto, eran apoyadas retóricamente por el empresariado pero que a puertas cerradas muchos de sus integrantes se les oponían por precipitadas e imprudentes, ya que los obligaban a cambiar su molicie de tanto estar recostados al Estado.

Las relaciones fueron de estira-y-encoge permanente entre partido y gobierno. Recuerdo una reunión en La Casona entre el gobierno y el partido. Miguel Rodríguez hizo una convincente intervención ante un grupo de dirigentes adecos que le estaban buscando la caída; también habló Pedro Tinoco, presidente del BCV. Alfaro Ucero se quejó del gobierno y de “algunos ministros” –refiriéndose a mí; lo haría después igual en un CDN- que escriben en los periódicos “en contra del partido”; la verdad es que no escribía “en contra” sino que planteaba críticas a la conducta de AD. En esa reunión el único dirigente que habló con intención constructiva y analítica fue Luis Piñerúa Ordaz, hombre de gran honradez intelectual y política, adversario de Pérez en los momentos de gloria del presidente y solidario compañero y amigo en las horas amargas de la adversidad; hizo preguntas, indagó y criticó. Al salir de esa reunión, Octavio Lepage me comentó sobre la intervención de Miguel Rodríguez y como para excusar la falta de participación de los demás dirigentes en el debate, “es que Miguelito es un encantador de serpientes”, refiriéndose a su talento y elocuencia.

La única otra oportunidad en la que Alfaro Ucero y el CEN que controlaba apoyaron a CAP fue con ocasión del 4 de febrero de 1992, a un costo alto para el presidente. Un mes después del golpe habría cambio de Gabinete y salimos de nuestras responsabilidades Miguel Rodríguez, Gerver Torres, Imelda Cisneros, Virgilio Ávila Vivas, Armando Durán, y yo, entre otros, con el propósito de darle más participación a la gente del partido, con excepción de Cordiplan, en el cual el sustituto de Miguel fue Ricardo Hausmann. CAP pensaba, equivocadamente, que así obtendría respaldo del partido. No lo obtuvo y las reformas no pudieron avanzar mucho más. Miguel pasó unos días como presidente del BCV del cual fue eyectado por la inquina de AD en su contra.

Pedro Tinoco es otro capítulo aparte. Fue gran amigo personal del presidente. Hombre de pocas palabras y certero en su razonar. Respetaba y creía mucho en Miguel Rodríguez; fue impulsor, también él, del Gran Viraje. Sin embargo, fue un desacierto su nombramiento como presidente del BCV y en una conversación entre el presidente, su hija Sonia, Armando Durán y yo, después de un almuerzo, cuando los otros ministros se habían retirado, le planteamos al presidente la inconveniencia de Tinoco en el BCV no por las razones que esgrimían sus enemigos contra el Gran Viraje sino porque no se podía venir de la presidencia del Banco Latino y de la Asociación Bancaria a ser presidente del BCV. Lo podía haber nombrado ministro de Hacienda; sin embargo, AD se tiró en el piso por ese cargo.

No todo el partido estaba en contra del presidente. Hubo dirigentes importantes pero sin poder interno que apoyaron y en algunos casos lideraron las reformas: Arnoldo José Gabaldón, Pedro París Montesinos, Héctor Alonso López, Antonio Ledezma, Carlos Canache Mata, Marco Tulio Bruni Celli, Aura Celina Casanova, entre algunos más.

Nuestros errores

He sostenido que los miembros independientes del gobierno cometimos, en mayor o menor grado, errores importantes. También el presidente. Esos errores fueron básicamente, en primer lugar, los de la arrogancia política e intelectual. En un doble sentido: algunos estimaron que las políticas a aplicar serían tan eficaces que sus propios resultados inmediatos exonerarían de los tragos amargos que en lo inmediato provocarían. Tinoco lo expresó una vez con una frase original que quedaría para nuestra historia: “La mejor política social es una buena política económica”. En otro sentido, la arrogancia se manifestó en la idea de que los jefes adecos eran unos ignorantes incapaces de discutir los temas que la ilustración del Gabinete desarrollaba y, por tanto, podíamos desentendernos de sus dudas y sus silencios; en clara impericia de este lado ya que podían no saber pero tenían inmenso poder. No supimos neutralizar su oposición y menos ganarnos su respaldo. Tal vez no era posible pero el intento no fue entusiasta, salvo por quienes dentro del gobierno equivocadamente les hacían concesiones a sus caprichos clientelares.

El otro error le corresponde al presidente. Quien esto escribe estaba totalmente de acuerdo con el Gran Viraje, sin embargo estaba convencido que sin apoyo político no sería viable. La descentralización había conseguido un gran respaldo en la opinión pública, no así la reforma económica; a pesar de que el Gran Viraje llevó a la economía a crecer a tasas altísimas, en 1990 fue de 7% y en 1991 de 10%, con una reducción sustancial del desempleo a un nivel de 6%. Tengo como imborrable la vez en la que le presenté mis dudas sobre el curso que llevábamos sin el suficiente apoyo político, tesis que compartíamos Durán, Ledezma, Izaguirre, Pastor Heydra, entre otros, y la respuesta que me dio el presidente fue tajante: “Ministro, hagan ustedes su trabajo que yo me ocupo de darles el apoyo que necesitan”. Al final, su capital político no dio para tanto.

En una oportunidad muy temprana y ante la seguridad de que AD no lo apoyaría, le propusimos que se fuera a la calle a recabar y organizar el apoyo popular que tenía y que podía incrementar. Ledezma organizó una primera gira a Cumaná que fue apoteósica y le planteamos seguir en ese camino. No lo hizo y quedó amortiguado solo por su capital político que perdió fuelle a velocidad asombrosa. AD desdeñaba a Pérez, pero este no podía darse el lujo de desdeñar a AD y no trabajó lo suficiente para convencer a varios de sus dirigentes. Hay quien dice que ese trabajo solo habría significado cuotas de  poder –como ocurrió después del golpe del 4-F–, mientras otros consideran que podría haberse obtenido apoyo con más interacción personal. Era un problema de economía política que nunca sabremos si podría haber tenido otro resultado.

La Convención de AD en 1991 la podía haber ganado un hombre solidario con CAP, Héctor Alonso López. La verdad es que el presidente no puso su peso político (¡y mucho menos recursos!) para que López ganara: perdió por 78 votos la Secretaría General, mientras la estructura cuaternaria del partido anuló delegaciones y con algunos fraudes se impuso.

La venganza del gomecismo

El gomecismo, en su evolución hacia el “lopecismo” y el “medinismo”, representados por los generales López Contreras y Medina Angarita, nunca perdonó a los adecos el golpe de 1945. Ese gomecismo se desparramó y licuó en la historia, pero quedó vivo en manos de una élite política representada por Arturo Uslar Pietri.

