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lunes, 17 de agosto de 2020

NÉSTOR SUARÉZ, VENEZUELA, USA, TRUMP Y LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD

Los venezolanos debemos corregir muchos errores y erradicar los complejos con el socialismo, para definir una estrategia y construir nuestro Rumbo Propio al Primer Mundo. 

Uno  de nuestros errores fue no haber entendido al chavismo, como expresión local del neocomunismo.

Que es el neocomunismo? Es la expresión más moderna del estatismo. Es el viejo comunismo, actualizado con la nueva ola ecofemindigenista, posmoderna y antiglobalizadora. No es comunismo marxista sino gramsciano. La oposición venezolana parece ignorar este complejo fenómeno de la izquierda políticamente correcta y New Age, que trasciende con mucho las fronteras del país, de Latinoamérica, e incluso del Tercer Mundo. Se subestimó demasiado a Chávez, quien no fue un simple caudillo local, fue uno de los epígonos neo comunistas más emblemáticos del mundo de hoy, junto con Lula de Brasil, Mugabe de Zimbabwe, la Menchú de Centroamérica, por cierto todos muy parecidos en su forma de pensar, hablar y actuar. Fueron los Bill Clinton y Al Gore de por aquí. 

Hubo poca actualización en nuestra dirigencia política, y eso no les permitió reconocer lo que ocurría. Y en consecuencia no saber que cosa enfrentaban ni como combatirla. En Venezuela, el adoctrinamiento de las izquierdas produjo sus frutos. 

En Venezuela, las izquierdas desde hace décadas se infiltraron en los medios masivos y en todos los niveles de la educación. Desde allí hicieron un paciente e influyente trabajo de formación ideológica, desacreditando al libre mercado, los EEUU, la empresa privada, la economía y el capitalismo, descalificando la democracia formal ( representativa)  y endiosando al Estado, la justicia social y la redistribución de la riqueza. Buena parte de la opinión pública todavía hoy confiesa ese credo socialista y antimperialista patriotero. Todo esto hizo mucho daño, y contribuyó a construir una cultura irresponsable e ineficiente que ha prevalecido, y que ha mantenido a nuestro país alejado del Primer Mundo. 
En los EEUU también comenzó desde hace tiempo un ataque a las instituciones para debilitarlas. 

La izquierda con sus instrumentos ha Permeado las instituciones, con la finalidad de destruir el sistema y receta de prosperidad que por casi  200 años ha mantenido saludable a esa economía y sociedad, con reglas claras, con un balance entre el sector público y privado, con una buena educación, investigación, infraestructura, que le permitió al sector privado innovación, inversión y asumir riesgos para promover el crecimiento económico y empleo. 

La libertad y la paz no son gratis. Por qué el liberalismo, la filosofía social y política que más ha contribuido a emancipar al hombre de todo género de servidumbres y que más ha ayudado a salir de la miseria a todos los pueblos que la han puesto en práctica, despierta tanta animadversión y es objeto de tantas tergiversaciones y calumnias?  Por qué tras el estrepitoso fracaso del comunismo, su legado de miseria, de represión y de crímenes, sigue teniendo defensores?  

Cual ha sido, pues, nuestro error?  Los defensores del Liberalismo hemos cometido durante mucho tiempo el mismo error que cometieron los liberales del siglo XIX. Hemos creído que, al igual que la luz elimina por si misma las tinieblas, la sola exposición de la verdad es suficiente para desterrar los errores y las doctrinas falsas. 

Jean Francois Revel, nos enseñó y demostró en sus libros y obras, como "El conocimiento inútil", en " La gran mascarada ", y en " La obsesión antiamericana "  que los enemigos del liberalismo no están animados de las mismas buenas intenciones que nosotros compartimos. 

Los enemigos de la libertad han logrado convertir en inútiles todos los conocimientos que los teóricos del liberalismo y los historiadores han aportado acerca de la utopía más trágica que ha conocido la humanidad. Han logrado ocultar en una gran mascarada de calumnias y tergiversaciones todas sus culpas y responsabilidades morales por los millones de víctimas del comunismo. Y han conseguido cargar esas culpas y responsabilidades sobre su gran chivo expiatorio : los EEUU, la nación que más ha contribuido en el siglo XX a la defensa de la libertad en el mundo. 

En definitiva, los liberales hemos pecado de optimismo y de ingenuidad. No hemos sabido advertir que el ataque de los enemigos de la libertad ha sido deliberada y perfectamente planeado, pues se ha dirigido precisamente allí donde podía hacer más daño: a corromper y demoler los fundamentos que sostienen nuestra sociedad. 

Para destruir una sociedad es preciso destruir o corromper la ética, negar la capacidad de la razón, poner en duda el conocimiento científico, y sobre todo es necesario contaminar las fuentes de formación y de información de los ciudadanos: la educación y los medios de comunicación. 

Esa es la estrategia que han empleado siempre los enemigos de la libertad y de la civilización occidental. Precisamente han logrado que la mentira sustituya a la verdad para ser la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo. 
En los EEUU, afortunadamente el Presidente Trump lo tiene claro y ha ido al fondo del problema. Tiene muy clara esa amenaza al mundo occidental y en particular a los EEUU. 

Creo que esta es ,precisamente , la tarea más urgente a la que nos enfrentamos los liberales. Tanto los que nos dedicamos a la política como a la docencia y al periodismo. La supervivencia de nuestra civilización depende en gran medida de nuestra capacidad para convencer a la opinión pública de que solo una auténtica democracia liberal y una verdadera economía de libre mercado pueden garantizar la libertad, el bienestar y el progreso de la humanidad. Y,especialmente a los más desfavorecidos. Hoy que el mundo está convulsionado por las maniobras que se anteponen a los intereses generales, se hace más importante que nunca recordar que para estar en política es indispensable apoyarse en unos principios sólidos y coherentes. Los venezolanos estamos obligados a corregir nuestros errores para construir la salida. Dios bendiga a Venezuela.

Nestor Suarez
nsuarez07@hotmail.com
@NestorSuarezRB

jueves, 14 de mayo de 2020

NÉSTOR SUÁREZ: VENEZUELA NECESITA UN PLAN DE VUELO AL PRIMER MUNDO

Desde 1958 a la fecha ha habido un consenso básico en la dirigencia pública y privada y la clase política Venezolana, en contra del capitalismo de libre mercado, y a favor del sistema intervencionista, estatista, socialista que existe actualmente. A favor del statu quo.

