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viernes, 21 de agosto de 2020

SOLEDAD MORILLO BELLOSO, UNA HISTORIA DE AMOR... Y DE POLÍTICA

Él, Ri Jeong-hyeok, un joven y muy exitoso (y, uf, guapísimo) capitán de Corea del Norte apostado en la frontera con Corea del Sur. Ella, Yoon Se-ri, una joven y muy exitosa (y lindísima) empresaria surcoreana que por un giro de la trama termina cayendo en "territorio enemigo". Repito, ambos califican en la categoría "jóvenes y exitosos". Ella sufre un accidente en parapente y literalmente aterriza del otro lado de una de las fronteras más peligrosas del mundo en los brazos del oficial del ejército (enemigo) quien decide ayudarla a esconderse y a cruzar de vuelta la azarosa frontera. Ambos son coreanos. Distintos. Nacidos muchos años luego de la guerra y la separación. Y han sido criados y moldeados para verse como enemigos.

Las novelas, escritas o en los últimos años llevadas a la televisión o el cine, han sido ejercicios modificadores o modeladores de reflexión. Así ocurrió con obras que hoy consideramos "clásicos". De muchas nacionalidades e idiomas. Quisieron sus autores sacudir el pensamiento de su época; hacer que lo que se daba como verdad inamovible entrara en revisión. La lista de ejemplos es larga y no cabría en este espacio.

De producción surcoreana (grabada en Sur Corea, Suiza y Mongolia), "Crash landing on you" es un esfuerzo de alta factura de hacer entender que la reunificación es deseable y posible. Que se requiere cambiar la mirada, darle una oportunidad a una respetuosa reconciliación. Que la verdad y la razón no están en un solo lado.

En 1953, tras una guerra sin vencedores ni perdedores, Corea quedó dividida en dos países. Los coreanos del norte y los del sur quedaron atrapados en el odio. Para norteños y sureños, los "otros" se convirtieron en enemigos. Unos y otros se ven como "nosotros somos los buenos" y "ustedes son los malos". Desde 1953 hay una guerra fría, con gruñidos hoscos.

Los productores, guionistas, directores, vestuaristas, etc. de "Crash landing on you" (no sé qué traducción le han dado al título) se cuidaron mucho de los detalles, tanto en el lenguaje (el del amor, de la pasión, de la risa, del miedo, de la tristeza), como en el planteamiento de usos y costumbres, ambientes, clima, gastronomía, vestimenta, celebraciones. En la historia hay, claro está, héroes y villanos, tanto surcoreanos como norcoreanos; es una historia en la que el bien confronta al mal.

Además de recomendarle que la vea (se va a divertir y le va a resultar extremadamente agradable en estos tiempos de claustro pandémico), quiero decirle a usted, querido lector, que esta "novelita rosa" le va a hacer meditar -sin espesura de denso lenguaje ni exigencias de profundidades académicas- sobre las posibilidades que los seres humanos somos capaces de crear para vencer eso que otros ven como "lo imposible".

Es una historia de amor. A no dudarlo. Deliciosa. Bellísima. Pero es también una novela que hace reflexión política y nos invita a sumergirnos en ella.

Podría contarles muchos intríngulis de los muchos escollos que tuvieron que enfrentar los productores para poder llevarla a la pantalla. Pero no lo voy a aburrir. Me limito a decirle que "Crash landing on you" no solo es un "éxito de taquilla" sino que ha obligado a autoridades y políticos coreanos de los más altos niveles a replantearse la situación.

Yo la vi en Netflix pero entiendo que se consigue en varias plataformas. Es una miniserie de 16 episodios. No tiene desperdicio. Véala. Es alimento para el alma y la conciencia.

Soledad Morillo Belloso
soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob
Traducción Literal "Aterrizaje forzoso sobre ti"

viernes, 19 de junio de 2020

GABRIELA CALDERÓN DE BURGOS, HISTORIA DE DOS ECONOMÍAS

En la década de 1950, Hong Kong tenía un ingreso per cápita similar al de Cuba. Tomando las dos islas como una especie de experimento natural, Neil Monnery compara en su reciente libro la evolución de ambas economías (A Tale of Two Economies: Hong Kong, Cuba and the Two Men that Shaped Them). Ahora que el sistema libre de Hong Kong podría perecer ante la dictadura China, vale la pena tomar nota de una historia de éxito.

Monnery inicia su análisis en los 1950s, cuando el ingreso per cápita de Hong Kong era alrededor de un tercio de aquel de Gran Bretaña. Para cuando Hong Kong fue entregada a China en 1997, la isla había llegado a tener el mismo ingreso per cápita que Gran Bretaña. Para 2018 tenía un ingreso per cápita de $64.000, esto es, 40% más alto que el de la otrora madre patria. Cuba, en cambio, tenía un ingreso per cápita de $9.000. Si bien según esta medida Cuba ha duplicado su ingreso por persona desde los 1950s, el de Hong Kong es 14 veces mayor.

Mientras que Hong Kong adoptó un sistema de liberalismo económico, Cuba adoptó un sistema de planificación centralizada. Gran Bretaña había quedado empobrecida luego de la Segunda Guerra Mundial, Hong Kong no iba a recibir fondos y tuvo que arreglárselas para generar su propia recuperación. Hong Kong, acababa de soportar cuatro años de ocupación japonesa. La economía colapsó y cayó la población de 1,5 millón de habitantes a cerca de 600.000.

Monnery le atribuye la marcada divergencia de fortuna de estas islas a dos individuos que inspiraron aquella serie de políticas públicas que las encaminaron en sus respectivas trayectorias: el discreto funcionario escocés del servicio público británico Sir John Cowperthwaite y el famoso guerrillero argentino Che Guevara. Mientras que Guevara consideraba que el estado debía adoptar una política industrial, Cowperthwaite creía que ese no era el papel del estado. Guevara consideraba que “necesitamos una industria básica, aunque esta no haga dinero, aunque no sea el mejor de los negocios”.

Mientras que Cuba se cerró al mundo, Hong Kong construyó su prosperidad sobre la base de un comercio libre con el resto del mundo. Lejos de derivar esto en una destrucción de empleos, como suelen vaticinar los enemigos del comercio, Hong Kong pasó de tener 972 fábricas en 1947 que empleaban a 51.000 personas a tener 17.000 fábricas empleando a 600.000 trabajadores en 1970. Adicionalmente, el modelo implicaba impuestos bajos —por ejemplo, el impuesto sobre la renta se ha mantenido en 15% desde 1966— para atraer capitales y fue esto en gran medida lo que hizo posible el desarrollo del centro financiero internacional. Además, el gasto público se mantuvo bajo y en lugar de tener una deuda pública, Hong Kong suele tener un fondo de ahorro para cubrir gastos a futuro—este fondo hoy equivale a 40% del PIB y cubriría más de dos años del gasto público.

Finalmente, dice Monnery, un indicador importante acerca del éxito de una economía es si atrae o espanta a las personas. Ambas islas han experimentado grandes flujos migratorios. Pero, mientras que en Hong Kong el flujo ha sido entrante, en Cuba ha sido saliente. En términos de flujo migratorio neto, de Cuba salieron casi dos millones de personas, y a Hong Kong ingresaron unos casi idénticos dos millones de personas.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 12 de junio de 2020.

Gabriela Calderón de Burgos comercio libre deuda pública gasto público Hong Kong Cuba liberalismo económico Che Guevara Sir John Cowperthwaite Gran Bretaña China planificación centralizada

Gabriela Calderón de Burgos  
gcalderon@cato.org
@gabricalderon
@InstitutoCato
Ecuador
Gabriela Calderón de Burgos  es editora de ElCato.org, investigadora del Cato
https://www.elcato.org/historia-de-dos-economias

sábado, 30 de mayo de 2020

RAYZA E. GONZÁLEZ , HISTORIA DEL HOMBRE QUE INVENTÓ LA HARINA PRECOCIDA

En el año 1954 se presentó por estos lares un ingeniero venezolano, inteligente, acucioso, que había estudiado en Chile entre 1925 y 1929, y se había graduado de ingeniero mecánico.

Se trata de Luis Alberto Caballero Mejías, inventor de la harina precocida de maíz… Sí, la que se conoce en Venezuela desde hace más de 50 años para la elaboración de nuestra rica arepa.

Caballero Mejías nació en Caracas el 12 de diciembre de 1903. Como había trabajado en la Escuela de Artes y Oficios de la nación austral, a su retorno a Venezuela trae la idea, y funda la Escuela de Artes y Oficios de la cual fue su director. Estaba ubicada en las esquinas de Perico a San Lázaro, en la capital venezolana.

El acucioso ingeniero logró crear la fórmula de la harina precocida de maíz y su método de fabricación. Dicho producto fue patentado bajo la marca “La Arepera”, patente N° 5.176 en el año 1954 bajo la Ley de Propiedad Industrial y Comercio ante el Ministerio de Fomento N° 271, Registro General N° 5.176 del 4 de junio de 1954.

Ya con su invento en las manos, se dirigió a la arepera de Los Hermanos Álvarez que funcionaba en la Gran Avenida de Sabana Grande y le pidió a uno de los dueños que elaborara unas arepas con la harina precocida de su invención. Entre los comensales de ese establecimiento se encontraba el doctor Lorenzo Mendoza, dueño de Industrias Polar, a quien le llamó la atención el producto así como el sabor de la arepa; tanto se interesó que le ofreció comprarle la fórmula. Si bien en ese momento no se hizo ninguna negociación, quedaron en contacto.