Uslar y el grupo de notables que se aglutinó a su alrededor también se uncieron al tropel de las reformas. En la Copre fueron invitados permanentes y en varios aspectos ayudaron a ampliar su significación en la opinión pública. Algunos pensamos que este esfuerzo conjunto iba a permitir superar las resistencias que en el mundo partidista se producían hacia el gobierno que las impulsaba. No fue así. Cuando CAP perdió el apoyo de su partido, Uslar y los notables arremetieron desde otro frente: primero dijeron que los cambios no eran suficientes y luego que CAP no podía desarrollarlos porque la corrupción que representaba –según su criterio- era abominable. Varias veces conversé con el escritor sobre el tema y se mostraba proclive a apoyar los cambios y en el curso de ese proceso en realidad lo que se proponía era quitarle todo pilar de sustentación al gobierno. De allí a pasar a exigir la renuncia del presidente no hubo sino un pequeño trecho.

En el fondo, la posterior victoria de Chávez y la tragedia conocida, fue la venganza del gomecismo representado por sus más ilustres herederos: Arturo Uslar Pietri, José Vicente Rangel y los Notables.

Un aliado inesperado de los Notables desde una perspectiva histórica fue Rafael Caldera. Durante el gobierno de CAP consideraciones especiales fueron dadas a Caldera. Fue Presidente de la Comisión Bicameral de Reforma Constitucional desde 1989 y la Copre le dio todo su apoyo para que el ex presidente cumpliera su misión. CAP estimuló este apoyo, especialmente cuando se programaron las Jornadas Constitucionales Jóvito Villalba presididas por Caldera, para discutir las reformas de la Carta Fundamental. Sin embargo, por diversas razones psicológicas, políticas e históricas, Caldera tenía aborrecimiento hacia Carlos Andrés Pérez que este no tenía hacia él y a pesar de la distancia condescendiente con la que se trataban, cuando Caldera lo percibió débil le saltó a la yugular. Su vuelta a un segundo período no tenía el carácter de una nueva propuesta sino de una revancha.

A partir del golpe de Chávez el descontento adquirió el rostro de un oficial del Ejército, pero quien podía recoger la efervescencia y la inquina social fue Caldera quien la empleó a fondo en su marcha desde “la reserva” hasta el estrellato. Después del 4-F el presidente estaba muy débil y muchas iniciativas se disolvieron en la crisis gravísima derivada de un gobierno arrinconado.

En una oportunidad, antes del segundo golpe del 27 de noviembre de 1992, fuimos a visitar a Caldera Joaquín Marta Sosa, Andrés Stambouli y yo. Tuvimos una conversación larga y allí le planteamos que se reuniera con CAP para que entre los dos líderes abortaran la crisis talla mamut que se avecinaba. Caldera en su sillón enlazó sus manos a la altura de las rodillas, bajó la cabeza en actitud reflexiva y al cabo de unos segundos preguntó: ¿el presidente Pérez sabe de esta reunión?, le dijimos que no. Luego nos respondió: no puedo… moralmente no puedo. Así se abortó una iniciativa que la pensamos como instrumento para domesticar el conflicto.

Los jinetes del apocalipsis ya andaban juntos: Uslar Pietri, José Vicente Rangel, Ramón Escovar Salom y Rafael Caldera, mientras en la sala de máquinas Alfaro Ucero, secretario general de AD y sus sargentos preparaban el derrocamiento del presidente.

Los militares

Las Fuerzas Armadas fueron factor esencial para la recuperación y luego la estabilidad democráticas. Nunca dejó de haber en su seno murmuraciones, trapisondas y conspiraciones, tal vez menores en las presidencias de Raúl Leoni, Caldera I y CAP I. Cuando Carlos Andrés Pérez llega a su segunda presidencia ya se sabe que Chávez y su gente andaban conspirando desde hacía rato y también había un bochinche de generales: pugnaban entre sí altos oficiales con formación intelectual y, si no aspiraciones, al menos posiciones políticas militantes. La competencia entre varios de ellos limitaba la colaboración entre organismos y convertía la inteligencia recabada en disputas interminables.

CAP subestimó las informaciones sobre la conspiración de Chávez. Lo hizo por dos razones: no se concebía en ese entonces y él menos que nadie, que pudiera haber intentos de golpe contra la democracia ya considerada estable; y consciente como estaba de la pugna entre generales, atribuía en alguna medida el manejo de informaciones y rumores a esa causa. Aunque la verdad es que todo el mundo hablaba de golpe y Uslar Pietri lo anunciaba; en los trabajos de la Copre, ya a finales de los años ochenta se planteaba que de no adoptarse las reformas hasta el golpe de estado podría estar planteado.

Al producirse el 4-F, CAP se colocó al mando con los eventos conocidos. Sin embargo, no tenía en sus manos el control militar completo y ese golpe descompuso la situación institucional aún más. Muchos dentro del gobierno, del partido y en sectores políticos pensaban que el general Ochoa Antich, ministro de la Defensa, era parte del golpe. CAP nunca lo creyó; decía que “los Ochoa son locos, pero no traidores” (exceptuaba al padre, a quien quería mucho, de tal crítica). Lo cierto es que la desconfianza en Ochoa se basó en que desobedeció las órdenes del comandante en jefe en dos oportunidades; una, de la cual fui testigo presencial y alguna vez discutí hace pocos años con Ochoa. Este hablaba con el comandante de la Aviación y el presidente le ordenó que bombardeara La Planicie. El ministro desobedeció transmitiéndole un parecer diferente en voz baja al jefe de la Aviación Militar. De seguidas, CAP, en Consejo de Ministros, nos dijo: van a pasar nuestros aviones de combate para bombardear; no se preocupen. Pasaron y no dispararon ni un tirito… El otro episodio fue la presentación de Chávez “en vivo”, lo que el presidente había prohibido expresamente. Ambos hechos los ha discutido Ochoa en diversas oportunidades; sin embargo, dejaron un ambiente de sospecha sobre muchos mandos militares, lo que se corroboró con el nuevo alzamiento del 27 de noviembre de ese mismo año.

La caída

Al final la tremenda popularidad inicial de CAP se había diluido. La alianza liderada por la revancha gomecista, encabezada por Arturo Uslar Pietri y José Vicente Rangel, logró sumar a personalidades relevantes del país. Allí concurrieron los Notables, Rafael Caldera, Copei, el MAS, las insurrecciones militares, varios medios de comunicación importantes, empresarios que fueron sus amigos, y, desde luego, el golpe de gracia con la traición de Acción Democrática. Al término del breve gobierno de Ramón J. Velásquez llegó Caldera y después de dos años de cumplir al pie de la letra su Carta de Intención con el Pueblo Venezolano, que significó una crisis financiera y económica brutal, firmó su Carta de Intención con el denostado FMI para adoptar con Teodoro Petkoff el programa “neoliberal” contra el cual había basado su largo camino de nuevo al poder. Entonces el líder social cristiano contó con el auxilio de Acción Democrática, auxilio que este partido le había negado a su compañero Presidente y que ahora prodigaba en abundancia para desarrollar con Caldera las mismas políticas que con CAP condenaba.

En esa soledad que precede a la caída, CAP vio desfilar a sus enemigos alborozados y a muchos de sus antiguos compañeros y amigos. La asquerosa trama judicial desarrollada desde la Fiscalía por Escovar Salom y desde la Corte Suprema por magistrados cuyo ascenso Pérez había apoyado, conformaron la hoja de parra con la que se cubrió lo que de otra manera no podría sino ser calificado como derrocamiento.