Por eso nadie discutía que el Estado debía intervenir por la fuerza en toda suerte de actividades económicas y en el cuidado del ambiente, así como en esferas muy personales como salud, educación, familia, deportes y cualquier otra cosa. Ni que para cumplir tan amplia gama de funciones, debe contar con facultades, poderes y recursos ilimitados. Además, los Gobiernos defienden sus propias ideas en temas delicados como la crianza y educación de niños y adolescentes, sexualidad y creencias religiosas, y las imponen a la fuerza con sus omnímodos controles, y con el uso de su inmenso presupuesto. Porque también se aceptó que para sostener sus enormes gastos, los Gobiernos pueden decretar cuanto impuesto se les ocurra, imprimir billetes o dinero a discreción, generando con ésto continuas alzas de precios, y endeudarse sin límite. Y poseer bancos y empresas de toda clase, expropiar y confiscar lo que sea al sector privado cuando lo deseen, y /o gerenciarlas a través de regulaciones, y también poseer centros docentes, hospitales, clínicas, y cajas de jubilaciones, y gerenciar la de los particulares mediante leyes regulatorias.

Ese es el sistema. Ese es el modelo. Esa es la receta que nunca se discutió y el debate que no se dió. Tuvimos una debate muy pobre, que siempre evadió los aspectos ideológicos por confusión y complejos con el socialismo, por la trampa de la justicia social y el bien común. Por eso el debate se centró no en la receta sino en los cocineros. Es decir, en si Fulano es mejor que mengano, o zutano mejor que ambos (o peor). Si aparecía un grupo de personas como Rumbo Propio en el Zulia, que cuestionó el sistema, o sea el modelo, o la receta, todos de inmediato trataban de reprimirlos, silenciarlos o ignorarlos. Porque estaba en contra de ese consenso básico sobre el statu quo aceptado y aceptable para la dirigencia pública y privada.

Eso fué un grave error que en buena parte estamos pagando hoy. Por eso también la unidad fracasó en buena parte y no ha sido eficiente para lograr la salida. Por eso los cubanos con el chavismo y con el disfraz del socialismo del siglo XXI que es el neo comunismo, nos han sometido. La confusión, el enrredo, los complejos, la mentalidad y cultura anti libre mercado y capitalista ha facilitado a los destructores del socialismo lograr sus objetivos en Venezuela.

Por eso también la violencia política ha tenido causa. Su causa ha sido la falta de discusión ideológica. Cuando callan los argumentos, propuestas e ideas, hablan las balas y gritan las bombas. Es una ley natural de las sociedades que si la civilización retrocede, la barbarie asoma su descompuesto rostro de intolerancia, odio, violencia y muerte. Pero ¿quiénes fueron y ha sido responsables por no debatir las ideas? Hay una asimetría aquí: mientras el régimen socialista, comunista y responsable de la destrucción en todos los órdenes de la sociedad manifiesta sin complejos y sin escrúpulos lo que es y el modelo internacional de receta que propone, la mayoría de la dirigencia pública y privada y la clase política venezolana rehusó a una definición consistente en cuanto a la receta o propuesta del cambio del sistema.

F. A. Hayek, premio Nobel de Economía, decía que las grandes instituciones de la sociedad moderna se basan en una moral. Una moral que no es “natural”, sino el producto de una evolución, una evolución casi biológica, pero que afecta a las organizaciones sociales. Esta moral, no es natural, porque espontáneamente el hombre no tiende a respetar la propiedad privada o los contratos. Es la selección la que, actuando sobre el comportamiento moral, deja claro que, en el curso de los siglos, los los pueblos o sociedades que respetan los contratos y la propiedad se tornan más prósperos. Sin esa moralidad y valores, el capitalismo de libre mercado no podría existir. VENEZUELA se ha desviado y alejado de esos valores y de esa moral. Nos hemos alejado del Primer mundo y de las libertades.

Venezuela necesita conseguir coherencia y consistencia frente al socialismo en cualquier versión. Frente al relativismo, a la teología de la liberación, al Foro de Sao Paulo, frente a muchos impostores y farsantes que se encuentran en organizaciones internacionales como en la ONU y la UE. Farsantes y perversos impostores que hay que desenmascarar. Debemos se intransigentes ante el desorden y caos, creado por el socialismo. Necesitamos un Plan de Vuelo para lograr riqueza, prosperidad y bienestar para todos los venezolanos. Esa es la meta final y debe quedar claro. Necesitamos un Rumbo Propio al primer mundo. En esto repetimos, no por capricho, somos y debemos ser intransigentes e inflexibles en nuestros principios y valores, tenemos que recuperar la moral y la ética, aunque dialogantes y flexibles en todo lo demás, debemos resistir al socialismo no por capricho, sino porque no queremos pobreza, escasez crónica ni racionamiento como modo de vida, al que se nos quiere acostumbrar.

No es verdad que hay una izquierda buena y otra mala. En el mundo no hay caso alguno de socialismo exitoso. Todo socialismo es malo, así pretenda ser moderado, democrático o cristiano, porque destruye la economía de libre mercado, sin construir nada mejor en su reemplazo.

Es puramente destrucción.

La fórmula o receta para lograr riqueza, prosperidad y bienestar, es universal : Trabajo, ley y orden, y libre mercado o comercio. La misma que han utilizado los país es que han logrado éxito, como Singapur, Taiwán, Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Irlanda, Alemania, USA, etc. Un Estado que permita la inversión y no interfiera con la economía privada. Tampoco puede tener una moneda débil ni salarios de hambre. Solo leyes sabias y justas.

Hay que ir a lo esencial, tenemos que recuperar primero la libertad y poner orden en la casa para poder crear riqueza. Tenemos que hacerlo lo más rápido posible, antes de que sea imposible hacerlo en democracia. La democracia ilimitada y sin contención de ningún tipo en Venezuela en manos del socialismo y con apoyo de una cúpula militar corrupta, se ha tornado inmoral, injusta y totalitaria. Hemos perdido la autonomía, estamos drogados, dependientes del Estado y ésta perversión y plan tercermundista conduce a la destrucción.

Ese es el debate. Necesitamos cambiar de sistema y no solo de Gobierno. Necesitamos desestatizar la sociedad. Necesitamos desregular y derogar todas las leyes malas. Necesitamos un cambio de dirección y rumbo. El estatismo y el socialismo es el problema. Tenemos que pasar o superar el tercer mundo en el que nos tienen metidos y pasar al primer mundo.

En Singapur que es sin duda alguna uno de los mejores éxito para crear riqueza, prosperidad y bienestar, requirieron poner orden, leyes y tribunales sabios y justos, además de servicios públicos eficientes, carreteras y puentes, aeropuertos de primer mundo, infraestructura moderna, pocos impuestos y cargas públicas, muchas empresas privadas, con suficiente recursos de capital, capaces de sostener el proceso continuo de creación de riqueza.

Un pueblo hambriento no razona ni atiende razones, y menos si no está bien educado, y está confundido y acomplejado. Cualquier canto de sirena populista y demagógico lo puede seducir de nuevo. Por eso una cosa es crear riqueza y otra es democracia. Según Lee Kuan Yew el padre del éxito de Singapur, cinco países en el siglo XX demostraron la necesidad de crear riqueza, prosperidad y bienestar primero antes que permitir una democracia ilimitada y débil. España (1936), Taiwán (1949), Corea del Sur (1951), Singapur (1965), y Chile (1973).