Al transcurrir el tiempo, el ingeniero comenzó a sufrir de una enfermedad que ameritaba una operación quirúrgica y como no tenía dinero para realizársela le recomendó a su esposa, Patria Pereira Álvarez, que buscara al doctor Mendoza y le vendiera la fórmula.

Dicha venta se hizo por la cantidad de 275.000,00 bolívares, a un dólar a 3,35 bolívares, la patente costó 82.089.55 dólares.

Luis Alberto Caballero Mejías muere en Caracas el 12 de octubre de 1959 y el 10 de diciembre de 1960 sale al mercado venezolano la conocida Harina P.A.N., producida por las Industrias Polar en la Planta Refinadora de Maíz Venezolano en los Valles de Aragua, producto considerado como un éxito del desarrollo de la industria nacional ya que llegó a sustituir todos los utensilios utilizados para procesar el maíz y llevó la masificación de la arepa dentro de la sociedad venezolana.

Con la harina precocida solo basta agua y sal para obtener una arepa con el mismo sabor, aroma y textura de la arepa tradicional venezolana. Actualmente, nuestra harina venezolana puede adquirirse en cualquier lugar del orbe.

Rayza E. González R.  
correctordetextos2009@gmail.com  
@empredatos
@rayelengonzalez

jueves, 28 de mayo de 2020

LUIS BELTRÁN GUERRA: RÓMULO BETANCOURT,

Alguien se habrá preguntado qué hubiese escrito Tito Livio en lo concerniente a Rómulo, pero no el amamantado por una loba en la mitología griega. Por el contrario, a uno de los luchadores más exitosos en la construcción de la democracia en el continente. La Venezuela que edificó, hoy no existe.

Las ejecutorias de este “titán” exhiben preparación, laboriosidad, coraje y una alta dosis de jefatura y pragmatismo. Al convencerme de que el viaje a Tierra Santa sería largo, me propuse conversarles de sus ejecutorias, comenzando con el “compromiso explícito y solemne”, firmado en Barranquilla, en el cual jura con compañeros de lucha, oponerse a un gobierno militar para sustituir al régimen gomecista, alegando que la razón, la ideología y sus raíces cívicas no se avienen con la persistencia de los hombres de cuartel en el manejo de la cosa, el destacado venezolano perseguía, desde el inicio, una democracia civil, liberal y constitucional. Así lo revelan, inclusive, otras fuentes.

El “genio criollo” moldea una revolución propiciadora de lo “social y no meramente política”. Encaminada, por tanto, a conquistas primordiales inaplazables, acotando que de no alcanzarse, no iríamos más allá de una de las “clásicas danzas de espadas” venezolanas. Su logro, por el contrario,  pondría término a cien años de fracaso de los ideales democrático, desplazando a los enemigos históricos de la cultura y mejoramiento de las masas.

Nos estamos refiriendo al Plan de Barranquilla, guía para el gobierno democrático del devenir. Un periodo preconstitucional, con civiles en el provisional, pero con la participación del soberano en una Asamblea Nacional Constituyente, para elegir al permanente. Asumo que el documento fue elaborado por el histórico líder.

La secuencia en la lucha del “latinoamericano notable”, consta, asimismo, en “el acuerdo constitucional consensuado” ante la necesidad de un cambio determinante de rumbo del país, única forma de frenar a quienes, en beneficio propio, habían expoliado a la República. Me refiero a la Junta Revolucionaria y cuya razón y propósito radia desde el mismo Miraflores. En una rendición de cuentas al soberano.

No hay dudas de que comprometió su vida a una causa noble, para no abandonarla, y que cumple como un genio. A Rafael Caldera invita a participar en el proceso electoral convocado, cómo para lavarse la cara, por el gobierno dictatorial (1952), ya que toda coyuntura debe aprovecharse. Alguna vez, le dice, hablé contigo en Miraflores con respecto a tu candidatura y hoy vuelvo a recordártela. Se potenciarían sí manejándonos bien, salimos de la tiranía. Predijo, sin dudas, como profeta, el éxito presidencial del fundador de Copei.

En esa gesta de aportes sucesivos, no puedo dejar de mencionar la calificación que hace del gobierno provisional (1945), como “el legítimo personero de la voluntad del pueblo”. Esgrime que derrotado el fascismo, nació el derecho de las naciones para gobernarse. Agrega que la Junta es resultado de una Unión Patriótica Militar, por la falta de atención a una consulta electoral democrática, por el “gendarme” (Medina Angarita), imbuido de orgullo demoníaco.

Prosigue con un Código electoral para una Constituyente, sustitutiva de la caricatura legislativa que abochorna. En aras de pautas claras, los miembros de la provisionalidad no podrán aspirar a la Jefatura del Estado. Su titular, escogido electoralmente. Se establecía así la formula sensata. El pueblo decidiría libremente. Vislumbraba al país camino a la escogencia soberana del próximo Presidente. No equivocándose.

El líder inició sus arengas con “Conciudadanos”, prosiguiendo con la palabra como Presidente de la Junta Revolucionaria, no olvidándola en sus misivas como exiliado, y reverberándola en su campaña electoral para la segunda presidencia democrática que condujo y, por supuesto, durante los 5 años estatuidos, conforme a la nueva Carta Magna. No un día más.

Pudieran preguntarme si manejó un concepto integral de la política? La repuesta: “Un estadista medita sobre las futuras generaciones, al político solo le interesan las próximas elecciones” (B. Disraeli, 1867). “Un sí”, la respuesta.

El predicador posibilita la primera jefatura democrática, presidida por Rómulo Gallegos, el de Dona Bárbara. Después del exilio alcanza por el voto la propia. Se le imputan errores, entre ellos, escisiones en AD al cual dedicara su vida, una por la influencia de Fidel Castro en la juventud, llevándola a la guerrilla. Al dictador cubano le contestó, por haberle solicitado para Cuba 300 millones: “Esos bolívares son para las necesidades de los venezolanos y no para planes de gobiernos ajenos”. Con esa misma sobrada agilidad, respondió a alguien inquieto por sus veleidades comunistas, en Costa Rica: “Yo he puesto mis trastadas fuera de la Nación”. Sin dudas, un erudito de la política, sabiendo combinar la teoría y la realidad práctica. Formula, ciertamente, beneficiosa.

El regreso a Venezuela derrotada la dictadura por el pueblo y sus soldados, lo planea con una misiva a sus compañeros de partido, planteándoles que se reorganizaran, a fin de restablecer un régimen de libertades. Además, les refiere conversaciones con Villalba y Caldera, en procura de lo que terminó siendo “el Pacto de Punto Fijo”, fuente de “una democracia pactada” de 20 años. Ante la pretensión de extremistas para abandonar la Presidencia, dijo: “Al frente del gobierno está una persona que no renuncia, ni la renuncian”.

El tren cercano a Jerusalén. El jesuita Pedro Alfínger ha conversado y Tomas Ortiz, dominico, escuchado. Colocarán su suplica en el “Muro de los Lamentos”: “Jesus, el mismo Dios. Pudieras ordenarle a Pedro que pregunte a Betancourt qué hacer con los latinoamericanos, pues tienen siglos tratando de enseriarse, pero: Bolsonaro con sus locuras, Fernández, la Vicepresidenta, enemiga. Perú, Ecuador y Colombia, económicamente debilitados. Chile, en las consecuencias negativas de la reelección. Bolivia, Morales casi regresando. Venezuela, ni hablar. Hazlo rápido para enviar a Pablo con oraciones y con el fuete para ver si los componemos. Ángel Echamendi, marista, el tercero en el vagón aconseja depositar el mensaje como los judíos, pues el Señor siempre les escucha.

El viaje de regreso termina en Caracas. El gobierno mandando y los venezolanos muriendo. Una historia que no termina. ¿Hasta cuándo Señor?

Luis Beltrán Guerra 
luisbeltranguerra@gmail.com
@LuisBGuerra
www.economiavenezolana.com
https://www.eastwebside.com/luis-beltran-guerra-romulo-betancourt-the-great.html
Eduardo Martínez 
ermartinezd@gmail.com
eduardo rafael martinez
@ermartinezd

miércoles, 27 de mayo de 2020

CARLOS BLANCO, CAP: UN HOMBRE PARA LA HISTORIA

Contra la imagen que sus enemigos quisieron forjar, el presidente Carlos Andrés Pérez solo tenía una confesada ambición: la historia. Le obsesionaba la manera en que su papel fundamental en toda la segunda mitad del siglo XX venezolano sería registrado. Tal vez este haya sido su motor y su determinación más importante para atreverse a intentar cambios de profundidad inimaginable en su segundo gobierno.

CAP no llegó a culminar su formación académica, sin embargo, leía, reflexionaba y, sobre todo, tenía una inmensa capacidad para absorber el conocimiento de sus contertulios. Una etapa crucial de su formación intelectual, ya en su madurez, fue el período que media entre sus dos presidencias. En ese tiempo viajó mucho por el mundo y se puso en contacto con líderes mundiales; periplos en los cuales tuvo un importante papel quien después sería su ministro de la Secretaría y Canciller, Reinaldo Figueredo.

Cuando CAP se propone la segunda presidencia entiende que Venezuela necesita cambios muy profundos. Comienza a hilvanar una transformación inédita que le permitiera a Venezuela salir del rentismo petrolero, para lo cual se requerían no solo adecuadas políticas económicas sino transformaciones políticas e institucionales de inmensa magnitud. Era consciente –alguna vez lo conversamos– de que su primer gobierno había reforzado casi inevitablemente el rentismo debido a la abundancia de recursos imprevistos que le correspondió administrar.