Carlos Andrés Pérez soportó con estoicismo la destitución; las infamias de sus enemigos, ahora con carne de cárcel para morder; la prisión en El Junquito; la prisión domiciliaria; el exilio; la soledad; y, al final, una senda injusta y tortuosa hacia la muerte. Sus enemigos yacen en la cuneta del olvido o en el desprecio de los ciudadanos que hoy padecen las consecuencias del irreversible disparate de entonces. Varios dolores le conocí y dos me impresionaron para siempre: la muerte de Jóvito Villalba que tuvo para Pérez un significado muy hondo, del cual no tenía noticia; y la traición de AD, de sus compañeros, de su partido, de una parte casi completa de su vida.

Otra vez: la historia

Poco a poco Carlos Andrés Pérez retorna a la senda de la gloria a la cual aspiró y con la misma cadencia, con paso firme y sonrisa franca, logra el objetivo que tuteló su vida: llegar a la historia como un gran hombre que, como todos, tenía muchos defectos y excelentes virtudes.

Fue condenado y derrocado no por los errores que cometió sino por los aciertos que tuvo. Fue condenado y derrocado no por el pueblo sino por las élites. Algún día será reivindicado plenamente y los que trabajamos con él estaremos allí, orgullosos del intento más completo de transformación emprendido en el último medio siglo.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

domingo, 17 de mayo de 2020

OFELIA AVELLA, EL CORAZÓN DE LA TRANSICIÓN

El 4 de mayo, el editorial de Analítica tocó un aspecto que caracteriza “el ánimo” del régimen: el nihilismo. Apoyándose en Ayn Rand, la escritora ruso americana, para quien “esta corriente es una abdicación de la razón y de la búsqueda de la felicidad”, quien escribe concluye que no parece posible “lograr que los nihilistas entren en razón  si su esencia es precisamente la de ser irracionales”, pues está visto que el objetivo es destruir.  

Unos días después, el 7 de mayo, el editorial de El Nacional explicó con bastante claridad un término que define bien lo que está resultando ser el régimen actual y el país al que pretende gobernar: “un Estado loco”. Llamó mi atención que la “irracionalidad” equivale aquí a una racionalidad que no es “normal”. Y es que a todos nos confunde la racionalidad que subyace a la alta capacidad de generar caos. ¿Es o no es esta locura irracional? ¿Por qué entonces la efectiva racionalidad que dificulta comprender con claridad?

Pienso que la patente racionalidad orientada a dañar implica a un corazón pervertido. El hombre no puede prescindir de su razón, pero esta puede verse afectada, bien sea por una enfermedad psiquiátrica (excepción que considera el editorial “Estados locos” y que no aplica al régimen), o por una “anormalidad” que uno no sabe bien cómo se asocia a la “racionalidad” (por eso es “no normal”). Para mí, ese algo “no normal” anida en la malicia del corazón. La “racionalidad”, efectivamente, se mantiene, pero se orienta a destruir porque es maligna y fría: no está teñida de afectividad. Por eso asombra y es “imprevisible”; por eso a nadie se le ocurrían los planes de Hitler o Stalin, pues tal lucidez se explica por provenir de corazones endurecidos, inhumanos: disociados de una razón “normal”, que Zubiri llamaría “inteligencia sentiente” (porque al conocer, también ama y sufre: siente). Esta racionalidad “no normal” no siente.

Lo del nihilismo es interesante, porque efectivamente el mal no tiene centro de unidad: su índole es síntoma de una fractura interior que le impide tener un objetivo unificador que confiera sentido a la vida, a nuestros esfuerzos, sufrimientos e intentos por salir adelante como sociedad. Por eso fragmenta, divide, destruye, fracciona: despedaza y escinde. Un régimen así no puede ser fuente de felicidad para sus ciudadanos porque él mismo, encapsulado en su obsesión por el poder, se autodestruye al tiempo que lo destruye todo. Todo en él deriva en una especie de “autofagia espiritual” (con efectos materiales, por supuesto), como diría Gabriel Marcel.

Yo no sé de política, pero como venezolana pienso en mi país como tantos otros y me parece ver lo siguiente: si la anormalidad que nos parece subyacer como un misterio en esa “racionalidad” que advertimos está afectada por el corazón, es también en ese centro donde debe repararse la fractura si vamos a procurar algún tipo de transición. Si el quiebre está en ese centro de unidad (de integración) que confiere sentido a la historia (a las vidas), desatenderlo podría conducirnos a uno de esos extremos probables impregnados de nihilismo: un orden rígido que asfixie (una dictadura más feroz que pretenda acabar con el desorden) o una anarquía que derive en una disolución grave y en un caos más profundo.

Una eventual transición debe contemplar una sincera atención a nuestro corazón. Y lo que digo no es poesía. Evidentemente no es el modo convencional de ofrecer una solución política, pero esta es la manera en que puedo explicar lo que veo. Al final, somos seres humanos y hay sociedad porque hay hombres. Por eso pienso que san Agustín podría iluminar las mentes de quienes sí saben de política y serían eventualmente los responsables de un cambio en el país.

Sus dos ciudades, la de Dios y la terrena, se han interpretado muchas veces de un modo erróneo. La primera no puede identificarse literalmente con la Iglesia, así como la segunda tampoco se identifica con el Estado. Ambas ciudades, fundadas por dos amores, son “místicas”, pues anidan en los corazones humanos que van de camino hacia la eternidad. Se entiende así que un no bautizado o un preso en la cárcel puedan estar más cerca de Dios si sus intenciones son más puras, que un cristiano o un hombre en apariencia “justo”, pero de corazón perverso, cuyos intereses (amores) se orienten a la avaricia de bienes pasajeros, a satisfacciones efímeras y a la destrucción del prójimo.

Agustín intenta transmitir que, en esta vida, el trigo se confunde con la paja. Ningún hombre es absolutamente bueno ni absolutamente malo. Es cierto que hay corazones endurecidos y otros muy nobles, pero las malas tendencias se anidan en todos los seres humanos; por eso la lucha es ante todo interior, pues es allí, en la intimidad, donde ambas ciudades se confunden. La decisión de esmerarse por tender a una de las dos es una especie de alianza entre la conciencia y su amor al bien y la verdad. Algo que en su total transparencia solo ve Dios y que en lo relativo a la intimidad de los demás, desconocemos en profundidad.

Salvando todas las distancias, Viktor Frankl dice algo parecido en su libro El hombre en busca de sentido. Su experiencia del mal en un campo de concentración, le llevó a descubrir que esas dos ciudades agustinianas (analogía que hago yo) están efectivamente mezcladas en esta vida, pues aunque por fuera veamos un objetivo cúmulo de situaciones injustas concentradas en un grupo humano (en este caso, los nazis), en el interior de las conciencias camina paralelamente otra historia que no nos resulta de modo inmediato evidente. En el campo vio sufrir a mucha gente, pero un dolor añadido fue ver las mezquindades de algunos de sus hermanos judíos que hacían lo que fuera con tal de salvar su pellejo. Algo no esperado fue haber experimentado comprensión y manifestaciones de bondad por parte de algunos soldados nazis, a quienes protegió junto con otros compañeros, para responder por ellos ante la llegada de los aliados.