Finalmente, Lee Kuan Yew, recordó en una cena ofrecida al ex-presidente alemán Helmut Schmidt, éste preguntó si algún día China sería una democracia. Todos se echaron a reír. Hon Sui Sen, uno de los asesores de Lee Kuan Yew, ampliamente conocido y respetado en Asia por su trabajo en el plan económico, respondió: ” En 1300 millones de habitantes, casi la mitad analfabetas en ese momento, no pueden elegir Presidente, y mucho menos diputados, que son más importantes porque tienen el poder de hacer y derogar leyes, que pueden ser sensatas o no, y si lo son, no importa si el Presidente no lo es, puesto que le fijan un límite, pero si no lo son, el desastre está hecho, aunque el Presidente sea un genio”. Y luego, Lee le explicó a Schmidt que China, patria de sus ancestros, por milenios solo conoció dinastías corruptas, anarquía, conquistadores, caciques guerreros y dictadores.” Y remató diciendo “Schmidt es un hombre inteligente, de inmediato se dió cuenta de lo absurdo de su pregunta”.

En el caso venezolano, y en nuestro plan de vuelo al primer mundo, quizás por todo lo que estamos viendo y viviendo, surge la siguiente pregunta, después de la destrucción de todas las instituciones y la pérdida de muchos valores y entre ellos el de habernos desviado y alejado de la moral y la ética, ¿estaremos preparados los venezolanos para lograr éste plan de vuelo al primer mundo, en democracia?

Ese es un tema que abordaremos más adelante

Nestor Suarez 
nsuarez07@hotmail.com
@NestorSuarezRB

sábado, 2 de mayo de 2020

TRINO MÁRQUEZ, EL GOBIERNO NI APRENDE, NI OLVIDA

A la memoria de Emeterio Gómez, buen amigo e intelectual infatigable.

Teodoro Petkoff solía decir que los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro eran como los Borbones: ni aprenden, ni olvidan. Tenía razón el agudo Teodoro.

Maduro persiste en unos errores que desconciertan, no porque de él y la gente que lo rodea no pueda esperarse cualquier cosa, no importa cuán extravagante, ilógica o disparatada sea; sino porque regresaron con furia a los controles de precio y a la política económica represiva, luego de haberse anotado algunos pequeños logros desde que se hicieron los desentendidos con las regulaciones paranoides. 

Desaparecieron las largas colas en los supermercados. Dejaron de utilizarse las humillantes máquinas biométricas. Aparecieron los productos de primera necesidad y de consumo masivo. Los anaqueles dejaron de estar poblados sólo de refrescos o de los productos que abundaban según la ocasión. El mercado negro se blanqueó y los bachaqueros dejaron de ser el eslabón más importante de la cadena de comercialización. Las empresas productoras de alimentos agroindustriales y algunas actividades agrícolas se reanimaron levemente. El año pasado terminó y este comenzó en medio de una tenue burbuja, que le dio un respiro al régimen, luego de años de fracasos por los controles inútiles e inconvenientes que aplicaba. 

Daba la impresión de que los responsables de diseñar e instrumentar las políticas económicas habían dejado de funcionar desde los sótanos del Sebin y habían subido a alguna oficina ubicada en una terraza a plena luz del sol y bien ventilada.

Ahora vuelven a las medidas compulsivas. La ocupación de Alimentos Polar, Plumrose y Distribuidora Capital (Coposa), ubicada en el estado Portuguesa, podría ser el inicio de una nueva jornada de ataques sistemáticos a la empresa privada. ¿Por qué toman medidas tan desatinadas si saben que se repetirá la vieja historia de la escasez, el desabastecimiento, la inflación, las colas interminables y todo el ciclo infernal que conocemos? ¿Qué impulsa al régimen a perpetrar actos tan insensatos en medio de un cuadro en el cual los empresarios particulares y los trabajadores realizan gigantescos esfuerzos por mantener en pie unas fábricas acosadas por la crisis global desatada por el Covid-19 y por los factores internos –escasez de divisas, falta de electricidad, gasolina, transporte, agua- que la agravan?

La respuesta podría ser que el componente comunista y, en consecuencia, autoritario del gobierno sigue siendo el predominante y el que dicta las medidas adoptadas por Maduro y su gente más cercana. Conforman estos una mezcla compuesta de fidelismo, maoísmo y cheguevarismo. La burocracia del Estado posee una autoridad incuestionable y omnipotente, que le permite dominar las leyes que determinan la oferta, la demanda y la conformación de los precios. La economía gobernada por decretos es típica del intervenciosmo, mil veces fracasado. El dogmatismo estatista no cambia con facilidad. Ni siquiera los éxitos lo modifican.

Maduro debe de estar pensando que en Venezuela es posible un estallido social en gran escala, debido al incremento tan acelerado de los precios en medio de la pandemia y a la caída de los ingresos petroleros, que le impiden aplicar una política expansiva del gasto social. Ese temor lo empuja a retornar al viejo patrón del control de precios y la ocupación de empresas. Las gríngolas ideológicas le impiden ver que esa es la forma más agresiva de crear un clima de desconfianza, temor e incertidumbre, factores que conspiran contra la posibilidad de enfrentar con éxito los desafíos que la actual coyuntura y el futuro plantean. La ocupación de empresas encalló en el pasado y volverá a seguir la misma trayectoria. Todas las empresas estatizadas o intervenidas temporal o indefinidamente, han terminado quebrando y siendo un lastre para el Estado y el país. Allí están la Cantv, Movilnet, La Electricidad de Caracas. Sidor, Agroisleña, Café Fama de América. La lista es demasiado larga y preocupante.

Si Empresas Polar, Plumrose y Coposa son finalmente estatizadas, el país se colocará muy cerca del desabastecimiento generalizado de los productos que esas firmas fabrican. Ese sí sería un peligro enorme. Llevaría a la nación a unos niveles de descontento e irritación difíciles de contener, aunque todo el andamiaje represivo construido por el madurismo se alinee para someterlos.

Maduro debería corregir la política económica coercitiva, abrirse al diálogo y a la cooperación con los empresarios y sindicatos que han logrado sobrevivir. Tendría que restablecer la seguridad jurídica y los derechos de propiedad. Sería ese un mensaje positivo al país y a la comunidad internacional, que tanto lo desprecia y aísla. Pero, no lo hará. Teodoro habría dicho: es como los Borbones.