Las reformas

La Comisión para la Reforma del Estado (Copre) fue creada por el presidente Lusinchi, a la cual le dio un apoyo consistente durante poco más de un año. Cuando se planteó la elección popular de gobernadores y alcaldes, Lusinchi le retiró el apoyo a la Copre tanto del gobierno como de Acción Democrática. Sin embargo, CAP en forma discreta, pero no secreta, se interesó en el trabajo que se realizaba y compartió la idea de que la reforma del Estado debía ser el gran objetivo de su gobierno. Logró ser el candidato de AD de abajo hacia arriba y desde afuera hacia adentro en una campaña que se convirtió en imparable, a pesar de la oposición de la dirección de su partido y del gobierno encabezado por sus propios compañeros. Aquí se sembró la distancia y el odio fratricida que después tanto aportarían al derrocamiento de CAP.

El 23 de enero de 1988 a los 30 años de la caída de la dictadura, ya convertido en candidato oficial de su partido, el presidente Pérez pronunció un discurso en la sesión del Concejo Municipal de Caracas en el que planteó sin ambages su compromiso con la reforma del Estado. Tal compromiso conmovió a los miembros de la dirección de AD contrarios a las reformas.

La campaña electoral de 1988 estuvo signada fundamentalmente por las reformas que debían llevarse a cabo en el sistema político. CAP y Eduardo Fernández, los dos principales candidatos, las tuvieron como banderas; tanto que el 29 de agosto de 1988 –antes de las elecciones– los dos aspirantes llevaron a sus partidos a aprobar la Ley de Elección y Remoción de los Gobernadores de Estado. La dirección dominante de AD lo hizo a regañadientes porque sus miembros sabían que perderían poder. Se venía de aquella operación del gobierno de Lusinchi en la cual se designaron a los secretarios generales regionales de AD como gobernadores de estado, para, con la descentralización, tener que compartir el poder en los estados por obra de la elección popular.

Igualmente, tuvo clara conciencia de la necesidad de darle un vuelco a la economía. Tuve la fortuna de estar presente en encuentros de CAP con Gerver Torres, Moisés Naím, Gustavo Roosen, y de saber de su búsqueda de talentos entre gente joven y formada. Especial papel cumplió la estrecha relación que estableció con Miguel Rodríguez, cuya inteligencia y verbo con pedigrí lo impresionaron; sobre todo, la claridad en relación con el programa que debía desarrollarse en el gobierno. También apeló a quienes estando vinculados a su partido tenían posiciones propias y hasta controversiales como Armando Durán y Simón Alberto Consalvi y a amigos entrañables como Beatrice Rangel, Antonio Ledezma y Reinaldo Figueredo. Igualmente, figuras de su partido entre las que descolló un hombre bondadoso como Alejandro Izaguirre y algunas concesiones forzadas a Gonzalo Barrios y otros dirigentes adecos. En enero de 1989, en presencia de Antonio Ledezma me propuso la presidencia de la Copre.

La reforma económica y la reforma política serían los buques insignia de su gobierno.

El Caracazo

A los 25 días de gobierno estalla el Caracazo. Esa rebelión no fue ni un plan de Fidel Castro ni una expresión pura de desencanto popular por la crisis social de la década de los ochenta; fue un estallido espontáneo que, a las horas, fue colonizado por grupos organizados de la izquierda sumergida e insurreccional. Como las hipótesis de conflicto que había estaban fundamentalmente hacia las zonas fronterizas, Caracas no poseía importantes unidades militares para manejar estas crisis de orden público y la policía estaba penetrada por el malandraje radical, al menos en un sector. Entre la perplejidad, la comprensión tardía de lo que ocurría, la ausencia de tropas en Caracas, y la velocidad en que los medios de comunicación desplegaron los incidentes, se retardó la respuesta y la crisis se hizo mayor.

Una de las razones del retardo en sacar a las fuerzas del orden público a la calle fue –y eso casi nadie lo comenta– porque CAP quería suspender las garantías para hacerlo y no lo iba a hacer sin el apoyo de todos los partidos políticos. Después del Consejo de Ministros del 28 de febrero en la mañana, el presidente convocó a los partidos. A AD y Copei al mediodía y al resto de los partidos un tanto después, como a las 2:00 pm. AD y Copei respaldaron al presidente inmediatamente; los demás partidos, MAS, La Causa R, MEP y otros, se empataron en una discusión interminable, mientras CAP, el ministro Izaguirre y los jefes militares encabezados por Ítalo del Valle Alliegro, esperaban y esperaban para tomar medidas que no podían tomar si no se suspendían las garantías y no se suspendían porque los partidos menores discutían y discutían, y al final no respaldaron al presidente. Recuerdo cómo el general Alliegro, gran militar y gran demócrata, comentó en mi presencia y con extrema impaciencia: si no se suspenden las garantías no puedo sacar las tropas a la calle. Así se respetaban las leyes en ese tiempo.

La demora política permitió que la rebelión avanzara hasta niveles incontrolables y el uso del Ejército en terreno desconocido ocasionó más víctimas que las que una acción temprana de contención habría permitido. Fueron casi 300 ciudadanos los muertos en el Caracazo. Nada de los miles que argumentaba Chávez y siguen argumentando algunos; pero, esa cifra de 300 es lo suficientemente trágica como para no necesitar por politiquería barata aumentarla más. La información la reportaba el ministro de la Defensa cada cierto número de horas al Consejo de Ministros reunido de forma permanente.

Ese evento fue un golpe noble al gobierno del cual nunca se recuperó completamente. Se generó la narrativa según la cual el “paquete neoliberal”, que ni era neoliberal ni se había aplicado, salvo los 25 céntimos de bolívar del aumento de la gasolina, había provocado el Caracazo. Esa narrativa tal vez podría haberse contrarrestado pero AD se sumó a la lucha contra el “neoliberalismo” gubernamental. Es la segunda ruptura de AD con Carlos Andrés Pérez.

Dos días después, en un almuerzo en la cual estábamos Armando Durán y yo, le pregunté al presidente su opinión sobre el Gabinete que había nombrado un mes antes. Respondió que le parecía magnífico, que era de primera. Allí Armando Durán le dijo: Presidente, eso podía haber sido hasta el 27 de febrero, pero de entonces en adelante es otro Gabinete el que se necesita.

La ruptura con AD

Hay tres procesos que marcan la ruptura entre AD y CAP. El primero es la designación del Gabinete. Los dirigentes con mayor poder consideraban que el partido no estaba adecuadamente representado entre los ministros. El segundo fue la descentralización política que dio como resultado en la primera elección de gobernadores y alcaldes el siguiente resultado: de los 20 gobernadores electos, 11 correspondieron a AD, 7 a Copei, 1 a La Causa R y 1 al MAS y de los 269 alcaldes electos, 149 correspondieron a AD, 99 a Copei, 11 al MAS y 10 a otras fuerzas políticas. El partido pasó de tener todo el poder regional a tener la mitad. El tercero fue el proceso de reforma económica que significaba la apertura de la economía, la competencia del sector privado con sus pares foráneos, la libertad de invertir, la privatización de bienes en poder del Estado que habían permanecido como piezas del clientelismo y no de la eficiencia productiva, la reforma comercial, la libertad cambiaria y otras transformaciones que no desaparecían el rol del Estado sino que lo innovaban. Reformas que, por cierto, eran apoyadas retóricamente por el empresariado pero que a puertas cerradas muchos de sus integrantes se les oponían por precipitadas e imprudentes, ya que los obligaban a cambiar su molicie de tanto estar recostados al Estado.

Las relaciones fueron de estira-y-encoge permanente entre partido y gobierno. Recuerdo una reunión en La Casona entre el gobierno y el partido. Miguel Rodríguez hizo una convincente intervención ante un grupo de dirigentes adecos que le estaban buscando la caída; también habló Pedro Tinoco, presidente del BCV. Alfaro Ucero se quejó del gobierno y de “algunos ministros” –refiriéndose a mí; lo haría después igual en un CDN- que escriben en los periódicos “en contra del partido”; la verdad es que no escribía “en contra” sino que planteaba críticas a la conducta de AD. En esa reunión el único dirigente que habló con intención constructiva y analítica fue Luis Piñerúa Ordaz, hombre de gran honradez intelectual y política, adversario de Pérez en los momentos de gloria del presidente y solidario compañero y amigo en las horas amargas de la adversidad; hizo preguntas, indagó y criticó. Al salir de esa reunión, Octavio Lepage me comentó sobre la intervención de Miguel Rodríguez y como para excusar la falta de participación de los demás dirigentes en el debate, “es que Miguelito es un encantador de serpientes”, refiriéndose a su talento y elocuencia.

La única otra oportunidad en la que Alfaro Ucero y el CEN que controlaba apoyaron a CAP fue con ocasión del 4 de febrero de 1992, a un costo alto para el presidente. Un mes después del golpe habría cambio de Gabinete y salimos de nuestras responsabilidades Miguel Rodríguez, Gerver Torres, Imelda Cisneros, Virgilio Ávila Vivas, Armando Durán, y yo, entre otros, con el propósito de darle más participación a la gente del partido, con excepción de Cordiplan, en el cual el sustituto de Miguel fue Ricardo Hausmann. CAP pensaba, equivocadamente, que así obtendría respaldo del partido. No lo obtuvo y las reformas no pudieron avanzar mucho más. Miguel pasó unos días como presidente del BCV del cual fue eyectado por la inquina de AD en su contra.