Comprender que la bondad y la maldad humana no califican de modo absoluto a ninguna de las partes implicadas en un conflicto es difícil, pues a veces es patente la ineficacia intrínseca (una anormalidad impregnada de nihilismo) en uno de los grupos implicados, a la que se debe poner fin por el bien de todos.

Lo que intento decir es que en medio de tanta gente debe haber algunos, tal vez atrapados en su conciencia, fundamentalmente entre los militares, que vean, con una racionalidad “normal”, que la actual metáfora del país es un avión que se viene abajo con el oro de una tierra de gracia que parece haber sido violada por el demonio.

No habrá verdadera paz, sin embargo, sin justicia, porque el amor “se devalúa” sin esta última, como escuché decir a alguien. Tampoco hay verdadera justicia sin perdón, porque también es cierto que “la letra mata y el espíritu vivifica”.

Como todo es bastante complejo y precisamente porque no vemos mucho de lo que ocurre en los diversos ambientes ni en la intimidad de tantas conciencias, pienso que nos ayudaría pedir a la Virgen de Coromoto lo mismo que le pidió Juan Pablo II en 1985 en ese acto en que ofreció a su persona a todos los hijos de esta tierra: “ilumina los destinos de Venezuela”, porque somos simples hombres tratando de resolver grandes problemas.

Ofelia Avella
ofeliavella@gmail.com
@ofeliavella
@ElNacionalWeb

miércoles, 29 de abril de 2020

THAYS PEÑALVER, VENEZUELA RUMBO AL COLAPSO TOTAL

El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, anunció el 8 de febrero de 2019 la llegada de la ayuda humanitaria a la ciudad colombiana fronteriza de Cúcuta y afirmó que ahora toca la fase de acopio para que pueda llegar a los más necesitados.

Tras un mes desde el anuncio de amnistía a los militares, el planeta entero se pregunta, ¿qué tan factible es que el régimen se desplome rápidamente? ¿Qué ocurrirá en Venezuela: el quiebre militar, la negociación política para unas elecciones o Nicolás Maduro se saldrá con la suya?

Lo primero que debemos tomar en cuenta es que el régimen está asesorado por quienes han sobrevivido a 10 administraciones estadounidenses, invasiones, bloqueos navales (crisis de los misiles incluida), bloqueos económicos y financieros, planes de austeridad durísimos y amenazas durante 60 años. Los mayores especialistas en el mundo en torcer la realidad y ganar tiempo. En fin que más vale el diablo por apellidarse Castro, que por diablo.

Por lo tanto el “bluff” no funciona, porque el régimen sencillamente sabe, gracias a los cubanos, que los portaaviones no llegan vía “Twitter”. Los cubanos saben perfectamente que tan solo para someter en Granada a 1,000 hombres descalzos, necesitaron a más soldados que los que había en la famosa libreta amarilla; para sacar a Manuel Noriega, con un ejercito mal armado y destruido, fue un despliegue cercano a los 30,000; por no hablar de los cientos de miles requeridos en Irak. Y Hugo Chávez, quien se preparó para este escenario, se encargó de que sus 5,000 misiles portátiles rusos sean más que suficientes para disuadir una aventura de menor escala.

Por eso, el régimen no ha tomado mayores precauciones, no ha activado la alerta general, ni llamado a la movilización nacional, como lo exige el protocolo de Defensa porque sabe que falta mucho para los preparativos de una invasión y la usa para sus fines nacionales e internacionales. Así que el régimen venezolano, por mas que le recuerden diariamente la opción nuclear, está claro que lo que tiene que enfrentar precisamente son las otras “opciones sobre la mesa”. Entendidas como evitar un golpe de Estado y más aún, lo único que los puede sacar, un pronunciamiento militar masivo.

Para lo primero, basta con controlar tres o cuatro batallones claves de Caracas y cercanías, fortalecer a sus cuadros paramilitares y enviar a la frontera a buena parte de la infantería. Con lo que hace prácticamente imposible un golpe de Estado. Mientras que el peor escenario, es el que estamos viendo, unos pocos oficiales apareciendo en videos, marchándose en supuesto apoyo a la oposición, asunto que es la peor demostración de que si hubiera un levantamiento en puertas, jamás saldrían como lo están haciendo. Por otra parte va a jugar en estos 90 días con Europa y algunos países americanos, para ganar tiempo, a sabiendas que mientras esto ocurra, ninguna otra opción será posible y quizás “gracias al diálogo” permita entrar la ayuda humanitaria.

El problema que quizás enfrenta la comunidad internacional es el mismo que la mayoría opositora. No están conscientes del verdadero tamaño de su adversario y tienden a simplificarlo, a ridiculizarlo y a minimizarlo constantemente. Hablan de que los cubanos controlan todo, pero en el fondo, no lo creen. Y nunca actúan en consecuencia, aunque ese adversario haya superado siempre todas las crisis, e incluso demostrara que está dispuesta a asesinar a cientos para mantenerse.

Pero en especial, creen que el problema radica en un solo hombre y no en un sistema creado durante 20 años, copiado a imagen y semejanza no de la Cuba satélite y revolucionaria, sino de una más peligrosa, la Cuba superviviente postcolapso soviético. La revolución no es socialista. Es un gigantesco entramado de negocios para decenas de miles en lo que el expresidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, atinadamente definió como “El Pingüe Negocio del Coronelato”.

¿Es factible el quiebre? Sin duda, pero hay que jugar más y mejores cartas, porque el cortoplacismo es el peor de nuestros aliados.

Lo que percibo es que nadie está preparándose, ni preparando a los venezolanos para el impacto de lo que viene de no darse en la primera apuesta. Ambos bandos han escalado y el efecto de las sanciones así como la reacción económica del régimen —que parece la misma de Saddam Hussein antes de salir de Kuwait— tendrán un efecto gigantesco en la población venezolana y más aún en la oposición, urge contrarrestar sus efectos, porque la parálisis económica me temo que será general y el régimen ha optado por subirle el costo político a Juan Guaidó, cargándole la cuenta a la oposición de todo lo que va a ocurrir.

Lo bueno es que vivimos el final de un periodo histórico. La revolución por una vía u otra llegó a su final, más aún si Venezuela enfrentará en los próximos meses el colapso total, pero es momento de la calma olímpica, de pensar en todos los escenarios y de no perder la iniciativa.

De cómo sortee la oposición este mediano plazo es de lo que dependerá que el cambio sea irreversible.

Thays Peñalver
thays.penalver@me.com
@thayspenalver

Este artículo, originalmente, fue publicado en “El Nuevo Herald” de Miami.

lunes, 18 de marzo de 2019

NOEL ÁLVAREZ, ¿AHORA QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?