Trino Marquez Cegarra
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc

lunes, 21 de octubre de 2019

CARLOS ALBERTO MONTANER: LAS 10 CARACTERÍSTICAS COMUNES DE LOS GOBERNANTES POPULISTAS DE IZQUIERDA O DERECHA

¿Es “populista” su presidente? Llamarle “populista” a un político o un funcionario es una manera rápida y segura de descalificarlo. ¿Pero qué hace a estos personajes ser “populistas”? La reciente lectura, mucho más ampliada, de este decálogo inspirado en el breve ensayo de Jan-Werner Müller (What is populism), provocó que muchos de los asistentes a mi charla en México, en la entrega del Premio Caminos de la Libertad, pensaran que hablaba de López Obrador. No era mi intención, pero si le sirve el sayo, que se lo coloquen. A mi juicio, lo interesante del término es que se aplica a la derecha e izquierda del término. 

Primero. El caudillismo. Generalmente, el populismo comienza con la admisión de un líder o caudillo al que se le atribuyen todas las virtudes y se le asigna, de hecho, ser el gran intérprete de la voluntad popular. Alguien que trasciende a las instituciones y cuya palabra se convierte en el dogma sagrado de la patria. Mussolini, Hitler, Franco, Perón, Fidel Castro, Juan Velasco Alvarado, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, cada uno a su manera, son ejemplos de Caudillos.

Segundo. El exclusivismo. Sólo “nosotros” somos los auténticos representantes del pueblo. Los “otros” son los enemigos del pueblo. Los “otros”, por lo tanto, son unos seres marginales que no son sujetos de derecho y merecen nuestro mayor desprecio. Chávez calificó de “majunches” a sus adversarios, un venezolanismo que quiere decir “tonto o inútil”. 

Tercero. El adanismo. La historia comienza con ellos. De ahí el nombre adanismo, por Adán, el primer hombre. El pasado es una sucesión de fracasos, desencuentros y puras traiciones. La historia de la patria se inicia con el movimiento populista que ha llegado al poder para reivindicar a los pobres y desposeídos tras siglos de gobiernos entreguistas, unas veces vendidos a la burguesía local y otras a los imperialistas extranjeros.

Cuarto. El nacionalismo. El nacionalismo es una creencia generalmente vinculada a la supuesta identidad nacional. Suele ser excluyente y derivar en racismo u otras formas de exclusión social. En el terreno económico conduce al proteccionismo o a dos reacciones aparentemente contrarias. El aislacionismo para no mezclarnos con los impuros, o el intervencionismo para esparcir nuestro sistema superior de organizarnos. En nuestros días, ese nacionalismo se transforma en “antiglobalismo”. 

Quinto. El estatismo. Los populistas, casi siempre son estatistas. Creen que la acción planificada por el estado colmará las necesidades del “pueblo amado”. Tienden a no creer en el crecimiento espontáneo y libre de la sociedad. Los gobernantes populistas esperan la total sumisión de los creadores de riqueza. Intentan convertirlos, y muchas veces lo logran, en “buscadores de rentas”.

Sexto. El clientelismo.  Los gobernantes populistas no tienen partidarios, sino clientes que les deben cosas. Les encantan los “cazadores de subsidios”. Entienden que la política es para generar millones de estómagos agradecidos que les deben todo al gobernante que les da de comer y acaban por constituir su base de apoyo. 

Séptimo. La centralización de todos los poderes. El caudillo controla el sistema judicial y el legislativo, o trata de hacerlo. La separación de poderes y el llamado checks and balances son ignorados. En Venezuela cuando “los enemigos del pueblo” ganan unas elecciones, los gobernantes populistas crean un organismo paralelo y le traspasan los presupuestos y funciones. 

Octavo. Los funcionarios no están al servicio de la sociedad, sino de los populistas. Controlan y manipulan a los agentes económicos, comenzando por el banco nacional o de emisión, que se vuelve una máquina de imprimir billetes al dictado de la presidencia.

Noveno. El doble lenguaje. La semántica se transforma en un campo de batalla y las palabras adquieren una significación diferente. “Libertad” se convierte en obediencia, “lealtad” en sumisión. Patria, nación y caudillo se confunden en el mismo vocablo y se denomina “traición” cualquier discrepancia.

Décimo. La desaparición de cualquier vestigio de cordialidad cívica. Se utiliza un lenguaje de odio que preludia la agresión. El enemigo es siempre un gusano, un vende-patria, una persona entregada a los peores intereses. Ese es el antecedente de la destrucción del otro. Antes de aplastarlo hay que eliminarle cualquier vestigio de humanidad.

Insisto: ¿es populista su presidente? No necesita adoptar las diez características. Basta con cinco de ellas. [

Carlos Alberto Montaner 
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner   ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­

*El autor publica muy próximamente Sin ir más lejos, sus memorias personales. Editorial Debate, un sello de Penguin-Random House. 

miércoles, 7 de agosto de 2019

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ: VENEZUELA RÉGIMEN DICTATORIAL CON MÁSCARA DE CAPITALISMO.

El dogma (principio innegable) de los socialistas (potenciales comunistas), que en gran número son lectores de pocas páginas, es que la economía de mercado libre o capitalismo es un sistema que perjudica los intereses de la mayoría de la gente, beneficiando solamente a una pequeña minoría de “individualistas inescrupulosos”. Condena a las masas a un empobrecimiento progresivo. Es la causa de la miseria, esclavitud, opresión, degradación y explotación de los trabajadores, mientras que “enriquece a una clase de parásitos ociosos e inútiles. 

Vale destacar, que la estrafalaria “argumentación” antes citada no fue obra de Karl Marx ya que fue desarrollada mucho antes que Marx entrara en escena; con el agravante que sin mucho fundamento la opinión pública aceptó la condena del capitalismo sin ninguna reserva, al tiempo de propiciar conclusiones políticas prácticas en nada uniformes: 1- No existía más que un camino para acabar con estos males: la completa supresión del capitalismo, y por tanto defendían el traspaso del control de los medios de producción de manos privadas al Estado. Aspiraban a establecer lo que denominaron socialismo, planificación capitalismo de Estado (todos estos términos significan lo mismo), y en el futuro, afirmaban, solo una autoridad central debería dirigir todas las actividades productivas. 2- Tanto el capitalismo como el socialismo debían ser rechazados. 3- Se debía establecer el intervencionismo como sistema de organización económica de la sociedad (a mitad de camino entre el capitalismo y el socialismo), reteniendo las ventajas de ambos y evitando las desventajas inherentes a cada uno. El Estado, como “árbitro imparcial”, debería interferir y poner un freno a la codicia de los capitalistas y asignar una parte de los beneficios a las clases trabajadoras. Instaurar el monopolio exclusivo del gobierno, en lugar de lo que luego Marx llamó “anarquía de la producción” haciendo referencia a que lo trascendente no es el modo de distribuir una cantidad fija de productos sino el modo de producir todos aquellos bienes que la gente desea disfrutar; siendo en consecuencia el capitalismo y el socialismo dos formas de organización irreconciliables, a pesar de lo cual los intervencionistas sostienen que es posible mejorar el sistema capitalista a través de la interferencia gubernamental en las acciones de los capitalistas y empresarios por medio de la regulación y regimentación de los negocios. 