Pedro Tinoco es otro capítulo aparte. Fue gran amigo personal del presidente. Hombre de pocas palabras y certero en su razonar. Respetaba y creía mucho en Miguel Rodríguez; fue impulsor, también él, del Gran Viraje. Sin embargo, fue un desacierto su nombramiento como presidente del BCV y en una conversación entre el presidente, su hija Sonia, Armando Durán y yo, después de un almuerzo, cuando los otros ministros se habían retirado, le planteamos al presidente la inconveniencia de Tinoco en el BCV no por las razones que esgrimían sus enemigos contra el Gran Viraje sino porque no se podía venir de la presidencia del Banco Latino y de la Asociación Bancaria a ser presidente del BCV. Lo podía haber nombrado ministro de Hacienda; sin embargo, AD se tiró en el piso por ese cargo.

No todo el partido estaba en contra del presidente. Hubo dirigentes importantes pero sin poder interno que apoyaron y en algunos casos lideraron las reformas: Arnoldo José Gabaldón, Pedro París Montesinos, Héctor Alonso López, Antonio Ledezma, Carlos Canache Mata, Marco Tulio Bruni Celli, Aura Celina Casanova, entre algunos más.

Nuestros errores

He sostenido que los miembros independientes del gobierno cometimos, en mayor o menor grado, errores importantes. También el presidente. Esos errores fueron básicamente, en primer lugar, los de la arrogancia política e intelectual. En un doble sentido: algunos estimaron que las políticas a aplicar serían tan eficaces que sus propios resultados inmediatos exonerarían de los tragos amargos que en lo inmediato provocarían. Tinoco lo expresó una vez con una frase original que quedaría para nuestra historia: “La mejor política social es una buena política económica”. En otro sentido, la arrogancia se manifestó en la idea de que los jefes adecos eran unos ignorantes incapaces de discutir los temas que la ilustración del Gabinete desarrollaba y, por tanto, podíamos desentendernos de sus dudas y sus silencios; en clara impericia de este lado ya que podían no saber pero tenían inmenso poder. No supimos neutralizar su oposición y menos ganarnos su respaldo. Tal vez no era posible pero el intento no fue entusiasta, salvo por quienes dentro del gobierno equivocadamente les hacían concesiones a sus caprichos clientelares.

El otro error le corresponde al presidente. Quien esto escribe estaba totalmente de acuerdo con el Gran Viraje, sin embargo estaba convencido que sin apoyo político no sería viable. La descentralización había conseguido un gran respaldo en la opinión pública, no así la reforma económica; a pesar de que el Gran Viraje llevó a la economía a crecer a tasas altísimas, en 1990 fue de 7% y en 1991 de 10%, con una reducción sustancial del desempleo a un nivel de 6%. Tengo como imborrable la vez en la que le presenté mis dudas sobre el curso que llevábamos sin el suficiente apoyo político, tesis que compartíamos Durán, Ledezma, Izaguirre, Pastor Heydra, entre otros, y la respuesta que me dio el presidente fue tajante: “Ministro, hagan ustedes su trabajo que yo me ocupo de darles el apoyo que necesitan”. Al final, su capital político no dio para tanto.

En una oportunidad muy temprana y ante la seguridad de que AD no lo apoyaría, le propusimos que se fuera a la calle a recabar y organizar el apoyo popular que tenía y que podía incrementar. Ledezma organizó una primera gira a Cumaná que fue apoteósica y le planteamos seguir en ese camino. No lo hizo y quedó amortiguado solo por su capital político que perdió fuelle a velocidad asombrosa. AD desdeñaba a Pérez, pero este no podía darse el lujo de desdeñar a AD y no trabajó lo suficiente para convencer a varios de sus dirigentes. Hay quien dice que ese trabajo solo habría significado cuotas de  poder –como ocurrió después del golpe del 4-F–, mientras otros consideran que podría haberse obtenido apoyo con más interacción personal. Era un problema de economía política que nunca sabremos si podría haber tenido otro resultado.

La Convención de AD en 1991 la podía haber ganado un hombre solidario con CAP, Héctor Alonso López. La verdad es que el presidente no puso su peso político (¡y mucho menos recursos!) para que López ganara: perdió por 78 votos la Secretaría General, mientras la estructura cuaternaria del partido anuló delegaciones y con algunos fraudes se impuso.

La venganza del gomecismo

El gomecismo, en su evolución hacia el “lopecismo” y el “medinismo”, representados por los generales López Contreras y Medina Angarita, nunca perdonó a los adecos el golpe de 1945. Ese gomecismo se desparramó y licuó en la historia, pero quedó vivo en manos de una élite política representada por Arturo Uslar Pietri.

Uslar y el grupo de notables que se aglutinó a su alrededor también se uncieron al tropel de las reformas. En la Copre fueron invitados permanentes y en varios aspectos ayudaron a ampliar su significación en la opinión pública. Algunos pensamos que este esfuerzo conjunto iba a permitir superar las resistencias que en el mundo partidista se producían hacia el gobierno que las impulsaba. No fue así. Cuando CAP perdió el apoyo de su partido, Uslar y los notables arremetieron desde otro frente: primero dijeron que los cambios no eran suficientes y luego que CAP no podía desarrollarlos porque la corrupción que representaba –según su criterio- era abominable. Varias veces conversé con el escritor sobre el tema y se mostraba proclive a apoyar los cambios y en el curso de ese proceso en realidad lo que se proponía era quitarle todo pilar de sustentación al gobierno. De allí a pasar a exigir la renuncia del presidente no hubo sino un pequeño trecho.

En el fondo, la posterior victoria de Chávez y la tragedia conocida, fue la venganza del gomecismo representado por sus más ilustres herederos: Arturo Uslar Pietri, José Vicente Rangel y los Notables.

Un aliado inesperado de los Notables desde una perspectiva histórica fue Rafael Caldera. Durante el gobierno de CAP consideraciones especiales fueron dadas a Caldera. Fue Presidente de la Comisión Bicameral de Reforma Constitucional desde 1989 y la Copre le dio todo su apoyo para que el ex presidente cumpliera su misión. CAP estimuló este apoyo, especialmente cuando se programaron las Jornadas Constitucionales Jóvito Villalba presididas por Caldera, para discutir las reformas de la Carta Fundamental. Sin embargo, por diversas razones psicológicas, políticas e históricas, Caldera tenía aborrecimiento hacia Carlos Andrés Pérez que este no tenía hacia él y a pesar de la distancia condescendiente con la que se trataban, cuando Caldera lo percibió débil le saltó a la yugular. Su vuelta a un segundo período no tenía el carácter de una nueva propuesta sino de una revancha.

A partir del golpe de Chávez el descontento adquirió el rostro de un oficial del Ejército, pero quien podía recoger la efervescencia y la inquina social fue Caldera quien la empleó a fondo en su marcha desde “la reserva” hasta el estrellato. Después del 4-F el presidente estaba muy débil y muchas iniciativas se disolvieron en la crisis gravísima derivada de un gobierno arrinconado.

En una oportunidad, antes del segundo golpe del 27 de noviembre de 1992, fuimos a visitar a Caldera Joaquín Marta Sosa, Andrés Stambouli y yo. Tuvimos una conversación larga y allí le planteamos que se reuniera con CAP para que entre los dos líderes abortaran la crisis talla mamut que se avecinaba. Caldera en su sillón enlazó sus manos a la altura de las rodillas, bajó la cabeza en actitud reflexiva y al cabo de unos segundos preguntó: ¿el presidente Pérez sabe de esta reunión?, le dijimos que no. Luego nos respondió: no puedo… moralmente no puedo. Así se abortó una iniciativa que la pensamos como instrumento para domesticar el conflicto.

Los jinetes del apocalipsis ya andaban juntos: Uslar Pietri, José Vicente Rangel, Ramón Escovar Salom y Rafael Caldera, mientras en la sala de máquinas Alfaro Ucero, secretario general de AD y sus sargentos preparaban el derrocamiento del presidente.

Los militares

Las Fuerzas Armadas fueron factor esencial para la recuperación y luego la estabilidad democráticas. Nunca dejó de haber en su seno murmuraciones, trapisondas y conspiraciones, tal vez menores en las presidencias de Raúl Leoni, Caldera I y CAP I. Cuando Carlos Andrés Pérez llega a su segunda presidencia ya se sabe que Chávez y su gente andaban conspirando desde hacía rato y también había un bochinche de generales: pugnaban entre sí altos oficiales con formación intelectual y, si no aspiraciones, al menos posiciones políticas militantes. La competencia entre varios de ellos limitaba la colaboración entre organismos y convertía la inteligencia recabada en disputas interminables.

CAP subestimó las informaciones sobre la conspiración de Chávez. Lo hizo por dos razones: no se concebía en ese entonces y él menos que nadie, que pudiera haber intentos de golpe contra la democracia ya considerada estable; y consciente como estaba de la pugna entre generales, atribuía en alguna medida el manejo de informaciones y rumores a esa causa. Aunque la verdad es que todo el mundo hablaba de golpe y Uslar Pietri lo anunciaba; en los trabajos de la Copre, ya a finales de los años ochenta se planteaba que de no adoptarse las reformas hasta el golpe de estado podría estar planteado.