En los días posteriores al 23 de enero me encontré en un sitio de Caracas a un buen amigo chavista: los tengo. De inmediato, con cara de rabia,  me disparó la siguiente pregunta ¿Por qué tenían que nombrar a Juan Guaidó? Yo, armado con la paciencia del chino, le respondí: tienes que hacer abstracción del nombre de Guaidó y debes concentrarte en el cargo de Presidente del Poder Legislativo, a quien por su misma condición, la Constitución Venezolana en su artículo 233 le delega la facultad de sustituir al presidente del Poder Ejecutivo, cuando se cumplan una serie de supuestos, en ella previstos. No creo haberlo convencido pero al menos lo confundí.

En los actuales momentos, son mis amigos opositores los que me increpan ¿Porque ustedes hostigan a Guaidó con el tema del artículo 187? Para arrojar un poco de luz en este asunto, aclaro que en ese artículo de la Constitución, se delega en la Asamblea Nacional  la posibilidad de aprobar la entrada de misiones militares extranjeras a Venezuela. Para desmitificar el tema, debo decir que existen precedentes sobre la aplicación de esta disposición, por ejemplo con el ingreso de un grupo de militares paracaidistas que presentaron un espectáculo en los Próceres, o cuando los militares chinos, rusos y cubanos vienen de visita y requieren traer materiales y equipos, la AN debería aprobar su entrada y permanencia en territorio venezolano.

Ciertamente, el ingreso de la asistencia humanitaria tiene dos vertientes: la primera es la aprobación por parte de la AN de la entrada de fuerzas militares multinacionales a través de la aplicación del artículo citado anteriormente. La segunda es la voluntad de la Comunidad Internacional de aplicar el mecanismo de la Responsabilidad de Proteger (R2P), adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas en la Cumbre Mundial de 2005, pero la primera, no necesariamente tiene que estar supeditada a la existencia de la segunda.

Con respecto a la vertiente inicial, es bueno precisar que, sería la primera vez que la AN invocara el artículo 187, 11 por razones humanitarias. Aclarar, también, que no es a Juan Guaidó, como presidente (e) de la Republica a quien le corresponde autorizar el ingreso a territorio venezolano de fuerzas militares multinacionales, por el contrario, es la Asamblea Nacional como cuerpo colegiado quien tiene esa facultad. Ahora bien, que por circunstancias de la vida, sobre la persona del presidente del parlamento también recaiga la presidencia del Poder Ejecutivo, ese ya es un hecho excepcional.

Hay algo que debe quedar suficientemente claro: la solicitud de aplicación del artículo 187 ordinal 11 , es para que, una fuerza militar internacional, pacifica, acompañe y garantice la llegada a su destino de los alimentos y medicinas, donados por la Comunidad Internacional. Se debe desmontar el peregrino argumento de que para aprobar la moción legislativa sobre el artículo 187, previamente se debería contar con una manifestación positiva de la Comunidad internacional. Imaginen ustedes a Simón Bolívar esperando una manifestación positiva del extranjero para solicitar los apoyos que requería para libertar a Venezuela: Todavía seguiríamos siendo una colonia dependiente de la Corona Española. En Venezuela decimos, me disculpan el francés: “Si usted no pide, no sabe si están en darle”.

Sobre el mecanismo de la Responsabilidad de Proteger (R2P), citaré un artículo de prensa producido por el politólogo y jurista boliviano Carlo Sánchez Berzaín. Él se enfoca sobre la situación actual de Nicaragua pero extiende sus ribetes hacia otros pueblos latinoamericanos, donde la mayor parte de los ciudadanos está luchando por la recuperación de la democracia y su libertad. Sánchez Berzaín esboza la tesis de que los tiranos la única opción que dejan para desalojar el poder, es por el uso de la fuerza. Pero la fuerza a la cual se refiere es la del Derecho Internacional y de las acciones políticas de los países democráticos, en las nuevas circunstancias históricas cuando el concepto de “soberanía” de los Estados es “cada vez más relativo y menos absoluto”.

Explica el abogado que “la soberanía entendida como ‘el poder supremo que corresponde a un Estado independiente’ ha cedido progresivamente competencias al ámbito internacional en función de principios, valores y necesidades comunes, como (…) los derechos humanos, la sanción de delitos de lesa humanidad, (…) la democracia, la responsabilidad de proteger y muchos otros, destinados a evitar que alegando soberanía se oprima a los pueblos, se les masacre y/o se amenace a otros Estados”.

Como bien dice Sánchez Berzaín, “alegar autodeterminación de los pueblos para oprimirlos y violar sus derechos humanos es otra falacia de las dictaduras….” Señala el escritor  boliviano que las Naciones Unidas, “al establecer el principio de ‘prohibición del uso de la fuerza’ reconoce tres excepciones que son: a) Las acciones colectivas para mantener o restablecer la paz y seguridad internacionales’ por medio del Consejo de Seguridad; b) La ‘legítima defensa’ como un derecho natural, y c) La ‘intervención humanitaria’”.

¿Y qué más y mejor acción humanitaria puede haber que la defensa de un pueblo masacrado por protestar de manera pacífica y demandar cívicamente, como lo hacen los nicaragüenses y otros pueblos latinoamericanos, elecciones adelantadas para poder decidir mediante el voto popular si quiere vivir en libertad, o sometido al yugo de una dictadura brutal, cruel y despiadada? Culmina diciendo Sánchez Berzaín.

Noel Álvarez
@alvareznv
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

viernes, 1 de marzo de 2019

BEATRIZ DE MAJO, VENEZUELA, TIERRA FÉRTIL PARA EL CRIMEN


Un reciente trabajo de investigación de Crisis Group en su capítulo Venezuela, una de las organizaciones no gubernamentales dedicada a prender las alarmas ante situaciones susceptibles de crear condiciones de guerra, asegura que las bandas criminales originarias de Colombia han encontrado asiento en 13 de los 24 estados de nuestro territorio. Ocupados hasta la coronilla como estamos, con la dramática situación nacional que se expresa, sobre todo, en desabastecimiento de alimentos y de medicinas, no le hemos dedicado el tiempo y la atención que amerita este alarmante informe, que por suerte, sí ha sido espulgado con detenimiento en la vecina Colombia.

El trabajo de investigación hace énfasis en un tema vital para Venezuela. La explotación de oro en el sur del país, un asunto del que se sabe poco pero que es de importancia vital para el sostenimiento de buena parte de la cúpula de las fuerzas armadas del gobierno de Nicolás Maduro. Pero la lucha por el control de esta explotación no ocupa solo a los militares y al crimen organizado. Es un tema que ha captado la atención de las guerrillas colombianas, el ELN y las FARC. El ELN es el gran protagonista.

Alli hay una suerte de complicidad activa entre los mineros, las guerrillas y las fuerzas armadas en todos sus niveles que es lo que permite que la actividad extractiva y de comercialización subsista. El soborno de quienes deberían vigilar la zona se ha vuelto común de cara a la Guardia Nacional. Con ello se logra que miren hacia otro lado los encargados de vigilar la región. Pero el perverso efecto de los irregulares colombianos va más allá de controlar el lucrativo negocio de la minería ilegal. Su fuerza es tal que han ocupado los espacios de los sindicatos del crimen venezolanos que ya operaban desde antes en la región. Les han ganado la batalla. Y de todo, lo peor es que han armado un corredor transversal que va de oriente a occidente de Venezuela para el transporte del producto de la minería y de la droga.