Una vez que el gobierno ha conseguido el control de los negocios, nada subsistirá de la economía de mercado, ya que los ciudadanos no determinan qué y cómo debe producirse lo cual queda en manos del gobierno a la luz de una “planificación gubernamental total” que en la práctica constituye un modelo de socialismo que conserva la apariencia exterior del capitalismo, manteniendo, sólo aparente y nominalmente, la propiedad privada de los medios de producción, al extremo que el intercambio de mercado se convierte en una máscara (socialismo con apariencia exterior de capitalismo). En fin, el intervencionismo es un método para transformar el capitalismo en socialismo, a través de una serie de pasos sucesivos. 

En el Manifiesto Comunista de 1848, Karl Marx y Frederick trazaron un plan para la transformación en etapas del capitalismo en socialismo: el proletariado debería ser elevado a la posición de clase gobernante y usar su supremacía política para “arrebatar gradualmente todo el capital a la burguesía” por intermedio de incursiones despóticas (gobierno, sin leyes ni reglas) sobre los derechos de propiedad y sobre las condiciones de producción capitalistas. Años más tarde, en 1867 en El Capital, Marx vio las cosas de un modo diferente: el socialismo no puede aparecer antes que el capitalismo haya madurado plenamente; no existe más que un camino hacia el colapso del capitalismo: la evolución paulatina del mismo capitalismo. A tenor de ello, Marx y la escuela del marxismo ortodoxo rechazan cualquier política que pretenda restringir, regular y mejorar el capitalismo. 

A la luz de algunas corrientes del pensamiento económico, la idea que la libertad política puede ser preservada en ausencia de libertad económica y viceversa, es ¡ilusoria!; al punto que cuando los ciudadanos no tienen libertad para comprar y vender en el mercado se transforman en virtuales esclavos dependientes de las concesiones de un Gobierno Omnipotente (Ludwig Von Mises) de donde surge el nazismo, que niega el gobierno del pueblo y la filosofía política de la libertad de pensamiento, expresión y prensa, la propiedad privada de los medios de producción y el libre comercio, que en esencia se condicionan mutuamente en un contexto donde  los intereses de los seres humanos son básicamente los mismos: lo que es mejor para mi interés es también mejor para el interés de otras personas. 

El cómo deben emplearse los factores de la producción y qué debe ser producido, ha de ser determinado por el consumidor a través de sus compras y abstenciones de comprar en el mercado; alejado de la acción gubernamental con vista a una “planificación” donde es sólo el gobierno el que elija y haga cumplir sus dictados a través del aparato de coerción (imposición de un castigo o pena con el objetivo de condicionar el comportamiento) y de compulsión (conducta obsesiva) al extremo de autoproclamarse como el gran Dios Estatal. 

Reflexión final: Detener la gran destrucción y muchas desgracias humanas que se avecinan en Venezuela, pasa por armonizar la libertad económica y la libertad política luego de la culminación del régimen dictatorial.  

Jesús Alexis González
@jesusalexis_gon
http//:www.pedagogiaeconomica.com

miércoles, 24 de julio de 2019

CARLOS VILCHEZ NAVAMUEL: DEBEMOS PONER FIN A LAS POLÍTICAS ESTATISTAS

Para comprender mejor el significado del tema a comentar, el sitio objetivismo.org nos explica que "Un sistema estatista – sea del tipo comunista, fascista, nazi, socialista o “del bienestar” – está basado en el poder ilimitado del gobierno, lo que significa: en el imperio de la fuerza bruta. Las diferencias entre los sistemas estatistas son sólo cuestión de tiempo y de grado; el principio es el mismo. Bajo el estatismo, el gobierno no es un policía, sino un criminal legalizado que tiene el poder de usar la fuerza física como le parezca y para cualquier fin que se le ocurra, contra víctimas indefensas y legalmente desarmadas".                https://objetivismo.org/estatismo-2/

En Costa Rica, al igual que en otros países latinoamericanos, el estatismo que existe nos tiene limitados y estancados, en estos países llenos de impuestos, trabas, estado policiaco, leyes, decretos, monopolios solo se benefician los funcionarios públicos y los que están en el poder, para la ciudadanía las consecuencias son nefastas, el estatismo produce corrupción, clases privilegiadas y pobreza en general.

El empresario don Andrés Pozuelo escribió hace unos días en su muro de Facebook una verdad, verdadera que vale en cualquier parte donde se ha desarrollado el estatismo, esto fue lo que señaló: “Vivimos en un país donde la consecuencia de trabajar o ser empresario, es la persecución continua del estado; mientras que abusar del sistema, no tiene ninguna consecuencia negativa, y más bien es premiado”. No deja de tener razón el señor Pozuelo, eso es lo que vivimos con el estatismo, solo los que viven del Estado son los premiados. 

Los datos son claros y nos revelan que los países más más libres como Finlandia, Noruega y Suecia, Suiza, etc., son los que están mejor en todo sentido, estamos seguros de que tanto en Costa Rica como otros países del área con una economía abierta estarían en mejor situación, los resultados en otras naciones lo comprueban, Costa Rica no ha podido reducir la pobreza extrema ni la pobreza por utilizar el modelo estatista. 

Debemos empezar por reducir el Estado de forma inteligente, sin ser especialistas comprendemos que se deben vender empresas estatales que todavía valen algo, fusionar algunas instituciones y cerrar otras, además hay que eliminar los monopolios y abrir el mercado ampliamente, si esto se hubiese hecho hace 10 años, nuestra economía y por ende todos sus ciudadanos estaría mejor, tendríamos menos impuestos y el costo de la vida sería más bajo. Como ven el estatismo todo lo hace a la inversa. 

De continuar por la misma vía del estatismo, pronto estaremos como lo estuvo Grecia hace unos años, las medidas que impondrán para corregir los problemas serán duras, la receta será amarga y la curación muy larga. 

Carlos Vilchez Navamuel
@carlosvilchezn  

lunes, 13 de mayo de 2019

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, SIN SISTEMA ECONÓMICO: ORIGEN DE LA CRISIS

Iniciemos con una visión: Venezuela transita hacia una crisis económica, cuya intensidad será del tamaño de las distorsiones macroeconómicas propiciadas por las improvisaciones e indefiniciones inducidas por la puesta en marcha de acciones para alcanzar una economía totalmente estatizada bajo la figura de un socialismo democrático (mercado con fuerte participación estatal); lo cual equivale a la implantación de una economía socialista en la economía de mercado, en torno a un enfoque productivo socialista de heterodoxa conformación, orientando la política económica a la luz de construir un Estado socialista.