Al producirse el 4-F, CAP se colocó al mando con los eventos conocidos. Sin embargo, no tenía en sus manos el control militar completo y ese golpe descompuso la situación institucional aún más. Muchos dentro del gobierno, del partido y en sectores políticos pensaban que el general Ochoa Antich, ministro de la Defensa, era parte del golpe. CAP nunca lo creyó; decía que “los Ochoa son locos, pero no traidores” (exceptuaba al padre, a quien quería mucho, de tal crítica). Lo cierto es que la desconfianza en Ochoa se basó en que desobedeció las órdenes del comandante en jefe en dos oportunidades; una, de la cual fui testigo presencial y alguna vez discutí hace pocos años con Ochoa. Este hablaba con el comandante de la Aviación y el presidente le ordenó que bombardeara La Planicie. El ministro desobedeció transmitiéndole un parecer diferente en voz baja al jefe de la Aviación Militar. De seguidas, CAP, en Consejo de Ministros, nos dijo: van a pasar nuestros aviones de combate para bombardear; no se preocupen. Pasaron y no dispararon ni un tirito… El otro episodio fue la presentación de Chávez “en vivo”, lo que el presidente había prohibido expresamente. Ambos hechos los ha discutido Ochoa en diversas oportunidades; sin embargo, dejaron un ambiente de sospecha sobre muchos mandos militares, lo que se corroboró con el nuevo alzamiento del 27 de noviembre de ese mismo año.

La caída

Al final la tremenda popularidad inicial de CAP se había diluido. La alianza liderada por la revancha gomecista, encabezada por Arturo Uslar Pietri y José Vicente Rangel, logró sumar a personalidades relevantes del país. Allí concurrieron los Notables, Rafael Caldera, Copei, el MAS, las insurrecciones militares, varios medios de comunicación importantes, empresarios que fueron sus amigos, y, desde luego, el golpe de gracia con la traición de Acción Democrática. Al término del breve gobierno de Ramón J. Velásquez llegó Caldera y después de dos años de cumplir al pie de la letra su Carta de Intención con el Pueblo Venezolano, que significó una crisis financiera y económica brutal, firmó su Carta de Intención con el denostado FMI para adoptar con Teodoro Petkoff el programa “neoliberal” contra el cual había basado su largo camino de nuevo al poder. Entonces el líder social cristiano contó con el auxilio de Acción Democrática, auxilio que este partido le había negado a su compañero Presidente y que ahora prodigaba en abundancia para desarrollar con Caldera las mismas políticas que con CAP condenaba.

En esa soledad que precede a la caída, CAP vio desfilar a sus enemigos alborozados y a muchos de sus antiguos compañeros y amigos. La asquerosa trama judicial desarrollada desde la Fiscalía por Escovar Salom y desde la Corte Suprema por magistrados cuyo ascenso Pérez había apoyado, conformaron la hoja de parra con la que se cubrió lo que de otra manera no podría sino ser calificado como derrocamiento.

Carlos Andrés Pérez soportó con estoicismo la destitución; las infamias de sus enemigos, ahora con carne de cárcel para morder; la prisión en El Junquito; la prisión domiciliaria; el exilio; la soledad; y, al final, una senda injusta y tortuosa hacia la muerte. Sus enemigos yacen en la cuneta del olvido o en el desprecio de los ciudadanos que hoy padecen las consecuencias del irreversible disparate de entonces. Varios dolores le conocí y dos me impresionaron para siempre: la muerte de Jóvito Villalba que tuvo para Pérez un significado muy hondo, del cual no tenía noticia; y la traición de AD, de sus compañeros, de su partido, de una parte casi completa de su vida.

Otra vez: la historia

Poco a poco Carlos Andrés Pérez retorna a la senda de la gloria a la cual aspiró y con la misma cadencia, con paso firme y sonrisa franca, logra el objetivo que tuteló su vida: llegar a la historia como un gran hombre que, como todos, tenía muchos defectos y excelentes virtudes.

Fue condenado y derrocado no por los errores que cometió sino por los aciertos que tuvo. Fue condenado y derrocado no por el pueblo sino por las élites. Algún día será reivindicado plenamente y los que trabajamos con él estaremos allí, orgullosos del intento más completo de transformación emprendido en el último medio siglo.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

sábado, 29 de febrero de 2020

MIBELIS ACEVEDO DONÍS: NI TODO, NI TAN BIEN

Participar en el plebiscito de 1988 “atendió a un profundo sentimiento de realismo”, recuerda Mariana Aylwin, ex parlamentaria y ex ministra de Estado; hija, para más señas, de Patricio Aylwin, primer presidente de la transición chilena. Aceptar que “eso era lo que quedaba por hacer” a la oposición luego de “intentarlo todo”, de haber cometido errores y evadir el programa común, fue preludio de una pujante movilización unitaria contra el escepticismo; con partidos inhabilitados, sin libertad de expresión y apenas 28 días de franja electoral. Una “tremenda organización” que llevó a “7 millones de chilenos a inscribirse en los registros electorales” y garantizar testigos en cada mesa. Hubo miedo, claro. La mayoría votó tocada por la sombra de los desaparecidos, los torturados, los muertos, temiendo sumarse al aciago inventario. Chile votó, no obstante, y eso apartó lo que parecía una cuchilla inexorable pendiendo sobre su destino.

Sin ánimos de igualar la experiencia de otros países con la de Venezuela, conviene superar el rupestre convencimiento de que nuestro caso es “único” -o sea, “irresoluble” por vías políticas- si se desea obtener pistas en torno a la conveniencia de participar o no en “elecciones viciadas”. Escenario nada original en la historia de las democratizaciones, por cierto, y que Andreas Schedler vincula con el menú que conocemos: fraude, opresión e inequidad, pero también manipulación de actores, clivajes políticos y reglas de competencia.

Si bien Schedler no niega que gracias al manoseo institucional buena parte del fracaso de los partidos de oposición es “prefabricado” por los autoritarismos gracias a una política de exclusión y fragmentación, también señala -y cita a McFaul- que la capacidad de esos gobiernos para ganar elecciones no suele deberse a su propia “inteligencia sino a la ineptitud de sus opositores”. El abandono de zonas de oportunidad en aras de objetivos poco realistas parece ser una constante en ese sentido. Una oposición susceptible a maniobras diseñadas para inducir su desgaste (desde inhabilitaciones, sobornos, reglas sesgadas, malapportionment, ventajismo mediático hasta violaciones a su integridad física) acaba descuidando algo crítico: que cuando los autoritarismos convocan a elecciones, “abren una ventana de incertidumbre, por pequeña y frágil que sea”.

Aceptar o no las reglas de ese anómalo juego dominado por el tenedor del poder fáctico, es uno de los dilemas usuales que enfrentan entonces los demócratas. En Chile, donde en efecto ya se había recurrido a “todo” (protesta masiva, paros, aislamiento internacional del régimen; incluso operaciones de grupos que avalaban “todos los medios de lucha”) el giro virtuoso estuvo en considerar que si bien no había en la elección una solución de equilibrio, era posible lidiar con esas reglas asumiendo un compromiso temporal que serviría para debilitar bastiones de poder. Evidentemente, se logró mucho más que eso.

En cuanto a Venezuela, llama la atención que sectores proclives a la abstención afirmen también que “hemos hecho de todo… para nada”; y viaja allí la estocada a los entecos frutos de la ruta electoral. Al respecto, es justo hacer algunas consideraciones. No sólo en estos 20 años la del 2015 fue la única elección asumida con criterio de eficacia (esto es, con una oposición que trabajó integrada y con consciencia de la desventaja competitiva, de la necesidad de sacar máxima utilidad al recurso limitado) sino que era la primera vez que las fuerzas democráticas convocaban mayoría decisiva a su favor. 

Pero tras la chacumbélica gestión del triunfo –uno que al no ser visto como hito de una cíclica prueba de fuerza y legitimidad tendiente a ir desarmando el control autoritario, se disolvió a punta de expectativas irrealizables desde un aislado coto institucional- la oposición no sólo no repitió la suma de aciertos: perdió cohesión y rumbo, optando por salidas express que abortaron el avance e impidieron copar otros espacios cuando la hegemonización autoritaria aún no se completaba. Lejos de evitar errores que dejasen cancha libre al gobierno, de insistir con paciencia estratégica en eso que produjo éxito rotundo pero a todas luces parcial, retornamos al atajo, la yerma fórmula del todo-o-nada. Fórmula, de paso, contraria al plan de conquistas acumulativas que supone el voto cuando se plantean elecciones no-fundacionales. 

No todo se ha hecho, ni todo se ha hecho bien. Ante el reto electoral en puertas (y hay una AN activada a favor de la tarea de remozar el CNE) habrá que repasar esos prolegómenos con ojo severo. Ejemplos como el de la concertación chilena, forzada a entender que no hay oportunidad nimia cuando el adversario es tan feroz, siguen brindando guía valiosa. Pero asumir además en nuestro caso que la lucha por nuevas reglas está inmersa en el juego de reglas prevalecientes y sub-óptimas, quizás ayude a arrojar nueva luz sobre el camino que creímos agotado; no un apeadero final, más bien otro crucial punto de partida.

Mibelis Acevedo D.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis

lunes, 29 de julio de 2019

NOEL ÁLVAREZ: REVOLUCIÓN INMORAL

Arthur Koestler, filósofo social húngaro, de origen judío, ingresó en el Partido Comunista en 1931 y viajó pocos años después a la Unión Soviética. Tras la Guerra Civil Española se convirtió en acérrimo enemigo del régimen de Stalin, cuando oyó los testimonios de quienes habían luchado contra el dictador soviético. No eran tiempos fáciles para oponerse a un régimen que vivía tranquilamente por la complicidad de algunos países. El Partido Comunista tenía una gran fuerza en Europa y la ideología leninista aún no había mostrado su peor cara o no se había hecho visible en todo su horror. Aun así, Koestler fue valiente y dijo la verdad. 