En definitiva, la desatención de parte del gobierno de esta penetración del ELN y de los eyectados de las FARC ha permitido que crezca un cáncer en las entrañas venezolanas que cada día será más difícil controlar y erradicar. Habría que preguntarse si esta contaminación no ha sido deliberadamente permitida. De acuerdo al reporte mencionado, el ELN “controla las estaciones de radio, influye en el currículo de las escuelas rurales y está estrechamente vinculado con políticos locales. E incluso se informa que existe un campamento del ELN en la Sierra de San Luis, que se encuentra entre los estados Lara y Falcón, a 30 km de la costa del Caribe, una ubicación estratégica que podría, en teoría, garantizarles el control sobre las rutas de tráfico hacia el Caribe holandés”. Es decir todo hace pensar que no es que la insurgencia ha estado ocupando espacio en Venezuela gracias a la indiferencia de nuestras fuerzas armadas. Habría que pensar que se les ha facilitado su quehacer en suelo patrio.

El que los grupos indígenas de la zona estén continuamente amenazados por estos elementos es apenas la primera de las consecuencias. Hay otras, las que derivan de la explotación ilegal del oro y del coltán, que son consecuencias altamente lesivas del patrimonio venezolano mientras se han convertido en focos de violencia muy peligrosos no solo para Venezuela sino en la región amazónica en su conjunto. Existen en plena selva tropical de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, 245 enclaves de extracción no autorizada de oro, diamantes y coltán y hay 30 ríos donde la actividad minera ilegal es cosas de todos los días. ¿Cuántos de ellos tendrán un componente ideológico para hacerlo aún más destructivo? Porque hay que estar claro en que Venezuela para la guerrilla colombiana no es solo un refugio. Es un enclave ideal para financiar todas sus actividades, consolidar su autoridad y expandir su credo revolucionario. En esa tarea, los elenos han conseguido capturar la atención y la solidaridad de ex miembros de varios frentes de las FARC, lo que hace aún más complejo el panorama.

Si en Colombia, el control del accionar y del avance de los insurgentes ha sido una cuesta muy empinada a lo largo de medio siglo, en Venezuela , donde cuentan con las facilidades que les ofrece un gobierno corrupto y comprometido con las ideologías de ultraizquierda, la inserción de estas fuerzas terroristas será un juego de niños.

Es preciso tomar conciencia del tumor que esto representa y de la atención que debe recibir del nuevo gobierno más temprano que tarde.

Beatriz DE Majo
@beatrizdemajo1

jueves, 14 de febrero de 2019

PEDRO ALCALÁ, CARTA ABIERTA AL SEÑOR NICOLA MADURO


Señor (no le puedo decir presidente porque no lo es, ni conciudadano, por la misma razón)
Nicolás Maduro.

Caracas.-

Me tomo la libertad de escribirle esta corta nota, intentando sumar mi granito de arena a una salida rápida y lo menos traumática posible a la situación actual del país.

¿Pana, que estas esperando? ¿De verdad crees que vas a poder salir bien parado de esta situación?

Si lo que estas es contando con la FAN para aferrare como nigua al poder, pues déjame decirte lo que ya sabes: que esos a los que llamas generales y almirantes te van a vender apenas puedan concretar un acuerdo en el que los beneficios superen los costos. Es más, lo harán apenas salgan ras con ras.

No tienes ningún apoyo externo real (hasta la Unión Africana se sacudió). Los rusos están negociando con los gringos garantías para cobrar sus deudas y los chinos ya se están sentando con el equipo de Guaidó para lo mismo.  ¿Los cubanos? Bien sabes que ni por el chorizo van a arriesgar la frágil apertura con los gringos por ti. Dios, hasta un redomado comunista como el papa francisco te mando a paseo.

Ya no tienes acceso al dinero del petróleo y ni sueñes con lograr algún crédito, así sea en la cantina de miraflores. ¿Cómo piensas sostener a ese montón de sanguijuelas de las que te has rodeado y que te “apoyan” solo por el dinero que les permitías robar?

¿Apoyo político interno? ¿Del psuv? Lo mismo que con los militares. Todos los integrantes de las cuatro bandas entre las que dividiste tu gobierno están peleando por su vida. Y en ese empeño van a vender hasta a sus padres e hijos, si logran encontrar quien se los acepte, a cambio de un chance de salvar el pellejo.

¿Apoyo popular? ¿Es un chiste? Desde el 23 de Enero pasado el país se ha reencontrado en las calles, donde con una mentada de madre a todo pulmón, en todo el país y cada rato, te ha dejado bien claro que no solo te desprecia profundamente, sino que ya no te temen, ni a ti  ni a ninguno de los tuyos. Ni siquiera  a tu fan, que ha mantenido una muy prudente distancia (¿por aquello del rabo de paja?).

El tiempo apremia, y no hay nada que haga pensar que podrá mejorar ningún aspecto de tu estado de cosas actual. Guaidó ha mantenido firmemente la iniciativa y todos los días gana terreno. ¿Recuerdas a Bonaparte?: “Se puede perder velocidad subiendo al poder, pero nunca bajando de él”.

Desde el 23 de Enero no has hecho más que defenderte de manera errática y torpe de cada movimiento de Guaidó, lo que demuestra que no tienes ningún plan o estrategia para sobrevivir (¿sacar presos de las cárceles para que te defiendan?). Lo que estás haciendo es esperar un milagro, y esos, no existen. Al menos no en este mundo, no para ti.

Y olvídate que en La Tiendita vas a reproducir  la batalla del Puente de Stirlin. Cuando se aproximen los camiones con la ayuda humanitaria con escolta militar (de los de verdad) acompañada de un rio de venezolanos que la necesitan urgentemente, la fan se retirara y dejara pasar el material… ese y todo el que le seguirá en diferentes puntos de nuestra vasta frontera. Y olvídate de ordenar una masacre como la de Amritsary, porque quien ose siquiera tirar un triquitraque será barrido por una turba incontrolable (¿mil milicianos francotiradores expertos?), y ningún oficial subalterno se convertirá en criminal por un usurpador que esta caído. Te recomiendo que te leas las Historias Extraordinarias de Edgar Allan Poe, particularmente  La verdad sobre el caso del señor Valdemar. Allí el escritor  describe fielmente lo que te está pasando: Estas muerto y no lo sabes aun.

Ahora mismo solo tienes tres opciones: 1.- Negociar YA tu salida hasta algún país que te acepte y salir de inmediato del país (agárrala antes que cese la oferta, el cuello no retoña). 2.- Esperar en miraflores a que te saquen, lo que inevitablemente sucederá. Si eso pasa, muy probablemente terminaras tus días en unas muy largas vacaciones en Cuba (pero no en La Habana) y 3.- Esta es la favorita de tu entorno: Tratarán de hacer de ti un mártir (no se para qué, habría que preguntarles), como los castro hicieron con allende, y no te veo en ese plan (tu ni te acercas a Antonio Ricaurte).