Tal intención (de indefinido sustento doctrinario), está propiciando un mayor desbalance macroeconómico ante la ausencia de un sistema económico, entendido como un conjunto de procesos vinculados funcionalmente entre sí mediante relaciones, reglas, procedimientos e instituciones que caracterizan el funcionamiento económico del país; para lo cual se han de instrumentar las políticas que se estimen necesarias en función de organizar la actividad económica de la sociedad (producción y distribución de bienes y servicios) en un marco de ordenamiento jurídico que facilite el desarrollo de las fuerzas productivas, y de una estructura económica que perfeccione las relaciones entre los sectores de la economía (primario, secundario y terciarios). Tal desenvolvimiento, ha de responder a un modelo económico perfilado por el Gobierno (dirección de la colectividad social mediante la instrumentación de políticas públicas) para organizar la actividad económica en vínculo armónico entre el tejido empresarial (privadas, socialistas y mixtas) con el resto de los actores sociales. Formulemos una interrogante: ¿Venezuela cuenta con un sistema y modelo económico concebido como política de Estado?

Veamos: El 5 de agosto de 2000, según Decreto No 923 de la Presidencia de la Republica, a los efectos de la creación de la Comisión Presidencial para la Constituyente Económica se consideró sobre el deber del Estado de promover conjuntamente con el sector privado el desarrollo armónico de la economía nacional, así como de evolucionar hacia una actividad económica diversificada mediante el estímulo a la inversión de los capitales nacionales y foráneos; en un todo de acuerdo con el Artículo 236 Constitucional. Tan apropiado postulado de coherencia macroeconómica, fue efímero en el tiempo ya que ese mismo año se inició la erosión de la autonomía del BCV al reformar su Ley de creación para permitir al Ejecutivo Nacional hacer uso de las utilidades cambiarias acumuladas por años en el ente emisor, creando luego el FONDEN (sin mecanismos de rendición de cuentas) en aras de consolidar dicha acción, a la par de consagrar al Gobierno el derecho a distribuirse los dividendos del banco; hasta la posterior instrumentación de las denominadas reservas excedentarias para permitir que el BCV transfiriera al Ejecutivo Nacional las reservas internacionales con la finalidad de financiar el gasto público, creando las condiciones para la posterior eliminación de la autonomía del BCV, subordinándolo a las líneas gubernamentales violando la CRBV que señala la obligación de una coordinación macroeconómica entre el Gobierno y el BCV para elaborar un Acuerdo Anual de Políticas (solo se acordó un primero y único en 2003); desatendiendo al propio tiempo sus funciones medulares relativas a preservar el valor de la moneda, la regulación de la liquidez monetaria y de no avalar políticas fiscales deficitarias asumiendo el indebido rol de agente financiero del Gobierno.

Muy variados han sido los efectos negativos que se han originado en Venezuela ante la ausencia de un sistema económico, hasta configurar una estructura caracterizada por (1) una caída tanto de la producción petrolera, como de la producción interna de bienes y servicios;(2) decrecimiento de las exportaciones no petroleras; (3) aumento de la demanda de importaciones; (4) reducción de la inversión extranjera directa; (5) contracción del mercado cambiario;(6) crecimiento del nivel e ineficiencia del gasto fiscal; (7) uso intensivo de créditos adicionales; (8)déficit en la gestión financiera del Gobierno Central, cubierto con emisión de dinero inorgánico (monetización) y colocación en el mercado interno de Bonos DPN y Letras del Tesoro; (9) expansión de la liquidez monetaria; (10) aumento de la deuda pública interna; (11) remonetización de la economía (liquidez monetaria por encima de la inflación); (12) expansión secundaria de dinero por vía crediticia

(excedente de liquidez en la banca); (13) crecimiento económico real apuntalado por la Demanda Agregada Interna, en función al consumo público y privado (con mínima inversión reproductiva); (14) crecimiento significativo de la Población Económicamente Inactiva (participación en programas sociales no generadores de puestos de trabajo); (15) sector informal cercano a la mitad de la fuerza laboral; (16)disminución de la productividad del trabajo (inamovilidad laboral); (17) elevado índice de escasez y desabastecimiento; (18) devaluación continua ante la sobrevaluación y el déficit fiscal;(19) recesión por el decrecimiento del PIB durante 2 trimestres consecutivos; (20) altas posibilidades de una estanflación, y de una hiperinflación;(21) corrupción desbordada; (22) unificación cambiaria con fines fiscales; (23) reforzamiento del control de cambio;(24)profundización del ejercicio de la economía como herramienta de dominación político-partidista; (25) racionamiento (electrónico-biométrico) de los alimentos y las medicinas; y (26) elevada percepción negativa sobre el devenir económico nacional.

A la luz de una reflexión final, sostenemos que para la existencia de un sistema económico en Venezuela, se hace necesaria una eficiente interrelación (con implícita diferenciación) entre el régimen sociopolítico (concepción y estructuración del Estado) y la administración pública (formulaciones políticas y administrativas); en un escenario donde exista una transparente diferenciación entre el Estado, el Gobierno y el Presidente, y una definida estrategia (visión de largo plazo) de desarrollo en función del bienestar del pueblo venezolano.

Jesús Alexis González
@jesusalexis_gon 

viernes, 8 de febrero de 2019

GABRIEL BORAGINA, AGRESIVIDAD SOCIAL, COLECTIVISMO Y POLITIZACIÓN


Parece asistirse a un incremento de la agresividad social, por un lado, y de irresponsabilidad por el otro. Presenciamos una verdadera crisis de racionalidad.

¿Debemos acostumbrarnos a la irracionalidad humana, la que impresiona ser la "moneda corriente" de nuestros días? Los comportamientos más inverosímiles e inesperados aparentan estar a la orden del día. Conductas incomprensibles de los demás deberían dejar de sorprendernos, ya que da la sensación que se extienden. No solo ocurren en nuestro entorno más inmediato, sino que las noticias nos dan cuenta de ellas casi asiduamente.

En el campo laboral la falta de profesionalismo, de respeto, la improvisación constante, la ausencia de esfuerzo, de compromiso, noto como las más importantes y acusadas falencias de nuestra sociedad. Pero esto no es más que una extensión de lo que ocurre en planos más cotidianos de la vida social. Se traslada a lo laboral porque se expande una forma de conducta, una manera de ser, de un ámbito hacia otro.

Esto nos obliga a redoblar la búsqueda con la esperanza de encontrar ese "cisne negro" que marque la diferencia en medio de la mediocridad reinante que nos rodea. La que es producto de un proceso de masificación que se intensifica y se acrecienta, propagándose a través de los medios masivos de comunicación, hogares y centros educativos.

Este declive cultural y social lo atribuimos a la filosofía estatista reinante que domina las mentes y las costumbres humanas, y que lejos de amortiguarse como aseguran algunos, mantiene -a nuestro juicio- su ritmo ascendente. Es fruto de un proceso largo, lento y continuo que hemos denominado de politización.

Es evidente que este relajamiento cultural y educativo tiene raíces muy profundas. Las tradiciones no cambian por arte de magia, ni por generación espontánea. Existe una relación de causalidad para todo, como la hay también para esta notable decadencia social.