La obra más conocida de Koestler es la novela El Cero y el Infinito, en ella se relata la historia de Nicolás Salmanovitch Rubachof, un antiguo bolchevique que fue arrestado, encarcelado y acusado de traición contra el gobierno, que él mismo había ayudado a instaurar. Rubachof  sufrió idénticos atropellos a los que él, como representante del Partido, había aplicado en forma implacable, sin conmoverse por la suerte violenta de otros camaradas. Si bien la novela no menciona por sus nombres a los personajes, el autor reconoce que los que aparecen en su obra, se basan en la vida de hombres que protagonizaron y padecieron esas circunstancias.

Los interrogatorios a los que es sometido Rubachof tienen como objetivo que se declare culpable de varios delitos:  traición al partido, conspiración para asesinar al líder, sabotaje, entre otros. Él no ha planificado ni cometido los crímenes por los cuales es acusado, a lo sumo, en algunos momentos ha dudado de la infalibilidad del Número Uno o del Partido. Este líder de la Revolución, héroe de la guerra civil y Comisario del Pueblo, es detenido en el marco del llamado Proceso de Moscú, que poco a poco, hará desaparecer a la vieja guardia de la Revolución y afianzará el poder de Stalin. El Comisario debió pasar por la maquinaria policial del régimen y acumular en su contra, gran cantidad de expedientes falsos que a la larga se convertirán en “verdades” y lo conducirán a prisión y a la muerte. 

Antes del cero nada y después de él tampoco. O se está con el Partido o se está en contra de él. Cualquier observación o minucia es catalogada como traición. En igual lenguaje se expresan los comunistas por estas calles. De eso habla El cero y el infinito: del poder voraz, que no admite réplica pero que sigue su lógica hasta el absurdo. Desde el principio, todos sostienen que el juicio contra Rubachof no tiene sentido: él no podrá defenderse, porque ya la sentencia está escrita. En esa época, los fallos dictados por los jueces, solo respondían a la voluntad expresa del partido, no importando si con ello se falseaba la verdad. En un país sudamericano parece haber venido sucediendo otro tanto.

“El Partido no se equivoca jamás”, decía Rubachof. “Tú y yo podemos equivocarnos, pero el partido no. El Partido, camarada, es algo mucho más grande que tú y que yo y que otros mil como tú y como yo. El Partido es la encarnación de la idea revolucionaria en la Historia…”. Pero, como en el paraíso no hay criminales sino sospechosos de serlo, la última hora de vida del personaje se fija, precisamente, en la pérdida de ese “paraíso”, de ese sueño que se convierte en pesadilla. 

De alguna manera, El cero y el infinito se acerca al mundo kafkiano, donde el individuo no tiene ninguna importancia frente al poder superior. Pero estos interrogatorios a la disidencia bolchevique y opositora existieron en la realidad y Koestler lo que hizo fue exponerlos en una novela. Son testimonios únicos de esa vergüenza que recorrió el siglo XX con su pasión totalitaria y que aún persiste como un tumor maligno en algunos países.

Tanto los interrogadores como el acusado, en alguna medida comparten la misma lógica revolucionaria y la razón histórica a la que deben responder, la confianza en la misión del Partido, el acatamiento a todas y cada una de sus decisiones y disposiciones, su lugar en la Historia y la importancia de preservar y defender la Revolución ante realidades adversas, para el futuro de la humanidad. En los primeros encuentros entre Rubachof y sus verdugos, se desarrolla un enfrentamiento dialéctico en el que uno de ellos expone y justifica la necesidad de acatar y someterse al Partido para evitar divisiones que pudieran hacer peligrar el proyecto revolucionario por el que ambos han luchado, lo cual es contrastado por las dudas que el prisionero expone. Posteriormente presionado por los jueces, escogidos a dedo, Rubachof se tendrá que declarar culpable. Nada nuevo bajo el sol.

Noel Álvarez
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv @
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

sábado, 8 de junio de 2019

ORLANDO VIERA-BLANCO: LOS APACIGUADORES DE LA HISTORIA

«La Historia nos ha enseñado que no hay pan sin libertad» sostenía el programa de solidaridad. «Lo que teníamos en mente no sólo era pan, mantequilla y salchichas, sino también, justicia, democracia, verdad, legalidad, dignidad humana, libertad de convicciones y la reparación de la República» Lech Walesa.

Hoy quiero referirme a dos episodios y algunos de sus protagonistas, Lech Walesa, Arthur Neville Chamberlain y Winston Churchill, en el marco del fenómeno Solidaridad, Pacto de Múnich y el pretendido “radicalismo guerrerista” del Primer Ministro Británico. Tres ejemplos que citan como efigies de apaciguamiento por una parte o resolución guerrera a toque de sangre sudor, esfuerzo y
lagrimas, cuando se sacan de contexto y de realidad. Veamos

SOLIDARIDAD. “El pan de cada día es la libertad”

La historia Solidarność, Unión de Sindicatos No-Gubernamentales Polaco, comenzó en agosto de 1980 en los astilleros de Gdańsk donde Lech Walesa y otros fundaron el Sindicato Solidaridad primer sindicato independiente en un país del Bloque Soviético que dio lugar a un amplio movimiento social anticomunista

Después de 500 días de deliberaciones y organización política (1981), se firma el acuerdo de Gdansk. 10 millones de obreros, intelectuales y estudiantes se unieron a él o a sus sub-organizaciones, tales como el Sindicato Estudiantil Independiente (1980), el Sindicato Independiente de Agricultores (1981) y el Sindicato Independiente de Artesanos. Un cuarto de la población polaca (aproximadamente el 80% del total de la fuerza laboral en Polonia) se había unido voluntariamente a una única organización.

Solidaridad se caracterizó por abogar a favor de la no violencia…El gobierno de la República Popular de Polonia intentó destruir el sindicato por medio del establecimiento de la Ley Marcial de Polonia de 1981, seguido de varios años de represión política. Pero al final fue forzado [el régimen] a negociar con el sindicato. Las negociaciones de la mesa redonda entre el gobierno y Solidaridad tuvieron como resultado las elecciones de 1989, cuando se había conformado un gobierno de coalición liderado por Solidaridad.

En diciembre de 1990 Walesa fue elegido Presidente de Polonia. El ejemplo de Solidaridad contribuyó a la propagación de ideas y movimientos anticomunistas a lo largo de los países del Bloque Oriental lo cual debilitó a sus gobiernos. Un proceso que culminó en las REVOLUCIONES DE 1989 [«el Otoño de las Naciones»].

«La Historia nos ha enseñado que no hay pan sin libertad,» sostenía el programa de Solidaridad. «Lo que teníamos en mente no sólo era pan, mantequilla y salchichas, sino también justicia, democracia, verdad, legalidad, dignidad humana, libertad de convicciones y la reparación de la república” sentenció Walesa a un periódico local (1981)…Usando las huelgas y otras acciones de protestas, Solidaridad procuró forzar el cambio en las políticas gubernamentales por mas de 8 años de lucha y mas de 10.000 activistas tras las rejas. Jamás soltó las barras. A fines de agosto de 1989, Solidaridad logró formar gobierno de coalición.

La historia nos devela 4 elementos generadores de consecuentes necesarios: 1.- Organización y obediencia disciplinada de la coalición de resistencia; 2.- Acciones estratégicas coordinadas y puntuales en espacios públicos y privados [fábricas, universidades, sedes sindicales, gremios, iglesia]; 3.-Liderazgo participante no violento y 4.- Disposición colectiva a “participar en la creación de soluciones, porque las soluciones mágicas no existen” (ob cit. Daniel Eskibel. Como conducir la negociación política. Maquiavelo & Freud).

Chamberlain, Churchill y Hitler. Entre la guerra y la paz.

Churchill predijo. «Un fanático es alguien que no puede cambiar sus opiniones y que no quiere cambiar de tema». El Pacto de Múnich (1938) que más tarde llegó a simbolizar el apaciguamiento, no puede ser valorado por la historia ajeno a las imposibilidades bélicas reales del Imperio Británico y al franco proceso de desmembramiento de un tercio de su territorio desde 1930.
Un trabajo de la BBC de Londres-pasadas 8 décadas de la “capitulación de Chamberlain que transfirió la región de los Sudestes Checos a la Alemania Nazi en medio de amenazas militares-ha reconocido “que había la certeza absoluta que cualquier intento de confrontación provocaría una guerra ruinosa y probablemente imposible ganar; que mataría a millones, involucraría a Japón e Italia, destruiría el Imperio Británico, dilapidaría sus riquezas y socavaría su posición como gran potencia”.

Ante esta realidad Churchill asomaba con resolución-sin fanatismos-de ir a la guerra, pero con misericordia aunque “no la demostrara”.

El nombre de Chamberlain se convirtió en un abusivo sinónimo del apaciguamiento cobarde de matones sin importar el precio de honor nacional. Pero los tiempos desmontaron ese afán. La historia lo juzgó y hoy lo redime. ¿Estaba dispuesto el Reino Unido a amenazar con la guerra a Alemania en nombre de un Estado al que no podría salvar y que nunca recobraría su forma anterior?
Como ilustra Cruz, la imagen que perdura de Neville Chamberlain, “es la de un personaje tragicómico e ingenuo con un pedazo de papel en la mano en el que se lee: Paz para nuestro tiempo».

La personalización de la política

Nos estamos apaciguando nosotros mismos. La literatura, la historia y la libertad no se resumen en 280 caracteres. Las desfigura, las rompe, las finge. Opacidad donde las tiranías vencen…!y escriben su propia historia!

Orlando Viera-Blanco
@ovierablanco 

lunes, 29 de abril de 2019

JESUS ELORZA G., BANCO DE LOS CAMARADAS DE LA V REPUBLICA

En los pasillos de la Facultad de Economía de la Universidad, el tema de conversación giraba en torno al cierre por más de tres semanas deL banco Central de Venezuela (BCV). Por más que trato de entender, no consigo una explicación lógica para esta situación, comentaba uno de los estudiantes.