Antes de despedirme deseo pedirte que le hagas un favor a este país que te recibió cuando saliste de Colombia siendo un infante junto a tu mama y tus dos hermanas. Un favor para este país  que te crio, te dio trabajo en el Metro (que bien carrero eras allí) y que hasta te dio el chance de ser su presidente, y que aun así, lo odias tan profundamente que te has hecho el firme propósito de destruirlo hasta reducirlo a cenizas: Sea lo que sea que decidas hacer, APURATE. Ya no aguantamos más.

Solo me queda decirte una cosa: Me alegra haber podido vivir para ver tu caída.
Quisiera despedirme con un saludo cortes, pero creo que es inapropiado.
Vae victis.

Pedro Alcalá
Vice-presidente nacional de Solidaridad Independiente en el exilio
Montreal-Canada
pa2a@hotmail.com
@tazzio1956

lunes, 11 de febrero de 2019

JOSÉ RAFAEL AVENDAÑO TIMAURY, MILITARES


Aproveché los recientes días para leer la Tesis Doctoral que presentó Ismael Rodríguez Vásquez para  optar el título de Doctor en Ciencias, mención Ciencias Políticas en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, Centro de Estudios de Posgrado, de la Universidad Central de Venezuela (Noviembre 2015).

No se trató de una lectura al azar destinada a “matar el tiempo”. Lo hice, sencillamente, en virtud de la agobiante crisis nacional que confrontamos todos los venezolanos. Donde la presencia del estamento militar tiene un rol preponderante en el mantenimiento o modificación de la coyuntura política en que vivimos. Se trata de una cotidianidad exasperante y a la vez inexplicable. La arruga se ha estirado tanto que se encuentra a punto de hacer “trac”.

La tesis en cuestión lleva por título “Institucionalización y reinstitucionalización del estamento militar venezolano 1910-1964”. Se trata de un estudio académico serio donde aborda el comportamiento de la claque militar venezolana a partir de la era republicana iniciada en abril de 1810. La concreción y aspecto fundamental de la tesis se limita desde el año 1910 hasta el año 1964. Por todas aquellas paradojas inexplicables del destino el periplo del cambio sustantivo lo inicia un ex ganadero y financista producto de una revolución triunfante. Convertido en general indiscutiblemente faculto –sin ningún tipo de dudas al respecto- en la gesta iniciada con motivo a la caída del liberalismo amarillo y la posterior consolidación iniciada (Invasión de los sesenta desde la zona aledaña a Cúcuta en la república de Colombia) que culminó con la Batalla de Ciudad Bolívar, donde la oposición armada al régimen fue derrotada. Su fama de guerrero fue debidamente consolidada y reconocida por su jefe y compadre, el también general, Cipriano Castro.

Diríamos entonces que el silvestre ganadero y cultivador fecundo de café se ganó en el campo de batalla las charreteras correspondientes de jefe militar indiscutido. Lo que le permitió convertirse -a su vez- como el amo absoluto de la generosa y amplia hacienda llamada Venezuela. La que manejó y dispuso a su antojo; y le permitió consolidar y usufructuar una riqueza inimaginable para la época.

Juan Vicente Gómez, el alto preboste, propició la creación formal de la Academia Militar venezolana con la única finalidad de formar a los jóvenes oficiales que se convertirían en la columna vertebral del nuevo Ejército. Allí vimos como las primeras promociones egresadas de la Escuela Militar se interrelacionaban dramáticamente con los “generales y otros oficiales (de la “vieja escuela”) llamados coloquialmente, acertadamente, como: “Chopo e’ piedras”. Argamasa muy contradictoria por lo demás. Cuya implosión generó (entre otras cosas) el 18 de octubre de 1945.

El colofón de su tesis de grado culmina con la adecuación del estamento militar venezolano a la emergente conducta republicana y democrática iniciada a raíz del 23 de enero de 1958. Resaltan los pensum de estudio asumidos y la formulación de una novísima doctrina militar adecuada a los tiempos modernos. Respetuosa de la Constitución Nacional; donde se definía, de manera lúcida y acertada, su rol fundamental como parte garantizadora de la aplicación de los principios constitucionales esbozados por aquella constitución. Era, en síntesis, una garantía cierta de que las Fuerzas Armadas Nacionales no se convertirían nunca más en guardianes pretorianos de los inefables caudillos. A quienes se les ocurriera reeditar (en el futuro) todas las viejas conductas atípicas y delictuales por todos conocidas.

El crecimiento y formación intelectual y material del estamento militar patrio fue incrementado de manera determinante en los cuarenta años posteriores al 23 de enero de 1958. Fueron garantes y determinantes en la conservación de la paz republicana con motivo a los levantamientos militares ocurridos (desde la extrema derecha a la extrema izquierda) donde se derramó valiosa sangre venezolana en los novísimos campos de batalla. La Fuerza Armada Nacional era conceptuada, para aquel entonces, como una de las grandes reservas morales, contentivas de inequívoca respetabilidad. Con la que contaba, entre otras, el Estado venezolano.

Así las cosas llegamos a 1999. Los errores cometidos por parte de la mayoría de la dirigencia política del país (incluyendo algunos provenientes de los cuadros militares) hicieron que resurgiera el viejo fantasma de la intentona golpista para enderezar los entuertos. Los golpes de Estado fallidos propiciaron el triunfo de un nuevo y peculiar caudillo militar, por vía electoral. La mayoría de los venezolanos queríamos un cambio radical en las maneras y en los modos propiciados por los últimos gobiernos civiles  que venían ejerciendo su mandato constitucional.

Las falsas expectativas creadas. La incapacidad manifiesta de corregir los vicios y errores en el manejo de la “res pública”; se hicieron patente –una vez más– agravando la crisis económica, social y política de la nación, el Estado y de la ciudadanía y población en general. Los errores de la llamada cuarta república han quedado enanos ante la magnitud de la actual crisis nacional propiciada por los últimos gobiernos “robolucionarios”.

El doctor Ismael Rodríguez Vásquez da comienzo a su enjundioso estudio con un extracto de un texto cuya autoría corresponde al doctor José Rafael Pocaterra (Memorias de un venezolano en la decadencia). Dicho texto, con la venia de mis distinguidos lectores, me permito glosar a continuación:

 “Si esos muchachos de los cuarteles parasen mentes en el papel que les corresponde y no en el que le asignan “los jefes” –generalmente iletrados, barbaros, chabacanos, que gozan de la jefatura porque son los “hombres de confianza”- en veinticuatro horas quedaría resuelto el problema de Venezuela, sin sangre ni conmociones, ni peligrosas reviviscencias 

Algunos suponen que de los cuarteles jamás pudo ni podrá salir la libertad … Pueden que tengan razón esos; no obstante yo, desconfío más de la selva que del cuartel”.