Vivimos en medio de una sociedad colectivista, cuya "filosofía" enseña que la responsabilidad individual es un mito que ningún beneficio reporta, porque es "el colectivo" el que debe proveer para nuestras necesidades. Pero ¿Quién o qué es "el colectivo"? El colectivo como tal no existe, es una entelequia, una construcción mental. Algunas veces es el "estado", otras "la sociedad" u otras etiquetas, según convenga a quien eche mano al término.

Pero, desafortunadamente para esos fabuladores, las acciones y omisiones no recaen en entes imaginarios, sino en personas concretas. Por lo que -en definitiva- "el colectivo" se reduce simplemente "al otro". Y si "el otro" es responsable, nosotros dejamos automáticamente de serlo. Esto es un mito, pero es el mito dominante, y es grave, porque estamos adiestrados desde pequeños para acomodarnos a uno o más de los mitos corrientes popularmente aceptados.

Los mitos socialmente admitidos no son fáciles de destruir por nuestra natural resistencia al cambio cifrada en el temor al rechazo y lo desconocido.

El colectivismo es esencialmente primitivo. Es un claro signo de retraso social cuando se manifiesta en tiempos actuales. El colectivo remonta sus orígenes a la tribu prehistórica, y encuentra sus antecedentes más remotos en la manada animal. Es, en consecuencia, un signo y símbolo de bestialidad. Siempre ha estado presente en el transcurro de las eras y la evolución se traduce como la salida de la sociedad tribal hacia la sociedad liberal a lo largo de los siglos. Pareció que el punto culminante de este largo proceso evolutivo había llegado entre los siglos XVIII y XIX. Pero el surgimiento del marxismo y sus derivados (el comunismo, el fascismo y el nazismo) durante el siglo XX mostraron que ello no fue así.

¿Cómo pudo suceder este retroceso? En parte, por lo que se dio en llamar el marxismo cultural que logró imponer cierta tergiversación del lenguaje, y que encontró favorable acogida por muchos de sus "intelectuales" que se dedicaron entusiastamente a propagarla. Así, por ejemplo, la palabra colectivismo fue reemplazada por la de "progresismo", lo que le daba cierto tinte más pasable y hasta respetable. "Progresista" sonaba menos primitivo que "colectivista", e incluso, parecía ser su antónimo (que no lo era). Cualquier idea aberrante e irracional basta que se la tilde de "progresista" para que automáticamente adquiera cierto realce y merezca consideración.

"El colectivo" equivale a lo que en el marxismo es la "clase social", y donde en el marxismo se plantea una supuesta "lucha de clases" en el colectivismo la misma "lucha" se reproduce, pero entre "colectivos", en el cual "la clase" y "el colectivo" son sinónimos. Conforme la dialéctica marxista, la sociedad (dividida en "clases" o "colectivos") es el escenario en el que estas "clases" luchan entre sí en una contienda en la que una explota a la otra y esta última sólo logra su liberación venciendo y explotando a la primera.

El colectivismo representa esta lucha de colectivos, en la cual todos tratan de explotarse mutuamente y salir triunfadores de la contienda. La humanidad entera (en esta visión) es un brutal campo de batalla donde la misión y el destino de unos colectivos es el de aniquilar a los restantes.

El enfoque liberal es -contrariamente- el de una atmósfera de cooperación social, único sistema idóneo para limar las diferencias entre individuos (no "colectivos"). Pero esta orientación no es la generalmente admitida.

Las consecuencias prácticas de la "filosofía" colectivista consisten en que cada individuo es enemigo potencial o real del siguiente, dependiendo del colectivo al que pertenezca. No interesan las características personales, sino cual es la adscripción del individuo a tal o cual colectivo.

Según las modas políticas, las etiquetas de estos colectivos van cambiando de tanto en tanto. Otrora estaba en boga el colectivo judío y el ario (según los nazis) el obrero y el burgués (según los socialistas) el estatista y el anti estatista (según los fascistas). En tanto, en la actualidad, los colectivos son otros: el feminista, el homosexual, el abortista, etc. y sus aparentes "opuestos”: el machista, heterosexual, antiabortista y varios otros. Es decir, se repite la dialéctica de la "lucha de clases" sin importar demasiado cual sea la etiqueta que se le adjudique a esa "clase", que puede ser cualquiera de las mencionadas.

Esta es una clara regresión a la época en que las diferentes tribus luchaban entre si a mazazo limpio en la prehistoria, y con lanzas, arcos y fechas un poco más adelante.

Gabriel S. Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina

lunes, 21 de marzo de 2016

ALBERTO MEDINA MÉNDEZ, LA VERDADERA DISCUSIÓN DE FONDO.

La política contemporánea invita permanentemente a encarar debates que son absolutamente periféricos e intrascendentes, que tienen la intención de ocultar contenidos de mayor magnitud. No importa cuál sea el tema que propone la coyuntura. Invariablemente todo gira alrededor de lo mismo.

Lo concreto es que el gasto estatal está totalmente desbordado. La sociedad pretende que el Estado lo haga todo, barato y bien. Eso requiere de recursos que no son inacabables. En ese contexto, la disyuntiva central pasa por definir a quienes saquear en cada ocasión.

Vale la pena recordar que los gobiernos se alimentan de tres únicas fuentes y por más creatividad que se le imprima a este dilema, serán los impuestos, el endeudamiento o la emisión de dinero, las únicas alternativas a las que pueden recurrir los que conducen los destinos políticos de la comunidad.

Se podrán buscar atajos, se utilizarán ardides, se encontrarán inclusive métodos para dilatar los impactos, pero inexorablemente la cuenta algún día se paga. Las vivencias dan testimonio de que cuanto más retorcido es el artilugio, desenredarlo resulta, a su vez, mucho más engorroso.

Esta es la radiografía de muchas sociedades que han intentado hacer del gasto estatal un mecanismo flexible, capaz de soportar cualquier dislate, sin advertir que han fabricado una verdadera "bomba de tiempo".

Esa intrincada construcción no resiste más y administrarla con sensatez parece casi imposible. La clase política ha decidido no dar la mala noticia. Es por eso que siguen hablando del Estado como un ente mágico que todo lo puede y que es capaz de brindar múltiples soluciones a los problemas.

Tal vez sea el momento de empezar a admitir que ese discurso está repleto de repetidas falacias y absurdas mentiras. El Estado no puede siquiera resolver los asuntos más elementales, esos que le dieron nacimiento en el origen de las sociedades organizadas.

La Justicia ya no goza de ninguna respetabilidad y los ciudadanos saben que su seguridad personal, depende más de las acciones preventivas que encara cada individuo que de la protección del las leyes. El Estado no aborda sus funciones esenciales con eficiencia. No puede ocuparse siquiera de lo menos, por lo tanto tampoco puede hacer bien el resto de esas misiones que la ciudadana, en un acto de candidez e ingenuidad, le encomienda.