-Yo que soy un ratón de biblioteca, he buscado y requetebuscado en los textos de Adam Smith, Milton Friedman, Alan Greenspan, John Stuart Mill, Karl Marx y tampoco consigo ninguna orientación que me ayude a entender esta situación, señalaba Luis, estudiante del ultimo año.

-El profesor de la cátedra de Economía y Política viendo el estado reincertidumbre generalizada, se atrevió a intervenir para tratar de orientar a sus estudiantes en la comprensión del problema planteado:

…Haciendo un poco de historia, debo señalarles en primer lugar que a pesar de que la Constitución de 1999 –Art. 318- establece la autonomía del BCV, fueron Hugo Chávez y Nicolás Maduro quienes eliminaron su independencia, convirtiéndolo en un organismo subordinado a los caprichos de Miraflores. El Presidente de la institución tiene que ser designado por la Asamblea Nacional, sin embargo, Maduro y el TSJ le arrebataron esa competencia al Parlamento. Ahora, ese funcionario, por órdenes de Maduro, ni siquiera acude a las comparecencias a las que los diputados de la Asamblea Nacional le convocan, violando, en consecuencia, “el principio de responsabilidad pública” señalada en el artículo 319 de la Constitución. Esto, apreciados estudiantes nos da un marco de referencia para decir que el centralismo totalitario del ejecutivo nacional clavó sus garras en la institución bancaria.

Ninguno de los factores asociados con el banco se ha salvado de la razzia: ni el bolívar, ni el capital humano, ni las reservas internacionales, ni las variables macroeconómicas, ni las instalaciones.

Las consecuencias de esa política totalitaria impuesta por el régimen del socialismo del siglo XXI se evidencian en que el BCV dejó de cumplir las funciones básicas para las que fue creado: no se ocupa de lograr la estabilidad de precios, ni preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria, a pesar de que las dos reconversiones -2008 y 2018- le tumbaron ocho ceros a nuestra moneda, en un período de crecimiento de los ingresos petroleros; es uno de responsables fundamentales de la hiperinflación porque no detiene la emisión inorgánica de dinero; no controla el gasto excesivo del Gobierno, quien ha contado con la aprobación de la directiva del BC para perpetrar toda clase de desmanes; no propicia los equilibrios macroeconómicos, uno de los cuales es mantener la relación adecuada entre la masa monetaria y la generación de bienes y servicios; no ejerce funciones de coordinación de la política económica para “alcanzar los objetivos superiores del Estado y la Nación”, Art. 318; no participa activamente en el diseño y ejecución de la política cambiaria, crediticia y fijación de las tasas de interés; permitió el saqueo del Fondo de Estabilización Macroeconómico; ha autorizado el endeudamiento del régimen en el plano nacional e internacional de forma escandalosa, en una etapas en las que han abundado los recursos fiscales provenientes del crudo; no ha salvaguardado las reservas internacionales del país, patrimonio que se ha reducido en más de dos tercios durante la última década.

En otras palabras, el BCV fue transformado en un apéndice servil del régimen, colocando el Tesoro Nacional solo al servicio de la “revolución socialista”. Convirtieron al Banco Central en una factoría de Miraflores para cometer actos ilícitos: traficar clandestinamente con el oro y otros minerales preciosos, ocultar o maquillar las cifras del comportamiento económico y eludir los controles institucionales.

No resulta extraño, continuo explicando el profesor, que hoy vemos con profunde rabia e impotencia como toneladas del Oro que estaba en las bóvedas del banco han sido sacadas progresivamente para un destino o negociaciones desconocidas; pareciera ser que la consigna del régimen, ahora es “Oro o Muerte nos llenaremos”.

Al final, los estudiantes coincidieron con el análisis del profesor y en consecuencia, tomaron la unánime decisión de incorporarse activamente a la ruta democrática para luchar por el cese de la usurpación, un gobierno de transición y el llamado a elecciones libres…El argumento principal expresado por los estudiantes era que solo superaremos la profunda crisis que hoy vivimos con un cambio de gobierno.

Jesús Elorza
@jesuselorza 

martes, 23 de abril de 2019

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, NO SOMOS SALVAJES

Sobre la vulnerable condición de la democracia y sus enemigos íntimos, William Golding hace un trágico recordatorio en su obra “El señor de las moscas”. Allí, un puñado de niños, un variopinto grupo de náufragos sin supervisión de adultos lidia con sus miedos y debilidades para sobrevivir como incipiente comunidad en una isla. El sentido común los lleva a escoger a un líder por mayoría y a adoptar, asimismo, acuerdos mínimos, reglas que les permitan coexistir e interactuar, que eviten que la sombra de la irracionalidad, el “demonio escondido” los devore. “Después de todo, no somos salvajes”. La libertad emerge entonces como un bien precioso, pero que toca administrar con mesura y responsabilidad. 

Así logran funcionar por un tiempo, contenidos por el toque de la caracola y los mecanismos de la improvisada asamblea; toreando la embestida autoritaria de la legión de los “cazadores”, el ejército comandado por Jack, un muchacho obsesionado con ser “el jefe”. Pero la anarquía llega junto con la pérdida de la esperanza de ser rescatados, la promesa que antes dio credibilidad al liderazgo de Ralph. La revuelta cobra cuerpo, la idea de que sólo a través de la violencia y la fuerza es posible mantener la cohesión de lo que ha devenido en tribu. Es el mal que salta a la yugular, que tiraniza, más cuando las convicciones democráticas de las sociedades no son tan robustas como para distinguir y cortar el paso a la irrupción de la bestia. 

La historia y su cruda alegoría son especialmente relevantes para Venezuela, en momentos en que tanto se especula acerca de la posibilidad de una transición hacia la democracia. Una meta, claro está, a la que no falta el fuelle de un imaginario que prosperó en las candelas truncas del octubrismo y que, una vez madurado, dio buen piso a la biografía de los 40 años de democracia civil, al ethos que cultivado entre glorias y bandazos hoy casi luce lejano y vaporoso. Aferrados al propósito de conjurar la regresión autoritaria que tanta rotura nos ha causado -y no hablamos sólo de la escabechina evidente, sino de la pérdida de valores, la degradación de la más básica dinámica de intercambio- el ideal democrático sigue apareciendo como vital punto de llegada. De arribar allí, finalmente, ¿qué nos garantizaría obtener resultados sostenibles? ¿Qué nos salvará de recaer en la atávica celada del despotismo? 

“Cuando llegue ese puente, lo cruzaremos”, dirán algunos, los mareados quizás por el sofisma de que los medios no condicionan los fines, los seducidos por la falacia de que la diferenciación existencial respecto al adversario no hará mayor peso en una etapa signada por un utilitarismo desligado de la ética, fase en la que “vale todo”. Pero lo cierto es que observar las reglas de la política es crucial para evitar hundirse de nuevo en el tremedal de la autofagia. Así que no está de más revisar desde ya cuán comunes son nuestras convicciones y prácticas democráticas; detectar, por ejemplo, si la deliberación que exige la búsqueda de una verdad común es ejercicio regular hacia lo interno de organizaciones como los partidos políticos. Si se admite plenamente que sólo los acuerdos amplios, explícitos, verificados y basados en la confianza son los que asegurarán la gobernabilidad, una vez se encuentre una fórmula para zanjar la crisis. Si a ese ethos igualitario y plural en términos de reconocimiento y participación en los asuntos públicos, se ancla la noción de una autonomía signada por la mutua limitación: la que ejerce la comunidad sobre la voluntad del individuo y la que los asuntos privados del ciudadano oponen al colectivo, como indica Todorov. 

Sin esa “infraestructura de microdemocracias que sirven de base a la macrodemocracia de conjunto” (Sartori dixit) el ideal democrático boquea. De allí la importancia de enfocarse en la creación-rescate-reforzamiento de una cultura política que por interrumpida y boicoteada de todas las formas posibles, prácticamente se ha borrado de nuestros referentes. Tal cultura exige de los ciudadanos que piensen y se comporten como demócratas, que “se crean” la democracia, en fin; que entiendan que no es una opción pasarle por encima, pues saben que el poder que ayudan a gestar reside también en cada uno de ellos. 

No basta con servirse de la dificultad que impone el contexto para esquivar lo que ya antes fue postergado por la urgencia; más si se asume que sin esas certidumbres, la bestia autoritaria no tardará en asomar su hocico, presta a lanzarnos sus detritus, a malograr el avance. Sí, el paisaje del recomienzo es casi tan fragoso como el que han enfrentado los jóvenes náufragos. Pero incluso nuestra propia historia brinda pistas para armar esa ofensiva contra la irracionalidad: allí está la lección de Puntofijo, allí la huella de actores serenados por el aprendizaje que dejaron los viejos errores, empujados por su afán de dotar de estabilidad, profundidad y efectividad a esa frágil criatura que estaba por nacer. Ah, es que después de todo, no somos salvajes. 

Mibelis Acevedo D.
@Mibelis

miércoles, 20 de marzo de 2019

ORLANDO VIERA-BLANCO, HISTORIA DE UN ÁNGEL.

Son muchas las experiencias compartidas con la diáspora Venezolana en Canadá. A raíz de nuestra designación como Embajador del Presidente (E) Juan Guaidó los encuentros con nuestra comunidad han venido acompañados de trepidantes emociones. Vivencias, aprendizajes y fortalezas que sin duda regresarán a nuestro país convertidas en virtudes que contribuirán sensiblemente a la recuperación del tejido social, ciudadano y afectivo de Venezuela.