La gravedad de la crisis es suficientemente conocida. ¡Hasta por los más lerdos” Las horas son cruciales. Las expectativas son todas ciertas a ser cumplidas y penden sobre Venezuela como una “espada de Damocles”. El presidente interino ha venido ejecutando algunas acciones políticas puntuales inobjetables. Ha designado representantes suyos ante diversos gobiernos extranjeros. También ante órganos multilaterales. De igual modo ha venido delineando algunas líneas maestras que tienen que ver con la coyuntura. Dos de ellas me hicieron reflexionar –aún más– sobre el tema tratado en este escrito. Es decir, el preponderante papel a jugar por parte del estamento militar venezolano. También la probable solicitud de amparo internacional a nivel militar.

De igual modo tengo la opinión que ha soslayado -en la praxis- una herramienta fundamental en toda lucha cívica. Me refiero al indiscutible rol -en época de crisis- de las denominadas huelgas o paros escalonados por un determinado lapso. Hasta concluir, de ser necesario, en la declaratoria o llamamiento a la Huelga General o Paro General indefinido. Este eficaz instrumento de lucha constituye, sin duda alguna, el elemento de presión idóneo y adecuado con que cuenta la ciudadanía para hacer valer sus derechos conculcados. Hasta ahora –inexplicablemente– no lo ha hecho y solamente ha hecho sentir la presencia combativa -aunque esporádica- en la calle de la ciudadanía mediante dos multitudinarias manifestaciones populares (marchas, mítines, cabildos, o como quiera denominárseles) reprimiendo, de algún modo, el acerado espíritu combativo del pueblo que está dispuesto -sin mayor prédica- a patentar el rechazo al oprobio.

“El ejército es el pueblo en armas”, reza un vetusto dicho. Es el pueblo uniformado con las armas en la mano. Sea propicia también la ocasión para reproducir, por lo pertinente, el artículo 328 de la Constitución Nacional:

               “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación. La Fuerza Armada Nacional está integrada por el Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional, que funcionarán de manera integral dentro del marco de su competencia para el cumplimiento de su misión,  con un régimen de seguridad social integral propio, según lo establezca su respectiva ley orgánica”.

Pienso que la FAN se encuentra a tiempo de “auto componerse” por todas las imposturas cometidas. Si no lo hace de manera perentoria; en el futuro ya muy cercano, habrá la necesidad de rediseñar la estructura global, doctrina y función de la Fuerza Armada Nacional en la Venezuela del siglo XXI. El desenlace de la crisis (en sus diversas opciones) es inminente. Hace días el ex presidente uruguayo José (“Pepe”) Mujica pronunció unas palabras aleccionadoras, sobrecogedoras y expectantes. Las traigo a colación no porque sean originales o expresen algo nuevo (Ya que muchos pensamos lo mismo). Lo hago en virtud de la  seriedad de quien las emite y su cercanía política con Maduro y su Combo. La indiscutible probidad ideológica y honestidad política y personal que posee no es motivo de discusión. Palabras más, palabras menos dixit: “Los Estados Unidos de América están dispuestos a intervenir militarmente en Venezuela (con otros aliados, agregado mío) si las condiciones así lo ameritan”.


José Rafael Avendaño Timaury
Cheye36@outlook.com
@CheyeJR

jueves, 31 de enero de 2019

JOSÉ LUIS ZAMBRANO PADAUY, LA ESTRATEGIA PERFECTA ANTES DE LO BÉLICO,


Recuerdo haber elevado una exclamación instantánea. Mi asombro se volvió júbilo, con ribetes de pavor por su destino. Una mezcla rara de que todo podría suceder. Nunca pensé que la alegría pudiese tener algo de complejidad y consternación. Pero sí, Guaidó juró con el aplomo que tienen los grandes; de aquellos que edifican la gran historia contemporánea. Lo hizo ante una enorme concentración que esta vez no fue defraudada.

Levantó la mano. Instó a que todos los asistentes también lo hiciesen e inició una ceremonia imperturbable, atronando una sentencia justa para el destino del país. Juró sin pestañear, con la mansedumbre de quienes saben lo que hacen; con una paz extrema, como si todo estuviese sobre medida. Y realmente así parece.

Hace unos meses escribí que cuando el túnel se hallase más oscuro, aparecería una diminuta luz para iluminarlo todo. Recalco que esa llama minúscula acaba de aparecer. Y no es solo emocional o de circunstancias simples. Tiene el valor de levantarnos de nuestros asientos, en los cuales nos habíamos acomodado para ver a nuestra nación, hundirse sin recato y con el dolor de la pérdida.

Estoy completamente convencido que Juan Guaidó no está solo en esta valiosa encomienda. Más allá de las asesorías externas y de tener muy claro el rumbo hacia donde quiere dirigir los acontecimientos, percibo un halo de justicia y una misión programada desde el cielo.

Por eso nuestro presidente interino asume esta responsabilidad sin reproches. Antes de hollar la senda, se observan sus pasos firmes. Habla sin inmutarse. Sin los alaridos cancerígenos de los políticos de siempre. Su sencillez se transmuta en credibilidad. Tratan de empujarlo hacia una trampa y sabe zafarse, con respuestas llanas e iluminadas ante su misión.

También está claro que el recorrido será duro, complejo y atestado de alternativas. La primera de ellas es la Ley de Amnistía. Me costó al principio entender su propósito, pues nos cuesta perdonar a pesar de que es un mandato divino.

Pero después de su alocución del pasado viernes, comprendí su razón lógica y determinante: la paz comienza por casa. El fundamento es que nuestros propios militares se tomen la potestad de ser parte fundamental para reconstruir nuestro quebrado territorio. Son ellos los que deben defender la nación y también los únicos que dan golpes de Estado. Por eso es imposible no tomarlos en cuenta y no exhortarlos a buscar el retiro de los cubanos de los cuarteles y de la administración pública.

Esa será la primera fase. Aspiramos no recurrir a otras posibilidades. Maduro y su entorno descarriado esta vez no la tienen fácil. China no intervendrá para defenderlo, pues pondría en riesgo los futuros acuerdos que sostiene con EEUU. Mucho menos Rusia, pues sabe con conciencia clara que provocar a los gringos en su propio continente sería una locura.

Son ahora tantas las posibilidades a favor, que nos hemos llenado de fe y de una apacible confianza. El dictador no se entregará por las buenas y mucho menos a sabiendas que después de vivir de la opulencia del poder, terminaría hacinado entre los barrotes. La única negociación posible es el exilio. Pero para llegar a tan ineludible desenlace, se gestarán muchas luchas y tratará todas las artimañas posibles.

El video distribuido por Jorge Rodríguez de un supuesto Guaidó casi encapuchado y reunido con personeros del régimen, solo causó unas horas de risa para todos. Resulta un ejemplo claro de la desesperación del régimen.

Esta es una oportunidad inigualable. Ya no hay vuelta atrás. Las opciones están sobre la mesa y no tendremos tiempo para errores. El nuevo héroe para los venezolanos es reconocido como regente interino del país por gran parte del globo terráqueo. Esa es quizá una de las mayores dificultades para la dictadura madurista.

Esperemos que no se requiera pasar a la fase bélica y se logre la pacificación nacional. Todavía hay mucha tela por cortar para alcanzar el cese de la usurpación, el gobierno de transición, los poderes independientes y las elecciones libres. La primavera está próxima para renacer en el país.

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571