Claro que la política miente cuando dice que puede hacerse cargo de esos nobles objetivos. El Estado moderno no puede garantizar ni seguridad ni justicia, pero tampoco es eficaz a la hora de educar o curar, mucho menos puede ser empresario o administrar algo más complejo con cierto criterio.

Es tiempo de entender que los dirigentes han ingresado al círculo vicioso del embuste eterno, solo porque no han reunido el valor suficiente para confesar que el sistema que ellos defienden ha colapsado y es ingobernable.

Es importante aceptar que la mayoría de ellos, también, siguen en esa inercia crónica porque existe una sociedad que prefiere la ceguera y la inocencia a la verdad, esa que se verifica en la propia experiencia empírica.

Es más fácil delegar responsabilidades que asumirlas como propias. Será por eso, probablemente, que los ciudadanos siguen buscando a quien endilgarle la tarea que ellos mismos no desean tomar en sus manos.

No se trata de defenestrar a la política y convertirla en la única responsable de todas las calamidades de esta era sino, en todo caso, de comprender que parte de este desatino permanente le toca a cada uno en este juego.

La política debe ser el instrumento para transformar la realidad. Pero es vital distinguir entre su potencial, lo que se puede esperar de ella y su dramático presente, diferenciando lo que debería hacer de lo que hace.

La dirigencia actual ha elegido obedecer a la sociedad, intentando ser consecuente con sus demandas, por eso solo dice lo que la gente quiere escuchar. Son los ciudadanos los que parecen estar muy confundidos al creer que lo que el Estado gasta nace del aire, al punto que muchos se han convencido de que si los políticos dejan de robar, el dinero es inagotable.

La corrupción es mala y no debería ser tolerada jamás, en ninguna de sus formas. Pero es muy ingenuo creer que si el gobierno fuera honesto le sobrarían los recursos para hacer todo lo que la gente pretende.

Como en la vida misma, se precisa comprender que las necesidades insatisfechas son ilimitadas pero también que los recursos son siempre escasos. En definitiva, solo se trata de asignar prioridades y eso implica, irremediablemente, dejar de lado ciertas cuestiones para privilegiar otras.

Mientras no se comprenda esta lógica básica, se seguirá tropezando indefinidamente. En esto, todos son responsables. Primero los líderes por no plantear con franqueza la verdad, aunque sea políticamente incorrecta, pero también la ciudadanía que, a estas alturas, ya no puede alegar ignorancia.

Se puede seguir debatiendo sobre las circunstancias emergentes del presente, sobre si es mejor crear nuevos impuestos o aumentar los existentes, emitir a mansalva o endeudarse como tantas otras veces en el pasado, pero más tarde o más temprano, habrá que enfrentar la verdadera discusión de fondo.

Alberto Medina Méndez
albertomedinamendez@gmail.com
amedinamendez@arnet.com.ar
@amedinamendez

Argentina

lunes, 2 de noviembre de 2015

NELSON ACOSTA ESPINOZA, LOS POLÍTICOS Y LA POLÍTICA

¿Son equivalentes estos términos? O, dicho de otra manera, en  las venideras elecciones del 6D la decisión será sobre políticos o sobre la política? La distinción parece obvia. Sin embargo, la experiencia histórica muestra que no siempre las direcciones políticas han tenido la capacidad de diferenciar entre estos dos términos. En la cultura política venezolana existe la creencia que cambiando al sujeto político se producirá una transformación de la propuesta política. Salvo contadas ocasiones (la elección de la constituyente en 1945) el sentido electoral ha girado en torno a las personas y no sobre programas alternativos a los que ejecutan los que administran el poder.

La consigna de la oposición es el cambio. Votar el 6D para inducir un proceso de cambio político en el país. Este lema es interesante y apropiado desde el punto de vista de la mercadotecnia electoral. Se espera que condense la urgencia del cambio que se anida en una mayoría de venezolanos. Aquí, vale la pena hacer algunas observaciones. Salir de los políticos chavistas es una urgencia y necesidad sentida en la población. Como táctica electoral es legítima. Pero, ¿es suficiente? Esa idea del cambio expresada en estos términos ¿se ajusta o interpreta la crisis terminal que padece el sistema social, político y económico del país?

Me van a perdonar los lectores por cierta dosis de escepticismo que emana de estas líneas. Debo reconocer que ha estimulado esta reflexión la situación argentina. En este país se han sucedido todas  las crisis económicas imaginables (devaluación, inflación, corrupción “corralito”, etc.). Sin embargo, a pesar de estas graves situaciones de carácter crónico no ha habido cambios sustantivos en la política. Han cambiado los sujetos políticos, más no las proposiciones políticas. No en balde el peronismo (en sus distintas versiones) juega aún un papel vital en la vida política de ese país.

El punto que deseamos enfatizar es que no es fácil modificar drásticamente las matrices culturales dentro de la cuales se desenvuelven las propuestas políticas. En Venezuela la mayoría de las agrupaciones opositoras, (AD, Voluntad Popular, MAS, COPEI, Causa R, Nueva Alternativa, entre otras) por ejemplo, se declaran socialistas. Todas conciben al estado como el eje a partir del cual es posible el accionar sobre la sociedad.

El Chavismo, por ejemplo, llevó a extremos el programa de nacionalizaciones y las políticas distribucionistas que caracterizaron a la democracia a partir del aumento de la renta petrolera en los años setenta. En otras palabras, queda pendiente la interrogante: ¿Qué cambió la política o los políticos?

En la Venezuela actual, esta actividad pudiera ser calificada, siguiendo al filósofo político inglés Michael Oakeshott (1901-1990), como un momento álgido de la “política de la fe” y no del “escepticismo”. Por la primera versión debemos entender esta actividad como un instrumento al servicio de la salvación de la comunidad: el gobierno lo abarca todo y se espera de los gobernados no sólo obediencia, sino, inclusive, entusiasmo. La del escepticismo, por el contrario,  se ancla en “un común esfuerzo para comprender los diversos puntos de vista y buscar un mundo vivendi”

Nicolás Maduro, por ejemplo,  señaló  este jueves que “en el escenario ‘hipotético negado’ de que la oposición llegara a ganar las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre ‘no entregaría la revolución’ y pasaría a gobernar con el ‘pueblo’ y en ‘unión cívico-militar”. Ejemplo paradigmático del obrar desde la “política de la fe”.

Debo finalizar. En el futuro, una humilde observación, la oposición debe concentrarse más en la política y menos en los políticos. Su encuadre cognitivo, por así decirlo, debería estar orientado hacia un escepticismo por las soluciones mágicas y debería propiciar dudas sobre quienes orientan su práctica en la búsqueda de soluciones morales de carácter totalizador en la vida pública.

Nelson Acosta Espinoza
acostnelson@gmail.com
@nelsonacosta64

Carabobo - Venezuela