Un Ángel en Vancouver

Con mucha calidez y dulzura se me acerca una dama. Con ojos llorosos pero mirada alegre me comenta: “Muchas gracias por devolvernos la esperanza Embajador. Son muchos años solos y sin nadie que nos represente, sin una voz y una humanidad que nos tienda una mano, si quiera un gesto de solidaridad. Pero los tiempos llegan y con ellos la justicia… Vine a Canadá porque estando en Venezuela conocí a quien sería mi esposo…Fui una ejecutiva exitosa. Trabajé para un grupo textil que me permitió emprender y formar mi propia agencia. A corta edad (22) ya tenía mi apartamento, mi carro, una vida próspera y pujante… Me casé en Venezuela pero al poco tiempo me separé. Una noche-resistida a salir- acepté una invitación a cenar donde repentinamente conocí a un hombre maravilloso. Venía de Quebec de visita en Caracas (…)

“Tan sólo al verte supe que serías mi esposa” me comenta con nostalgia y alegría a la vez nuestra sentida interlocutora fue el cumplido que al rompe le dijera aquél joven de 30 años oriundo de Montreal. Quedó realmente prendado del carisma y belleza de una joven Venezolana ahora ya con 30 años en Vancouver. Pocas semanas más tarde le pediría que se casara con él y se marcharan a Canadá. Ella lo dudó profundamente, ansiosamente. Le iba bien en Venezuela (1.993) a pesar de su divorcio y ciertas turbulencias políticas. ¿Cómo apartarse de Venezuela? ¿Cómo irse a un país frío, enfrentar otra cultura, otro idioma, otro clima, otro horario? Pero después de consultarlo con “todos los parientes, todas las piedras, las almohadas y los gurús”, decidió aventurarse con su nuevo esposo en tierras gélidas…

Tan sólo un par de años más tarde viviendo en B.C. queda embarazada… Al tiempo de nacer su hijo -ese mismo día- ella era transportada con su bebé [enfermo] en una ambulancia a otro hospital de la ciudad de Vancouver donde agonizaba su esposo, aquel joven Québécoise que apenas hace un par de años le ofreciera matrimonio y otra vida lejos de su país. Después de sufrir durante un año una enfermedad degenerativa -naciendo su hijo- su padre se marchaba de este mundo. Nacía un ángel y se despedía otro. Para aquella mujer-devastada-que llegó plena de ilusiones a Canadá procedente de Caracas, comenzaba sola una vida con su hijo quien además nació con una afección pulmonar congénita.

Con lágrimas en los ojos me contó como tuvo que encarar su proceso migratorio. 

Demostrar humanidad y compasión. Pero además talento como diseñadora y empresaria para justificar sus cualidades profesionales y quedarse… Su caso fue muy reseñado por la prensa canadiense. Recibió mucho apoyo de la gente. Después de las indeclinables burocracias y exigencias migratorias le aprobaron su residencia. El destino le concedió rehacer vida familiar… Años más tarde vuelve a casarse en Vancouver con canadiense, con quien lleva una vida feliz y digna, sin dejar de aportar, ayudar y colaborar un sólo día con Venezuela. Su hijo superó el umbral de la pubertad. Al nacer le habían dicho que si “vencía” la adolescencia viviría. Y la venció. Hoy está en la Universidad, y con el ejemplo, abnegación y dedicación de una luchadora como su madre, su hijo no sólo ha sobrevivido sino se preocupa por la sobrevivencia de su país de origen. Por eso somos sangre buena, pura y noble, capaces de superar cualquier adversidad si dejar de tener presente a Venezuela en nuestro corazón…

Y venceremos todos

Cuando escucho estas experiencias de vida, de sangre, sudor y lágrimas, valido todas mis convicciones sobre la resiliencia del venezolano. Nuestro temple, nuestra madera fina, nuestra determinación para encarar y superar todos los obstáculos. Siempre digo que el problema de Maduro y sus adláteres no es que está rodeado por una coalición internacional que viene por él. Su gran carga y reto es que está rodeado de madres e hijos de nuestras madres invencibles que no soltarán las barras ni talante hasta ver que se ha hecho justicia, que tenemos los que nos corresponde, esto es, recuperar nuestro derecho a ser libres y felices y a vivir en paz…

¿Cuántos Ángeles tiene Venezuela con historias de vida que dejan impronta en cada esquina del planeta? ¿Cuántos ángeles hay en Venezuela que no han podido extender sus alas y volar en paz por un gobierno irresponsable, indigno y malechor?

La maldad nunca tuvo rostro de vencedora. Y por eso ganaremos y lograremos que esta camarilla de maledicentes y criminales pronto se marchen del poder. No hay fuerza que contenga la energía y la voluntad de esos ángeles, de esas madres infatigables por un pueblo digno, hijos de la más regia compostura.

Eso es Juan Guaidó. Un “ángel” Venezolano hijo de vientre nativo, rebelde, bravío y glorioso, que aprendió en casa una sola cosa: la vida no la decreta otro, menos la despoja, y la libertad no se mendiga, menos se condiciona. Nos pertenece y es sagrada...Esa es nuestra historia, nuestra pujanza. De ángeles inmigrantes que pronto desalojarán la maldad, la anomia y la tiranía de tierra de gracia... ¡Ya casi!

Orlando Viera-Blanco
@ovierablanco

martes, 8 de enero de 2019

JOSÉ LUIS ZAMBRANO PADAUY, ESTA HISTORIA NO CALIFICA CON 10,


Le he perdido la pista. No sé si quedó entre las sábanas de mis sueños revoltosos o atragantada en una consigna gastada. Sé que la extravié tal vez en el rincón polvoriento de mis desvelos. Torció sus proporciones al transcurrir el tiempo y quedó hecha migas, vulnerable, petrificada en el olvido, hasta volverse inoportuna cuando trataba de retornar al pensamiento.



Ciertamente, perdí cualquier atisbo de expectativa respecto a la toma de “imposición” de la presidencia en Venezuela del próximo 10 de enero. No surcarán en el firmamento, aeronaves ultramodernas y altamente sofisticadas, provenientes de una coalición internacional, para impedir la continuidad en el poder de alguien que no encuentra ni siquiera su cédula de identidad.

Dudo que algún descarrilado se tomé el atrevimiento de traicionar sus senderos malogrados y desde la misma trinchera dictatorial, impida la farsa más grande de la historia del país. Tampoco creo que importemos un Rambo desaliñado, con gallardías dispersas y su cuchillo singular, para efectuar una maroma de acción como en el celuloide y no permita que ganen los malos.

Maduro de seguro continuará en la silla presidencial por un tiempo más. No sucederá ningún imprevisto extraordinario, gracias al clamor fervoroso de los tuiteros desventuras que a diario nos regalan una pastilla de rebeldía. Esta semana no se alcanzará la victoria. Así como lograron sus elecciones imaginarias y cantaron un triunfo sin el bullicio del pueblo, de esa misma manera se juramentará de nuevo el extranjero que usurpa el gobierno de nuestra amada nación.

La historia y sus garabatos sinsentidos, ya imprimió sus excusas terribles por hacer posible este suceso incontrastable. De por sí, probablemente el régimen decrete día festivo y monten un espectáculo rimbombante, con bailarinas sublimes y cantantes con voces pedregosas, para hacer el evento más ineludible y categórico.

Frente a todo este escenario un tanto pesimista, existe también una realidad que permitirá poner la conciencia en orden en un territorio que para muchos no tiene acomodo. No se hará de tanto esperar. Quizá este no sea el momento. No sucederá esta semana y, posiblemente, tampoco la siguiente, pero actualmente se labra el sendero para devolverle el rumbo perdido a nuestros auténticos designios.

Por ello, el Grupo de Lima emitió un comunicado con verdades infranqueables y una severidad contundente, exigiendo a Maduro ante su ilegitimidad incuestionable, que le transfiera el Poder Ejecutivo a la Asamblea Nacional de manera provisoria, hasta la realización de elecciones verdaderas y democráticas.

Sencillamente, no es la primera vez que los cancilleres que conforman este bloque tratan de hacer entrar en razón a Maduro y a su corte despiadada. Y aunque es tratar de curar de la demencia a una mente desahuciada, siempre será un apoyo moral cualquier iniciativa, que esté enmarcada por otras decisiones de otros sectores, para ir haciendo mella y se desemboque el escenario anhelado. 

Se habla de una etapa de lucha cívica propiciada por la oposición. Que el parlamento venezolano declare ilegítimo al nuevo gobierno de Maduro, pese a los intentos de amedrentamientos con una granada fragmentaria apostada en la puerta del hemiciclo de sesiones del Palacio Legislativo.

Se avecina una lucha desigual. Este año que parece iniciar con un pie torcido, más allá que sea izquierdo o no, viene cargado de presunciones. Sé que saldremos de una pieza por el rescate de la democracia. Desde afuera se manifiestan esfuerzos por parte de Colombia, EEUU y ahora Brasil, para resolver la pérdida de los sentidos en Venezuela.

No será fácil que los facinerosos abandonen el poder. Dependerá de mucho aplomo, unión y coherencia. No bajar los brazos. Este 10 de enero será un día irritante y con ansias de que pase pronto. Pero el tiempo sigue transcurriendo y los días de libertad están programados, pues sin ánimos de contradecir a Gardel, 20 años han sido demasiado y pronto tendremos protagonistas distintos, haciendo gala de un poder legítimo, real, justo y democrático en Miraflores.

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571